Planificando un parto “a lo pagano”

Cuando era pequeña, tendría 8 ó 9 años, hubo en mi colegio una campaña por defender lo que las monjas llamaban el “Sí” de María. Estudié en un colegio católico y, aunque les guardo un respeto y un cariño enorme a las religiosas que me formaron, el mensaje me sonaba muy absurdo a ratos. Había una monja especialmente simpática, muy joven, que nos dio una murga tremenda con el Sí de María, y nos decía que había que decir que “Sí” a Dios, al Espíritu Santo, a éste, a aquél y al de más allá, porque en el Sí de María se fundamentaba todo. Así que, cuando tu madre o tu padre te dijeran algo, tenías que ser una niña buena y decir que sí. Y yo le decía, “Entonces, si me dicen que me tienen que meter un dedo en el ojo, ¿tengo que decir que sí?”. La monja contestaba que mis padres nunca me dirían eso, que la sociedad nunca me diría eso. Que los demás sólo querían mi bien.

En mi casa y en el colegio fui una niña muy buena. Aprendí a confiar en el sistema, en los médicos, hasta en la peluquera. Yo dije que sí muchas veces y por eso me cuesta decir que no, lo admito. Pero cuando crecí me di cuenta de que las personas eran personas y se equivocaban. Me bastó con ir a la peluquería una vez y que me dejaran con un peinado que para nada iba con mi estilo. Los médicos eran otro cantar, ¿cómo era posible que un médico se equivocara, que no hiciera algo que fuera por mi propio bien? Hasta que en la Universidad, en una exhibición de cortometrajes que nos pusieron en 2004, vi una cinta de Icíar Bollaín que me abrió los ojos a la realidad del parto en mi país y en muchos de los países desarrollados. Dura sólo 3 minutos y os lo dejo aquí.

Así que, llegado el momento de mi embarazo, me planteé decir que no a una autoridad como la de un médico, por primera vez en mi vida. No a los protocolos, no a la cosificación del paciente, no al parto como enfermedad. Sí a comprender que un embarazo y un parto son un proceso cíclico y natural, exactamente igual que esa religión que decimos que practicamos. Que habrá momentos en los que necesitemos ayuda de los médicos, pues claro, pero prefiero mil veces dejar las cosas en mis propias manos, asumir la responsabilidad y tomar un papel activo en lo que respecta a la gestación y nacimiento de mi hija. Si os fijáis, no es muy diferente de lo que ya decimos que hace falta para seguir en este camino espiritual: proactividad. Afortunadamente, muchas otras mujeres en mi país han decidido también formar parte activa en el nacimiento de sus bebés, tomárselo como un camino espiritual, asumirlo como natural y hacerlo suyo. Es hermoso leer, oír y ver tantas historias de gente que, por primera vez en décadas, se plantea que esto es un acto de poder, que un nacimiento es y debe ser respetado, humanizado, y que no somos enfermas sino familias (las parejas también) pasando por un proceso natural.

Hace unas semanas que decidí trabajar en mi plan de parto. Es un documento donde le digo al hospital lo que quiero, cómo lo quiero y cuándo lo quiero. Que es flexible, claro que sí, por si hubiera que hacer cesárea por cualquier complicación, pero en el que ejerzo mi derecho a elegir y a querer parir como una mamífera. A lo pagano. Nada de parir llena de tubos, acostada sobre una camilla mientras, como en el corto, una luz fuerte se me mete por los ojos. Sino de pie o sentada, usando la fuerza de la gravedad, sintiéndome libre para moverme, para mecer la pelvis con cada contracción. Con la posibilidad de no usar más anestesia que mis propias endorfinas naturales, con la posibilidad de beber líquidos claros en lugar de tener puesta una incómoda vía intravenosa. Con la intimidad de una luz tenue, acompañada de mi pareja, usando la meditación como técnica respiratoria, y pidiendo tener al bebé en el pecho al momento, porque en un parto normal no es necesario que aspiren nada, tampoco que laven al bebé y le quiten su grasa protectora. Creo que ya era hora de que las familias pudieran elegir estas cosas, sentirse protagonistas, sentirse mamíferos de nuevo. Decir sí a la naturaleza, decir no a los que hacen protocolos hospitalarios cómodos y en su propio beneficio, aunque lo hagan “por tu bien”. Tomarse el tiempo para elegir de forma consciente. Hay veces en las que merece la pena no ser una niña tan buena.

[EDIT] Lo que estoy contando aquí son mis experiencias, como hago siempre. No quiero convencer a nadie de que haga lo mismo que yo. Quiero que conste que he realizado mi plan de parto según recomendaciones de la OMS y con la colaboración de los profesionales que me atienden y mi propia familia. Sé que mis lectores son adultos, asumo que leerán, se informarán y tengo total confianza en que tomarán las decisiones que tengan que tomar de forma fundamentada, igual que he hecho yo, y teniendo en cuenta que a diferentes personas, diferentes situaciones y necesidades.

Interpretación de los sueños (2)

En la anterior entrada hice una introducción a los llamados “sueños premonitorios” y expliqué cómo funcionan, partiendo de la base de que los sueños simbólicos son los que, normalmente, suelen tener una relevancia a efectos de premonición o conocimiento del futuro de la persona. Dije también que cada uno es un mundo y que por eso los manuales simbólicos de sueños no tienen mucho que nos pueda servir, ya que para cada persona un símbolo puede adquirir un significado diferente. En esta ocasión me gustaría hablar de la forma en la que podemos encontrar nuestro “idioma” personal, la forma en la que nuestro subconsciente nos habla a nosotros y sólo a nosotros.

La libreta de sueños

RP_reporters_notebooks_new_large Si queremos averiguar cuál es nuestro idioma-simbolismo personal necesitaremos llevar un registro de nuestros sueños para ir aprendiendo por ensayo y error. La cosa es que los sueños se olvidan fácilmente, sobre todo en sus detalles, cosa que comenté también en la primera parte de este especial. La forma más sencilla de solventar esto es tener una libreta de sueños y un bolígrafo o pluma a mano, lo más cerca de la cama que se pueda. No hace falta que sea un cuaderno complicado o bonito, basta una libreta sencilla, donde podamos emborronar, donde podamos escribir con la letra de medio dormidos y no nos dé ningún reparo hacerlo. Recomiendo las libretas de tamaño cuartilla (lo que en papelería se conoce como tamaño A5), porque si lo necesitamos la podemos meter en la cama fácilmente y escribir en ella mientras todavía nos acordamos de lo que hemos soñado. En mi experiencia, las libretas demasiado alargadas o los grandes libros de las sombras acaban siendo cachivaches demasiado grandes como para escribir cómodamente en ellos. A mí me encantan las libretas de reportero, que tienen las anillas o la junta de las páginas por arriba (como en la ilustración) porque puedo aprovechar toda la hoja para escribir y hacerlo por las dos caras con comodidad. Pero eso ya es cuestión de gustos, en realidad cualquier cuaderno vale.

El tiempo aproximado en el que olvidamos los detalles de un sueño es de 30 segundos desde que nos hemos despertado. Luego, el registro sigue siendo válido, pero nuestro cerebro puede jugar a “rellenar los huecos” de la historia soñada con cosas de su invención o que le parecen más lógicas. Así que, cuanto antes, mejor. Lo ideal es anotar cuánto ha pasado desde que soñamos hasta que realizamos el registro, el día y la hora del sueño. Si no sabemos la hora, pues apuntamos “por la mañana”, “durante la siesta” o más o menos cuando sea.

Lo que sí aconsejo es no lanzarnos a hacer una interpretación tal y como lo hemos soñado. Dejemos las cosas reposar. Una vez apuntado el sueño, lo mejor es olvidarse de él y luego volver a la libreta días más tarde, o de forma periódica. La razón es que podemos establecer un vínculo entre lo que nos dijo el sueño y lo que sucedió días o semanas más tarde (incluso años). De ahí es donde podemos empezar a sacar qué significan los símbolos que veamos.

Os pongo otro ejemplo de mi diario o libreta de sueños, éste es de 2004:

Estoy sentada en mitad de la selva, en un claro. Oigo serpientes sisear, tengo un poco de miedo porque los matorrales se mueven. Silenciosamente, un tigre enorme emerge del verdor. Estoy aterrada, no me puedo mover. El enorme animal acerca su hocico, me huele, se relame y, como si fuera un gatito juguetón, se tumba a mi lado. Ronronea. Me muestra el pecho al ponerse boca arriba. Saco fuerzas de flaqueza y lo acaricio. Se comporta como un gatito grande.

No relacioné para nada este sueño con nada hasta años más tarde, en julio de 2007, cuando tuve este otro:

Estoy en el piso de mi abuela. Oigo gritos. “¡Ya viene, ya viene! ¡Corred!”. No sé lo que viene, pero tengo miedo. Corro hacia la que era mi habitación y me escondo bajo la cama. Veo unas enormes patas amarillas y me asomo por una curiosidad más fuerte que el miedo. El tigre lleva las fauces llenas de sangre y se sienta frente a mí. Mi gata, negra como la noche, está a su lado, también sentada, tan tranquila. La gata me habla en la mente: “Sangre de tus enemigos”, me dice. Me despierto.

Ahora sé que el tigre es uno de mis animales tótem y que suele aparecer cuando necesito protección. De nuevo aparece mi gata, igual que en el ejemplo que puse en el artículo anterior, si os dais cuenta. A veces puede sucederte que digas “esto me suena, creo que soñé algo parecido”, y ahí es donde puedes ir a tu registro de sueños anteriores y ver cuándo soñaste con ese mismo elemento. Así, puedes relacionar ese sueño con algún suceso parecido del pasado, basándote en tu experiencia vital para ello. Eso fue lo que tuve que hacer yo en este caso, en ambos momentos me encontraba en una crisis personal en la que sentía que necesitaba esa protección extra que me daba el tigre. Por eso decía al principio del artículo que esto es ensayo y error, puesto que se trata de ir aprendiendo qué significan determinados símbolos para ti y sólo para ti, a qué experiencias vitales puedes hacer referencia cuando aparecen esos símbolos en tus sueños. Por eso es tan útil tener una libreta donde apuntar. Si una libreta no es suficiente porque apuntas mucho, no pasa nada, hazte con otra (¡es lo bueno de que sean baratas!) y marca en cada libreta desde qué fecha hasta qué fecha has ido recogiendo sueños en ella. Repasa tus registros cada varios meses, a ver si encuentras patrones o símbolos comunes. Así, a base de experiencia, puedes ir haciendo tu propio “manual” de sueños personalizado. Pero claro, para ello necesitarás paciencia y realizar tu registro durante varios meses, al menos. La constancia es la madre de todas las artes en esto del ocultismo y del camino espiritual personal.

En el último artículo hablaré del sueño lúcido y de para qué se usa.

Interpretación de los sueños (1)

SUEOS_1Una de las preguntas más habituales en el ámbito del ocultismo es cómo interpretar los sueños. Tanto es así, que mucho autores han hecho diferentes manuales con simbologías que difieren en algunas cosas, dependiendo del gusto de cada uno. Sin embargo, cuando se pregunta “¿Qué crees que significa tal o cual sueño?” se suele contestar “¿Qué crees que significa para ti?”. No se suele remitir a nadie a ningún libro porque existe una confianza en que cada persona encuentre su propio “manual”, así como su forma de entender los mensajes que les manda su propio subconsciente. Me gustaría hacer una introducción a la interpretación de los sueños que pudiera servir al que empieza, para que le sirva como punto de partida hacia ese “manual personal” que todos llevamos dentro. Me voy a tomar también la libertad de exponer con ejemplos de sueños que he tenido y que he ido apuntando con el paso de los años. Personalmente, estudio este tipo de interpretaciones en la Casa de los Sueños de la Orden de Caminantes de mundos correlliana, Orden que me ha ayudado a ahondar en la manera en la que me comunico conmigo misma a través de los sueños.

¿Qué es dormir y qué es soñar?

Cuando dormimos, estamos en un estado fisiológico normal en el cual nuestro cuerpo descansa y se repara. Para ello, entramos en una especie de “suspensión”, en la cual nuestras funciones fisiológicas se ralentizan, es decir, que tenemos menos ganas de ir al baño, nuestro corazón late más despacio, nuestra temperatura disminuye ligeramente y nuestra respiración se hace más lenta y pausada, entre otras muchas cosas, ya que es un estado bastante complejo. El cerebro, ese órgano que nunca duerme, aprovecha que estamos durmiendo para realizar otras funciones. Por ejemplo, se cree que este estado tiene un papel muy importante en la consolidación de los recuerdos. Esos recuerdos pueden salir de forma involuntaria, junto con otras ideas, en algo que se conoce como “ensueño”, que es eso que recordamos como sueños cuando nos despertamos.

Soñamos muchísimo durante el tiempo que empleamos en dormir, pero no nos acordamos de la mayoría. Para que un sueño tenga la suficiente relevancia y lo recordemos, tiene que ser especialmente impactante o estar cerca del momento en el que nos despertaríamos, pero es que además se olvida muy fácilmente, y sobre todo a nivel de detalle.

Sueños premonitorios o sueños del futuro

Lo que nos suele, de alguna forma, intrigar más sobre los sueños es que normalmente no los podemos controlar. Se pueden controlar, pero requiere práctica, y ya hablaré de esto más adelante. Digamos que el humano medio no puede. Por esto mismo, hay quien considera que ciertos sueños muy impactantes pueden tener algún tipo de significado acerca de su futuro o el de los suyos. Hay personas que afirman que sus sueños se hacen realidad. Esto es lo que se conoce como el fenómeno del sueño premonitorio, es decir, un sueño que contiene una premonición. Hay personas que dicen, y a mí me gusta esta teoría, que se tienen sueños premonitorios en base a la conexión que tenemos con la Divinidad, al formar parte de ella, y que llegan a nosotros mediante nuestro Yo Superior, que los deja caer a través del subconsciente.

Por regla general, los sueños muy evidentes no suelen ser premonitorios. ¿Por qué? Pues muy fácil: porque nuestro cerebro a veces utiliza los sueños como una forma de probar situaciones condicionales. Os pongo un ejemplo: yo estoy embarazada ahora mismo, y hace poco que soñé que mi niña nacía con parálisis cerebral (fue bastante angustioso). No considero que este sueño sea premonitorio, porque lo que estaba haciendo mi cerebro en ese momento era probar con un “¿y si pasa esto?”, y reflejar un miedo que tengo como cualquier madre. En el pasado soñé que me tocaba la lotería y hasta veía los números, eché en el sorteo y no me tocó. Lo que quiero decir con esto es que, al menos en mi caso, los sueños que se han cumplido nunca han sido tan obvios. Otras personas pueden tener sueños premonitorios muy exactos, pero no es para nada lo normal.

Son dignos de estudiar los sueños mucho más sutiles y mucho más simbólicos, que suelen tener un impacto fuerte (porque se recuerdan con claridad) y que tienen una especie de “halo” o ambiente determinado. Esto es porque el Yo Superior con frecuencia utiliza el símbolo como forma de expresión y, de hecho, cuando hacemos magia nos centramos en el símbolo para comunicarnos con él. A estos sueños yo los llamo “sueños verdes” como un guiño a la saga de Canción de Hielo y Fuego, y porque en mi caso tienen un color o una iluminación especial (no tiene por qué ser verde, pero bueno). Para ilustrar esta simbología y sutileza que os digo, voy a extraer un sueño en particular de mi libreta, que data de noviembre de 2011, y que ya no tiene relevancia, por tanto no me importa compartirlo:

Estoy en casa, en mi dormitorio, llevo una jaula para pájaros en la mano. Dentro hay una urraca. Me la han dado o regalado pero no me hace mucha gracia tenerla. Mis gatos huelen la jaula muy intrigados, pero no dejo que se acerquen a ella. Le doy de comer al pájaro y subo la jaula arriba del armario, fuera de su alcance. Sé que han pasado varios días, incluso semanas, todos los días alimento al pájaro. En una de ésas veo que mi gata Tormenta se acerca. Es el momento. Bajo la jaula, abro la puerta de la misma y dejo salir al pájaro. Le doy una orden a la gata con la mente: “Ahora”. Ella se abalanza sobre la urraca, lista para atacar, lista para matar. Y mata.

Analicemos: tenemos una urraca dentro de una jaula, dos gatos negros y un ambiente doméstico bastante íntimo, como es mi dormitorio. Cuando nos vamos a un manual de sueños normal y corriente, nos suele decir que las urracas simbolizan los cotilleos, y los gatos negros son un indicativo de mala suerte. Sin embargo, en este caso son mis propios gatos, porque yo tengo dos gatos negros, con lo cual para mí soñar con dos gatos negros no es malo, al revés, es muy bueno. Y más si la gata que ataca es mi gata de toda la vida. ¿Veis cómo depende de la persona? La urraca para mí no es necesariamente negativa porque es un animal muy curioso, pero en este caso no me gustaba tenerla tan cerca, o tan dentro de mi casa. De alguna forma estoy alimentando algo que no me gusta, pero le doy de comer todos los días. Y mi casa, obviamente, pues es lo más íntimo que tengo, es un reflejo de mi entorno.

Y ahora os cuento lo que significa el sueño y lo que extraje de él: por aquel entonces, estaba siendo atacada por personas que estaban haciendo comentarios bastante feos, basándose en la curiosidad y en el cotilleo. Yo había dejado entrar a esas personas muy dentro de mi círculo íntimo porque había confiado en ellos (de ahí que la situación sea en mi casa, de hecho, es en mi dormitorio, que es lo más íntimo de mi hogar) y se estaban aprovechando de esa información íntima (simbolizado por el hecho de darle de comer a la urraca que estaba dentro de la jaula). Sin embargo, cuando llegaba el momento, mi gata, que en mis sueños suele ser una extensión de mí misma, mataba a la urraca cuando yo veía que había llegado el momento adecuado para ponerle fin. Lo que el sueño me estaba diciendo era que tuviera paciencia, que llegaría mi momento de defenderme, y que esas personas no podrían seguir hablando gratuitamente, porque mi propia actitud, de alguna forma, se encargaría de desmentir esos comentarios. También me hablaba de una protección muy fuerte a mi alrededor (de nuevo la gata). Y así sucedió con el paso de los meses. Como quería ejemplificar, éste es el tipo de sueño simbólico que tiene mucha gente y que resulta de alguna forma premonitorio, pero como veis, es muy sutil. Lograr descifrarlo es difícil porque depende del estado anímico en el que nos encontremos, y además hay que conocer muy bien cuál es el “idioma” que habla cada uno, porque cada persona es un mundo.

En el próximo artículo hablaré de cómo “aprender tu idioma de sueños”, de sueños lúcidos y de la libreta que se utiliza para su registro.

Ese concepto BDSM de la suma sacerdotisa

Latigo Hoy, haciendo referencia a un supuesto elemento en el ritual de iniciación con unos amigos en el foro de wiccanos, me he acordado de una anécdota. Hace un par de años recibimos en el Templo un email, cuanto menos, surrealista. Era una persona que quería venir al Templo a servir como esclava o algo así y ponerse a mis pies. La verdad, no sabíamos cómo reaccionar, porque no queríamos hacerle daño a la persona, ni que se sintiera incómoda, ni ofenderla, pero ante todo queríamos aclarar que la suma sacerdotisa es una autoridad dentro del coven pero no ejerce dicha función más allá de los rituales o de la formación que le toque dar. Y que, por supuesto, los compañeros del coven no son esclavos, sino eso, compañeros.

Me extrañó aquel concepto pero lo he visto repetido varias veces y después de eso me han llegado propuestas similares, no tan fuertes pero sí con las mismas connotaciones. ¿De dónde viene ese concepto tan BDSM de la suma sacerdotisa y de la forma en la que ejerce su autoridad? Para los que no lo sepáis, el BDSM incluye una serie de prácticas sexuales, y son las siglas de Bondage (ataduras), Dominación, Sumisión y Masoquismo.

Aventurándome mucho, creo que esta concepción del BDSM wiccano puede venir de la frecuente mención al supuesto látigo, que tantos ríos de tinta ha producido. Llevo ya varios años ejerciendo como sacerdotisa, y varios años viendo de forma recurrente en foros wiccanos la típica pregunta sobre el látigo que supuestamente se utiliza en algunas tradiciones cuando se va a iniciar a alguien. Como mínimo sale 5 ó 6 veces al año. Cada vez que veo esa pregunta me muero de la risa porque parece que aquí las sacerdotisas somos unas dominantes que nos dedicamos a lacerar espaldas ajenas como hobby. A veces me dan ganas de decir “sí claro, en mi tiempo libre me dedico a azotar acólitos” (nótese el sarcasmo). En realidad, en mi tradición no es habitual el uso del látigo (yo nunca lo he usado), pero sí se utilizan con frecuencia cuerdas y cuchillos para las iniciaciones de algunos grados, no de todos. El uso de estas herramientas es totalmente simbólico y no voy a entrar aquí en desvelar qué significan, pero tienen de hecho varios significados y se utilizan principalmente, como os podéis imaginar, con el objetivo de hacer que el nuevo iniciado pase por un ritual rico en simbología, sin que vea afectada su integridad física ni psicológica. Vamos, que no le pegamos a nadie ni le causamos traumas.

Y por supuesto, nada de esto tiene una connotación sexual. En mi grupo incluso menos porque vamos todos vestidos. En grupos en los que se hace el rito desnudo imagino que tampoco, ya que cuando estás en el ritual estás en el ritual y no estás pensando en otras cosas, ni siquiera en que se llevan las cositas al aire. Total, van todos desnudos, ¿para qué van a fijarse los demás en tus cositas?

La figura de la suma sacerdotisa se basa en otro concepto, que se llama autoridad moral. Significa que se respeta a la persona que te está formando y enseñando, pero no que tengas que besarle la liga* cada vez que te la enseñe (si es que alguna vez la enseña), ni rendirle pleitesía. La suma y/o el sumo son los que organizan los rituales y los dirigen, por eso se les presta atención, se preocupan por el bienestar del coven y toman las decisiones administrativas necesarias. Y por supuesto, inician a otros miembros. Son como el padre y la madre del coven. Pero padre y madre no significan “amo y ama”. Significa que cuando acaba el ritual cada uno para su casa. Hay covens en los que hay amistad, hay otros covens en los que la gente sólo se reúne para hacer rituales y fuera del círculo ni siquiera son amigos. Raramente veréis a sumas sacerdotisas ejercer su autoridad fuera de lo que suceda en sus Templos, círculos, covens o rituales. Y en ningún caso le pegarán a nadie, ni fuerte, ni flojo, ni nada. En realidad, los rituales wiccanos tienen mucho de concentración y poco de connotaciones abiertamente sexuales.

(*) La liga es una prenda de vestir asociada al tercer grado en algunas tradiciones y que normalmente llevan las mujeres. En la Tradición Correlliana es de color rojo y normalmente se omite. Aunque a mí me encanta. Será porque es lencería fina.

La triste realidad del radicalismo religioso

_80443102_statueexpsni2Hace unos días salía a la palestra otro ejemplo de radicalismo religioso que, tristemente y salvo por las órdenes druidas que han hecho todo lo posible por darlo a conocer, apenas ha logrado calar en la comunidad pagana en general. Se trata del robo de la estatua de Manannan Mac Lir, una deidad de los mares irlandesa a la que se había puesto una efigie en Derry, Irlanda del Norte, hacía algo más de un año. El crimen fue presuntamente perpetrado por radicales, ya que, tras ser arrancada de raíz de su pedestal, los criminales pusieron en su lugar una cruz de madera con la frase “No tendrás dioses ajenos ante mí” (“Thou shalt have no other gods before me” en inglés), texto perteneciente a uno de los 10 mandamientos.  La estatua estaba realizada en fibra de vidrio y acero inoxidable, en contraste con las que se realizan en bronce, y por tanto el interés en su robo no era por los materiales en los que estaba realizada, de acuerdo con las autoridades locales.

Lo primero que me vino a la cabeza cuando leí la noticia es que, afortunadamente, no había habido víctimas físicas esta vez. Aunque sí víctimas ideológicas y de otra índole, por supuesto. Para empezar, las muchísimas personas que utilizan el panteón irlandés para su cultos, siguiendo por los muchos turistas que acudían a ese punto de la ciudad de Derry a ver la estatua, que se había hecho famosa desde que se instaló en aquel punto. El radicalismo religioso es un tema en auge en estos momentos en nuestra sociedad y, como paganos, no podemos simplemente ignorarlo. También nos va a tocar a nosotros. Desde la creciente islamofobia debido a los atentados en Francia de hace unas semanas, todo el mundo se está radicalizando. Todo el mundo empieza a ver al que es diferente con unos ojos distintos.

No somos una excepción a este estado de shock que estamos viviendo. Frecuento mucho un foro en el que normalmente charlamos de muchas cosas relacionadas con la Wicca. Se escribieron unos cuantos mensajes por lo de Charlie Hebdo, la gente dio su opinión, no pasó nada, todo el mundo muy civilizado. Siempre me he sentido muy en casa en ese foro, la gente siempre ha tenido sus piques, pero nunca ha ido más allá. Desde que practico Wicca llevo viendo hasta la saciedad mensajes de gente metiéndose con las religiones monoteístas clásicas en la comunidad pagana por el simple hecho de no estar de acuerdo con ellas, por ser conversos de ellas, pero cuando crecen se dan cuenta de que meterse con otras religiones no conduce a nada y que, de hecho, no les hace mejores paganos. Ellos pueden creer en cosas diferentes, pero son personas igual que nosotros. Y en este momento todos tenemos mucha incertidumbre por lo que está sucediendo en el mundo. Es completamente normal. Es humano.

He tenido que aprender a ignorar a los radicales de mi propia comunidad, hasta que el mensaje ha ido más allá. Para mi sorpresa, ese sitio (y otros) que yo pensaba que estaba lleno de gente normal se ha llenado de mensajes anti-religiones de libro. He leído por ahí incluso a gente que abogaba por establecer “mandamientos” dentro de las fes paganas. Se han apropiado del discurso de la destrucción de religiones, del discurso de “somos mejores, estábamos primero y no vamos haciendo daño a nadie, se merecen un castigo por tomar lo que no deben”. ¡Y todo esto sin que nadie comentara nada del robo de la estatua, sólo por el hecho de que se odia a otra religión! Es decir, que hemos estado tan inmersos en ese odio que ni siquiera nos hemos dado cuenta de cuándo se podría haber estado siendo atacado a nivel de comunidad, pero claro, se les odia por el mero hecho de existir, no porque dos o tres individuos hayan cometido un crimen. Bonita forma de mirarse el ombligo.

Y ahora volviendo al tema, puede que dos o tres personas hayan robado un Manannan Mac Lir, pero eso no significa que mañana el Papa vaya a decir que somos unos idólatras y que merecemos ver quemadas todas nuestras estatuas. Dos o tres o cuatro personas no hacen una religión de miles de millones de creyentes. El mundo ha cambiado, y no podemos seguir viviendo en la época de las hogueras, en la que nos refugiamos para sacar a flote todo nuestro odio. No podemos seguir viéndonos como mártires porque, perdonadme por lo que voy a decir, jamás los neopaganos hemos sido los quemados en esas hogueras inquisitoriales. Las brujas de antaño no éramos nosotros. No somos herederos de ninguna de ellas, por mucho que algunos se empeñen en demostrar su linaje. Las brujas de antaño a las que quemaban eran, en su inmensa mayoría, personas normales a las que convenía matar por parte de dos o tres hacendados ricos que querían más tierras.

Lo que quiero decir con esto es que, ha pasado lo de Charlie Hebdo, ha pasado lo de Manannan Mac Lir, y pasarán muchas cosas relacionadas con el odio interreligioso, pero esto no justifica el tinte ya grosero que está tomando la radicalización de nuestras fes en las últimas semanas. No vamos a poder combatir a radicales con más radicalismo. Creo que se está perdiendo el Norte, porque lo estamos perdiendo la mayoría de las religiones del planeta debido a toda esa incertidumbre. Pensemos un poco. Confiemos en las leyes y, si no nos gustan las leyes, cambiemos a los dirigentes porque todavía tenemos ese poder. Pero no sigamos con el discurso de “somos mejores” que tanto de moda se ha puesto, porque no lo somos. Tengamos en mente que una sola persona no hace a todo un colectivo, que en esos grupos hay gente honesta y honrada que viven su religión de forma pacífica. Al final todos queremos lo mismo: alimento, un hogar, una seguridad, un día soleado en el que poder tomarse una bebida fresca, y un día de lluvia en el que tomarse algo caliente. Apostemos por el diálogo interreligioso y no por el odio. Y confiemos en que los criminales de Manannan Mac Lir recibirán su merecido, igual que los de Charlie Hebdo, igual que los muchos que incitan a otras personas a embarcarse en absurdas guerras santas que sólo llevan a un mismo destino.

¿El enemigo? Su sentido del honor no era menor que el tuyo, juzgo. Te preguntas cuál es su nombre, de dónde viene, y si realmente era malvado en su corazón. Qué clase de mentiras o amenazas le llevaron a alejarse de su casa, y por qué no preferiría haberse quedado en ella… en paz. La guerra hará cadáveres de todos nosotros.

– Faramir a Frodo, en la película “Las dos torres”, basada en la novela homónima de la saga de “El señor de los anillos”, de J.R.R. Tolkien.

Para más información sobre el robo de la estatua: http://www.bbc.com/news/uk-northern-ireland-30919259

Si os interesa el diálogo interreligioso y queréis hacer algo por alejarnos de radicalismos, os recomiendo URI: https://www.uri.org/spanish

Teoría sobre los vampiros psíquicos

El otro día en un foro hicieron una pregunta sobre los vampiros psíquicos y sobre la razón por la cual extraen energía de los demás. Yo contesté desde mi propio punto de vista y un poco a salto de mata, pero cuando releí mi concepción la verdad es que me gustó. Se basaba un poco en mi propia experiencia, mezclada con mis conocimientos sobre chakras y trabajo energético, así que me he llevado unos días pensando en cómo refinarla. Me he animado a ponerla por aquí, por si a alguien le sirve. También porque ya he dicho muchas veces que escribir me ayuda a ordenar mis ideas y que este blog es una suerte de método terapéutico para mí.

Un poco sobre el sistema energético del cuerpo

Nuestro sistema energético es una de las herramientas más perfectas que tenemos, pero está en contacto muy estrecho con el resto de los niveles de nuestro ser. Por tanto, todo lo que suceda en otros niveles afecta a nuestro cuerpo sutil energético, porque todo funciona como un sistema completo e interdependiente. Una persona sana y sin problemas aparentes que puedan afectar a su vida normal tiene un sistema energético sano, en el que la energía fluye, ni mucho ni poco, a través de los diferentes canales de que dispone su cuerpo.

Se suele decir que tenemos siete chakras (Muladhara, Suadhishtana, Manipura, Anajata, Vishudda, Ajña y Sajasrara) o centros energéticos principales, pero en realidad tenemos muchísimos más. Escribí sobre chakras hace unos años aquí y aquí, por si queréis saber más. Los chakras están conectados por unas vías llamadas nadis, por las cuales circula la energía, llevándola a todo nuestro cuerpo. Los chakras pueden tener diferentes problemas: pueden estar bloqueados (que es lo que se suele decir) pero también pueden estar desequilibrados (cuando van en la dirección opuesta a la que deberían girar) o demasiado abiertos.

No es raro encontrarse un bloqueo en cualquier chakra, con otro chakra demasiado abierto justo al lado. Es una forma del cuerpo sutil de defenderse y mantener su estado armónico. Pero siempre que tenemos un chakra demasiado abierto es un problema, por mucho que nos parezca que eso es bueno porque es sinónimo de tener “mucha energía”. En realidad los chakras demasiado abiertos pierden energía como un grifo a toda potencia y eso nos puede causar pérdidas energéticas que, además, se pueden ver reflejadas en diferentes aspectos de nuestra vida.

¿Qué podemos entender por un vampiro psíquico?

Hay personas que pueden necesitar atención a toda costa y todo el tiempo, demandando mucho de los demás, aprovechándose de ellos o tomando cosas que no les corresponde tomar. Pueden ser individuos egoístas que llegan a nuestra vida y nos dejan “exhaustos” o deprimidos de algún modo. En mi experiencia, monopolizan conversaciones y personas, malmeten y lloran como forma de dar pena a los demás y así seguir obteniendo su atención o su beneficio. Para mí, eso es un vampiro psíquico. De éstos hay en todas partes, no se libra ningún grupo, ni ninguna religión, ni ninguna profesión.

Lo cierto es que la vida de estos individuos es ciertamente triste. Les falta algo que ellos no tienen y necesitan sacarlo de los demás. Normalmente esa pérdida o esa falta la suplen mediante la atención y la energía de los demás, problema causado por regla general por chakras demasiado abiertos. Así pues, parasitan esa atención y, con ella, esa energía. Lo curioso viene ahora: no hacen nada con la energía que roban, simplemente la desechan. Igual que no sacan nada productivo de las relaciones que establecen, sólo meterse en medio o lograr esa atención tan deseada. La explicación, a nivel energético, es simple: si existe una fuga de esa energía personal que ellos tienen (como un grifo que nos hemos dejado abierto y sin control que salpica por todas partes), la reacción natural es conseguir energía a toda costa para que el sistema pueda seguir funcionando correctamente. De lo contrario, ellos pierden energía y por eso necesitan parasitarla. Cuando se quedan solos o no se les hace caso, se deprimen o montan en cólera, y vuelven a pedir ayuda, normalmente de otras víctimas. Suelen pedir más energía en forma de reclamos a los demás, pidiendo ayuda constantemente o intentando llamar la atención de forma enfermiza, a veces incluso en cosas que son únicamente responsabilidad de ellos, o que pueden solucionar perfectamente por sí solos si piensan un poco.

Para ilustrarlo, diré que conocí a una persona que era así.  Hablaba a gritos, constantemente demandaba cosas y no daba nada a cambio. Te hacía sentir agotada. Tenía una lámpara de araña en su casa y, con la excusa de que tenía problemas de espalda, hacía que un miembro de su familia en particular fuera a limpiarle la lámpara, cristal por cristal y tal como ella quería y decía, sin dar ni las gracias, en lugar de llamar a una empresa especializada en ello (y tenía dinero para permitírselo). Años después la relación con su familia se deterioró debido a los continuos desplantes, y ella acabó vendiendo la lámpara, diciendo ante sus amigos y conocidos que la había vendido “porque nadie quería ir a limpiarle la lámpara a pesar de la cantidad de problemas que tenía de espalda”. Esta misma persona se iba de viaje por vacaciones y, al volver, sacaba la colada en casas ajenas para meter su ropa sucia, pues según ella después de las vacaciones tenía “derecho a descansar y que otros le lavaran la ropa”. Su falta de respeto era tolerada por su entorno porque se dedicaba a dar pena con sus problemas de espalda.

Así pues, mi teoría personal sobre los vampiros psíquicos y demás gentes tóxicas es que tienen un desequilibrio, normalmente mental, que se traduce a nivel energético en chakras demasiado abiertos, o viceversa. Como los niveles del individuo están muy unidos, eso también puede causar lesiones o traducirse en problemas físicos (como en el caso expuesto anteriormente). Al no valorar esa energía que reciben, la desechan, y ni siquiera son conscientes de la cantidad de energía que necesitan y demandan. Para ellos simplemente es natural demandar y recibir esa energía.

Afortunadamente este tipo de persona no abunda demasiado. O, cuando ya tienes experiencia, aprendes a detectarla rapidísimo. Eso sí, rara vez piden ayuda a otras personas para solucionar su problema, porque han aprendido a vivir así. La mejor solución a esto es alejarse poco a poco de la persona si nos hace sentir muy mal. Los ejercicios de higiene psíquica (tal como el blindaje de aura propuesto aquí) también nos pueden ayudar a mantener intacto nuestro sistema energético.

Mancias no tan comunes

Dicen que “así arriba como abajo” y que casi cualquier cosa puede ser un augurio por el plan divino y demás. Aunque no estoy especialmente obsesionada con esas cosas, la verdad. Cuando se me cruza un gato negro, por ejemplo, y como un chiste gráfico que me enseñaron hace poco, pienso que eso significa que el gato iba a alguna parte. Sin embargo, es cierto que a los humanos nos encanta descubrir nuevas mancias y que hemos inventado mancias de todas las clases, para todos los gustos y colores.

Se me ha ocurrido hace un rato que podía compartir con vosotros algunas de las mancias no tan comunes que han aparecido en libros, y en medios de comunicación también. Algunas son más conocidas, otras son desconocidas si no se ha tenido la posibilidad de leer a determinados autores, y luego está ese grupo de mancias que a mí me personalmente me da un poco de grima, pero supongo que el saber no ocupa lugar y está bien saber que existen. Otra cosa es que nos vayamos a lanzar a practicarlas todas. Ya veréis por qué apostillo esto.

Lectura de los posos del café o el té. Éste es un clasicazo entre los clasicazos. Se asocia mucho con la magia gitana, especialmente en los países anglosajones, aunque en mi país lo máximo que me dicen las gitanas que paran en la puerta de la Catedral es que me van a leer la mano y que les dé 6 euros por algo a lo que ellas llaman ramita de romero, y que yo sé a ciencia cierta que es un trozo de arrayán cortado directamente de los setos de la plaza que está dos calles más allá. A lo que iba. La lectura de los posos trata de leer la buenaventura del bebedor mediante los símbolos que el té o o el café deje en el fondillo de la taza. En los tiempos modernos es muy difícil hacerlo porque nos hemos vuelto aficionados al té de bolsita o a los recipientes parecidos a coladores, pero si alguna vez preparáis té a la antigua usanza veréis que casi siempre deja poso. Eso es lo que se lee. Lleva, por lo que tengo entendido, bastantes años de práctica.

Fisionomía. La primera vez que oí hablar de este arte adivinatorio fue en mis estudios de Segundo Grado. Básicamente dice que todo tiene un significado en tu cuerpo, hasta la forma en la que tienes los dedos de los pies. En la antigüedad  fue una “ciencia” muy apreciada, y concretamente una de sus sub-disciplinas, la Frenología (basada en el estudio de la forma de la cabeza) se popularizó muchísimo hará un par de siglos. Se supone que permite el estudio del carácter de las personas a través de sus rasgos físicos. Pero (siempre hay un pero) como las personas pueden cambiar a lo largo de su vida, no siempre es una disciplina que nos sirva, en caso de que el ambiente y la propia persona hayan modelado su carácter. Entre sus sub-disciplinas se encuentra la que practican las gitanas de mi zona: la Quiromancia o lectura de las manos.

Con gemas o Gemomancia. Los grandes expertos en éstas se atreven a adivinar con gemas y piedras semipreciosas, tirándolas sobre una superficie e interpretándolas según caigan y por las formas que dejen en la superficie o tapete sobre el que trabajen. Creo que es un arte muy difícil de dominar, pero conozco personas capaces de esto. Honestamente, me parece que hay que tener mucha afinidad con las piedras, estudiar mucho y conocer también el carácter de cada una de las piezas que tienes en tu kit de adivinación con piedras, porque no todas las gemas, a pesar de ser del mismo tipo, tienen el mismo carácter. Esto lleva mucho tiempo meditativo.

Anomancia. Lo habéis leído bien y es lo que pensáis. Se trata de la adivinación a través de los pliegues del ano, y no es ninguna broma. La primera vez que lo vi, creo que en un programa de televisión, fue a través de un vidente de ésos de dudosa fama. Luego me enteré de que había sido popularizada por Alejandro Jodorowsky, un señor al que, si no estuviera casada, le pediría que me hiciera un hijo (no sé lo que tiene, pero me resulta sexy). Las tres grandes pegas que le veo a este método es que no hay un manual exacto de cómo interpretar cada arruguita, no se puede practicar fácilmente porque no todo el mundo te deja que le mires el ano (“Buenas tardes señor, ¿me deja que le mire el ano y así le diga su futuro? No soy exacta, es que estoy en prácticas”), y además no todo el mundo tiene el mismo nivel de higiene. Por otra parte, ¿qué pasa si alguien tiene algo que interfiera con la lectura, como una hemorroide externa? ¿Altera eso el pronóstico? ¿Tendría algún significado? Lo veo difícil.

Adivinación por los lunares. Ésta es una de las sub-disciplinas más conocidas de la Fisionomía, junto con la Frenología y la Quiromancia. Me resulta divertida. Se basa en el pronóstico del futuro mediante la lectura de los lunares dentro del cuerpo de la persona. Es decir, que si yo veo a alguien que tiene un lunar en el pecho izquierdo, pensaría que es una persona que despierta una gran sensualidad y que tiene muchos admiradores, por tanto no le van a faltar las proposiciones románticas. Si es en el derecho, es que será enamoradiza. Y así un largo etcétera.

Augurios con animales. Ésta es poco usada pero muy típica cuando se empieza en estos temas, porque hay gente que pregunta cuando es todavía bastante novato en las mancias qué significa que entre x insecto o que se le cruce un animal. Lo primero que hay que pensar es que los animales viven en este mundo también, y que si mañana te encuentras con que te ha entrado una cucaracha en casa no es que sea un mal augurio, ¡es que el bicho ha entrado en tu casa a comer, a qué si no! Es como el ejemplo del gato que puse arriba. Si entran moscas en casa, se dice que son habladurías, pero hay que pensar que si se abren las ventanas y es época de moscas, pues es normal que entren. Aclarado esto, lo interesante del augurio es que se pide. Es decir, se hace una pregunta al universo y se espera a la señal del primer animal que pase. Cuando ha pasado, se analiza bien lo que el animal significa para nosotros, nada de mirarlo en libros, se tiene que hacer el análisis para uno, porque el universo manda las señales para uno mismo. Y ya está, así de simple. Hay momentos, sin embargo, en el que estos augurios con animales pueden darse sin pedir nada al universo conscientemente, sino que se trata de señales del Yo Superior o de la Divinidad. Estos casos son raros, y lo importante aquí es centrarse, meditar y plantearse si uno ha pedido de alguna forma esa señal. Una vez pedida, hay que hacer exactamente lo mismo: meditarlo uno.

Me habré dejado muchas en el tintero, pero creo que ahí van unas cuantas mancias poco comunes, especialmente para la gente a la que le encante investigar. Como veis, son mancias que requieren muchos años de estudio y práctica, pero al final y al cabo, ¿y qué mancia, hasta la más conocida, no requiere eso mismo?

Mi abuela era bruja

Como muchas otras abuelas, mi abuela era bruja. Es curioso que fuera tan bruja, porque era catoliquísima. El sexo para ella era “fruta prohibida”, jamás aceptó los preservativos, no comía carne en cuaresma y rezaba todos los días, mañana y noche, delante de un cuadro de la virgen de la Macarena que teníamos en la puerta de casa. Y sin embargo, fue la bruja más grande que jamás he conocido.

Aunque estoy hablando en pasado de ella, mi abuela sigue viva, si bien no considero que eso que tiene ahora mismo pueda llamarse vida. Le afecta una enfermedad con nombre de señor alemán. Vivió triste, fue una mujer seria, sufrió porque pensaba que esta vida era para sufrir, y parece que así eligió vivir sus últimos días. Pero, en secreto, forjó para mí un destino distinto. Me decía que estudiara, se alegraba con mis notas y siempre me apoyó en todo lo que pudo. Siempre quiso que yo no me pudriera entre cuatro paredes y que tuviera una profesión. Mucho de lo que soy se lo debo a ella, a esa mujer de ojos rasgados y risa escasa, a la que todavía recuerdo siendo tan guapa como una chiquilla, a la que todavía recuerdo subiendo seis pisos por la escalera (sufría una terrible claustrofobia y nunca usaba el ascensor) y parándose a descansar sólo al llegar arriba. Ella nunca se rendía, hasta que se rindió y por eso su cerebro dejó de funcionar como debería.

Hoy me he acordado de ella mientras picaba una cebolla, porque el don de mi abuela, la razón por la que era bruja, es porque sabía transmutar. Transmutaba dos duros de comida en un banquete, una cebolla como la que yo he picado hoy en un manjar, una sopa en lo más reconfortante del invierno. Siempre al lado de su fogón, me enseñó el respeto que hay que tenerle a la materia prima con la que preparamos la comida, y ya no sólo la carne o el pescado, sino también la verdura y la fruta. Ella sabía que todo moría para darnos a nosotros la vida. Siempre me decía “siéntate aquí y aprende”, y yo no quería aprender a cocinar. Me interesaban los cuarenta principales, las tendencias, los libros. Mi adolescencia pasó entre mi obsesión por la música y estudiar, y cuando quise darme cuenta, cuando por fin levanté la cabeza de mi propio mundo para fijarme en ella, se apagó. Ya no puede transmutar porque ya no es ella misma, y aunque de vez en cuando hay algo de luz en su mirada y tiene la misma carita de muñeca de porcelana, todo lo que queda de mi abuela dentro de su cuerpo es la parte más primitiva.

Y aunque esa persona que ahora se sienta con la mirada perdida ya no es ella, mucho de ella vive en mí. Muchas de las recetas de mi libro de recetas están sacadas de platos que preparaba ella. Recuerdo ser pequeña y quitarle los hilos a las vainas de judías planas (que en mi ciudad natal se llaman habichuelas) con un cuchillo bajo su atenta mirada, recuerdo verla elegir el pescado en el mercado, recuerdo que sabía si un animal había vivido una buena vida gracias al color de su carne, recuerdo cómo distinguía si una manzana estaba harinosa o ácida con sólo tocarla y olerla, recuerdo el cariño con el que trataba lo que compraba y el cariño con el que nos lo daba. También sé que tenía un gran respeto por los antepasados, así que me habló de su abuela, me contó historias de la familia y de la guerra, que le pilló siendo pequeña. Todavía me acuerdo de cómo olía, mi bruja, mi chamana, mi artista del fogón. No sabía ni un poco de magia pero no le hacía falta. Ella era la mismísima magia.

Mi hija crecerá, si los dioses quieren, con sus dos abuelas. Hoy día, en este mundo de usar y tirar, aún desechamos a nuestros mayores y sin embargo la transmisión cultural la hacen ellos. Por eso quiero que mi hija disfrute de sus abuelas: que las vea hacer cosas, que cocine con ellas, que juegue con ellas, que vaya al parque con ellas. La crianza y la nutrición ya la haremos su padre y yo, pero la transmisión importante siempre la dan los sabios de la tribu, ésos que tienen el conocimiento y la sabiduría suficientes como para sentarse frente al fuego y crear una historia de la nada. Hasta de un fogón. Hoy les necesitamos más que nunca, para aprender la lección de la paciencia, del tiempo bien invertido en hacer las cosas despacio, como Cerridwen esperando a la elaboración del Awen en un caldero que bulló durante un año y un día. Igual que la Luna Menguante es el paso anterior del nuevo ciclo. No son Lunas sólo de destrucción las menguantes, sino el anuncio de la esperanza del recrecimiento. Ése es el regalo de las abuelas: ser las precursoras culturales de la generación por nacer.

Conócete a ti mismo

Reconozco que no soy fan de las 13 metas. No por nada, la mayor parte del tiempo me encanta Cunningham. Pero me dan un poco de grimilla las reglas y los preceptos, y cómo se las toman a veces las personas, como si fueran “mandamientos”. Pero he de reconocerle que una de ellas, “Conócete a ti mismo”, me parece acertada. La cosa es que no es de él. Es lo que se dice que estaba escrito en el Templo de Apolo en Delfos. Curioso y paradójico, para ser un sitio donde la gente iba a escuchar oráculos y aprender qué era lo que debía hacer.

Soy una persona introspectiva. Mi familia y mis amigos dirían que soy compleja y estoy de acuerdo con esa aseveración. Me pregunto constantemente los porqués, los cuándos y los cómos, de los demás y de mí misma. Me gusta ver las motivaciones detrás de los comportamientos de todo el mundo, tan sólo por comprender. La comprensión es difícil en algunos momentos, por ejemplo cuando te insultan, pero dispara otras cosas como la compasión y la empatía, que creo que son valores muy escasos en este mundo rápido. Hay momentos en los que es inevitable juzgar, saltar y dar una opinión porque no estás de acuerdo. Sería muy estúpido pensar que tenemos que gustarle a todo el mundo, porque es imposible. Sería muy estúpido pensar que todo el mundo tenga que estar de acuerdo con todo el mundo. Al final creo que a quien debemos gustarnos es a nosotros mismos.

Creo que el primer paso para gustarse uno mismo, y por ende a los demás, estaba escrito en la pronaos del Templo de Apolo en Delfos. Conócete a ti mismo. Pero da mucho miedo. Hay gente que no quiere estar dentro de sí mismo, bucear, hacer trabajo con la Sombra, porque no sabe qué va a encontrar. Cuando le comento a alguien si trabaja con la Sombra y tiene problemas, siempre está el que me dice “es que yo he trabajado ya mucho con la Sombra, no lo necesito”. Te felicito, pero si sigues teniendo problemas es que aún lo necesitas. Y no necesito que me lo cuentes, mi labor no es enterarme de qué te pasa ni de los traumas infantiles que tienes, sino que tú te enteres de qué es lo que te pasa. Que conozcas a tu Sombra. Que la aceptes. Ésta es una labor en progreso, no algo que se hace una única vez.

Cuando te aceptas, ves lo que haces y sabes por qué lo haces, el mundo es más sencillo. Aceptas que eres heredero de ese pasado que a ratos sale a darte una colleja a través de tu Sombra. Ganas la perspectiva suficiente como para entender por qué los demás hacen lo que hacen, los humanizas. Nos hemos vuelto un poco sociópatas, pensamos que la gente son objetos, los cosificamos. Este tipo de trabajo nos ayuda a ver la humanidad en nosotros y en los demás. Es un trabajo muy duro, del tipo de trabajo que duele, pero creo que cualquier persona se vería muy beneficiado de ese tipo de labor, especialmente siendo wiccano. Descubres partes hermosas también, como tu propia generosidad hacia ti mismo por aceptar mostrarte impúdicamente cuáles son las áreas que has estado ocultando durante largo tiempo: los esqueletos en el armario. Te hace fácil quererte porque te comprendes. Y así es más fácil querer a los demás también.

Sin embargo, no todo el mundo está dispuesto a esto y entran en Wicca por la magia únicamente, porque resulta difícil bucear en uno mismo y en los demás, lleva tiempo y todo se quiere “aquí y ahora”. Consideran que la magia es la salida a todo. Perfecto. A esas personas les deseo mucha paciencia, porque la magia tiene sus límites. Hay un chiste cristiano que me contaron hace tiempo, de un señor que le reza todos los días a su Dios para que le toque la lotería. Cuando muere y llega al cielo, le reprocha a Dios que nunca le tocara la lotería. Y Dios le contesta: “¡Haber echado por lo menos para que te tocara, tontolculo!”. En definitiva, podemos hacer toda la magia o rezar todo lo que queramos para encontrar un trabajo, pero si nunca echamos un currículum, ¿cómo nos van a llamar? Podemos mover toda la energía del Universo conocido, pero si no podemos de nuestra parte, ¿cómo vamos a ser felices?

Siempre digo que estamos muy faltos de reflexión en este mundo, también en un camino espiritual como Wicca, y que por eso a mí me gusta compartir lo que reflexiono. Para mí, reflexionar es una forma de conocerme a mí misma, de hacer ese trabajo a ratos ingrato de mirar hacia dentro e intentar comprenderse, de tenerse compasión, de aceptarse. Ser wiccano no es fácil, sobre todo cuando uno se da cuenta de que hay que usar la cabeza y el corazón, y que ese uso es como un músculo que, si no se utiliza, se atrofia. Cuando pasan los días, me distancio de lo que he escrito y luego vuelvo a leerme. Hay veces en las que me río y otras en las que no me río tanto. Lo importante en este camino es conocerse, no hacer hechizos ni conocer muchas cosas, ni saber de plantas, ni de Tarot. Todo eso está fuera. Lo más importante está dentro. Por eso, conócete a ti mismo.

Pequeños regalos, pequeños tesoros, pequeños nombres

Hoy estaba leyendo a una conocida en facebook, que estaba comentando cuál es el nombre que le pusieron en su tradición y por qué. Es una persona honesta y, por lo poco que la conozco, me parece íntegra. Su nombre le viene perfecto a como ella es.

A los wiccanos rara vez se nos pone un nombre, sino que nos lo solemos poner nosotros. Mucho se pregunta sobre cómo ponerse un nombre mágico, es un tema que ha hecho correr ríos de tinta y que lleva muchos años siendo discutido. Leer a esta chica esta mañana me ha hecho fijarme en el nombre que me puse, hará unos 11 ó 12 años. Buckland decía que había que hacer un estudio pormenorizado del nombre y la fecha de nacimiento, y yo seguí sus indicaciones para buscar el nombre que le fuera bien a mi aspecto numerológico. Parece muy racional, y hasta cierto punto en aquel momento lo fue, pero hay veces en las que, años después, descubres pequeños guiños de los dioses en cosas que das por sentado, como tu propio nombre, como los nombres de los demás, y hasta en cosas que te parecieron irrelevantes en principio. Es una especie de augurio.

Yo me llamo Tesoro. Es lo que significa Harwe. Si lo tomo con el apellido, sale Tesoro de la Primavera. Un nombre que pensé que sería demasiado fuerte para mí cuando lo tomé, pero con el que me siento cómoda. Mi nombre civil significa Brillante. El de mi marido, Guerrero. El de una de mis mejores amigas, Felicidad. Me he emocionado pensando en la gente tan hermosa de nombres hermosos que me rodea, en los guiños de los dioses en nombres que a veces no nos gustan, en lo mucho que hay de nosotros en un nombre. En la forma que tienen los dioses, nosotros mismos y nuestros padres de recordarnos quiénes somos y que hay un poco de cada una de esas características en todos nosotros.

Mi suegra siempre dice que el nombre impone carácter. Yo no sé si es verdad. Pero sé que si miráramos nuestros nombres con más atención, tanto el que nos hemos puesto nosotros como el que nos pusieron al nacer, nos daremos cuenta de la cantidad de deseos hermosos que implican. Poner un nombre es como pedir un deseo a las hadas madrinas, como cuando las hadas llegan en la Bella Durmiente a otorgarle dones y virtudes a una recién nacida princesa Aurora. Si el nombre que me puse significa Tesoro, creo que es porque no ya la numerología, sino los dioses, o mi propio Yo Superior, decidió que en algún momento debía recordar que lo era. Si mi amiga se llama Felicidad es porque sus padres pidieron un deseo antes de que ella naciera: que fuera feliz y diera esa felicidad a los demás.

Hasta qué punto los demás y nosotros mismos dejamos pequeños regalos en cosas sin aparente importancia. Independientemente de numerologías. Así que, si alguna vez necesitas ponerte un nombre mágico, no escuches a Buckland ni a los que te digan que debes fundamentarte en la numerología. Ante todo, escúchate a ti mismo, tu corazón es el mejor maestro. Piensa en qué legado querrías darte, desde el Yo de ahora al Yo más joven. Imagina que tienes una máquina del tiempo y puedes ir a otro Yo, más inmaduro, más joven, y decirte “éste es mi regalo porque te quiero”. Puede que lo aprecie de primeras, puede que no, pero con el tiempo lo hará. Darse cuenta de lo que encierra un nombre años después es como encontrarte un billete en un bolso viejo justo cuando pensabas que no tenías dinero. Darse cuenta de lo que se tiene, de los dones que nos ha dado el destino, alegra el corazón a cualquiera y nos hace seguir adelante.

Pensemos en las pequeñas cosas, en los que pequeños regalos que nos da la vida. La felicidad está hecha de esas pequeñas cosas a las que no damos importancia. Y todas esas cosas nos ayudan a sanar lo que somos, volviéndonos a enseñar qué es lo que realmente somos.