Sacerdotes, brujas y servicio a la comunidad

High-Priestess-FULL-BLEEDHe leído un artículo en un blog de, aparentemente, reciente creación (para los que habláis inglés, el artículo está aquí) en el que el autor comenta cuáles son sus 13 principios de la práctica de la brujería. Con algunas cosas estoy de acuerdo, con otras no, y con respecto a un tercer grupo no tengo opinión porque el autor tiene un contexto cultural e iniciático diferente al mío. No obstante, ha habido un párrafo que me ha llamado la atención especialmente. Traducido al español, dice así:

Que sea un/a brujo/a o incluso un líder de coven no implica necesariamente que yo tenga que ser un pilar al servicio a la comunidad o al de alguien. Estoy al servicio de los dioses y los espíritus, y de las personas que éstos me otorgan para ayudarme, pero no al de todas las personas que me paren en la calle o me manden un email. Un coven, o al menos un coven tradicional, se reúne en secreto, todos sus miembros son iniciados que han hecho un juramento, y trabaja para la protección y el avance espiritual de sus miembros, que son una familia. – http://houseofthemidnightsun.blogspot.com.es/2015/03/my-13-principles-of-wiccan-belief.html, punto 6.

El autor está escribiendo desde su punto de vista (y de hecho el artículo se titula “Mis 13 principios del credo wiccano”, es decir, que son suyos, está dando su opinión), y sin embargo ha resonado en mi interior esa afirmación, esa opinión, con respecto a lo que supone estar al servicio de la comunidad. Los correllianos, por ejemplo, somos muy dados a decir que somos referentes de esa comunidad. Pero pocas veces aclaramos de qué comunidad se supone que se es un referente o, en palabras del autor de la frase de arriba, un “pilar” al servicio de la comunidad. En mi experiencia, sólo se es un referente dentro de tu casa espiritual, es decir, tu coven, tu Templo, tu tradición, tu familia espiritual. Fuera de eso eres un ciudadano como otro cualquiera.

Un amigo mío ha venido a hacer unas cosas a mi ciudad en estos días y se está quedando en mi casa. Es iniciado de otra tradición y le pregunté ayer mientras descansábamos en casa por qué parece que hay una fascinación tan obsesiva con su familia espiritual por parte de algunas personas. Él es muy tajante y muy claro a ese respecto: nunca le han regalado nada, ni le han dejado pasar por delante en un ascensor por ser iniciado de x tradición, con lo cual no entiende cuál es el origen de esa fascinación. Luego me lo aplico a mí misma y digo algo parecido, porque nunca me han dejado pasar por delante en la cola de la frutería por practicar lo que practico. Hay contextos y contextos, y desde luego ser pagano es una cosa y estar en una cola es otra. Para la gente que va por la calle somos otras personas que van andando por la calle, y sólo eso.

De hecho, y esto es algo de lo que habla el autor del artículo al que hago referencia, en realidad no existe motivo alguno para que ser brujo/a suponga ser un referente para toda la población. Tradicionalmente, la brujería ha sido el arte de los apartados socialmente. La gente iba a ver a las brujas y a las curanderas en secreto. Se-cre-to. ¡Estaba mal visto ir a verlas! El referente de la comunidad era el médico, el alcalde del pueblo o el ricachón de turno. La bruja ha sido tradicionalmente evitada en la mayoría de los casos.

En la era de las redes sociales, de la inmediatez, de la publicidad, las brujas de hoy nos encontramos a veces con que necesitamos llevar nuestro papel dentro de nuestra familia espiritual, pero en ocasiones también la demanda es otra. Me apuesto lo que sea a que no soy la única que recibe emails de desconocidos, o peticiones de facebook de extraños, con consultas variopintas de las que, honestamente, no tenemos ni idea porque no estamos en el contexto de la persona que escribe.  Muchos hemos caído en la necesidad de ayudar a personas a las que no conocíamos de nada mediante un hechizo, un consejo, etc. Las razones por las que se hace esto son variadas: necesidad de quedar bien, buenas intenciones, incluso miedo a que te critiquen por no hacerlo. Yo antes era así y me entregaba en cada email que me mandaban con sueños, relatos mágicos y demás, daba mi opinión, daba consejos, etc. Fue curioso darme cuenta de que muchas personas desdeñaban mi opinión, así que probé que, efectivamente, era un referente dentro de mi comunidad pero no fuera de ella. Eso me dio una gran sensación de alivio, puesto que resulta frustrante invertir tu tiempo para que luego lo tiren sin más. Gracias a eso me di cuenta de que a) me puedo estar equivocando al dar mis impresiones porque se trata de un contacto escrito, desprovisto de contexto, b) realmente esa persona no me toca nada, así que que técnicamente es como si me pararan por la calle para preguntarme de qué color encienden una vela y c) hay gente que quiere que les digas lo que quieren oír, y nada más. Así que hace tiempo que me aplico una frase de un cantautor uruguayo llamado Jorge Drexler: “No tengo muchas verdades, prefiero no dar consejos. Cada cual por su camino, que igual va a aprender de viejo” (la canción se llama Frontera, la podéis escuchar aquí). Hace ya bastante tiempo que no doy consejos a gente a la que no conozco, e incluso tengo mis reticencias a hacerlo cuando les conozco.

Las sacerdotisas y los sacerdotes somos quizá referentes dentro de nuestros covens o tradiciones, igual que los terapeutas holísticos son referentes dentro de sus consultas y los profesores dentro de sus aulas. Todas las labores del ser humano tienen un contexto, y en el caso de quienes elegimos con quién compartimos el camino espiritual, creo que también debemos y podemos elegir para quién somos referentes. Esta afirmación, en cualquier caso, creo que no debe estar reñida con la necesidad de algunas personas de trabajar en el ámbito del diálogo interreligioso, igual que habrá muchas personas ahí fuera que quieran invertir su tiempo en dar consejos “porque sí”. No obstante, me parece beneficioso aclarar que la labor de la bruja o el brujo es contextual y que dar consejos al primero que se nos cruce no es nuestra actividad principal para con la comunidad, sino conectar con los dioses y los espíritus, y ayudar a quienes deciden compartir con nosotros su camino espiritual como parte de la misma familia o coven.

Introducción a los ritos de paso

5 ritoHace poco que escribí un artículo llamado “Hacer ritos de paso para otros“, pero no expliqué qué es un rito de paso, en qué consiste y qué tipos de ritos de paso podemos encontrar hoy día en creencias como la Wicca. Siempre he partido de la base de que la gente es inteligente y que sabe qué es un rito de paso, pero por lo que veo aún hay desconocimiento sobre ello. No voy a culpar a la sociedad, sino que culparé a los propios bloggers que escribimos en español: nos centramos mucho en sabbats y esbats y poco en este tipo de rituales que son muy importantes también.

Hablando de forma llana, los ritos de paso se usan para celebrar cambios en nuestra vida. Casi todas las culturas del mundo tienen ritos de paso para diferentes momentos: desde matrimonios hasta la celebración de la menarquía en las niñas, pasando por los funerales y los nacimientos. Suelen ser eventos sociales en los que se simboliza el cambio de status y se anima a la comunidad a ver a esas personas sobre las cuales se realiza el rito como miembros de la misma que han cambiado de estado.

Para que se entienda mejor, en la religión católica, en la que muchos nos hemos criado, algunos de estos ritos de paso se llaman sacramentos. Es necesario aclarar que los ritos de paso en la Wicca no tienen el mismo significado que los sacramentos en la religión católica, en tanto que algunos de esos ritos de paso no convierten a la persona en creyente, como sucede en el caso del Bautismo dentro de la comunidad cristiana. Es decir: aunque existe la presentación o bendición del bebé en una gran cantidad de corrientes wiccanas, ese niño o niña al que estamos bendiciendo no se convierte en wiccano por el hecho de estar bendiciéndole. Tampoco sus padres se están comprometiendo a criarlo/a como pagano/a. Sencillamente, es una bendición para la familia y su nuevo integrante.

En 2006 estuve en un congreso/encuentro/taller correlliano sobre ritos de paso y me enseñaron que dentro de mi tradición existen los siguientes:

Wiccaning o presentación/bendición de bebé

– Hombría y feminidad (espermarquía y menarquía, esto es, comienzo de la vida fértil)

Handfasting o matrimonio

Handparting o divorcio

– Ritual de sabiduría, para las mujeres y los hombres conforme se hacen mayores

– Funeral

– Dedicación

– Iniciación

Si prestamos atención, veremos que hay seis ritos de paso dedicados a sucesos de nuestra vida y dos que están centrados en elecciones de la persona con respecto a su creencia religiosa (dedicación e iniciación). Asimismo, dentro de la iniciación puede haber ritos en diferentes grados. Estos dos ritos se ponen aparte porque en principio sólo se van a dedicar o iniciar las personas que quieran seguir la creencia wiccana. El resto de los ritos no requieren que la persona sea creyente, aunque hay que tener en cuenta que son ritos que están circunscritos a una religión. Por esto, normalmente no se suelen casar a personas que se casarían mediante un handfasting porque consideran que es “exótico” o meramente “simbólico”. Los sacerdotes que tienen dos dedos de frente lo hacen para personas que como mínimo saben qué tipo de rito es, qué tipo de religión es, y que van a garantizar a los creyentes que el ritual no se va a convertir en un circo. Lo mismo sucede con el resto de ritos de paso. Al fin y al cabo, los ritos que marcan fases de la vida tienen un marcado significado social, además del religioso y personal.

En su día hablé del handfasting aquí y aquí, así como hablé de la iniciación en este otro artículo y en este otro. No obstante, me encantaría adentrarme más adelante en los otros ritos de paso, que también son muy interesantes.

Ese concepto BDSM de la suma sacerdotisa

Latigo Hoy, haciendo referencia a un supuesto elemento en el ritual de iniciación con unos amigos en el foro de wiccanos, me he acordado de una anécdota. Hace un par de años recibimos en el Templo un email, cuanto menos, surrealista. Era una persona que quería venir al Templo a servir como esclava o algo así y ponerse a mis pies. La verdad, no sabíamos cómo reaccionar, porque no queríamos hacerle daño a la persona, ni que se sintiera incómoda, ni ofenderla, pero ante todo queríamos aclarar que la suma sacerdotisa es una autoridad dentro del coven pero no ejerce dicha función más allá de los rituales o de la formación que le toque dar. Y que, por supuesto, los compañeros del coven no son esclavos, sino eso, compañeros.

Me extrañó aquel concepto pero lo he visto repetido varias veces y después de eso me han llegado propuestas similares, no tan fuertes pero sí con las mismas connotaciones. ¿De dónde viene ese concepto tan BDSM de la suma sacerdotisa y de la forma en la que ejerce su autoridad? Para los que no lo sepáis, el BDSM incluye una serie de prácticas sexuales, y son las siglas de Bondage (ataduras), Dominación, Sumisión y Masoquismo.

Aventurándome mucho, creo que esta concepción del BDSM wiccano puede venir de la frecuente mención al supuesto látigo, que tantos ríos de tinta ha producido. Llevo ya varios años ejerciendo como sacerdotisa, y varios años viendo de forma recurrente en foros wiccanos la típica pregunta sobre el látigo que supuestamente se utiliza en algunas tradiciones cuando se va a iniciar a alguien. Como mínimo sale 5 ó 6 veces al año. Cada vez que veo esa pregunta me muero de la risa porque parece que aquí las sacerdotisas somos unas dominantes que nos dedicamos a lacerar espaldas ajenas como hobby. A veces me dan ganas de decir “sí claro, en mi tiempo libre me dedico a azotar acólitos” (nótese el sarcasmo). En realidad, en mi tradición no es habitual el uso del látigo (yo nunca lo he usado), pero sí se utilizan con frecuencia cuerdas y cuchillos para las iniciaciones de algunos grados, no de todos. El uso de estas herramientas es totalmente simbólico y no voy a entrar aquí en desvelar qué significan, pero tienen de hecho varios significados y se utilizan principalmente, como os podéis imaginar, con el objetivo de hacer que el nuevo iniciado pase por un ritual rico en simbología, sin que vea afectada su integridad física ni psicológica. Vamos, que no le pegamos a nadie ni le causamos traumas.

Y por supuesto, nada de esto tiene una connotación sexual. En mi grupo incluso menos porque vamos todos vestidos. En grupos en los que se hace el rito desnudo imagino que tampoco, ya que cuando estás en el ritual estás en el ritual y no estás pensando en otras cosas, ni siquiera en que se llevan las cositas al aire. Total, van todos desnudos, ¿para qué van a fijarse los demás en tus cositas?

La figura de la suma sacerdotisa se basa en otro concepto, que se llama autoridad moral. Significa que se respeta a la persona que te está formando y enseñando, pero no que tengas que besarle la liga* cada vez que te la enseñe (si es que alguna vez la enseña), ni rendirle pleitesía. La suma y/o el sumo son los que organizan los rituales y los dirigen, por eso se les presta atención, se preocupan por el bienestar del coven y toman las decisiones administrativas necesarias. Y por supuesto, inician a otros miembros. Son como el padre y la madre del coven. Pero padre y madre no significan “amo y ama”. Significa que cuando acaba el ritual cada uno para su casa. Hay covens en los que hay amistad, hay otros covens en los que la gente sólo se reúne para hacer rituales y fuera del círculo ni siquiera son amigos. Raramente veréis a sumas sacerdotisas ejercer su autoridad fuera de lo que suceda en sus Templos, círculos, covens o rituales. Y en ningún caso le pegarán a nadie, ni fuerte, ni flojo, ni nada. En realidad, los rituales wiccanos tienen mucho de concentración y poco de connotaciones abiertamente sexuales.

(*) La liga es una prenda de vestir asociada al tercer grado en algunas tradiciones y que normalmente llevan las mujeres. En la Tradición Correlliana es de color rojo y normalmente se omite. Aunque a mí me encanta. Será porque es lencería fina.

En la forja

De la forja de uno de los mejores herreros del reino, todos los días, salían nuevas espadas, brillantes y afiladas. De aquella forja habían surgido espadas de leyenda: Robacorazones, que un día acompañara a Florian el Bello en el rescate de la princesa de Noruega; Martillo de Gigantes, la espada del Rey de aquel lejano reino en las estepas; y por supuesto Brillo del Héroe, la espada del guerrero que acompañara a un mago de la isla esmeralda en su búsqueda de una flor curativa para sanar a una niña, enferma de un extraño mal.

En aquella forja vivía una pieza de acero que había sido comprada por el herrero en un pueblo cercano. La pieza de acero era muy soñadora, y soñaba con aventuras, anhelaba la épica y, además, admiraba cómo el herrero realizaba el proceso de forjado de nuevas espadas, así que, un día, le rogó dejar de ser un trozo de acero para convertirse en una espada por derecho propio. Soñaba con ser brillante, pulida y afilada, soñaba con reflejar el sol y combatir el mal, soñaba con ser tan especial como todas esas espadas que salían a diario de la forja, incluso tan especial como las que se oían en las canciones de las tabernas. Rogó y rogó, y volvió a rogar, afirmando que quería ser una espada. Así que el herrero, que tenía necesidad de piezas de acero para forjar, aceptó la petición de aquel trozo metálico. La pieza de acero estaba contentísima porque era uno de los mejores herreros del reino el que la iba a convertir en toda una espada. ¡Ya vería lo que les iba a decir a todas las paletas piezas de acero que vivían en la forja! ¡Y el hierro ya es que se iba a morir de envidia!

El herrero comenzó su trabajo. Primero, desgastó el acero para pulirlo. La pieza de acero se resintió, porque el dolor era muy fuerte y pensaba que no sería capaz de soportarlo. Le dijo al herrero “por favor, me duele mucho”. Y el herrero contestó “¿todavía quieres ser una espada?”, a lo que la pieza de acero contestó que sí.

El herrero calentó el acero aún más y le dio forma, cortando el metal y haciendo que éste lo pasara francamente mal. La pieza de acero volvió a resentirse, porque el dolor era atroz y pensó que se iba a desmayar. Le dijo al herrero “ten piedad, me duele mucho”. Y el herrero contestó: “¿todavía quieres ser una espada?”, a lo que la pieza de acero dijo que sí.

El herrero volvió a calentar el acero todavía más. Lo golpeó con toda su fuerza, que era mucha (todo el mundo sabe lo fuertes que son los herreros), y le empezó a dar forma de espada. A cada golpe, el metal chillaba y saltaban chispas. Calentó, golpeó y luego enfrió con agua. Calentó, golpeó y luego enfrió con agua. Calentó…

Y la pieza de acero profirió un grito agudo, de los que son capaces de cortar hasta el aire.

Suplicante, llorosa, humeante y dolorida, le dijo al herrero, “por favor, ¿no ves que me estoy muriendo? ¿No ves que estoy dejando de ser una pieza de acero? Yo quiero ser una espada, pero nadie me dijo que doliera tanto”.

El herrero respondió: “No lo entiendes. Anhelas un brillo, una hoja afilada y un templado exquisito, y sin embargo no estás dispuesta a convertirte en aquello que deseas. Dime, ¿cómo esperas que haga de ti lo que quieres, si no vas a pagar el precio? ¿Cómo esperas que haga de ti una heroína que saje a malvados y salve doncellas, si no eres capaz de dejar atrás lo que eres para convertirte en lo que quieres ser, si no quieres al menos sacrificar un poco de ti para que haga mi trabajo?”.

“Yo quiero ser una espada”, contestó el acero, “pero no así. Hazlo más fácil y sin que duela”.

El herrero dejó de lado la pieza de acero. Había muchas otras piezas que nunca habían suplicado, sino que esperaban pacientemente a que llegara su turno. Aquélla era una forja de espadas y todas tendrían su oportunidad. Haría, indudablemente, algo de todas y cada una de sus piezas de acero. Pero obviamente no todas se convertirían en espadas de leyenda. Al menos no las que no estaban dispuestas a pagar el precio del esfuerzo.

 

“Esto es un regalo / conlleva un precio / ¿quién es el cordero y quién el cuchillo?”

Rabbit Heart – Florence and the Machine

La iniciación desde la perspectiva del iniciador

Ayer hablaba con mi mejor amigo, también wiccano pero de otra tradición, de lo que supone para un iniciador tener iniciados, de la relación que se establece con ellos como iniciador. De sentimientos, en definitiva, porque es una relación muy especial en la que es inevitable tener sentimientos.

Las personas a las que he iniciado son como mis hijos en un sentido espiritual de la palabra. Llevan mi impronta, que es lo que les he enseñado, pero cada uno viene de circunstancias personales distintas y tienen sus propias personalidades, así que añaden a eso sus propias vivencias y su propia manera de ser. A partir de esto, cuando ya pueden iniciar (en mi tradición esto sucede en tercer grado) forman su propia impronta a partir de su forma de ver las cosas. Es entonces cuando el ya sumo sacerdote empieza a tener sus propios hijos espirituales igual que antes los tuvo la persona que le inició.

En nuestra conversación le dije a mi amigo que yo quiero a todos mis iniciados, con sus virtudes y sus defectos. A veces veo cómo aciertan, a veces veo cómo se equivocan, a veces les veo dudar, y en mi caso no puedo evitar en ocasiones entrar a dar una opinión igual que la daría una madre cuando me cuentan algún problema. Sin embargo, llega un momento en el que creo que tienes que dejar que se manejen solos. Ese momento llega especialmente con lo que he comentado más arriba, cuando se inician en tercer grado. He vivido esta situación hace poco, ya que se inició una alumna que es amiga además y con la que llevaba muchos años trabajando. Me resulta raro no entrar a decir nada cuando me comenta algo, y de hecho el otro día hablaba con ella y le decía “es tu decisión, tú eres la suma sacerdotisa”. Noté entonces que había llegado el momento de cortar el cordón umbilical, de dejar a mi niña hacer sus cosas, de dejarla volar libre y que tomara sus propias decisiones igual que un día me dejaron a mí.

Aunque para una “madre” (espiritualmente hablando), y más aún para una persona que se considera maternal como es mi caso, es muy difícil soltar amarras de esa forma tan radical, considero que es una muestra de confianza por mi parte. Confío en que mis iniciados, cuando más de ellos lleguen a tercer grado, sabrán hacer lo que quieran hacer y encontrar sus propios caminos. De hecho, eso lo confío desde que doy a alguien el primer grado. Si en algo soy una “madre” pesada es en lo de que cada uno debe encontrar la cosa que le haga feliz en este camino y no me cansaré nunca de repetirlo. Ver a mi gente hacer de su vida una obra de arte, desde el que acaba de empezar a estudiar conmigo hasta la que se acaba de iniciar en tercer grado, es algo que me enorgullece. Mientras tanto, mientras la persona no está preparada, das todo lo que tienes: tu pensamiento, tu corazón, tu experiencia, tu preocupación y algunas veces tus sentimientos más profundos.

Y diréis, después de todo, ¿qué ganas tú, Harwe? ¿Merece la pena darse tanto para que luego la gente haga su vida? No negaré que me lo pregunto a veces, especialmente el día que no estoy de acuerdo con la gente a la que inicio. Igual que me pregunto si merece la pena dar clase de Wicca Correlliana, si merece la pena tener un Templo y si merece la pena pensar en qué es lo próximo que quiero hacer mañana por la mañana antes de ir a trabajar. Tengo la necesidad imperiosa de cuestionarme a mí misma porque acostumbro a vivir en mi cuerpo, en mi cerebro y en mi corazón y ser consciente de mis sentimientos, y mi camino me ha enseñado que necesito ser consciente de todo eso que pasa por mi cabeza, o de todo lo que siento. Y me doy cuenta de que duele ver irse al polluelo de debajo de las alas de mamá gallina. Duele aún más cuando sabes que no puedes abrir la boca para decir ni pío, porque entonces estás dificultando que la persona se siga desarrollando según sus propios planes.

A pesar de lo que se pueda pensar, definitivamente no merece la pena porque alguien lleve mi nombre en su línea de iniciadores. Una de las autoras a las que más admiro, la gardneriana Doreen Valiente, inició a relativamente pocas personas comparada con otras sacerdotisas de su misma generación y tradición. Y sin embargo ella simplemente encontró algo que le gustaba, como era escribir e investigar, y se centró en eso. Por tanto, dar tu nombre o dejar de darlo a más o menos gente no es una señal de influencia o de importancia del trabajo de alguien. La diferenciación, como siempre digo, sí lo es. El encontrar lo que te guste hacer, definitivamente, sí lo es.

Tampoco merece la pena por tener un grupo. No soy una directora de grupos ni una maravillosa gestora de recursos humanos. No soy una persona de masas. Tiendo a pensar que ese tipo de personas tiene una gran capacidad para manipular a los demás, y no hay nada que deteste más. Soy una persona celosa de su intimidad, introvertida (no confundáis introversión con timidez*) y reflexiva que prefiere el contacto de uno a uno, y a la que le disgustan los grandes eventos y los “circos”. No me gusta la cultura del carisma, la cultura de los grandes vendedores, agresiva, en la que prima el trabajo en equipo. No me gusta tampoco que me halaguen, ni en privado ni en público, y ese tipo de situaciones se dan mucho para el “peloteo”* que tanto se da en esta cultura del carisma. En cambio, adoro la cultura del carácter, del ideal, de la persona que se hace a sí misma a base de reflexionar, que cultiva valores y los intenta cumplir, y que lo hace de forma independiente. Que luego se junta con un grupo e intercambia ideas de una forma tácita y madura, pues esas otras personas también han hecho ese trabajo antes individualmente.

Entonces me doy cuenta de que la razón por la que esto merece la pena es porque me gusta dar clase. Me gusta lo que hay en medio, no la iniciación, sino lo que lleva a ella. Me gusta coger mis valores, meterlos en una batidora, hacer un batido de “valores de Harwe”, ponerme delante de la persona y decirle “esto es lo que yo tengo para darte, lo que desde hace mucho tiempo llevo reflexionando, tú luego haces lo que quieras con lo que yo te doy, pero si vas a hacer algo con ello, reflexiónalo, hazlo tuyo y luego me lo cuentas”. Ese intercambio es el que me resulta enriquecedor porque creo que me ayuda a crecer. Pero iré más allá: incluso la situación por la cual tengo que dejar irse a una persona para que haga su vida y forme sus propios valores es enriquecedora. Me ayuda a no estar excesivamente apegada a las situaciones, me ayuda a seguir pisando con los pies en la tierra, evitando que se me “suba” el cargo, porque sé que inevitablemente llegará otra gente detrás de mí que probablemente sea mejor que yo. Y ésa, en realidad, es mi pequeña victoria: que quienes vengan detrás sean mejores que yo. Significa que lo he hecho bien.

 

(*) La introversión es un término que define cómo la persona centra su atención. Las personas introvertidas centran su atención en su propio interior y tienden a ser introspectivos. Los extrovertidos, en cambio, la centran en los demás y en las situaciones externas. El grado de introversión, no obstante, no tiene por qué afectar a la sociabilidad de la persona. Con lo cual introversión y timidez no son lo mismo, en tanto que la timidez hace referencia a un grado de fobia social, mientras que la mayor parte de los introvertidos no tienen ningún problema a la hora de relacionarse si tienen que hacerlo.

(**) Pelotear en España es una expresión coloquial que significa halagar a una persona, señalar todo lo bueno y repetirlo, normalmente para conseguir algo a cambio.

Una mirada al tercer grado, por Ayra Alseret

Hoy me gustaría compartir con vosotros la reflexión final de tercer grado de una de mis alumnas, que a partir de ya es Suma Sacerdotisa de la Tradición Correlliana. Estoy muy orgullosa de ella por su trabajo durante todos estos años, así que cuando me escribió lo de abajo sentí el impulso de pedirle que me dejara publicarlo. Ella accedió. Muchas gracias, Lady Ayra, ha sido un honor guiarte en tu camino hasta el Sumo Sacerdocio y me siento privilegiada por haberte acompañado durante todo este tiempo y por ser tu iniciadora. Espero que recuerdes que ahora empieza un camino nuevo, en el que tú eliges lo que estudias, pero que siempre estaré ahí para lo que necesites. Te quiero mucho.

 “Una mirada al tercer grado”, por Ayra Alseret

Este Tercer Grado ha sido especialmente interesante para mí. En parte, porque encontraba respuestas a cosas que no sabía, pero sobre todo porque ha despertado en mi preguntas que no sabía que tenía. 

Profundizar en la visión de la Divinidad es algo que me ha aportado muchas cosas a nivel personal; no puedo decir que nunca me había preguntado según que cosas, pero sí es cierto que a la larga me he dado cuenta de que no sé nada. De que necesito seguir avanzando y aprendiendo, más de lo que había imaginado. 

De la primera lección me gustó especialmente la importancia que se da en la Tradición al honor, a como debe ser un Tercer Grado y me  hizo preguntarme cómo sería el mundo que nos rodea, si todo el mundo diera importancia realmente a esto. Para mí el honor es una de las cosas más importantes que existen, y que este Grado arrancara precisamente desde ahí, es algo me gustó enormemente. Cuando hablaban de las nueve virtudes, me sentí muy feliz, creo que te lo comenté, porque es un tema que gusta especialmente. Está claro que se espera de un Tercer Grado, pero ¿qué podemos esperar de las personas? Si todo el mundo fuera capaz de tener una escala de valores coherentes con el mundo que lo rodea, nos encontraríamos en otro mundo tan diferente… esto me hace enlazarlo con la encarnación consciente. Recuerdo que me preguntabas que inquietudes se me planteaban al respecto, pero creo que necesito investigar más todo esto antes de plantearme inquietudes o preguntas sobre si yo misma sería capaz o no de realizarla. Imagino que muchas otras personas se ven en esta situación, porque como te dije, considero que nos falta aún información sobre este tema. Y considero que es una de las cosas más importantes que se han tratado en este Tercer Grado, porque habla de una evolución a la que aspiramos como humanidad, que podría cambiar muchas cosas, a nivel personal, pero sobre todo a nivel general. Cuando hice la reflexión sobre este tema, me di cuenta de muchas cosas, como por ejemplo de que la idea de la encarnación consciente, que ya había comentado alguna vez con mi mentora, era algo en realidad novedoso, que tenía mucho que ver con otras corrientes o ideas de otras tradiciones y caminos. Es algo que está presente en muchos sitios, con otros nombres o corpus, pero que van hacia la misma dirección. Esto me llevó a releer documentos y libros que leí hace años y que ahora he comprendido de otro modo. 

Otra cosa que me ha gustado del Tercer Grado, es la necesidad de volver a otros textos, a comparar, buscar información, o a poder completarla a través de las visiones de otros autores. Retomar libros de filosofía o antropología me ha hecho pensar en lo cerca que está realmente la espiritualidad de la condición humana, incluso entre aquellos que se definen como ateos. ¡Incluso retomar lecciones anteriores! Puede que el trabajo como mentora de Primer Grado me haya aportado más de lo que al principio pensaba, porque al leer determinadas cosas, y volver atrás, me daba cuenta de lo mucho que las ideas que tenía como seguras, habían cambiado y lo que importaba realmente, era ser consciente de como el aprendizaje está en constante movimiento. 

Creo que lo que más me ha costado, y curiosamente, lo que más me ha gustado es el tema donde tuve que ponerme con el trabajo oracular. Sí, me costó tremendamente dejar que esto sucediera, no por miedo, que no lo tenía, sino porque no encontraba la forma de hacerlo correctamente. Sin embargo, la práctica y el cuidado me llevaron a conseguirlo finalmente.  Era algo que veía muy lejano y complicado, pero después me resultó fácil y cálido. Es curioso cómo la experiencia cambia la forma de ver las cosas. Y esto es lo más importante, la necesidad de la experiencia, cosa que he podido comprobar en mis propias carnes. 

La naturaleza del tiempo para mí no era mucha novedad, sin embargo, imagino que para quienes no han tenido nunca experiencias de este tipo pueden verse envueltos en una maraña de ideas sobre el tiempo y que se les pongan los pelos de punta. Esto mismo me pasó a mí con la naturaleza de la divinidad y el alma. Recuerdo que leía algo y necesitaba levantarme y caminar, pensar, reflexionar, volver a leer. Me tuve que preguntar si estaba de acuerdo con lo que leía, si era realmente lo que yo pensaba, porque no estaría bien continuar este camino si no era así, desde mi punto de vista. Creo que ahí fue donde me di cuenta de por qué mi mentora siempre decía “ el tercer grado es precioso, pero te hará tambalearte”. Y vaya si me tambaleé. Necesité sentarme a meditar y discutir conmigo misma sobre lo que aprendía, y me sentí como cuando estudiaba filosofía antigua y necesita creer firmemente en lo que cada filósofo decía para entender completamente su planteamiento. Aquí fue especialmente importante para mi la recuperación de Alma, porque creo que no se trata de un simple ejercicio, sino de una forma de comprender esto de manera más profunda. 

La lección que quizás se me ha quedado más pequeñas es la once (sobre técnicas de trabajo en grupo y resolución de conflictos), entiendo que es necesaria porque aunque todo es de sentido común, hablamos del menos común de los sentidos. Creo que en esta lección podrían incluirse técnicas de trabajo, como una metodología básica que sirva para todos los grupos, de manera común. Aunque comprendo que cada grupo es diferente, y que tiene una realidad totalmente única, a veces, los problemas a los que nos podemos enfrentar sí son comunes entre todos. Quizás en esta lección habría añadido un poco sobre el corpus de la Tradición de cara a determinados conflictos, como se enfrentan, a quien puedes dirigirte en determinadas situaciones… 

Sobre los exámenes que he realizado, tengo que decir que han servido para hacerme reflexionar, muchas veces, cuando veía el examen, pensaba “no puede ser, no sé ni por donde empezar”, pero después, comprendía la importancia de lo que se me pedía. No se trata de saber si había comprendido la lección o si los ejercicios habían sido más o menos sencillos, se trataba en realidad, de hacer un ejercicio interno de comprensión profunda, y de reflexión sobre lo que había aprendido y ponerlo por escrito. Esto me ayudaba a hacer ese proceso más sencillo y más profundo. Creo que todos los exámenes que he realizado han sido acertados en su planteamiento, porque no se quedaban en lo básico de qué es esto o lo otro, sino en un trabajo personal, posterior, que implicaba la necesidad de hacer un ejercicio que iba más allá.

En términos generales, valoro muy positivamente el tipo de exámenes que me han puesto durante estas lecciones, porque me permiten ahondar en cosas que la lección puede tocar simplemente por encima, sin entrar en ello de modo profundo. La verdad es que agradezco que se salieran de los típicos test, que en parte, considero que no miden realmente el trabajo o interés que alguien pone en algo, sino  que muchas veces se quedan en conceptos. Estoy planteándome cambiar los exámenes de mi Templo directamente a este tipo, porque creo que son mucho más enriquecedores.

Una cosa que me llamó especialmente la atención, fueron las palabras del Reverendo Donald al inicio de las lecciones, donde decía que el Tercer Grado era una vocación, una llamada interior y no sólo otra parte del camino. Yo sentí la llamada de la Diosa hace tiempo, y a medida que estudiaba este Tercer Grado, notaba como las ideas se iban quedando a un lado, para escuchar más profundamente Su llamada. El Reverendo Donald hablaba de la importancia que tiene la comprensión de lo que hay en cada lección, y esto me gustó especialmente, porque yo me vi envuelta en miles de momentos de dudas, de tambalearme y reflexionar si esto era para mi. Ahora puedo decir que sí, pero me ha costado. No creo que sea posible llegar a completar este grado sin haberse parado a pensar en lo que se aprende, y sobre todo, sin que las estructuras que tenemos de base se vengan abajo, sin que pasemos por momentos en los que  necesitamos pararnos y dejarlo a un lado para ver si realmente estamos de acuerdo con lo que estamos estudiando. No puedo decir que para mi haya sido fácil, en muchos aspectos este curso es un reto, pero con el tiempo, y sobre todo intentando abrir la mente y manteniendo conversaciones conmigo misma, es como he logrado entender lo que había tras las palabras.

Sobre complicaciones podría escribir un libro. No se trataron de la comprensión (bendito wordrefenrece) o de la temática, sino del asumir las cosas. Algunas me resultaban sencillas, pero recuerdo especialmente el tema sobre la Mónada, que me trajo de cabeza varios días. ¿Estaba yo de acuerdo con todo lo que estaba leyendo? Tuve que pararme muchos días a reflexionar, aunque suene a lo de siempre, me he dado cuenta de que este Tercer Grado exige eso: pararse, meditar, pelear con uno mismo, ir a otras fuentes, comparar, volverse loca, retomar… Esos traspiés me han servido muchísimo, porque me he dado cuenta de cuántas cosas tomamos como verdades sin plantearnos el por qué; y lo importante que es ser crítico y autocrítico, lo esencial que es en un momento dado poner todas tus ideas lejos y mirarlas de manera objetiva, haciendo un análisis de cada una de ellas y preocupándote por entenderlas y encajarlas en la  forma en la que entiendes la vida.

También me he encontrado con otro “problema” que en realidad no lo ha sido. He tardado más de lo que esperaba de entrada tardar en hacer este curso, pero creo que lo he disfrutado más y mejor siendo así. Darte tiempo para ir viendo cada cosa en su lugar, ir ordenando ideas, leer otras fuentes… creo que es fundamental. No sirve repetir el contenido como un loro, si tú no has hecho un trabajo interno de comprensión y aceptación. Creía que nunca iba a llegar estar escribiendo mi reporte final, y aquí estoy, delante del ordenador, mirando hacia atrás y sabiendo que hay muchísimo más por delante. Recuerdo con una sonrisa cuando  (nombre) me dijo que jamás terminaría Tercero, porque mi mentora no querría y no puedo evitar reírme. Harwe, me has dado mucho más que un grado, mucho más que unas lecciones o ejercicios. Has retado a mi mente y mi consciencia, para que pudiera sacarle todo el jugo al grado y eso no es un trabajo sencillo. Dedicar el tiempo, con calma, y sobre todo sin prisas ha sido algo especial, y gratificante para mí.

Me gustaría añadir, que creo que este es el curso que más me ha transformado, incluyendo los curso de Reiki que he hecho en mi vida, e incluso más que chamanismo. Me he encontrado en conflicto conmigo misma, me he visto plantearme muchas cosas, he sido crítica conmigo de un modo absolutamente nuevo y, sobre todo, he aprendido que quiero seguir aprendiendo. Que en la vida el moviento se demuestra andando y que yo no quiero dejar de andar.

 

Mirando atrás (éstas son mis pifias)

Es inevitable mirar atrás, sobre todo cuando tienes tiempo para pensar. En estos años que llevo siendo pagana y bruja me doy cuenta de lo que me gustaría haber hecho diferente, mis errores más frecuentes y mis pifias más tremendas (lógicamente, desde mi punto de vista). Son cosas muy personales y muy especiales, cosas de las que espero haber aprendido. El orden de las pifias es totalmente aleatorio.

1. Implicarme mágicamente con alguien al que conozco poco. Nunca, jamás, volveré a hacer magia para alguien sin conocerle muy bien antes. La razón para esto es que ayudé a una persona a quien daba clase, que me pidió ayuda muy desesperada por un supuesto caso de malos tratos. Acepté ayudar con los ojos cerrados. La persona demostró pocos meses después que no era de fiar, pero yo ya le había hecho el trabajo mágico. Menos mal que hice el trabajo en su nombre y no de forma personal, porque se me podía haber caído el pelo si llega a ser mentira, ya que pedí justicia. Tuve suerte, pero no siempre se tiene. Reconozco que soy una ingenua.

2. Poner mi cuenta de correo para alumnos como cuenta principal de contacto del Templo. Hubo un tiempo en el que recibía todo el correo “de fuera” mezclado con el de los alumnos. Era imposible discernir qué era prioritario con tanto volumen de trabajo. Afortunadamente cambiamos el sistema.

3. No pedir ayuda y no saber dónde está mi límite. El año pasado hubo un tiempo en el que me desbordé de trabajo. Entre mi trabajo en la oficina, administrar el Templo, traducir para el Templo, traducir chamanismo correlliano, administrar el departamento de la corte externa y mi vida propia, llegué a estar al borde del agotamiento. Pedí ayuda cuando tuve un problema y me di cuenta de que no podía hacerlo sola. A día de hoy me alegro de haberlo hecho antes de empezar a perder pelo por el estrés. Eso sí, me puse mala varias veces por el camino.

4. Tardar 7 años en cambiar el Santuario Personal a Santuario Witan. Cuando me doy cuenta de lo que ha crecido la Tradición Correlliana en España desde que decidí dar ese paso de abrir el Templo al público con lo que entonces era el Santuario de Brigit y ahora es el Templo de Brigit, me arrepiento de no haberlo hecho antes. Y me alegra haber dado el paso al final.

5. No descansar o no valorar mi vida personal. Tenemos la idea de que el sacerdote sirve, y como sirve no tiene derechos. Pero sí se tienen. Un derecho es un fin de semana de descanso con tu pareja, no importa cómo se ponga la gente. Las personas necesitan descansar para no quemarse, y la persona que no lo entiende tiene un problema de empatía que, desafortunadamente, sólo ella misma puede arreglar. Ahora intento descansar y si hago algo en fin de semana relacionado con el paganismo, procuro que sea nutricio para mí y para mi familia, a la que también tengo que cuidar.

6. No aclarar desde el primer momento que no soy un gurú. La potestad de la vida ajena la tiene la persona, no yo. La capacidad de cambiarla, ídem. Yo soy sólo una persona con vocación de enseñanza, que tiene unos conocimientos y que hace lo que puede para tener las riendas de su vida, pero que no puede tener las riendas de las de los demás, es imposible. Aclarar esto desde el principio me habría ahorrado muchos problemas de falsas expectativas.

7. Callarme demasiado. Tiendo a callarme las cosas porque no soy de querer problemas, y así me lleva pasando desde que monté el Santuario Witan. Me han armado verdaderas peloteras por naderías, y me he quedado callada a pesar de tenerlas conmigo. Esto me pasó una vez hace unos tres o cuatro años, y lo pasé fatal. Hasta que un día la historia se medio repitió, se me hincharon mucho los ovarios porque recordé la experiencia anterior, y dejé de callarme. Lección que aprendí: para que te dejen en paz tienes que quejarte por los cauces correctos, de lo contrario la gente se crece porque se cree que eres tonto.

8. Contestar a emails de gente que escribe con malas intenciones. Haberlos, haylos, y más con la cantidad de evangelizadores y auto-erigidos “salvadores del paganismo” que rondan por estos lares. Este tipo de personas va a tomarse a mal todo lo que diga, así que he aprendido que mejor no perder el tiempo, simplemente.

9. No confiar en mi instinto. En el pasado acepté a alumnos que no me gustaban desde el principio. Según mi experiencia, esto nunca sale bien. Por eso ahora quiero conocer a la gente con la que doy clase, de una forma un poco más profunda y no con un email que diga “quiero ser wiccano y tengo poderes”. Desde que soy más selectiva tengo una mejor experiencia y creo que mi grupo también.

10. Decir lo que pienso de alguien públicamente. Un error muy gordo. Las redes sociales y los blogs nos juegan malas pasadas con los calentones o por otras emociones, y nos escudamos en el “es que éste es mi blog/muro y escribo lo que me da la gana” para hacer estas cosas. Años después esto me sucedió a mí por facebook, y encima con nombre y apellidos. Ahora que sé que te aceptan la denuncia a trámite por este tipo de cosas, es algo con lo que tengo muchísimo cuidado. No me alegro de haberlo sufrido, porque lo pasé muy mal, pero me alegro de haber aprendido la lección.

11. Dejar 13 lunas aparcada durante tanto tiempo. Estuve sin escribir en 13 lunas durante unos 2 años, en el lapso en el que dejó de ser revista online para convertirse en blog. Me arrepiento de no haber seguido escribiendo, pero estaba con depresión y no me apetecía nada escribir. 13 lunas volvió justo cuando yo salí de aquel bache y pienso que si me hubiera obligado a escribir quizá lo habría superado antes, ya que me resulta terapéutico. Pero sólo espero no volver a tener depresión en mi vida, ya está.

12. Tomarme las cosas de forma demasiado personal. Ya sé que soy visceral hasta la médula, pero precisamente por eso he tenido que aprender que no todo lo que ocurre en el mundo es por mí o por mi culpa o por mi responsabilidad. Hay personas maleducadas, suspicaces, simpáticas o consideradas en este mundo, y no tiene por qué estar relacionado con uno mismo, sino con la naturaleza de esa otra persona. Cuando he dejado de tomarme las cosas de forma personal he descubierto que soy mucho más feliz.

13. Participar en cotilleos. El Paganismo español es un pueblo donde todos se conocen y todos hablan de todos. No pasa nada mientras los comentarios sean inofensivos y sean simplemente relacionados con el trabajo honesto que hace alguien. Pero participar en el juego de los cotilleos de vidas personales, especialmente si la persona no se puede defender y yo no puedo desmentirlo, no me gusta. Mi error fue escucharlos y no hacer nada. Ahora prefiero decir “yo a esa persona no la conozco, por tanto no puedo hablar ni opinar, y preferiría no saber” y se acabó. Y cuando es alguien a quien conozco, sí que desmiento o digo eso de “pues sus razones tendrá”. Que es muy gustoso eso de tener cotilleos, pero mejor guardárselos uno y honrar a sus votos como sacerdote, de lo contrario se arriesga uno a quedar muy mal delante de gente que no conoce.

Aprendizaje en Wicca

El aprendizaje tradicional en Wicca consta de un periodo mínimo de un año y un día en el que el dedicante (nombre que recibe la persona que busca ser iniciado o dedicarse en Wicca) adquiere una serie de conocimientos básicos. Se dice que suele ser de un año y un día debido a que es lo mínimo para que el dedicante tenga tiempo de pensar si es exactamente el camino que quiere seguir, siendo éste un tiempo especial dedicado a la meditación y a la introspección, para que el futuro practicante tenga claro que quiere dedicar su espiritualidad a la Wicca.

Ya se sea solitario o se esté en una tradición, es aconsejable ser cuidadoso con este periodo de entrenamiento, pues en él se sentarán las bases de la futura práctica del iniciado. Es importante, por tanto, tomárselo en serio y reflexionar sobre la importancia del paso que se va a tomar, crucial para la vida del nuevo creyente. En las tradiciones, además, este periodo mínimo de un año y un día suele ser obligatorio.

Conocimientos mínimos

En el caso de las tradiciones, son éstas las que marcan una serie de requisitos o conocimientos que el futuro iniciado debe manejar si quiere entrar a formar parte del grado que se haya solicitado. En cambio, los solitarios tienen mucha más libertad, lo cual, como ya se sabe, complica mucho las cosas por no tenerse una guía clara de qué es lo mínimo que se debe saber. Sin embargo, se puede considerar un “temario” básico mínimamente completo para un solitario el que contenga los siguientes puntos:

Ética y moral. Aplicación de la Rede y la Ley del Tres. Explicación de las diversas teorías acerca de éstas.

– Concepto de Deidad y del mundo, y estructura de los planos de existencia.

– Teoría de la magia. Aplicación práctica de estas teorías mediante la creación de hechizos y conjuros.

– Rituales básicos: ritos de paso, ritos estacionales.

– Devociones a la Deidad.

– Teoría de los arquetipos, clasificaciones de deidades según arquetipos.

– Historia de los principales panteones del mundo.

– Herbalismo básico.

– Mancias y trabajo oracular a nivel básico.

– Teoría y práctica de las herramientas mágicas.

– Meditación.

– Funcionamiento básico del circuito energético corporal y manejo de energías.

Para los solitarios que están interesados en tocar estos puntos, existen multitud de libros que cubren la mayor parte de los temas arriba expuestos, e incluso que puedan servir para una investigación en profundidad por parte del futuro practicante si éste resulta tener curiosidad sobre un tema en particular.

Cuando se tiene prisa

Hay muchas personas que comienzan su entrenamiento y, por alguna razón, tienen prisa y quieren acabarlo pronto. Esto suele pasar por querer abarcar demasiado y tener mucha curiosidad, pero se corre el riesgo de cegarse por las ansias de saber, y no pararse a reflexionar lo suficiente sobre si éste es el camino que se quiere seguir. Siempre es aconsejable, por tanto, tomarse el camino con la mayor tranquilidad posible, puesto que al tener demasiada prisa se pueden pasar por alto detalles que pueden ser pilares fundamentales para la consecución de los objetivos a los que se aspira.

Los cursos “intensivos”

En principio, y a pesar de los muchos cursos intensivos que circulan por la red, no existen tales cursos intensivos de Wicca. La enseñanza en Wicca tradicional siempre se realiza durante un año y un día, los maestros serios no ofrecen intensivos de fin de semana sobre Wicca, y menos aún cobrando ingentes cantidades por cada fin de semana de “curso intensivo”. La razón para esto es que es imposible abarcar todo lo que se requiere en un primer grado de Wicca en un fin de semana, y que la política de las tradiciones no suele estar a favor de la “insta-iniciación”. El periodo de reflexión es necesario para el practicante que aspira a ser wiccano y que realmente quiere incorporar esta corriente espiritual a su vida.

En cambio, sí existen otro tipo de cursos, de carácter complementario, en los que es posible ofrecer una materia al alumnado en un fin de semana o unas pocas horas. Tal es el caso, por ejemplo, de una iniciación en Reiki, un curso de iniciación al Tarot, o un taller sobre Diosas. Sin embargo, no deben confundirse estos cursos con el aprendizaje de toda una religión como es la Wicca, que requiere una reflexión profunda sobre sus bases y un conocimiento exhaustivo de los diferentes aspectos de la Deidad.

Wicca en televisión

Los medios de comunicación juegan un papel crucial en nuestra sociedad, pero, ¿hasta qué punto podemos fiarnos de la veracidad de las informaciones que ofrecen? ¿Qué papel tienen en la creación del mito contra el que luchamos todos los paganos?

Hoy exponemos un documento del año 1995 en el que se recrea un supuesto ritual de iniciación Wicca. Fue emitido en el programa presentado por Carlos Sobera “Arde la tarde” en ETB, una cadena de ámbito autonómico (regional) de España.

Como puede ver el lector, y también lo aclaramos para aquellos que no son wiccanos, tiene más bien poco que ver con esta religión: La liturgia del ritual es cuanto menos extraña ya que no se menciona a los dioses, no existe un altar, la unción se hace al revés (normalmente se empieza por los pies, no por la frente, o al menos así me lo enseñaron a mí), por no hablar del pentáculo que está dentro del círculo mágico. Parece más bien una iniciación en una tradición mistérica de corte ceremonial, porque en ese ritual no se celebra la vida ni al propio ser, que es lo que hace la Wicca. El ambiente no es alegre, sino más bien lúgubre.

Es interesante que nos fijemos en este tipo de documentos aunque han pasado ya 15 años desde su emisión. Este tipo de documentos audiovisuales reflejan una serie de conceptos que son difíciles de eliminar del imaginario común y de los que, nos guste o no, somos herederos. Tanto es así, que en la actualidad todavía conservamos en nuestras mentes el concepto de la bruja montada en su escoba adoradora del diablo, un ejemplo claro de que, siglos después, determinados mitos o imágenes culturales tienen tanta repercusión como para que, hoy día, la brujería siga generando cierta aprensión en el público. Por todo esto, es especialmente remarcable que, al escribir “Wicca” en Youtube, sea el segundo vídeo en mostrarse. Es de este tipo de documentos de los que tenemos que huir, y es una verdadera lástima que no se suban más vídeos en los que nosotros los wiccanos expongamos al mundo que somos personas como cualquier otra, no supuestos ungidos que hablan al más puro estilo Loquendo.

Por otro lado, me pregunto de dónde sacan algunos periodistas las fuentes para hacer una recreación de un ritual tan inexacta y sensacionalista…