Caminando entre mundos (3): cambiando entre estados de conciencia

Ya escribí un par de artículos sobre trance, uno se llama “Tipos de trance y trabajo oracular” y el otro es “Trance, oráculo, seguridad y posesión“. Pero como sigo recibiendo preguntas casi a diario sobre este tema, sobre cuánto debe durar un trance profundo, cómo se controla, etc, me he animado a hablar más de ello, porque suscita mucho interés. En esta ocasión, quisiera verlo no como una clasificación de los estados del trance (porque en realidad no existe tal clasificación, sino que sería un espectro o abanico bastante amplio), sino que quiero enfocarlo a qué sucede cuando vamos de uno a otro, si esto es posible y cuánto deberíamos estar en cada uno de los estados de conciencia.

Lo primero que digo siempre es que todos los estados de conciencia cuestan energía, incluyendo el denominado estado de conciencia habitual, que es el de la vigilia. Por eso precisamente comemos, respiramos y dormimos. Cualquier estado de conciencia alterado también consumirá recursos, de la misma manera. Por eso, no conozco a nadie que haya aguantado en trance profundo dos días enteros sin comer. Aparte de esto, y en términos de energía, hay otro elemento más que consume recursos, y se da sobre todo cuando estamos trabajando con alguna entidad. Esa entidad, para hacerse más palpable y poder acompañarnos en el viaje entre mundos (o cuando vamos a hacer un trabajo oracular, por ejemplo), necesitará que le dediquemos energía. Ya sea mediante un baile, ya sea mediante una ofrenda, una oración, una canción… cualquier cosa que le dediquemos va a servir para que pueda viajar con nosotros.  A veces, también podemos ayudar energéticamente al Yo Superior de la persona o las personas que entran en trance.

Ahora bien, ¿cómo es que se oyen historias de personas que se llevan dos días enteros en trance y caminando entre mundos, después de lo que estoy diciendo? Pues muy sencillo: el trance es un proceso fluido, se puede entrar y salir de él, se puede alternar entre estados de conciencia, como siempre se hace, en la vida diaria. Dice Michael Harner (el autor de “The Way of the Shaman”, una de las obras más conocidas del revival del chamanismo contemporáneo, y presidente de la Fundación de Estudios Chamánicos) que lo que sucede es que, en realidad, al hombre blanco actual le resulta extraña la noción de que muchas realidades se puedan superponer. Mientras que, como sabemos las brujas, y también los chamanes, todas las realidades están en el mismo momento, sucediendo, y conviviendo. Todos los planos se dan al mismo tiempo.

Este mismo autor relata en sus principales obras cómo existen chamanes tradicionales (americanos) que cambian de un estado al otro, porque en cada realidad existen elementos diferentes que le ayudarán en sus quehaceres. Por ejemplo, buscarán una planta que les ayude en esta realidad, y un espíritu en la otra, pero utilizarán ambos elementos a la vez porque, para ellos, todo forma parte de lo mismo: solo hace falta saber conjugar ambos elementos y ambas realidades. Honestamente, creo que los practicantes de corrientes mágicas contemporáneas, que contienen elementos de chamanismo aunque obviamente se han ido perdiendo con los siglos, podría considerarse que hacen lo mismo cuando utilizan, por ejemplo, técnicas psíquicas como la doble visión o la canalización. Sin embargo, me parece curioso que, en corrientes afines a la brujería actual, como la Wicca, me he encontrado con una gran resistencia a considerar que esto sea posible. He de reconocer que yo misma he sido reticente a ello, hasta que mi práctica ha ido evolucionando y llevándome por otros derroteros. De ahí que, a día de hoy, considere, de acuerdo con mi experiencia, que el trance es un estado de conciencia bastante fluido y que, cuando se busca mediante las técnicas adecuadas (baile, cántico, percusión, movimientos estereotipados, mantram, etc) se puede entrar y salir de él con bastante naturalidad. A veces, de hecho, hace falta muy poco para ello.

Pondré un ejemplo. Hace unos años, trabajaba en un contact center en el que, a diario, tenía que buscar cientos de números de incidencias técnicas y asociarlos manualmente a estados de tramitación. El mero hecho de buscar números de seis o siete cifras, que me repetía para mí misma, en un archivo excel, cambiar el estado de las incidencias y repetir el proceso con otro número, me hacía entrar en un trance ligero, incluso con los ojos bien abiertos y la mente puesta en algo tan prosaico como un archivo excel. Luego, tras unos instantes de “mareíllo”, era capaz de volver a mi estado de conciencia habitual como si nada hubiese pasado.

Quizá la resistencia, como han apuntado muchos investigadores de la talla de Eliade o el mismo Harner, esté en que la aproximación del mundo occidental al trance es que, para que se dé, tiene que ser un proceso continuado en el que se accede a una realidad espiritual que no se da a la vez de la realidad mundana. Personalmente, esto me parece igual que de incierto que la noción de que los adultos dormimos “de un tirón”, cuando sabemos que hay ciclos de sueño y despertares nocturnos, tras los cuales volvemos a dormirnos, a veces sin darnos cuenta. Si nuestro cerebro ni siquiera lo hace de manera continuada con un proceso natural como es el sueño, tampoco podemos esperar que lo haga con estados de conciencia alterados que, puntualizo, se hayan conseguido sin la intervención de drogas psicoactivas.

Sin embargo, creo que esta concepción de “estado de conciencia inamovible y estanca” está cambiando en el Paganismo contemporáneo. No hace mucho me leí el fantástico “Seidr: The Gate Is Open” de Katie Gerrard, y me encantó que ella comentara su experiencia ayudando a personas a estar en trance y salir de él en los ritos de inspiración nórdica que conllevan el uso de un asiento de honor o Hliðskjálf. La autora comentaba, además, que las personas que viajaban por los mundos en estos ritos, tras ser introducidas por un Maestro de Ceremonias que las guiaba, se hacían el relevo unas a otras cuando estaban cansadas de dar sus oráculos. Esto me parece importantísimo porque, a pesar de estar en trance, ellos y ellas eran capaces de decirle al Maestro de Ceremonias, a la manera comunicativa habitual, que ya estaban cansadas y que era el momento de otra persona para continuar realizando el oráculo. Y esto choca con esa concepción de “entrar en trance y no salir de él”, demostrando que incluso en prácticas chamánicas de origen europeo, como en el Paganismo nórdico, existe esa posibilidad.

¿Por qué no en Wicca?, me pregunto. ¿Por qué tengo que estar en un determinado estado de conciencia y, si no lo hago, soy como esas videntes de la tele que no parece que entren en trance? Supongo que Wicca está muy influenciada todavía por la manera de pensar occidental, que tiene mucha influencia cristiana. La verdad, cuantos más mitos leo, y más profundizo en la relación entre el trance y las personas que aparecen en esos mitos, más creo que el trance en Europa también solía ser algo fluido, y no tan estanco como a veces pensamos que es.

El perdón y mi (actual) visión de éste en la Wicca

Hace muchos años, una Yo mucho más batalladora (mucho más, os lo juro), le echaba en cara a alguien que su actitud, mediante la cual expresaba culpa, era similar a la del pecado en las religiones de libro, indicando que yo creía que eso no era aplicable a la Wicca. Para ser sinceros, mi tono no era el mejor de los tonos posibles, todo hay que decirlo. Años después, he estado tratando ese tema con amigos y amigas de otras corrientes paganas, en las que no se perdona, sino que se tiene un concepto diferente al cristiano de la responsabilidad y sus consecuencias. Tras reflexionar sobre ello, eso me pareció ser inherente a todas las religiones incluidas dentro del paraguas del Paganismo.

Pero eso no solucionaba mi vacío interior cuando me surgía un problema con alguien. Ni la visión en contra del perdón, ni la visión cristiana de ego te absolvo llenan mi corazón. Ante este dilema, me las he tenido que ver sola porque este tema no se trata en las enseñanzas correllianas, no forma parte explícitamente de la Filosofía que se me ha enseñado y, para mí, siempre ha sido un vacío existencial grande que he tenido que llenar con otras enseñanzas. De ahí que tuviera que tomar mis propias decisiones ideológicas, más o menos acertadas, con más o menos tacto.

A ratos, pensar en el perdón era casi como considerarlo algo paralelo al pecado y al sacramento cristiano de la absolución del mismo. Defendí eso, como decía arriba, con uñas y dientes hasta hace unos pocos años. Luego, me abstuve. Que cada uno vea el perdón (o la retribución) como lo necesite, pensé.

Pero uno cambia de opinión, va evolucionando, va pensando… y siempre me pregunto, salvando las distancias con aquel al que considero un ídolo: si Wittgenstein cambió de opinión tanto que se le considera Primero y Segundo Wittgenstein, ¿por qué yo no? Así pues, creo que he cambiado de opinión.

Ahora mismo, creo que el perdón es necesario, pero no en el sentido de lavar las culpas y quedarnos inmaculados después de tres avemarías. Porque una cosa es el perdón y otra muy distinta la absolución del pecado o de la falta. La falta siempre debe ser corregida o resarcida, me parece. Es decir, le metes un dedo en el ojo a otra persona y, qué menos, que cuidarla y estar con ella. Le faltas el respeto a alguien y, qué menos, que resarcirle de una manera justa y equivalente.

Pero me parece más necesario el perdón para el agraviado que para el que agravia. Creo que es algo relacionado con la necesidad de Soltar que tiene el agraviado, de hecho. No se puede estar toda la vida en un estado constante de rencor, resquemor y falta de confianza, porque eso a uno le quema muchísimo a la larga. Desde luego, tampoco hay que bajar la guardia, porque quien te traiciona una vez, puede que te traicione otra. No vamos a ser tontos, ni mucho menos. Pero, siempre que usemos el sentido común y dentro de unas precauciones básicas, creo que intentar olvidar los agravios y seguir con la vida de uno es lo mejor, cuando a uno se le pide perdón y se le intenta resarcir, o, al menos, se intentan mantener una paz y una convivencia de manera fehaciente.

Por tanto, preveo que el concepto de perdón, con ciertos matices que no están relacionados con la absolución de las faltas o los pecados, puede tener una cabida en la Wicca sin que se le considere “otra m****a New Age más”. Porque si ayuda a la gente a sentirse mejor, me importa muy poco lo que se le considere. Al final, la Religión es de cada uno y no existe un único camino verdadero.

Mi experiencia con la ouija

notaouijaAVISO: Este artículo contiene experiencias personales, expresadas con fines informativos y de interés. Algunas son de novato total porque tenía quince años. A pesar de contarlas con cierta ligereza, me tomo esto muy en serio. Por favor, no reproduzcáis estos métodos en casa.

He comentado en algunas ocasiones que una de mis primeras experiencias mediúmnicas fue en una sesión de ouija, pero nunca termino de contar qué pasó en esas sesiones, cómo las hacíamos ni qué buscábamos, si es que buscábamos algo. Así que me he animado a hablar de este tipo de experiencias porque creo que hay muchos chavales ahí fuera que hacen estas cosas como un juego de adolescentes y quizá saber de primera mano qué le pasó a otra persona pueda ser de interés.

En sí, la ouija es una plancha o tablero con una plaquita que se desliza por encima, aunque también puede ser una moneda o un vaso. Encima del objeto que estemos deslizando sobre la plancha de madera se colocan los dedos de los participantes en la sesión. Este tipo de herramientas se utilizan para contactar con seres que no podemos ver, y usualmente necesitan una persona que haga de “antena” (normalmente denominado el médium) y otras personas que hagan de batería energética, necesaria para que exista el movimiento. Por regla general, las personas que hacen de médium, cuando entran en estas sesiones, no saben que tienen dotes para ello o hasta qué punto pueden hacer de receptores.

Como decía arriba, mi experiencia con la ouija, aunque extensa, fue bastante amateur, pues las participantes en nuestras sesiones de espiritismo éramos colegialas aburridas, muy aficionadas a que yo echara el tarot en los recreos. Para empezar, con quince años no tienes dinero para comprarte un tablero de ouija en condiciones, y tu padre/madre tiene tanto miedo al cachivache en cuestión que no va a consentir comprártela. ¿Qué hicimos nosotras? Improvisar con lo típico: una moneda de quinientas pesetas (probablemente la paga semanal de alguien) y un folio donde poníamos las letras y los números, sí y no, quizás, hola y adiós. Cutre a más no poder.

En estas sesiones se manifestaron entidades muy diferentes, porque lo que te puede pasar en estos casos en los que vas a lo loco es que vengan tanto entidades muy elevadas como muy densas, y sus puntos intermedios. La ouija actuó para nosotras como una puerta por la que invitábamos a entrar a desconocidos que nos rondaban, como si tú invitas a entrar a tu casa al señor que pasa por debajo de tu balcón. A veces, había “guías” o “espíritus protectores” que tomaban la sesión para no dejarnos hablar con otras entidades.

Con el tiempo, en particular yo empecé a escuchar en mi cabeza el final de las frases que decían aquellos espíritus. No eran voces de hombres o mujeres, era como si me dictaran en un idioma dado, yo escuchara y luego tradujera al español. Eso me llevó muchas críticas en algunas sesiones, porque parecía que era yo quien movía la moneda, y por eso decidí hacer el experimento de estar físicamente en contacto con mis amigas para no romper la energía, pero no tocar la moneda en absoluto. Si cortaba el contacto con la moneda pero seguía tocando a alguna de mis amigas, la moneda seguía moviéndose y yo seguía escuchando, podía saber perfectamente qué iban a decir sin necesidad de estar en contacto con la improvisada ouija.

Como parecía un juego y claro, había quien no se lo creía, en una ocasión una amiga salió del círculo y cortó el contacto con el resto de las chicas para hacer una pregunta de la que ninguna de las demás conocía la respuesta. La entidad que se comunicaba por la ouija contestó con una precisión apabullante y ese día nos dimos cuenta de que no era simplemente un juego: esos “espíritus” conocían nuestras vidas, nos conocían a nosotras, estaban allí. Algunos se marcaron el vacile de decirnos parte de nuestro futuro que les era conocido (y acertaron), lo típico: cuándo perderé la virginidad, cómo se llamará mi siguiente novio, etc. Nos empezamos a plantear sus motivaciones, deseos y anhelos. Alguno dijo estar enamorado de mí y, como era la médium del grupo, me asusté muchísimo porque el resto estaba muy enganchado, mientras que yo me sentía como una antena que era necesaria para ver la televisión.

Finalmente, y tras un par de años haciendo sesiones, lo dejamos. Una de las chicas dijo que teníamos que dejarlo y yo le di la razón: ella supo ver que había dos en concreto que estaban enganchadísimas. Ésa es la otra parte de estas prácticas, pues enganchan. No es una cosa de un día ni de dos, sino que te acostumbras a que haya espíritus que te doren la píldora a cambio de vete tú a saber qué. En retrospectiva, me doy cuenta de que ese tipo de espíritus hablaban en un lenguaje más mundano, más relacionado con los deseos que podría tener una quinceañera: ser aceptada, ser amada, encontrar su sitio en el mundo. Pero también tuvimos espíritus muy elevados que nos dijeron cosas como “éste no es vuestro lugar, sois sólo niñas y lo que hacéis va más allá de lo que podéis imaginar”. Lo interpretamos como una grosería, pero a día de hoy me doy cuenta de que fue un buen consejo: no debíamos hacer lo que estábamos haciendo de la manera en la que lo estábamos haciendo. Hubo sesiones en las que pasamos verdadero miedo al ver que había materializaciones de aquello con lo que supuestamente estábamos hablando.

El grupo de amigas se disolvió al poco de dejar de hacer sesiones porque se acabó el colegio, empezamos la Universidad y, paulatinamente, dejamos de vernos. No creo que fuera casual, sino que de alguna manera lo relaciono con la energía que movimos. Hasta donde sé, soy la única que sigue practicando psiquismo, si bien de otra manera. Hasta donde sé, soy la única que habla de lo que sucedió, como si las demás hubieran echado un velo sobre sus recuerdos. Aquel “juego” que no era tan juego despertó muchas cosas en mí, que en cierto modo ya estaban pero necesitaba desarrollar. Pero si pudiera volver atrás, no lo haría si hubiera sabido que dejamos entrar muchas cosas a nuestras mentes y nuestros corazones.

¿Cómo es que, después de semejante relato, a día de hoy camino entre mundos y sigo siendo bruja? Supongo que porque era uno de mis aprendizajes para esta vida. Supongo que vencí mis miedos. Supongo que, después de todo, mis guías supieron estar ahí para mí. O más bien supongo que, después de todo eso, quise aprender a defenderme, ejerciendo el psiquismo y la magia de una manera mucho más responsable. El problema en sí no es la ouija, que es una herramienta como otra cualquiera, es la forma en la que se la utiliza dentro de la sociedad y en especial por los adolescentes.

Cuando te vas del camino sin darte cuenta

Cuando tenía 21 años y hacía poco tiempo que estaba en el camino, tenía un sendero muy claro ante mí. Me gustaban las plantas, echaba las cartas y estaba empezando mi primer grado en la Tradición Correlliana. Como soy una bruja urbanita, mi jardín mágico era mi terraza, donde adoraba plantar todo tipo de semillas. Hacía velas, y de hecho fue por aquel entonces cuando me compré mi primer kit de fabricación de éstas. Coleccionaba algunas de ellas y me gustaba hacer creaciones con pétalos y hojas de mi propia cosecha. Meditaba y hacía pathworkings casi a diario, llegando a obtener miradas un poco raras incluso de mis amigos paganos cuando decía “anoche bajé al inframundo”. Mi ídolo era Z. Budapest y afirmaba que la Wicca no tenía dogmas, sólo un consejo que es la Rede. Compaginaba todo esto con la Universidad y mi entonces novio.

Ahora tengo 35 años, hace ya varios que peino algunas canas, tengo un trabajo a jornada completa, estoy casada y tengo dos hijos. Desde que cambié de casa y de ciudad con 28 años (en 2010), vengo viviendo de otra manera mi creencia. Durante los últimos siete ciclos, mi práctica ha consistido en largas sesiones de trabajo, traduciendo textos para mi Templo y para otros Templos de la tradición, escribiendo, ideando cursos, dando conferencias, publicando artículos, editando, en fin, un ir y venir de “más más más más” que, no lo niego, al final me ha acabando pasando factura. Recuerdo perfectamente sesiones de trabajo maratonianas hasta de 15 horas, trabajando domingos y festivos, en los que apenas veía a mi pareja. Mi devoción diaria quizá fuera mi único momento de tranquilidad, pero la mayor parte de las veces encendía la llama de Brigit y me dedicaba a seguir trabajando. Si no era para mí, era para otra persona, lo importante era trabajar sin parar…

Pero eso no es verdad. La vida no es trabajo y la espiritualidad no es trabajo, o al menos ahora lo veo así. Creo que me fui mucho del sendero espiritual y convertí esto en un sinsentido.

La vida es muchas cosas y la espiritualidad también es muchas cosas. A veces es ese trabajo tedioso, horrible, de muchas horas y mucho esfuerzo, y a veces no. Desde luego, ese ritmo no se puede mantener durante mucho tiempo. También en ocasiones la vida es una fiesta y un carnaval, un momento para disfrutar y vivir felices. Creo que la clave está en el equilibrio. Así estoy yo ahora, volviendo a aprender quién soy de nuevo, esa chica a la que le gustaba la jardinería, hacer velas, manualidades variadas, hacer hechizos para conseguir un dinerillo con el que comprarse un vestido nuevo… vivía contenta con mis amigos, que en su mayoría no eran paganos, salía, entraba y hacía una vida completamente normal, con el aderezo de mi espiritualidad.

Por si alguien se pregunta a qué me estoy dedicando, sigo trabajando en el Paganismo, especialmente dentro del Templo de Brigit, pero lo hago a otro ritmo, a mi manera, sin presiones y sobre todo disfrutando de lo que me gusta hacer. Pero no me cabe duda de que lo anormal ha sido lo de estos años atrás, en los que se apoderó de mí una entidad llamada “En-el-Paganismo-lo-único-importante-es-trabajar-para-la-Comunidad”, que me convirtió en poco más que un zombie que trabajaba por y para mi creencia, 24 horas al día, 7 días a la semana, obviando cosas como que también tengo un trabajo de día, una familia y unos hobbies.

A esto me han llevado estos meses en lo que, admito sin ningún pudor, he trabajado espiritualmente por y para mí porque yo lo valgo. No puedo darme a los demás si estoy sin gasolina, no puedo ofrecer algo si yo no he tomado algo. Eso y poner límites sanos (mi talón de Aquiles) es, en gran parte, en lo que estoy trabajando últimamente con más ganas.

¿Y tú? ¿Has trabajado hasta la extenuación en alguna ocasión y te has dado cuenta de que ya no podías más?

Como esta buena señora zombie me quedé yo de tanto trabajar...
Como esta buena señora zombie me quedé yo de tanto trabajar…

Caminos mistéricos e impresiones

Soy consciente de que estoy escribiendo en el blog poco o nada, pero es por una buena causa. Aparte de mis labores profesionales y de mi vida personal, ando metida de lleno en un camino mistérico que no es Wicca (aclaro por si alguien se lo pregunta) y que me está llevando gran parte de mi tiempo a nivel espiritual. Vamos, que me dedico menos a esto porque estoy haciendo trabajo de campo del de toda la vida. La verdad, lo estoy disfrutando mucho pero, si me permitís, no voy a entrar en mucho detalle porque todavía es un trabajo en el que estoy bastante inmersa y aún no lo puedo ver con la suficiente perspectiva. Tan sólo diré que lo estoy realizando en varias direcciones a la vez.

Sin embargo, ya tengo experiencia con lo mistérico, igual que muchos de vosotros. La primera vez que alguien me dijo que la Wicca era mistérica, me dio por buscar el significado, por aquello de la exactitud, pensar en lo que quiere decir, reflexionar, etc. Básicamente, en una práctica religiosa mistérica tienes un rito o ceremonia que se realiza para que tú aprendas algo, para que encuentres algo dentro de ti mismo (o de ti misma), una verdad interna. Sin embargo, en estos últimos meses de trabajo de campo he encontrado que no sólo son los grandes ritos son transformadores, aunque suponen una catarsis, sino que muchas veces pequeños “temas” sobre los que meditas te pueden dar tu dosis de revelación personal diaria, por así decirlo. Misterio a través de la meditación, curioso, pero al fin y al cabo son meditaciones ideadas para funcionar como gatillos que disparan conceptos más profundos.

Encuentro especialmente poderosos los misterios de culturas antiguas, algunos de los cuales estoy siguiendo, puesto que llevan el conocimiento y la experiencia de muchas generaciones atrás. Y como sé que estoy siendo un poco hermética a la hora de hablar, sin desvelar qué estoy haciendo pondré como ejemplo una forma de trabajo con el Tarot que yo haría de esta manera, y es la de interiorizar el Tarot mediante símbolos (que los hay) asociados a cada carta de los Arcanos Mayores y hacer una meditación diaria asociada a cada carta. Sé que muchos sois del Rider y esto os parecerá raro porque la estética del Rider es bastante detallada y quizá poco adecuada para recordar una imagen de memoria en meditación, pero si hay alguien del Marsella ahí fuera entenderá la belleza de la simplicidad y lo fácil (y transformador) de este tipo de trabajo.

Es como tener grandes verdades propias contadas por ti mismo a través de alegorías y meditaciones. Tras ellos, no hay vuelta atrás, y aunque lo vuelvas a hacer nunca más habrá una primera vez. Esto a ratos me causa una cierta tristeza porque descubrir mis propias verdades ha sido muy bonito y ya sólo habrá segundas lecturas o profundizaciones, pero nunca más la candidez de la primera vez. También hay divinidades que hasta se presentan solas al trabajar de esta forma y eso te hace pensar que estás como una cabra, loco, hasta que te viene una segunda persona y te pregunta “¿cómo es que tal divinidad me habla de ti?” y sabes que no eres tú solo. Como he dicho antes, no tiene nada que ver con mi práctica como wiccana, que continúa en paralelo a este trabajo, pero entiendo que enriquecen mi experiencia y mi práctica.

Si hay algún punto menos positivo a todo esto puede ser que la cantidad de tiempo que me requiere todo esto (un par de horas diarias mínimo) me pide trabajar de manera física, con el cuerpo, o bien con las manos, con mucha más frecuencia de la habitual. Paso mucho tiempo enredada en meditaciones y a veces tengo la necesidad de salir a correr, andar, ponerme a bailar o cocinar. Creo que escuchar el cuerpo y la mente de esta manera es positivo para mantener un cierto equilibrio. Pero escuchándose uno mismo me parece que es un ritmo de trabajo relativamente asumible durante un tiempo, incluso para mamás trabajadoras como yo.

De todas formas, no es algo que recomiende a todo el mundo, todo el tiempo, sino cuando os encontréis más enteros a nivel psicoemocional. Muchas veces, las peores verdades de uno mismo pueden llegar con este trabajo, sobre todo con misterios antiguos, que vienen sin la anestesia de vuestra cultura de origen. Esto hace de este tipo de trabajo mistérico algo muy bonito pero también muy arriesgado. Y por supuesto, lo mío puede que no tenga nada que ver con lo que saque otra persona, porque el misterio es propio y personal, aunque para que se haga bien siempre debe haber un concepto de fondo o de base similar sobre el que ambas saquen conclusiones aplicables a cada una de ellas.

Y hasta aquí puedo leer. Ya contaré algo más de qué ando tramando. 😉

Crónica del mes en el que devocioné intensamente

372489Hoy quería compartir las conclusiones de un mes de devociones intensivo que he llevado a cabo durante febrero. Sé que no estoy inventando la rueda porque ahí fuera hay gente que ha hecho esto, pero esto no se trata tanto de vuestras reacciones o experiencias sino de las conclusiones que yo extraigo de mi propia experimentación, y también por si a alguien le sirve. No lo he visto publicado por ahí, así que quién sabe si esto le puede venir bien a alguien.

Para comenzar, quería explicar que elegí febrero de 2017 como un mes para hacer devociones diarias a diferentes deidades, una cada día de la semana, en total siete divinidades. Dioses y diosas indistintamente y prácticamente había paridad, con una ligera mayoría de diosas. Lo curioso o que quizá llame la atención a algunos de esta devoción que he realizado es que cada uno de estos dioses pertenecía a un panteón diferente. No voy a entrar mucho en lo que venía siendo la devoción ni los dioses a los que adoré, sino que me gustaría centrarme en lo que ha supuesto para mí. Y ha sido lo siguiente:

  • En primer lugar, lo he hecho en febrero porque tiene 28 días y eso me daba cuatro semanas para repetir el ciclo de siete divinidades y no adorar a uno por encima de otro. Me gusta la idea de empezar cuando se empieza el mes y terminar cuando se termina, quizá porque soy así de cuadriculada. Esto es un poco como el que empieza las dietas un lunes o en día uno del mes. En realidad no tiene importancia, es una forma de organizarse, simplemente.
  • Me apunté en mi agenda qué dios tocaba cada día, y cada día de la semana tenía un sentido en particular relacionado con el dios o la diosa al que le iba a hacer la devoción. Es decir, que no he venerado por ejemplo a Shivá en un jueves porque no creo que le pegue mucho, teniendo en cuenta el dios en sí y a sus símbolos.
  • Por si alguien se lo pregunta, no, no he buscado tener algo a cambio de este intensivo de devociones. Sólo quería conectar con una Divinidad en particular durante un día, ponerme “el sombrero de ese dios o esa diosa” durante un día completo y ése era el objetivo. Si la Divinidad quiere mandarme algo como muestra de cariño, estoy abierta a cualquier cosa que pueda hacerme feliz, pero lo he hecho por amistad y celebración principalmente.
  • Los dioses los he elegido con mucha cabeza. Me llevé un par de meses pensándolo antes de hacerlo, eligiendo no sólo los días como ya decía, sino el por qué creía yo que esa divinidad y su actitud podía aportar algo positivo a mi vida. También estuve pensando en las interacciones entre ellos, que fueran compatibles dentro de mi ser como devota. No quería causar demasiada confusión en mí misma.
  • El hecho de que haya sido a dioses de distintos panteones ha sido muy curioso porque a mí me encanta probar cosas nuevas y en mi práctica soy bastante ecléctica últimamente, pero comprendo que puede ser bastante confuso para gente que no quiera celebrar diferentes panteones o que tenga otra forma de pensar. De todas formas, creo que se puede adaptar para las necesidades de cada uno, desde devocionar a dioses del mismo panteón hasta trabajar diferentes virtudes, cada una en un día de la semana. Como esto es muy personal, lo dejo ahí por si a alguien le sirve. También, a día de hoy, 1 de marzo, no me ha caído un rayo por mezclar panteones. Sigo viva y coleando porque dicen que bicho malo nunca muere.
  • No me he saltado la devoción ningún día, pero he de decir que las dos últimas semanas se me han hecho cuesta arriba. Las dos primeras semanas fueron muy fáciles, pero cuando juntas dos o tres días con algo de prisa por alguna razón, es fácil que la consistencia en la práctica se vaya diluyendo. Para mí ha sido importante intentar retomar el control para no perder esa disciplina paulatinamente. Creo que esto es aplicable a casi cualquier devoción diaria que tenga un carácter activo, quiero decir, que no sea simplemente encender una vela y ya está, sino que trate de integrar esa energía en la vida de uno.
  • Y sí, esto genera mucha disciplina y requiere una buena cantidad de ella.
  • Ha sido muy diferente realizar esto de las devociones a las que estoy acostumbrada. Y ya ni cuento lo diferente que es de realizar un ritual wiccano correlliano o de la FOI. Totalmente distinto. Por cierto, por si alguien se lo pregunta: no, esto no es Wicca.
  • La parte más difícil ha sido integrar esto con una vida espiritual que últimamente está siendo muy intensa. A veces notaba que me tocaba por ejemplo una sintonización que me movía mucho internamente, o que el eclipse de turno me tenía loca, o que la runa con la que estaba trabajando en el curso que estoy haciendo me tocaba la fibra sensible, y a la vez necesitaba tener un rol activo por la devoción que estaba haciendo. A pesar de que no he movido energía de manera mágica, sí he hecho mucho trabajo interno y han salido cosas a la luz que creo que no habría podido ver si no hubiera contado con ayuda divina. Pero lo bueno de esto es que hay un momento para cada cosa y al final saco que los dioses siempre encuentran la forma de integrarse de forma armónica a nuestra vida.
  • En cierto modo me ha enseñado a conectar con diferentes energías de orígenes distintos para poder dar de manera más fácil mensajes que son entregados en diferentes “idiomas” cuando hago de oráculo. Nótese que lo pongo entre comillas porque no creo que sean idiomas en el sentido humano de la palabra, pero sí considero que como oráculos (y esto lo he visto en algunos de mis estudiantes de tercer grado), al bajar una divinidad y hablar por ella puede que conectemos con una forma de pensar un poco diferente y que cuando estamos entregando el mensaje es posible que no encontremos las palabras adecuadas. Personalmente, no tengo muchos problemas para entregar mensajes, pero esta experiencia me ha permitido poder experimentar de primera mano que podrían existir matices en cómo se comunican las diferentes divinidades, y me acerca mucho a las personas que pueden tener un poco más de dificultad para realizar estas funciones, o bien que las están aprendiendo. En definitiva, es un ejercicio de empatía.
  • Energéticamente también he notado que había dioses y diosas de fuera de la devoción que se me acercaban. Ha sido como “Hola, ¿es aquí donde hacen devociones gratis?”. Puede que también haya sido yo, que ya me ha dado por experimentar y quería hacerlo a lo grande. Vete tú a saber. Pero por hoy voy a dejarlo aquí (en realidad no: este mes voy a hacer novenas a mis diosas patronas porque no tengo remedio y me van las emociones fuertes – y se lo he prometido a Morrigan).

Creo que eso es todo lo que saco ahora mismo en claro de esto. Ha sido todo un reto, muy entretenido y que ha exigido dedicación. No lo recomiendo para principiantes, porque puede ser lioso a ratos, pero sí si tienes ganas de algo nuevo mientras desarrollas tu auto-disciplina, o si estás cansado de hacer siempre las mismas devociones diarias. Eso sí, no lo recomendaría para más de un mes o incluso lo recomendaría para una o dos semanas máximo para empezar. Y siempre, siempre adaptado a uno mismo, a las necesidades y siendo realista, sabiendo qué vas a hacer, hasta dónde puedes dar y por qué.

El cisne como animal liminal y asociado a Brigit

46dHace pocos días, en el grupo de devoción a Brigit, salió a colación el cisne. Este animal ha estado asociado a Brigit tradicionalmente, y no me han preguntado pocas veces por qué. En mi zona del mundo (vivo en el sur de España) no suele haber cisnes salvajes, sólo parcialmente domesticados, aunque sí hay cisnes salvajes en otras partes del Oeste del continente europeo, especialmente en Francia, Irlanda y Gran Bretaña. Esto se debe a que el cisne es un animal con rutas migratorias asociadas a las estaciones.

En España es común ver aves migratorias, pero normalmente suelen ser especies que buscan el templado clima de África cuando llega nuestro invierno. En cambio, estos cisnes salvajes bajan al sur al llegar dicha estación, ya que ponen sus huevos, incuban y crían durante el verano septentrional en zonas árticas, bajando tan lejos como hasta Francia al llegar octubre o noviembre, cuando el frío en el círculo polar Ártico y sus inmediaciones hace insostenible su supervivencia. Buscan temperaturas más agradables en latitudes más meridionales, en definitiva. Cuando llega el buen tiempo, el cisne vuelve al Norte, repitiéndose el ciclo al año siguiente. Los polluelos aprenden así las rutas migratorias, quedándose con sus padres de uno a dos años, hasta que están listos para formar su propia familia. De esta manera, el cisne suele estar asociado a un primer comienzo (lo que le da su estatus de animal liminal): el cambio de estación. Son uno de los animales que anuncian los cambios de tiempo. Por otra parte, se dice que el cisne es un animal liminal porque se encuentra, como muchas otras aves acuáticas, entre dos elementos: el aire y el agua. Él marca el comienzo del reino del Aire, del Agua, o quizá el comienzo de ambos.

¿Qué puede haber de liminal en una divinidad como Brigit? Por regla general, se considera que tiene de liminal dos características. La primera de ellas es que rige estados de transformación profunda en la persona o en las cosas. Por ejemplo: la forja, por la cual da forma al metal para convertirlo en un objeto; la poesía por inspiración divina, por la cual la persona se convierte en vasija o habla por boca de la diosa (como una especie de poesía oracular o poesía canalizada); así como la maternidad y sus ciclos.

La segunda de ellas es meramente estacional. Hay autores que consideran que Cailleach (la Divinidad que representa el invierno y la meteorología) y Brigit son caras de la misma Divinidad, de manera que la festividad de La Fheile Bride (Imbolc) es un guiño de la diosa del fuego en mitad del invierno, en el que hace aparición como anunciando que los días soleados llegarán. Hay una leyenda que cuenta que Cailleach sale en Imbolc a buscar leña para el resto del invierno, de manera que hace que salga el sol y haga buen tiempo en 1 de febrero para no acabar nevada y empapada. Por eso, la gente suele decir en Irlanda que, si hace buen tiempo en Imbolc, es porque el invierno va a durar unas semanas más. En cambio, si llueve o nieva, es porque el invierno va a acabar. Esta tradición ha llegado a los Estados Unidos de América a través de la inmigración irlandesa, y la vemos inmortalizada en la película “Groundhog Day” (literalmente “El día de la marmota” o Atrapado en el tiempo/Hechizo del tiempo) mediante la marmota mundialmente conocida como Punxsutawney Phil.

Así pues, la festividad de Brigit es una fiesta de límites que se transgreden para anunciar cambios y comienzos, igual que Samhain, igual que Beltane y de la misma forma que Lughnassadh, como un funeral en mitad del verano, lo es.

El carácter limítrofe, liminal y entre estados del cisne queda bellamente expresado en multitud de leyendas y cuentos. Uno de ellos es el popular “Patito Feo” que, personalmente, no encuentro que hable sólo de que no debes juzgar a las personas por su físico, sino que cuenta la historia de un pequeño cisne que ha quedado atrás en su ruta migratoria de vuelta al Ártico y por eso acaba en un lugar que no es el suyo, donde no le reconocen como lo que es. Su principal aventura se debe a intentar ser aceptado como algo que no es, mostrando a los demás lo importante que es el cambio y la adaptabilidad a las situaciones. Se podría sacar algo también muy cristianizado de este cuento, pero no lo haré, ya que creo que la influencia judeocristiana es, hoy por hoy, inevitable en nuestro folklore y es algo con lo que los paganos vivimos a diario.

También es muy recurrente la idea de que los cisnes son, en realidad, personas. Esto lo vemos en el cuento “Los doce cisnes salvajes” popularizado por Hans Christian Andersen, analizado en su día por la tradición Reclaiming y publicado en un libro por Hilary Valentine y Starhawk. Las autoras lo toman como punto de partida para un entrenamiento en las artes mágicas, con un resultado similar al proceso por el cual pasa el Patito Feo. Es decir, que son procesos dolorosos o áridos como el frío invierno, pero que al llegar el verano y la cosecha del alma tienen su recompensa. Es el mismo tránsito de recogimiento interno y de acopio de provisiones que hemos pasado desde Samhain hasta Imbolc, y que paulatinamente se irá transformando hasta llegar a Beltane. Igual que la Diosa de la Forja nos va transformando mediante sus misterios.

Finalmente pero no menos importante, está la leyenda irlandesa de Los hijos de Lir. La historia, traducida del resumen ofrecido en Wikipedia en inglés, dice así:

Bodb Derg fue elegido rey de los Tuatha Dé Danann, para fastidio de Lir. Para apaciguar a Lir, Bodb le dio a una de sus hijas en matrimonio, Aoibh. Ésta le dio a Lir cuatro hijos: una chica, Fionnuala, y tres chicos, Aodh, y los gemelos Fiachra y Conn.

Aoibh murió y sus hijos la echaban mucho de menos. Queriendo tener a Lir contento, Bodb le mandó otra de sus hijas, Aoife, para que se casara con él.

Celosa del amor de sus hijos entre ellos y hacia su padre, Aoife planeó librarse de los niños. Yendo de viaje a casa de Bodb con éstos, ordenó a sus sirvientes que los mataran, pero los sirvientes se negaron. Enfadada, trató de matarlos ella misma pero no tuvo el valor para hacerlo. En su lugar, usó su magia para convertirlos en cisnes. Cuando Bodb supo de esto, transformó a Aoife en demonio para toda la eternidad.

Como cisnes, los niños tuvieron que pasar 300 años en Lough Derravaragh (un lago cercano al castillo de su padre), 300 años en el Mar de Moyle, y 300 años en las aguas de Irrus Domnann, en Erris, cerca de la isla Inishglora (Inis Glauaire). Para terminar con el hechizo, tuvieron que ser bendecidos por un monje, ya que San Patricio había convertido Irlanda al Cristianismo durante el tiempo en el que ellos habían vivido siendo cisnes.

Dicen algunas fuentes de esta leyenda que cuando el hechizo hubo terminado, el monje que bendijo a los niños vio simplemente a una gentecilla que se desvanecía por el paso de los años que habían pasado convertidos en cisnes. Esto viene a mostrar que habían pasado muchos años (si hacemos cuentas, 900 años) y que, al ser Tuatha Dé Danann, estos niños-cisne eran seres sobrenaturales como en las leyendas de antaño, los cuales son eliminados por la llegada del Cristianismo (la figura del monje). El hecho de que sean cisnes, incluso en esta adaptación claramente cristiana del mito, no es casual: el cisne sigue siendo, simbólicamente, un animal de comienzos. La leyenda, así contada, dice muy claramente que es el comienzo de una nueva etapa para Irlanda: una era sin Tuatha Dé Danann y sin las antiguas leyendas, en la que impera el Cristianismo. En la que se deshacen los hechizos y encantos de la mítica tribu de la Isla Esmeralda. Afortunadamente para muchos de nosotros, las leyendas siguen vivas.

Sin embargo, también dice otras cosas: habla de que para los irlandeses, la figura maternal era importante y que las mujeres se hacían cargo de los hijos de otras mujeres, siendo algo horrible el infanticidio, tanto como para que los sirvientes se nieguen a realizar el crimen. Aoife desea realizar el asesinato entre su casa y la de su padre, dando a entender que el hogar era algo sagrado como para mancharlo con una atrocidad así.

Por otro lado, los niños-cisne pasan mucho tiempo intentando encontrar su hogar de vuelta, y esto es acorde con la propia naturaleza del cisne, que si no es enseñado por sus padres acerca de las rutas migratorias, no consigue volver a encontrar el lugar correcto al que ir cuando hay un cambio de estación. El mito nos muestra que hay que dejar a los hijos volar tras enseñarles lo adecuado para manejarse en la vida, y que los padres, aunque deben ser cariñosos, no deben ser extremadamente protectores. Personalmente, veo un punto muy Brigidino en esta enseñanza, pues Brigit es una diosa de la crianza y del hogar, lo cual también tiene un matiz de cuál es el estilo de crianza que debemos darle a nuestros hijos para que sepan defenderse en la vida, y es que, al criar, hay que dar el conocimiento y las habilidades para que los hijos encuentren su propio camino y no se pierdan en las nieblas de las leyendas.

Mamá y sacerdotisa: pensamientos sobre la práctica del Arte y la conciliación

No hace mucho, estaba leyendo este libro y uno de los ensayos hablaba de una sacerdotisa cuyo primer oráculo canalizado había sido porque su suma estaba de baja maternal al haber dado a luz recientemente. La verdad, lo vi muy normal porque recién parida yo tenía ganas, sobre todo, de aprovechar el tiempo en dormir y no en hacer magia. Sin embargo, encuentro que tras mis dos partos, una vez superada la cuarentena, prácticamente fui recuperando bastante rápido mi necesidad de trabajar en el ámbito espiritual, empezando, sobre todo, por mi práctica personal. Me imagino que cada uno/a tendrá un ritmo diferente de recuperación dependiendo de sus circunstancias y estado de ánimo. También hay personas que deciden hacer un alto en el camino, lo cual es igualmente válido aunque no fue mi caso, así que opté por conciliar lo mejor que pude.

Tenía muchas preguntas tras mis dos partos. Por ejemplo: ¿Hasta qué punto necesito conciliar? ¿En qué puedo meter a mi hijo recién nacido, y en qué es mejor que se lo quede su padre durante el tiempo en el que esté yo ocupada en rituales? ¿Debo canalizar en el postparto tardío? ¿Cómo encontrar tiempo para meditar, si tengo a una criatura que llora si salgo de la habitación? ¿Cómo llevarán mis compañeros de aventuras mágicas la incorporación de este nuevo ser a mi vida?

Me ha ayudado muchísimo el poder hablar abiertamente del tema con mis compañeros de senda. Por ejemplo, decir abiertamente que la vida cambia y hasta qué punto cambia, para que los que no son padres o madres puedan entenderte. Encuentro que poner las cartas sobre la mesa desde el principio ayuda a no crear falsas expectativas, como que vas a poder mantener una fiesta post-sabbat hasta las tres de la mañana porque el bebé tendrá que dormir (y sobre todo, tienes que dormir). La gente no suele saber qué conlleva tener una criatura porque somos una comunidad muy joven en una sociedad envejecida. Con suerte, algunos de nuestros compañeros y compañeras tienen sobrinos/as o hermanos/as de menor edad, lo cual facilita mucho las cosas.

Otro de los elementos que más me han ayudado a conciliar ha sido un portabebés ergonómico. Nunca podré estar más agradecida a los diseñadores de rebozos, portabebés o mochilas tipo canguro. Con este tipo de cachivache he llegado incluso a amamantar y a guiar meditaciones a la vez, hasta en una ocasión inicié a una persona en una disciplina espiritual. Mis dos hijos han sido niños-Nenuco mientras los he tenido en brazos, al menos hasta los seis meses y especialmente en las primeras semanas, pero el panorama cambiaba si los dejaba en una cuna o en el cochecito, y rompían a llorar inmediatamente. Uno no se puede concentrar en nada cuando hay un bebé llorando. Buscar una solución sencilla es prioritario si no tienes a nadie con quien dejar a tu hijo/a y te apetece seguir activo en tu sendero espiritual. También cuando no hay nadie que te cubra en tu coven para realizar iniciaciones o para liderar encuentros.

No me avergüenzo en decir que me he hecho formaciones espirituales enteras con un bebé en el pecho e incluso he meditado amamantando en la comodidad de mi cama. Para trabajo más especial o intenso suelo pedir ayuda a mi pareja, pero tras haber dejado harto de comer a mi niño pequeño, minutos antes de meterme a hacer ese trabajo más delicado. Así, no llora y no lo pasamos mal.

Por supuesto, dejar el cuidado del bebé en otra persona (el otro progenitor) es lo ideal, pero no siempre se puede. En mi caso concreto, mi marido es mi pareja mágica y en muchos rituales él está presente. Otras veces, mis bebés han llorado porque yo era su figura de cuidado principal y eran demasiado pequeños como para estar sin mí aunque fuera una hora. Recuerdo que hice de intérprete en una entrevista de tres horas para una emisora pagana cuando mi hija la mayor tenía mes y medio, y lo recuerdo como uno de los peores momentos en cuanto a conciliación con mi papel de madre (aunque la entrevista estuvo muy bien) pues mi niña no paró de llorar, a pesar de estar con su padre. Desde mi estudio la oía y se me partía el corazón de escucharla gritar. Como estos momentos he tenido unos cuantos, como en un ritual de Lustración que celebramos en 2015, y a partir de esos momentos decidí que haría lo posible por conciliar ambos aspectos, ser consciente de las limitaciones que tienen, así como de las ventajas, y que expondría mi caso y haría valer mi posición ante las personas con las que iba a trabajar. Creo que esto es fundamental para conseguir visibilidad de cara a la comunidad sobre esta realidad tan ignorada. Creo que el bienestar de un niño debería ser prioritario e ir por delante de cualquier expectativa y hay errores que creo que no volvería a cometer a este respecto.

Una de las grandes falacias de nuestro tiempo y que las mamás (también los papás) recientes escuchamos mucho es “no permitas que tu hijo/a cambie tu vida, tu vida debería seguir como antes”. Es hora de que las madres y los padres digamos la verdad: en el momento en el que pones un pie en el camino de la m/paternidad, tu vida cambia y es inevitable. Eso hay que recordarlo también como sacerdotes y sacerdotisas. Forma parte de una decisión consciente. En lugar de esa falacia, cabría preguntarnos cómo conciliar adecuadamente estos dos aspectos tan esenciales de nuestra vida.

*Entrada escrita en gran medida con (al menos) un bebé en algún pecho*

Una visión correlliana del cobro-no cobro por las lecciones

He oído mucho eso de “la Wicca Tradicional no cobra”. Es cierto. La Wicca Tradicional, gardneriana y alejandrina, no cobra. No hay nada más que hablar a ese respecto. La Wicca Correlliana, en cambio, tiene otra visión para consigo misma.

En primer lugar, la Wicca Correlliana no tiene su origen en Gardner. Por tanto, no es Wicca Tradicional como lo que suele entenderse. Que haya habido personas con grados gardnerianos en EEUU que hayan estudiado algo en la Tradición Correlliana y tengan sus grados, pues así es y me resulta genial, allá cada uno en su aprendizaje. Pero la Wicca Correlliana, en sí, no es Wicca Tradicional. Es más, habría quien ni siquiera llamaría a la Tradición Correlliana “Wicca”, y no pasaría nada. Nosotros nos llamamos Wicca porque consideramos que es un sinónimo de la palabra brujería en algunos aspectos, pero no porque seamos del mismo linaje que la persona que la popularizó. Creo que ya se ha hablado bastante del origen del Correllianismo y a mucha gente le queda esto claro.

He dicho muchas veces, de hecho, que si la Tradición Correlliana dejara de considerarse “Wicca”, si mañana las Cabezas dejaran de usar esta palabra para definir su creencia, para mí no habría ningún problema: seguiría siendo correlliana. Mi afinidad va con la corriente espiritual que sigo, que es el Correllianismo, no con una palabra en particular. Por tanto, para mí decir que la Wicca Correlliana no es Wicca Tradicional no supone ningún problema. ¿Que para alguien lo es? Perfecto, en ese caso que no se considere correlliano, y todos contentos.

En el pasado tuve muchos comentarios muy feos sobre por qué el Correllianismo considera que cobrar por las enseñanzas (una cantidad razonable, para el mantenimiento del Templo/grupo y no para lucro del mismo) no es algo negativo, al contrario que la Wicca Tradicional. Personalmente, me he hartado de buscar justificaciones. Señores, la Wicca Correlliana puede elegir cobrar, depende del Templo y de su cabeza, pero lo habitual es que cobre para poder mantener el grupo y poder seguir trabajando.

Y digo que puede elegir cobrar porque así se especifica en los materiales de Tercer Grado, que son los manuales de la Tradición Correlliana.

¿Que alguien no está de acuerdo? ¿Que la Wicca Tradicional no cobra? Perfecto. Los Correllianos no somos Wicca Tradicional, ya lo he dicho. Este tipo de argumentos le valdrán a un alejandrino, un gardneriano, quizás un celta, quizás otra corriente. A nosotros no nos sirven. ¿Que por eso los demás pueden considerar que no somos Wicca? Vaya, qué noticia, si hasta hay tradicionales muy tradicionales que se han planteado dejar de llamarse Wicca.

¿Que puede verse esto como que somos unos peseteros y que estamos buscando un lucro? Pues tampoco. A la mayor parte de los correllianos que conozco, las cuotas (muy discretas, por cierto) les sirven para pagar el hosting de su página web, o para comprar la merienda de su grupo, o para recibir una recompensa por hacer un cursito para sus alumnos. Pero no conozco a nadie que viva de dar clases de Wicca Correlliana. De hecho, la mayor parte de los correllianos que conozco son gente bastante humilde.

Creo que la polémica de cobrar-no cobrar e intentar aplicarla a algo que no sigue las mismas reglas no está en que sea un problema de los correllianos. Creo que hay mucha gente (no todos) que han intentado aferrarse a esto intentando que les regales un cursito de primer grado a cambio de hablar maravillas de uno y que lo incluyan en la Wicca Tradicional. Y lo digo porque en ocasiones me he sentido muy presionada a no cobrar y a decir que yo no he pagado, cuando yo misma he tenido que prestar servicios de mentoría a witchschool.com a cambio de mi segundo y tercer grado. Primero lo pagué íntegro en su día.

Así pues, me gustaría zanjar este tema diciendo que, por favor, no se vuelva a utilizar la excusa de “la Wicca Tradicional no cobra” aplicada a un correlliano. Primero, porque la mayoría de nosotros cobramos una cantidad perfectamente asumible (o incluso llegamos a acuerdos con los estudiantes que no pueden pagar), y segundo, porque no se puede juzgar a alguien por algo que no es.

Trance, oráculo, seguridad y posesión

a9e8bb871b666ca37d8c150eb043abd6Me gustaría agradecer la acogida de mi penúltimo artículo, que dediqué al trance y al trabajo oracular tal y como yo lo he vivido y experimentado. Me parece curioso que no se hable apenas de este tema en la comunidad actual, cuando está tan cerca de nuestras creencias y se supone que es una de las funciones del iniciado/sacerdote en algunas tradiciones, llegado cierto nivel. Han sido muchas, muchísimas las preguntas que me habéis hecho, y especialmente me habéis preguntado sobre la seguridad de la persona y el concepto de posesión divina, que algunas personas podrían experimentar al estar en trance profundo. Como siempre, voy a intentar hablar de ello desde mi óptica y mi experiencia. Habrá quien esté de acuerdo, habrá quien no, y eso es de la esfera de cada uno.

Empezaré por una de las preguntas que más curiosas me parecieron, y es sobre la seguridad de la persona que entra en trance profundo (aquel en el que pierde la noción de sí mismo/a y el control de su cuerpo). La seguridad física es primordial: nada de velas cerca, ni de trapos que se puedan prender. Como es muy habitual que se tape la cara para que le sea más fácil a la persona entrar en trance y para que los demás no veamos las caras que pone, es capital que no tenga fuego cerca, pues podría caer sobre él y prender el tejido. Es normal que la persona pierda el equilibrio cuando “recibe” a la Divinidad a la que se ha canalizado, así que es mejor que se siente si no está acostumbrado. Encuentro que el oráculo se puede hacer de pie cuando el trance es más ligero o se controlan ciertas funciones, pues, como dije antes, no hay una dicotomía trance ligero/trance profundo, sino que se trata de un espectro con múltiples variaciones. A veces es útil tener a alguien cerca que sostenga a la persona que está canalizando por si se tambalea.

Sobre la seguridad astral, éste es el tema que suele preocupar más a la gente. Las preguntas más habituales son acerca de si pueden existir posesiones involuntarias como las que se dan en la Iglesia Católica, o si nos puede entrar en sesión una entidad un poco menos amigable. La respuesta a esto es variable, esto es, que depende de a quién le preguntes, así que yo voy a dar aquí la versión que yo conozco y que me enseñaron cuando me formaron al respecto. Para ello, debemos conocer dos visiones que se dan paralelamente en este tipo de trabajo: que obtendrás lo que esperas obtener, y que en esta existencia nunca se está solo/a.

La primera noción, acerca de que obtendrás lo que esperas obtener, es un básico del trabajo astral y sus derivados, como el trance, y está basado en la Ley de la Atracción o “los parecidos se atraen”. Esta teoría postula que, en el trabajo a nivel de astral, todas las preconcepciones que tengas serán verdades inamovibles para ti si crees en ellas. Por ejemplo: quienes creen que hay un cordón de plata en los viajes astrales, tendrán y verán un cordón de plata en sus paseos por dicho plano. Si quieres activamente encontrarte con una entidad poco recomendable, o es lo que esperas, es más probable que esto te suceda. ¿Cómo evitar esto, si es un pensamiento automático que puede asaltar a cualquiera antes o durante una sesión? Ay amigos, pues aprendiendo a controlar un poquito el pensamiento. ¿Cómo? Pues principalmente meditando, y de ahí que la meditación sea tan importante.

La segunda noción es que no se está solo en esta existencia. A mí me enseñaron que existen los espíritus guía y el Yo Superior, que están siempre pendientes de nuestro bienestar. Uno de esos espíritus guía se llama el guardián de la puerta (del que creo que he hablado hasta la saciedad) y es como el típico portero de local nocturno que te dice que no puedes entrar si no estás en la lista. Para que ninguna entidad negativa entre cuando te dispones a hacer un oráculo, debes establecer una conexión con tu guardián y pedir específicamente que no incluya nada dañino en “tu lista”. En realidad es muy sencillo.

Personalmente, nunca recomiendo un trance profundo con entidades desagradables, nocivas o dañinas, y está bien que esto funcione así. Yo creo que así es (de nuevo la primera noción) y me mantiene bastante segura cuando hago trabajo oracular intenso.

Finalmente, una pregunta que me han hecho mucho en el pasado, y es si el trabajo oracular cansa. Sí que cansa, pero como cualquier ritual intenso. Cuanto más lo haces, suele cansar menos, porque los “músculos” psíquicos se entrenan más. No encuentro que sea al revés y que te vayas quemando por dentro, ni energéticamente. Sin embargo, no es algo que aconseje hacer todos los días sin un equilibrio físico. Dicho de otro modo, si vas a hacer oráculos con frecuencia, entrena el aspecto físico y come productos de temporada para anclarte a tierra. No es por nada, es sólo para que te sientas mejor y todo vaya más fluido.

En cuanto a lo que puede “quemar” del oráculo, es todo más bien mental. Hay personas que pueden perder la noción de que están envolviendo un mensaje de la entidad (porque es normal, nunca te “vas” del todo, tu cerebro permanece y ahí tienes las palabras que usas) y pueden considerar que son la palabra de los dioses. Es responsabilidad de los oyentes tomar distancia del oráculo y no creer en que se trata de una verdad inamovible. Es responsabilidad de todos poner en cuarentena el mensaje durante un tiempo (y no pensar en él) para verlo en contexto.