La Danza Masculina: Rey Acebo y Rey Roble

rey-aceboRecuerdo un Yule que ya se me hace muy lejano, en el que una antigua amiga, de ésas con las que pierdes el contacto con los años, me llevó a un paraje en mitad de Sierra Elvira a celebrar un Yule muy evocador, pues el sitio estaba colmado de setas. Había llovido hacía poco y el olor era mágico (podría perfectamente ser por las setas), así como la atmósfera era densa y, por qué no decirlo, parecía tener un glamour de hada a su alrededor.

En aquel ritual de Yule hicimos un rito correlliano que está basado en uno de los mitos del Rey Roble y el Rey Acebo, y que me encanta realizar dos veces al año como una pequeña obra de teatro dentro del ritual. Así, en Yule, el Dios Acebo y el Dios Roble luchan, siendo vencido el Rey Acebo a pesar de continuar reinando durante el resto de la mitad oscura del año (en la que no hay cosechas). En Litha es al revés: el Rey Roble, que acaba de ser coronado Rey precisamente, es vencido por el Rey Acebo y, aunque continúa su reinado hasta que muere en Samhain, su hegemonía no será muy duradera.

Es esta la danza que hacen los dos aspectos principales del Dios, que hace que éste manifieste su temporalidad y su ciclo de muerte. El Dios, al contrario que la Diosa, hace constantemente referencia a su carácter efímero, mortal y, por tanto, renovador. Él es el Sol que se hace más o menos presente en nuestras cosechas y en los ciclos. Gracias a ese ciclo de muerte y renovación, hace posible no sólo que exista cosecha (entendida ésta como el sacrificio supremo: agotar tu propia vida para dar de comer a tus hijos – los animales – lo cual es el acto de amor más profundo que existe), sino que dota de un sentido a las siguientes etapas que vendrán: el renacimiento, el acto sexual, la madurez o plenitud y, cómo no, la muerte misma.

La danza de los Dioses puede entenderse de muchas formas y una de ellas es la del aprendizaje. Lo que hace que el Dios Acebo sea vencido por el Rey Roble, a pesar de que ambos son contendientes magníficos, sólo se explica porque el Rey Acebo venció a su adversario con anterioridad. Se van sucediendo en sus victorias al ir aprendiendo de sus derrotas. Dicho de otro modo: aunque el ciclo siempre parezca el mismo, en realidad hay pequeñas cosas que van cambiando, puesto que ellos van afinando en su técnica de combate, lo cual hace posible su victoria posterior. Esto nos hace recordar que para ganar, debemos aceptar que existe la posibilidad de una derrota y que esa derrota hará que aprendamos, lo cual, a su vez, nos llevará a la victoria.

Hay también otra lectura, y es que nadie reina para siempre. La fama y la gloria son cualidades efímeras, pues no importa cuán famoso o rico seas: la muerte siempre te acechará y, finalmente, acabarás por sucumbir a ella. Éste es el destino de los mortales.

La gente se pregunta a veces cómo es posible que existan dos Reyes, si es que hay dos Dioses o si la Wicca considera que la figura del Dios es doble. Personalmente, diría que la respuesta a esto es sí y no a la vez. Podría decirse que Rey Roble y Rey Acebo son dos aspectos del mismo Dios, como dos hombres que batallan a la vez por una sola identidad. La conclusión de este tipo de misterios masculinos es que la lucha siempre se halla en el interior de la persona, como dos fuerzas opuestas que batallan hacia un lado o hacia el otro, pero que no están necesariamente alineadas con el concepto de Bien y Mal, sino más bien con los conceptos de Luz y Oscuridad, hacia Dentro y hacia Fuera. El Dios batalla por su propia paz mental, podríamos decir, igual que muchos batallamos por ella cuando necesitamos tomar una decisión. Intentar dilucidar si continuar con el status quo o romperlo de una vez por todas, iniciando un nuevo ciclo.

¿Cómo es posible, entonces, que el Dios muera en Samhain, cuando se realiza la última cosecha? ¿No se encuentra, pues, el Dios en el Inframundo en ese momento?

Debemos entender que la realidad de la Wicca no es única. Todos estos mitos modernos los hemos creado para entender qué sucede, pero no explican la realidad de manera inequívoca. No perdamos el norte: trabajamos con alegorías, y tanto este mito del Rey Roble y el Rey Acebo es una alegoría, como la de que el Dios muere en Samhain y renace en Yule. Es más, ambos escenarios pueden darse perfectamente a la vez, sobre todo si tomamos la batalla interna como un aspecto de la dialéctica personal que se da en todas las personas cuando requieren un cambio de vida o de paradigma.

Recordemos siempre que la Wicca es una creencia orgánica, que admite variantes y que admite múltiples realidades en los mitos contemporáneos. De hecho, utilizamos estas historias como sustitutos de una mitología acorde a nuestra creencia. Así pues, si podemos sumar historias, en lugar de crear dogmas, creo que podemos tener una riqueza mucho mayor que si nos dedicamos a intentar crear una historia religiosa coherente. Sé muy bien que es difícil no caer en la tentación de contar todas estas historias como si realmente fueran Historia, porque el paradigma judeocristiano y la creencia en que es necesario tener un “Evangelio” es muy fuerte, pero me parece mucho más interesante y flexible tener múltiples formas de llegar a lo mismo, porque al final eso genera mucha más diversidad.

Aprender Wicca bien. ¿Cómo? Sin presiones

Hará un par de años, me metí en un curso de una plataforma de cursos masivos online o MOOCs que se llama Coursera. Uno de los cursos que hice por aquel entonces trataba sobre la inteligencia emocional aplicada al ámbito del aprendizaje y el curso se basaba casi íntegramente en el concepto de que no se puede aprender bajo presión o bajo miedo. Por lo visto, cuando tenemos miedo o estrés, nuestro cerebro activa la reacción de lucha o huida, la cual bloquea todo aprendizaje posible, porque en ese momento se está más centrado en quitar de en medio ese elemento que se percibe como amenaza. El aprendizaje pasa a un segundo plano. Esta teoría sobre el aprendizaje dice que éste sólo puede darse en un ámbito de cordialidad, en el que no existan presiones, estrés o miedo. Es decir, un entorno libre de amenazas.

Cuando empezamos a aprender Wicca, lo hacemos muchas veces con motivación pero también con algo de presión, y es por el beneficioso, aunque a veces no tanto, entorno en el que vivimos como comunidad. Es genial tener referentes, gente en la que inspirarnos, grupos a los que entrar, órdenes en las que estudiar… pero si lo hacemos todo a la vez, puede que nos estresemos y no obtengamos el resultado deseado.

Primero, recuerda que esto no es una carrera. Tienes toda tu vida para aprender. No hay prisa por memorizarte el Herbalismo Mágico de Cunningham y, ¿sabes qué? Aprenderte las características de las hierbas de memoria no sirve de mucho. Al final, los inciensos y demás los puedes acabar haciendo mirando el libro tranquilamente y sin tanto estrés porque no te aprendes cuáles son las correspondencias mágicas del eléboro negro. Céntrate en meditar y en vivir esas correspondencias, estarás más relajado y te sentirás mejor. Éste es un camino vivencial, no una religión basada en los libros de Cunningham, Gardner o Silver Ravenwolf.

Segundo, toda esa gente que te estás encontrando en un foro o un grupo y que tanto parece que sepa, y que de seguro sabe, quizá lleva muchos años en esto o quizá son unos enteraos. Da igual. Si son wiccapedias andantes, su tiempo les ha tomado, y si son unos sabelotodos que se han aprendido de memoria un libro, también su tiempo les ha tomado. No te compares con nadie e intenta no juzgar a la gente. No se trata de ser “como Fulanito” porque aprecies o admires a alguien, se trata de ser tú mismo. Fulanito a lo mejor lleva quince años en esto. O a lo mejor lleva uno pero se está contando veinte como en el parchís. Pero eso no es asunto tuyo. Asunto tuyo es tu camino. No te metas en peleas. Esto me costó mucho aprenderlo a mí, y créeme, no sirve de nada. Repito: no te metas en peleas. O bueno, métete, pero que conste que te lo he dicho.

Tercero, y directamente relacionado con lo anterior: toma distancia cuando lo necesites. A veces, uno se encabezona en que Perenganito le tiene manía, o que Fulanito el que lleva un año pero se cuenta veinte se cree la crème de la crème del cotarro wiccano sabe menos y merece un escarmiento por ir de iluminado de la vida. Cuando participas mucho en la comunidad, aunque es genial, puedes obtener el efecto contrario: que te quemes, que veas amenazas a tus ideas por el simple hecho de que son diferentes a las de los demás, o que interpretes como ataques personales cosas que no lo son (o que se interpreten tus palabras de esa manera). Si eso te pasa, no es un pecado dejar momentáneamente un foro o las redes sociales, tomarse un descansito y tomar esa distancia para enfriarse. No hace falta decir nada si no te sale, al fin y al cabo, a nadie más que a ti le interesa, y a los amigos que hayas hecho por el camino. Y hablo de amigos de verdad, no amigos de facebook. Luego está que quieras tener una deferencia hacia la gente y quieras decir que estás bien y que te vas a tomarte unas vacaciones para desintoxicarte de redes sociales o foros. O que estés en un grupo establecido y quieras avisar a tu mentor o guía de que vas a tomarte esas vacaciones, para que no se asuste o para que te diga si eso es posible. Esto también es aplicable a cuando estás aprendiendo tanto que parece que la cabeza te va a estallar.

De esta manera, podrás seguir centrándote en tu estudio, tu práctica, tu vivencia y el compañerismo que tienen los grupos, sin estrés y optimizando tu aprendizaje. No digo que estos consejos te vayan a garantizar una vida wiccana tranquila (principalmente porque no se puede caer bien a todo el mundo) pero sí te quitan de en medio muchos marrones que pueden percibirse como amenazas y que pueden perturbar tu tranquilidad de espíritu.

 

Lo llaman egoísmo… yo lo llamo “amor propio”

Como este post se titula una imagen que circula por ahí. No puedo encontrarla más acertada.

Cuando vivíamos por y para nuestras familias de sangre y su patrimonio, cuando la sociedad era prácticamente feudal y teníamos que rendir pleitesía a señores para poder vivir bien; cuando la mayor parte de la sociedad era judeocristiana y la vida era vista como un “valle de lágrimas” previa a una existencia posterior en el cielo, valores como la entrega, el sacrificio, el darlo todo por los demás, etc, eran la forma de conseguir que la gente no se acabara suicidando de puro hastío. Se ensalzaban para hacer ver que se estaban comportando como buenos ciudadanos y miembros productivos de su sociedad.

Pero llega el mundo moderno y, aunque todavía tengamos mucho de feudal, de pronto la liberalización de todo, la individualización de todo y la venta de la idea de que “debes ser el dueño de tu propio destino” choca de pleno con esa ideología de darlo todo por y para los demás. Ya me lo decía mi abuela, que era hija de su tiempo (nació en 1927) y vivió prácticamente como una esclava de los demás toda su vida: era mejor ser independiente, aprender a valerse por sí misma, quererse una misma y no deberle nada a nadie. Hice de ésa mi filosofía de vida y la veo muy reflejada en la ideología de la Wicca, aunque, por supuesto, he querido y quiero a muchas personas, y ni mucho menos considero que pueda hacerlo todo sola. Pero desde luego no veo la vida como la veía mi abuela: no considero que deba hacer sacrificios por más que por mis hijos (porque son pequeños y dependen enteramente de mí), ni vivir por los demás y “sus cosas”. En definitiva, si alguien me pidiera ahora mismo hacer sacrificios y ensalzar la maravilla de la abnegación en pos de una redención personal ulterior, probablemente le mandaría no muy sutilmente a la mierda.

Y lo digo así porque no sabría, probablemente, la cantidad de cosas que he tenido que sacrificar en el camino. No se pueden exigir sacrificios para “no ser egoísta” cuando no conocemos las historias personales de la gente, ni lo que han tenido que dejar atrás. Si no sabemos cuántas veces habrán ayudado a otros. Sencillamente, no tenemos tiempo para estar escuchando historias de vida. No en una sociedad que te requiere que estés trabajando durante un tercio de tu existencia, y no exagero para nada. Así que mejor no enjuiciar lo que no conocemos, ni ensalzar valores o exigir comportamientos que no sabemos si los demás tienen o no.

Así pues, a mí hoy me gustaría romper una lanza por lo que normalmente se dice que es egoísmo, a lo que yo llamo amor propio. Eso de cuidarse a sí mismo, estar con uno, ponerse uno primero. Porque a veces necesitamos cuidar de nosotros mismos para poder ayudar a los demás, si es algo que nos nace como una vocación sacerdotal.

Conozco muy buenas personas en esto del Paganismo que ayudan a los demás sin pedir nada a cambio. Y, sin embargo, cuando piden un tiempo muerto para descansar o desconectar, no se les respeta ni se les comprende. Incluso han venido compañeros paganos, sacerdotes y sacerdotisas, esperando encontrar en mí una mente amiga con la que compartir que ya no podían más, que como siguieran así iban a acabar quemados. Cansados de que las personas no promulgaran eso de ser independientes y responsables, sino que siguieran buscando en ellos una figura sacerdotal más judeocristiana que otra cosa.

Admitámoslo: somos paganos, somos dueños de nuestra vida, la nuestra es una ideología de la individualidad y la responsabilidad propia… pero pedimos de nuestro clero que no descanse. De lo contrario, es tildado de “egoísta”. ¿Soy la única que detecta aquí un doble rasero moral?

Tiempo después, veo a gente quejarse de que tal grupo se disolvió, o de que tal cosa se dejó de hacer. Pero nadie se pregunta qué pasó con la persona que lo llevaba. Hay mucha rumorología cuando alguien desaparece durante un tiempo o cuando parece que están haciendo algo diferente, pero pocos se plantean si acaso la persona está pasando por un momento delicado. O si simplemente necesita un tiempo para digerir vivencias, algo que nos ocurre a todos.

Lo único que se me ocurre para intentar paliar este tipo de actitudes es iniciar una concienciación ideológica. Intentar enseñar a la gente que el sacrificio existe cuando quieres conseguir algo, pero que no toda la vida es una batalla o una abnegación. Que hay momentos en los que se necesita parar. Y que el egoísmo, la mayor parte de las veces, es una necesidad de la persona para poder vivir una vida como la que todos nos merecemos vivir.

Hemos venido para ser felices. Vamos a vivir y dejar vivir de una puñetera vez. Y sin enjuiciar, ¿vale?

La importancia de escuchar a la intuición

Había una vez, hace muchos años, una chica que no era perfecta ni nunca pretendió serlo. Esa chica empezó una relación con un hombre mucho mayor que ella. Esta persona que apareció en su vida parecía muy vivida y muy experimentada, así que, de primeras, ella se dejó aconsejar.

La chica tenía intuición, y su intuición le decía desde el minuto uno que había una agenda oculta en esa relación. Pero desechó ese pensamiento rápidamente. Intentó ahogar a su intuición. Mientras, él intentó amoldarla a sus deseos, porque ella era joven y adaptable, e iba a ser fácil hacerlo si se empleaba algo de mano izquierda. Empezó a vestir, maquillarse, teñirse y trabajar como él quería. Sus sueños de seguir estudiando se esfumaron. Pero las intuiciones son obcecadas. Con el tiempo, empezó a sospechar que la agenda oculta era que el hombre deseaba, por todos los medios, tener un hijo. Ella era demasiado joven y no deseaba hijos en aquel momento, ni en años próximos, si bien ella sabía que él no pararía hasta lograrlo. Así que, cuando la presión fue demasiada y ya casi no se reconocía en el espejo, ella se hartó e ideó un plan. Una forma irremediable de salir de la relación, de hacer que él no deseara volver nunca más. Hay que decir que no fue la mejor forma de salir de esa situación, pero al menos era radical. También hay que decir que fue muy difícil salir de aquello, porque todo lo que él decía se había convertido en palabra de los dioses, y para ella hacer su vida sola era bastante duro. Ya no había nadie que marcara la pauta. Estaba sola ante la vida adulta.

Esa chica tan joven era yo a los 21 años. Tuve una relación de dependencia emocional con un tipo bastante mayor que yo, que tenía sus propios intereses y, por suerte o por desgracia, no eran compatibles con los míos. Salí de ella a los 25. Lo intentó por todos los medios: con cariño, sin él, dialogando, con psicología inversa… y nada funcionó. Yo quería a alguien con quien compartir, pero con el tiempo me di cuenta de que la relación me resultaba enfermiza porque no me respetaba a mí ni a mis deseos, y que yo no deseaba cambiar ni un ápice de mí misma para darle gusto. Me sentía mal cuando tenía que ceder para amoldarme a lo que él deseaba. Yo también le irritaba a él, porque tenía que invertir mucho tiempo en convencerme de que lo que él decía era lo mejor, y generar la suficiente dependencia como para que yo continuara. Eso no era una relación sana: era una relación en la que no existía una aceptación ni un cariño sincero entre las dos personas que componían el tándem. Tan sólo había un capricho, una comodidad o una finalidad dada.

Y lo había sabido desde el principio.

¿Cuántas veces ahogamos nuestra intuición para no escucharla, pese a que sabemos que tiene razón?

Una de las cosas que estudiamos y trabajamos en la mayor parte de los entrenamientos espirituales paganos, precisamente, es a escuchar a nuestra intuición. Pero no de la forma en la que pensamos, que suele ser mediante el Tarot o mediante la clarividencia. Los dones espirituales son secundarios si no aprendemos a escuchar a nuestro corazón, a nuestra intuición y a lo que creemos que es correcto para nosotros.

Al final, el Yo Superior se manifiesta de muchas formas, y ninguna de esas formas es especialmente difícil. Siempre digo (y lo digo mucho) que los dones espirituales son secundarios. Que usar el Tarot no nos hace mejores brujos. Que las herramientas son herramientas, pero que el verdadero control de nuestras vidas no reside en un oráculo, sino que reside en aquello con lo que hemos nacido. Y todos, absolutamente todos, hemos nacido con intuición.

Lo que ocurre es que nos han convencido de que no sirve. De que son opiniones infundadas o meras emociones. Bienvenidos al mundo real: las emociones son pensamientos, y si están en nuestra cabeza, pueden modelar incluso nuestro recuerdo de los hechos. La memoria es así de traicionera.

Así que, la próxima vez que tu intuición diga algo que contradiga tus cartas, no te lo pienses: escucha a tu intuición. La próxima vez que pienses que alguien te está manipulando, no te lo pienses: escucha a tu intuición. Y así con todo. A veces fallarás, a veces acertarás, pero siempre serán tus propias decisiones. Y tampoco hay que tener tanto miedo al fracaso o al error. Las intuiciones son también mensajes de tu Yo Superior, que siempre buscará la manera más inmediata y sencilla de hacerte llegar su mensaje. Son mensajes que siempre estarán en consonancia con nuestro objetivo y nuestra misión en la vida, al fin y al cabo. Y las intuiciones, erradas o acertadas, nunca mienten. Las personas… no siempre son tan claras.

Paz es un estado mental: actividad 6, “Lidiando con los obsesos del control o micromanagers”

micro-managerCuando empecé mi carrera profesional en la industria en la que trabajo, mi entonces jefe invitó a una de las directoras regionales de operaciones a conocernos a mi equipo y a mí. Aparte de meterme muchísimo miedo con la clase de fiera que me iba a encontrar, lo primero que dijo de ella, muy orgulloso y con una gran sonrisa, fue “ella es muy especial, porque es muy micromanager“. No sabía lo que significaba el término entonces, pero años después sí aprendí que el término micromanager, en realidad, es un apelativo con unas connotaciones bastante negativas.

Un micromanager (término que no tiene traducción exacta en español) es un jefe que controla hasta los más mínimos detalles, pero también puede ser un compañero o incluso un alumno o subordinado. Lo que ocurre es que puede que se dé más en los contextos en los que uno tiene un jefe, un maestro o un experto, porque suele ser la gente que necesita más retroalimentación constante por parte de otros. Cuando estás dando clase de Wicca, o cuando lideras un grupo humano de cualquier índole, es relativamente fácil caer en el extremo de comportarte de esta manera. Es algo por lo que muchos pasan, luego se dan cuenta de que lo que se está haciendo produce efectos muy negativos y, por lo que he observado, se mitiga con el tiempo y la experiencia.

La tendencia a esta conducta radica en la propia inseguridad que uno puede tener, que es algo normal cuando uno empieza. El micromanager necesita que le estén informando constantemente de lo que se hace, del estado de las cosas, de cuánto falta para terminar una tarea. Por ejemplo, hay personas que mandan muchísimos correos para preguntar por el mismo tema en poco tiempo, esperando respuestas a horas intempestivas. He visto a algunos amigos paganos quejarse por esto, pues había gente que necesitaba tener 24 horas disponible a alguien para ellos solos. Otro ejemplo de esta conducta podría considerarse ver pequeños fallos que realmente no suponen un impacto en el proyecto final que se va a realizar, o dar sugerencias y directrices imponiéndose a la voluntad de la persona. Lo terrible de esta conducta es lo tóxica que resulta, tanto para el que la tiene como para el que es objetivo del control, pues genera muchísimo estrés y ansiedad.

Curiosamente, en el Paganismo esta actitud la he visto mucho en personas que buscaban aprender. Se tiene todavía esa concepción de que “los que ya saben” dan un servicio como la telefonía cuando, en la mayor parte de los casos, los mentores son voluntarios o piden un dinero que sólo les sirve para cubrir gastos. A veces ni siquiera son mentores, sino personas comunes y corrientes con varios años en el Paganismo que, por alguna razón, acaban topándose con alguien muy inseguro y necesitado de atenciones.

Es muy difícil darse cuenta de que uno es un micromanager, porque se puede pensar que uno está en su derecho. En mi experiencia, podría apuntar a que los siguientes pasos son útiles para no convertirse en un obseso del control ajeno:

  • Meter prisa no sirve de nada, y menos en un camino espiritual.
  • Todos tenemos vida privada y familiar, y debería ser prioritaria a lo demás, inclusive el camino espiritual.
  • Todos tenemos derecho a vivir una vida libre de estrés y ansiedad.
  • Si te sientes micromanager, haz el ejercicio de darte cuenta de dónde están tus inseguridades: ¿es una inseguridad basada en una falta de conocimiento? ¿Crees que te faltan habilidades sociales? Busca consejo de otra persona, alguien de confianza, que sepas que te va a decir la verdad y con el que puedas trabajar esos aspectos de manera constructiva.

En cambio, para aquellos que sufren el micromanaging, es decir, que son objetivos constantes de personas que se comportan de esta forma, se pueden utilizar algunos de estos trucos que, cuando me he topado con alguien así, me han ayudado:

  • Explica al micromanager qué está sucediendo. Recuerda que esta conducta está generada por una inseguridad o una falta de certeza. Explicar el porqué de un retraso o de una actitud puede contribuir a aliviar la tensión.
  • Llega a acuerdos con la persona. Si crees que tendrás algo hecho en determinada fecha, díselo y comprométete a tenerlo para entonces. Si ves que no llegas al plazo, díselo. Lo importante es tener un cauce de comunicación lo más transparente posible, porque de esa forma estás eliminando la sensación de falta de certeza de la que sufren estos individuos. Con el tiempo, se irá instaurando una confianza y todo debería relajarse.
  • Comprométete con tu auto-cuidado y tu descanso. Esta gente puede llegar a drenarte hasta niveles insospechados.
  • Sigue con tus prioridades como de costumbre, e intenta no irritarte si te tratan así. Si has dicho al micromanager que estarás ausente durante un periodo de tiempo, o que terminarás en x momento, prioriza tu promesa y tu vida privada, sin importarte cuántos emails, mensajes de facebook o llamadas telefónicas te realice insistiendo en lo mismo. Si le has dicho que terminarás en determinada fecha, recuérdale amablemente lo que hablásteis.
  • Si la persona está constantemente haciéndote sugerencias de cómo realizar tu trabajo o cómo llevar tu camino espiritual, cuando a ti tu intuición te dice que no te funcionaría lo que sugiere, agradécele la sugerencia y di que la aprecias, pero sé amablemente sincero. Puedes hacer lo que tú quieras, más en un camino espiritual. Lo demás son simplemente opiniones.
  • Si nada de esto funciona, recuerda que “alejarse de ciertas personas también es quererse”.

Los hijos no son un negocio: criar es un acto de amor

4332539155_513260c8a6Me queda relativamente poco para dar a luz a mi segundo hijo, un varón.

En estos catorce meses que llevo siendo madre de la hermana mayor del niño que ahora espero, me he dado cuenta de lo sacrificado que es tener un hijo. Cuando digo esto, muchas veces la gente me pregunta si el sacrificio es porque tengo que echar más horas en el trabajo, o porque tengo que apretarme el cinturón y gastar menos para darle a mi hija todo lo que necesita.

En realidad, el sacrificio es diferente y no tiene absolutamente nada que ver con el plano material. El sacrificio, que se hace gustoso cuando esto de ser madre o padre te gusta, es saber que nunca más volverás a ser el mismo. Es saber que sobrepasarás todos tus límites. Es saber que encontrarás soluciones donde aparentemente no las hay. Es saber que el bebé se irá, y que no volverá.

Todavía recuerdo con amargura mis comienzos en la maternidad y cómo me infantilizaron hasta límites insospechados, pero me queda la satisfacción de haber roto esos límites y de haber conseguido lo que, según me habían dicho, era imposible: criar como yo quería criar. Dar a mi hija amor, y no dinero. Darle a mi hija atención, y no un montón de juguetes que no le servían para nada si no estaba yo para garantizarle que tendría el apego necesario en su infancia. Apego que, indudablemente, con el tiempo se convertirá en independencia porque es ley de vida que los hijos hagan sus existencias como ellos quieran.

Porque los hijos no nos pertenecen. Los hijos son de la vida.

El sacrificio no es comprar muchas playstations. El sacrificio real es generar un vínculo tan profundo con una persona, sabiendo que esa persona, un día, volará del nido porque está en su naturaleza. Y sé que mi sentir será agridulce cuando mis hijos, perdidas todas las grasitas de bebé, los abrazos y los besos que todavía no saben dar, cuando ya duerman del tirón en sus camas de adulto, decidan que ha llegado el momento de encontrar su propio camino.

Ellos probablemente nunca se darán cuenta de ese sacrificio. Pensarán que es su derecho, ¡y estarán en lo cierto! Porque yo también lo hice, y su padre también lo hizo, y todos lo hicimos. Es el derecho que nos reserva madurar. Es el derecho de la manzana que cae del árbol cuando está lista para caer.

Pero yo, como también su padre, nos quedaremos porque ya tenemos nuestro propio nido y nuestras propias vidas. Y ya no seremos las mismas personas. Habremos crecido con ellos. Habremos crecido gracias a ellos. También es un sacrificio aceptar que “nunca es la misma persona aquella que sale que aquella que entra”, como diría el Chojin, porque cada vivencia que hayamos tenido con ellos tendrá algo de metamorfosis, de aprendizaje. Será una gran cura de humildad aceptar que aquello en lo que invertiste tanto tiempo, sencillamente, se irá. Pero también será un gran orgullo saber que en esa marcha radica el éxito del trabajo bien hecho.

Y así, la crianza se convierte en un acto de amor. Así, no compramos el amor con dinero ni con playstations, sino que nos ganamos el amor aceptando a las personitas a las que uno ha traído a la existencia. Y así, algunos encontramos el sentido de nuestra vida: el del ciclo eterno.

Y vuelvo a sentirme loba, tigresa, en definitiva, mamífera: unida a otras madres de la naturaleza en este pequeño planeta al que llamamos Tierra.

 

Desnudez, vestimenta y Wicca

descargaSobre el tema de la desnudez me llegan un montón de preguntas: que si hay que ritualizar desnudos, vestidos, o como sea. Es una de las preocupaciones más habituales de los principiantes, especialmente cuando aprenden que hay tradiciones que realizan sus rituales desnudos (lo que se suele llamar “vestidos de cielo”). Los correllianos, como ya lo habréis visto muchos, ritualizamos profusamente vestidos en nuestros rituales formales.

Sin embargo, yo soy correlliana y cuando el mercurio marca más allá de los 30 grados y estoy tranquilamente en mi casa, me quito toda la ropa y hago rituales como mi querida madre me trajo al mundo. Siempre digo que los correllianos americanos, por aquello de que surgieron en Illinois (USA), no saben el calor que hace en Andalucía en pleno verano. Prueba tú a ponerte tres capas de ropa con una media de temperatura de 35 grados, que ibas a asar algo y no iba a ser precisamente un pollo. Si alguien viene a hacer rituales a casa es otro cantar (me visto y pongo el aire acondicionado, entre otras cosas), pero si estamos mi marido y yo, pues la cosa cambia. Porque podéis entender que el marido de una servidora está bastante acostumbrado a verla a una en todas las situaciones. Como es normal.

Me parece que el tema de la vestimenta debería ser bastante de sentido común. Hoy mismo me decía un alumno de mi Templo que está haciendo las cosas basándose en su intuición, en relación a este tema, y yo le decía que eso es lo que debe hacer. Personalmente creo que en casa de uno está uno, no todo el Correllianismo, y si en ese momento no se puede aguantar llevar puesta una túnica negra, un tabardo rojo de mangas volantes y un tabardo gris, junto con la estola y una capucha negra, pues no se puede aguantar. Creo que es mejor ritualizar cómodo que estar blasfemando porque se tiene demasiado calor. Sentido común, señores. Usar la ropa con la que uno esté cómodo, que para eso se está en la intimidad del hogar. Yo solía usar en verano una túnica negra muy finita, pero éste es el tercer verano que paso, bien embarazada, bien en pleno postparto, así que la ropa de antes me resulta incómoda y prefiero celebrar desnuda. ¿El año que viene? Pues no sé cómo estaré, ni cómo me quedará la ropa, ni si me apetecerá ir más vestida que ahora cuando me pongo a ritualizar.

La semana que viene oficio un handfasting en un pueblo de la sierra de Granada. La boda es a mediodía. ¿Iré de correlliana? Pues no, iré con un traje suelto de color verde y unas sandalias. Me voy a llevar al aire libre un buen rato, haciendo el esfuerzo de realizar el ritual, con un montón de gente mirando… si me tuviera que poner todos mis galones, me moriría de calor. No voy a ir desnuda porque no es la forma en la que trabajamos los correllianos en público, pero si me lo pidieran, pues no tendría problema. También es una cuestión de cómo uno se sienta cómodo. Lo repito de nuevo: sentido común, señores.

Si resultara que mañana los correllianos montáramos algo en común y fuera algo para toda la tradición, algo oficial, pues sí llevaría toda la ropa ritual. Porque entiendo que es el uniforme de mi tradición, la forma en la que nos identificamos cuando estamos juntos. Pero, ¿para estar por casa, incluso en el Templo? Pues no lo veo. Prefiero ir con prendas fáciles de llevar y, sobre todo, que la ropa (si la llevo) me evoque cosas y me resulte cómoda. Sentido común…

¿Cómo llegué a la Wicca?

Es muy curioso, porque llevo escribiendo en 13 lunas ya más de 6 años, y nunca, jamás, he hablado de cómo llegué a la Wicca. Es algo que doy tan por hecho que nunca me paro a pensarlo.

Yo crecí en un hogar católico y estudié hasta los dieciséis en un colegio de monjas, aunque era un hogar católico con una particularidad. Como muchos sabréis, mi madre es tarotista, pero también es médium y fue como ella empezó. En mi casa era común escuchar historias de difuntos que venían a visitar y a despedirse después de fallecer, y de abuelos perdidos que hacían acto de presencia fantasmagórica para advertir de enfermedades graves. Podríamos decir que la noción de lo sobrenatural formaba parte de mi vida cotidiana, tanto, que ni siquiera me impresionaba a pesar de ser muy pequeña. Cuando tenía 8 años, mi bisabuela le dio a mi madre una vieja baraja de Tarot Balbi que le habían regalado años ha, pero que nunca había utilizado. Mi madre manejó la baraja con bastante habilidad desde entonces. Yo me pegaba a ella y la miraba echar las cartas durante horas y horas. Los niños son esponjas y, la verdad, aprendí muchísimo en aquella etapa. Con 14 años fui ahorrando de mi paga semanal hasta conseguir 2000 pesetas de la época (ahora serían 12 euros, pero en aquel momento era un buen dinero) para comprar mi primera baraja propia, una Rider-Waite. Me la llevaba al recreo y les echaba las cartas a mis compañeras de curso, a cambio de 100 pesetas por tirada. Sin embargo, no era wiccana, ni pagana, ni nada: si acaso, era agnóstica.

Durante esos años me dio por estudiar Astrología, me compré una buena colección de libros y me pasaba días enteros, especialmente en vacaciones, leyendo sobre este tema. De ahí pasé a practicar magia de una manera muy rudimentaria. Siempre digo que hay que ser muy específico con lo que se pide al Universo, porque te lo va a dar, pero si no eres específico quizá no sea lo que quieras exactamente. Fue una lección que aprendí en aquella época.

Luego de aquello, mis lecturas se fueron diversificando y, un buen día, recién empezada la Universidad, mi mejor amiga me recomendó un libro que a día de hoy no me parece nada de calidad literaria, pero que fue el primer tomo en el que yo leí la palabra “Wicca”: Brida de Paulo Coelho. Aquella misma Navidad, casualidades de la vida, mi madre me regaló un libro sobre Magia en la Historia, y fue ahí, en el capítulo titulado “Las brujas de hoy”, donde supe qué era la Wicca realmente. Ya existía internet, y yo había sido usuaria de la misma desde el año 97, pero siempre que había buscado Wicca en la red me topaba con gente muy rara, como una supuesta “Reina bruja” que cobraba y te dejaba tocar su athame y cosas así. El cambio que supuso aquel libro fue muy positivo.

Tengo la grandísima ventaja de ser bilingüe, entonces cuando me dio por buscar información en inglés, me encontré con Todo, así, en mayúsculas. Toda la información buena estaba en inglés. En español, en aquel año 2001, había tres páginas mal contadas, en las que se decían monerías como que los alejandrinos eran unos copiones de los gardnerianos. Me metí en un par de grupos de MSN, un par de listas de correo de Yahoo, y ya está. Creo que por aquel entonces no era ni Harwe, ni siquiera recuerdo qué nick usaba, pero sí recuerdo que Silver Ravenwolf causaba verdadero furor.

Con el tiempo, el interés fue creciendo y cada vez iba practicando más, hasta llegar 2003, que fue cuando entré en los Correllianos a través de witchschool.com. Esa página la encontré porque creo recordar que busqué en google (que empezaba como buscador en aquel entonces) algo sobre brujería en inglés, y google ads, que ya existía en aquel tiempo, tenía una campaña de sponsors por la cual iba mostrando las páginas más relevantes que le pagaban por enseñar, relacionadas con tu búsqueda. Y así, entré en aquel portal, me registré y empecé a estudiar Wicca Correlliana. Hasta hoy.

De todas formas, mi proceso de “wiccanización” fue paulatino, porque yo consideraba que había luchado mucho por mantenerme neutral con respecto a las religiones, especialmente porque las monjas del colegio habían sido muy machaconas con el tema religioso. Me habían intentado captar para que fuera monja unas cuantas veces, porque mi sentido de Dios sí que existía, pero no quería vincularme a una religión estructurada y que necesitaba tanto de mí como para que yo abandonara toda mi vida por un Dios. De ahí que me costara un par de años asimilar que me había vuelto religiosa, sólo que en otra Fe. Digamos que ese par de años estuve viendo si ese camino religioso era para mí. Podría decir que fue muy meditado y muy consciente.

Ahora queda la segunda parte de todo esto. Cuando ya me convencí de que era wiccana, ¿cómo le dije yo a mi familia que había cambiado de religión?

Mi novio de entonces, con el que llevaba un año, lo supo casi al momento. No le gustó nada. ¡Pero nada en absoluto! De hecho, afectó a la relación. Mi madre lo supo relativamente rápido, pero sí es cierto que fui racionando la información porque ella, aunque es bastante abierta de mente, puedo entender que quisiera criarme como católica y que este cambio fuera demasiado duro, porque un cambio de religión no es moco de pavo, especialmente cuando existen ciertas expectativas para con tus hijos. Mi padre pasó del tema olímpicamente. Mi abuela materna, que me crió, que entonces la pobre estaba ya con síntomas de Alzheimer, lo supo pero lo ignoró bastante. Creo que mi familia de sangre se lo tomó bastante bien, al igual que todos mis amigos salvo una amiga muy cercana, a la que todo esto le dio bastante miedo, según me contó otra amiga común.

Considero que yo quise salir del armario de las escobas demasiado pronto, o de una forma demasiado forzada. En ocasiones me expuse mucho, y la religión es un tema muy delicado y muy personal como para hablarlo con cualquiera. Además, España en 2003 no era la España de 2016. A veces, cuando decía abiertamente la religión que tenía, la gente se pensaba que los pretendía “evangelizar”, porque el referente mayor de religiosidad alternativa eran los Testigos de Jehová, que tienden a eso. La mayor parte de la gente no tenía Internet, no existían los smartphones, google estaba empezando, las redes sociales no se estaban ni montando, y el acceso a la información no estaba tan universalizado como ahora, así que al decir “Wicca” mucha gente entendía “Ouija” y eso no les gustaba. No existía la posibilidad que tenemos hoy, de decir “si quieres saber más sobre mi religión, busca en google, se escribe así y tiene su propia página en Wikipedia”. Por aquel entonces era muy difícil convencer a la gente de que lo que hacías no tenía nada que ver con la Ouija, ni con los rituales de sangre o prácticas consideradas negativas.

Y bueno, ésta es mi historia, que no es corta precisamente. Muchos tendréis historias parecidas, algunos estaréis empezando, otros ya llevaréis tiempo… pero, en cualquier caso, todos tenemos un pasado y todos venimos de algún lugar. Nunca está mal repasar lo que nos ha traído hasta hoy, porque es parte de lo que somos, y yo aprendí mucho de aquellos comienzos, aunque ahora me parezcan muy lejanos.

A mi hijo aún no nacido

Hola, peque:

Podría decirte muchas cosas acerca de cómo has venido a la existencia, pero en realidad nada de eso haría honor a la verdad. Lo único que hace honor a la verdad es que te has burlado de la Biología. Creo que eso demuestra varias cosas, entre ellas, que en vida creo que soltarás muchas risas, riéndote de quienes dicen que las cosas son imposibles. A mí, de momento, ya me has demostrado que no hay nada imposible en esta vida. Tú eres lo imposible hecho posible.

También eres un pionero: eres el primer hijo varón de una generación entera, tanto de una parte como de la otra de la familia. Pero no por eso te considero más o menos especial. Te considero especial porque eres hijo nuestro, y punto. Te considero especial porque has venido en un momento muy difícil de mi vida, a enseñarme que hay que poner al mal tiempo buena cara, y a saber ver lo hermoso hasta en las condiciones más difíciles. Me has reconciliado con mi propio poder personal, me has enseñado a que no hay que tener miedo y, lo más importante: me has enseñado de mí misma que ya no tengo miedo. Lo cual es muy liberador, porque es como haberse quitado por fin una cadena muy pesada, y verla tirada en el suelo después de haberse zafado de ella.

No espero que te lleves bien con tu hermana. En realidad, me dará igual si os caéis bien o mal. Si lo hacéis, genial. Tampoco me importa si sois médicos, abogados, famosos o ricos. Me importa un bledo si sois o no ambiciosos. Mi única ambición, para ti y para ella, es que seáis felices en la vida. Porque al final, el éxito es tan volátil que hasta el más exitoso acaba en el mismo lugar que quien nunca lo fue: el cementerio. Voy a estar orgullosa de mis hijos seáis como seáis, hagáis lo que hagáis. Prometo aceptaros como sois y apoyaros en cada nueva aventura.

No has nacido, pero ya eres un niño de cambios y un niño de revoluciones. Eres un niño de independencia y un niño de reivindicaciones. Te has abierto paso como un campeón, en silencio, con delicadeza, pero con constancia. Honestamente, parece que nadie se ha hecho eco de tu presencia. Déjalos que se lo crean. Déjalos en su ignorancia. Al final, quienes callan sobre sus planes son los que consiguen llevarlos a cabo, pegan el pelotazo y dejan a todo el mundo con la boca abierta, demostrando, una vez más, que quien hace ruido sólo se basa en las apariencias, mientras que quien hace las cosas de verdad es quien se lleva el gato al agua. Por algo el silencio y la sorpresa es el arma preferida de los depredadores nocturnos.

Te doy las gracias por prestarme tu voz para rugir. A tu hermana le dije muchas cosas sobre mí en la carta que le escribí, le pedí muchas disculpas por ser yo. Ahora entiendo que eso no estuvo del todo bien, porque era como no aceptar que seré tu madre y ya está. Eso abrió la puerta de mis inseguridades a personas que no tenían que entrar en mi maternidad. A ti no puedo decirte lo mismo, no puedo pedirte disculpas, pero porque tú ya me has aceptado. Tú ya me has elegido. Gracias, peque, por ser tan grande y por enseñarme tantas cosas sin ni siquiera haber llegado al mundo. Eres un maestro.

Te quiere,

Mamá

Consultor pagano: ¿en qué consiste su labor?

Hace muchos años, hice un curso en Estados Unidos sobre ‘counseling’ pagano, o lo que es lo mismo, sobre la labor de consultor espiritual que puede ser llevada a cabo por las personas que se inician en un camino pagano. Esto lo hice porque está entre las labores que puede llevar a cabo un Primer Grado. La verdad, el concepto pasó por mi vida sin pena ni gloria, porque por aquel entonces, en 2004, ni la comunidad española o hispanohablante era muy extensa, ni pensaba que existiera la necesidad de un consultor o consultora en temas espirituales. Porque para eso estaban los psicólogos. Pero, con los años, he estado ahondando sobre el término counseling o consultoría espiritual, y observando lo común que es, sin que estemos del todo preparados para asumir estas funciones.

Un consultor o counselor es una persona que escucha y, si se lo piden, ayuda con temas relacionados con la vida cotidiana de las personas a las que atiende desde la óptica con la que esté trabajando. Por ejemplo, un consultor pagano responde dudas sobre lo que una persona puede hacer en el aspecto ritual o espiritual, o ayuda a la persona a crear su propia devoción, siempre y cuando sea su ámbito de especialidad. Si no es especialista en esa materia por la que es consultado, intenta orientar sobre dónde puede encontrar otras personas que puedan ayudar, o anima a quien hace la pregunta a encontrar su propia forma de resolver sus dudas. Ése es el ámbito de actuación en el que no podemos estar, de ninguna manera, contraviniendo a otros profesionales, como el psicólogo. El término consultor, de hecho, viene de la Psicología.

Encuentro que las reglas de oro de un buen consultor pagano deberían ser:

  • Escuchar primero, hablar después. La persona que viene a nosotros necesita una ayuda, no una suposición sobre su situación. Si no se tiene toda la información como para dar un buen servicio de consultoría, habrá que seguir preguntándole hasta que nos hagamos una idea de qué es lo que necesita. También hay mucha gente que viene a los consultores paganos sin saber qué es lo que quieren. ¡Para eso, es mejor dejarles hablar! A veces, la gente se contesta a sí misma y sólo necesita un buen par de oídos que estén presentes cuando están encontrando sus propias respuestas.
  • Discreción y confidencialidad. Si alguien viene a uno y nos pregunta como consultor pagano, hemos de tratarles con total discreción y confidencialidad. Ni siquiera vale decir lo de “yo sé mucho de Fulanito”, pues eso es abusar de la confianza de las personas y utilizarlas para ganar un cierto prestigio personal.
  • No contravenir ni pretender sustituir a los profesionales de la salud mental. Si nos viene una persona que necesita algún tipo de terapia y está yendo a un profesional, o si tiene realmente un problema que no puede resolver por sus propios medios ni con la ayuda única de los dioses, hay que ser sinceros y jamás pretender que se va a curar sólo con lo que le digamos, o con oración. La oración, la devoción, la magia, etc, son herramientas complementarias y que, en algunos casos, pueden ser hasta contraproducentes para su terapia. Lo primero es lo que diga el profesional de la salud mental, y luego, a partir de que hagamos la pregunta de “¿qué te ha dicho el profesional?” podremos dar un consejo sin contravenir el tratamiento o la terapia prescrita. Si la persona está yendo al psiquiatra y tomando medicación, JAMÁS se le dirá que debe dejar las pastillas.
  • Aconsejar sin presiones. Podemos sugerir, pero no ordenar ni intentar que la gente haga lo que nosotros queremos. Tampoco podemos decirle a alguien que haga algo en contra de sus valores o intereses. Es mejor dejar los juicios de valor para nosotros mismos, no asumir (más escuchar, menos comentar) o incluso abstenernos de comentarios como “deberías hacer tal o cual”. He visto a consultores paganos aconsejar, por ejemplo, que una persona se divorcie de otra. Esto no es demasiado ético, porque es una decisión muy complicada y que debe tomar la persona, además de estar fuera de nuestra jurisdicción.
  • Aceptar la diversidad de personalidades de quienes buscan nuestra consultoría. No todo el mundo es igual de abierto. Hay veces que hay personas que no quieren contarnos sus cosas porque son más privadas. En cualquier caso, hay que aconsejar sin asumir circunstancias y respetar la necesidad de privacidad, en caso de que eso sea lo que pida la persona.
  • Cuidarnos a nosotros mismos. Esto incluye poner límites saludables a las consultas. Por ejemplo, no atender después de cierta hora, ni en fines de semana, o hacerlo cuando tengamos el tiempo necesario para realizar esta labor. Y hasta cierto punto: no podemos trabajar espiritualmente por la persona, ni leer por ella los materiales devocionales necesarios. Intentar ser asertivos y honestos es clave. Si la otra persona no nos trata con dignidad y no comprende que estamos en nuestro tiempo libre o familiar, podemos decirle perfectamente que no le brindamos la ayuda, en caso de que se ponga especialmente difícil, insulte o amenace (¡esto puede pasar, creedme!). Esto también es aplicable si nos piden consejo sobre temas que van más allá de nuestro ámbito de conocimiento (por ejemplo, preguntas sobre la vida personal que no estamos preparados para asumir). Sobre todo porque la mayor parte de los consultores paganos son voluntarios, o hacen estas labores fuera de su trabajo como mentores en escuelas. Este punto me parece importantísimo, porque a veces la gente con grandes responsabilidades a nivel de grupo, se queman por estar constantemente respondiendo preguntas, y por ser increpados cuando dicen abiertamente que no van a seguir prestando el servicio de consultoría a alguien que les está dando problemas.
  • Dejar a la persona que tome sus propias decisiones. Muchas veces queremos ayudar, y por eso hacemos parte del trabajo de la persona. Pues ni parte siquiera. El individuo es que el que hace el trabajo, tú eres quien ayuda a encontrar las soluciones en su vida espiritual. Hasta ahí.

No es obligatorio para todos los iniciados o paganos ser consultor. Tampoco la iniciación o la formación garantizan que se sea un buen consultor pagano, porque en la comunidad hispanohablante no hay una cierta solera en este campo ahora mismo, fuera del ámbito de los terapeutas holísticos, que son quienes normalmente cubren este hueco si son paganos. Hay personas que pueden decidir ser consultores cuando se inician, hay personas que no. Hay quien no se siente preparado nunca para esto. Como en nuestro ámbito espiritual esto no se puede regular, quienes vienen a por consejo dependen mucho de a quién se dirijan, así como de la formación, habilidades sociales y hasta estado anímico del consultor. Habrá personas que darán consejo sin problemas, habrá personas que digan “esto no te lo puedo resolver”, “en este momento no estoy en condiciones de contestarte a esto”, o “por razones X no doy servicios de consultoría”. Tenemos que ser conscientes de todo ello al enviar un mensaje a alguien que, aparentemente, sepa más que nosotros mismos. Afortunadamente, hay mucha gente en el Paganismo hoy en día que puede echar una mano.