Crecimiento, involución y el mito del progreso

Escuchamos a diario hablar del progreso y del crecimiento. Nos dicen que el progreso es bueno, que el progreso y el crecimiento son nuestros amigos. Parece que es una cosa especial o rara esto de estar en crisis, de estar en recesión, o de estar en un momento de poco movimiento. Parece una anomalía. Una persona muy inspiradora me dijo una vez que el progreso tal como lo entendemos ahora mismo es un mito, cosa que hizo que se me cayeran todos mis muros abajo. Sin exageraros, me pasé dos semanas alucinando ante esa afirmación. De vez en cuando me venía el pensamiento a la mente y me quedaba totalmente parada durante dos o tres minutos, pensando en lo que nos venden y lo que en realidad puede ser, y me venía a la mente una frase de Astérix: “¡están locos estos romanos!”.

Encuentro que los paganos, especialmente los wiccanos, hemos aceptado gran parte de ese discurso socioeconómico y lo hemos llevado a nuestro terreno, y es normal porque nos bombardean con él. El progreso espiritual, el crecimiento espiritual, es saludable, bueno, nuestro amigo. La evolución es positiva. Bien, ¿qué entendemos por progreso, por evolución, cuando estamos en un camino que tiene mareas igual que la naturaleza, es decir, que tiene momentos de crecimiento y expansión, y momentos de involución? ¿Es positivo estar en constante progreso espiritual? ¿Hay que crecer siempre?

Yo creo que siempre se crece, pero no como lo que hoy día se entiende por “progreso” en las noticias. Crecemos como personas, vamos adquiriendo habilidades, que no conocimiento, sino habilidades blandas como la empatía, la capacidad para escuchar, la auto-conciencia, la “higiene” de pensamiento, etc. Son esas cosas que se van ganando con la experiencia, y la razón por la cual se dice que la Wicca es un camino individual vivencial, por lo cual se insiste tanto en que la gente vivencie tanto los ciclos, es porque este camino tiene mucho que ver con la adquisición de dichas habilidades, que inevitablemente repercuten en nuestro bienestar y en una disposición a lo espiritual. Para decir esto me baso en el hecho de que cuando estamos enfermos o deprimidos normalmente no tenemos ganas de vida espiritual.

Sobre todo en estos senderos creo que se desarrolla muchísimo la auto-conciencia, esa capacidad para saber cómo se siente uno y en qué dirección se están encaminando sus pensamientos. Desde mi punto de vista, la auto-conciencia es una de esas herramientas totalmente indispensables, además de muy útil, porque nos permite perder el miedo a nuestras propias emociones y saber cómo vamos a reaccionar en determinadas situaciones. Eso nos abre las puertas a muchísimas nuevas destrezas que se pueden aprender, y a nivel personal creo que darse cuenta de que se aprenden resulta una gran satisfacción. Y en este sentido, el desarrollo espiritual mediante ejercicios de meditación/ visualización/energéticos y demás lleva aparejado un desarrollo a nivel emocional, porque cuanto más se medita y visualiza, más se tiene conciencia de todo lo que pasa por el maremágnum de pensamientos y sentimientos que pueblan nuestra mente y nuestro corazón.

Así pues, creo que se sigue creciendo porque no se deja de vivenciar hasta que uno se muere, pero no creo que tenga que ver nada con el concepto de progreso de las páginas salmón. Una vez me dijeron que los cambios vitales no son graduales, sino que en su mayoría suceden en momentos en los que dices “¡Oh Dios mío!” y entonces hay un repunte de la actividad que conlleva el cambio o la adquisición de una nueva habilidad o cambio de conducta. En mi caso es así. En algunos casos, para que llegue ese momento es necesario que haya una mirada hacia dentro, un momento de reflexión igual que el que puede pasar la semilla que se incuba dentro de la tierra o el insecto dentro de la crisálida. Y de nuevo encuentro en la naturaleza las mejores imágenes mentales para ilustrar este tipo de situaciones, porque creo que nuestra vida personal y espiritual en cierto modo también son cíclicas. Y otra vez vuelvo a la toma de conciencia de uno mismo: creo que existe la necesidad de meterse hacia dentro de uno, pues es como estar en esos periodos de “involución”, sin que esto necesariamente tenga que ver con que se progrese menos espiritualmente, al revés: es necesario recuperarse del crecimiento para volver a tener otro momento “¡Oh, Dios mío!” que nos lleve al cambio y al proceso que nos lleva, a su vez, a la adquisición de nuevas habilidades que nos llenen a nivel personal. Creo que crecer y progresar en Wicca son palabras diferentes, y que al final lo que importa es vivenciar plenamente, siendo completamente consciente de todo. Siempre digo que lo importante es disfrutar de esto, incluso de lo “menos bueno”, porque de todo se aprende. Así que no creo en el progreso ni en el crecimiento “a toda costa”, porque no considero que esto se trate de tener mucho de todo, sino de vivir conscientemente. O ésa es mi percepción al transitar un sendero que tiene a la naturaleza y a sus ciclos como principal inspiración.

Liderazgo y grupos wiccanos

El otro día comentaba brevemente con una alumna muy querida lo que supone el liderazgo de grupos. Pero en este caso no fue como suele ser (yo dando apoyo y la otra persona siendo apoyada), sino al revés. Fue interesante por un momento el estar en el pellejo de la otra persona, la que necesita el apoyo, en lugar de estar en el sitio donde normalmente estoy, que es el de quien da el consejo. Mi alumna, que también es líder de un grupo, vino a recordarme las propias lecciones que yo he dado a otros.

Tener experiencia en el liderazgo de grupos paganos no siempre es sinónimo de saber ser líder en estos contextos. Principalmente porque no hay una ciencia exacta de lo que supone ser líder, aunque todos tenemos muy claramente en nuestra cabeza lo que queremos de una persona que dirija con eficiencia un grupo, ya sea en el paganismo o ya sea en una organización: el liderazgo suele ser más emocional que otra cosa. Y no siempre estás en las mismas condiciones emocionales. Para mí por ejemplo, los buenos líderes siempre me han motivado a hacer las cosas por mí misma. Ésa es mi idea de liderazgo y la que intento llevar a cabo, a veces con más éxito y a veces con menos porque soy humana y tengo fallos. No existe el líder motivador puro, existe una idea de liderazgo emocional pero tenemos que aceptar que mantenerse como un líder efectivo al 100% todo el tiempo requiere trabajo, ya no con el grupo sino consigo mismo. Quisiera compartir con mis lectores algunas reflexiones sobre cómo afectan las dinámicas de grupo a los líderes, y al revés, pero siempre desde el punto de vista de que, a pesar de que llevo muchos años en esto y tengo experiencia, puedo estar equivocándome en algunas de mis ideas, y de hecho me seguiré equivocando porque forma parte del aprendizaje.

1. Cría fama y échate a dormir. 

En todos estos años me he echado a mí misma fama de dura y de seria, fama que se ha acrecentado cuando algunos alumnos han llegado a decir a otros “eh, yo he estudiado con Harwe y mi maestra es durísima”. Reconozco que no soy una hermanita de la caridad porque me gustan las cosas bien hechas, pero creo que soy una persona razonable. Sin embargo, me encuentro con que mi fama me precede incluso para gente que jamás ha visto uno de mis exámenes, algo que, honestamente, me hace mucha gracia. El otro día me decía una amiga, muy categórica ella, “es que tú eres muy seria”, y no lo pude evitar, me eché a reír. Esto tiene cosas buenas y cosas malas: por un lado la gente se toma en serio mi trabajo y el Templo que dirijo, por el otro, parece que soy el león de la Metro, y nada más lejos de la realidad. Creo que he contribuido en gran medida a esa imagen, sobre todo porque al principio la necesitaba para dar una sensación de seriedad al Correllianismo en España, pero aclaro que no es para nada todo lo que hay de mí, y que en realidad soy bastante normal.

2. Siempre va a haber alguien que no esté del todo contento. Y también al revés.

Si eres inaccesible es que estás pagado de ti mismo. Si eres distendido, es que te tomas poco en serio. Siempre va a haber quien te critique. Y siempre va a haber alguien que te apoye, por supuesto. La gente debe tener su propia opinión y para ti mismo lo importante es que creas en lo que haces.

3. Tienes derecho a tener amigos dentro del grupo. Y a no ser amigo de todos.

El equilibrio a este respecto es complicadísimo de mantener, sobre todo porque en las relaciones en un grupo es inevitable que te sientas más cercano a unos que a otros. Por ejemplo en mi caso, tengo una relación de amistad desde hace años con una alumna de tercer grado, pero no la tengo con gente que acaba de entrar porque los acabo de conocer como quien dice. Hay gente que eso se lo puede tomar de forma personal porque no entienden que, conmigo, la amistad se gana, y que estar en un coven, un Templo o un grupo no necesariamente implica ser amigos del alma. Así que mi filosofía a este respecto es dejar que las relaciones se desarrollen con el tiempo. Soy de la opinión de que, si llamara “amigo” a cualquiera, le estaría quitando valor a la palabra.

4. Y a la vez, todos en el grupo son iguales.

Mi madre decía eso de “¿cómo quiero a mis hijitos? Queriendo al más pequeñito”. Para mí, esto es un error. Aunque alguien sea tu amigo o le tengas aprecio, aunque desempeñe maravillosamente en sus funciones y tenga nivel “avanzado”, esa persona, que es como el hijito mayor, también se merece que le hagas caso. Reconozco que he llegado a sentirme culpable con alumnos que me han dado la “tabarra” a pesar de ser bastante peores estudiantes, y les he acabado haciendo más caso que a gente más avanzada o con la que tenía mejor relación. Creo que todos merecen nuestra atención por igual, y en mi caso es un error porque suelo ser mucho más dura con las personas a las que presupongo un recorrido o una trayectoria, o simplemente porque tienen una relación más personal conmigo. Y en este caso reconozco que soy infinitamente más dura con los amigos a los que he enseñado que con gente a la que no conozco tanto. En este sentido, creo que ser consistente es fundamental. Pero serlo todo el tiempo es muy difícil.

5. Te va a hacer falta un collar de ajos.

Y no me refiero a que quieras hacer devociones con Hécate, sino a espantar “vampiros psicoemocionales”. Me explico: simplemente por ponerte en una situación de liderazgo de grupos, siempre habrá quien quiera llamar tu atención cueste lo que cueste, y a veces con tragedias griegas de por medio. Mi consejo, y por experiencia: evita el drama lo máximo posible, porque esto a nivel emocional quema, y mucho.  Para ser un buen líder necesitas estar entero a nivel psicoemocional, porque no puedes motivar si no estás bien, y a veces influye la cantidad de dramas personales que te cuenten porque es natural ser empático y sentirse afín a los sentimientos de los demás. La mala noticia es que el drama suele llamar al drama, y una persona así lamentablemente en la mayoría de los casos acabará llevando su drama personal a tu vida, así que si eso te pasa sé asertivo: dile a esa persona cómo te sientes, muéstrate tal y como eres como ser humano. Puede pasar que tus sentimientos le importen un pimiento, porque algunas veces para este tipo de gente mantener su drama es lo más importante porque es la forma de llamar la atención que tienen. Intenta no tomártelo de forma personal: es lo que han aprendido que les funciona, no tiene nada que ver contigo. Vale, sé que es difícil. 😉 Y esto lleva al siguiente punto.

6. La compasión no es lo mismo que la piedad.

La piedad se parece a la lástima, se da cuando estás en una situación de superioridad. La compasión se da en una situación de empatía, en la que las dos personas se consideran iguales. La lástima/piedad no es un buen baremo para dejar entrar o permanecer a una persona en un grupo. Por mucha lástima que te dé alguien, por muy dramática que sea su vida, debes pensar que todos tenemos problemas y nadie es más importante que otros, y en última instancia sólo la persona es responsable de esos problemas. Recuerdo que me contaron el caso de una persona con una total ausencia de habilidades sociales a la que mantenían dentro del grupo por “lástima”, y que eso sacaba de quicio ya no sólo a quien dirigía el grupo sino también al resto de los miembros. No es humanamente posible mejorar la vida de alguien teniéndole lástima.

7. Lo de ser líder se basa en la autoridad moral, no en el poder.

Me hace gracia cuando consideran que soy “poderosa” porque tengo una posición x dentro de la Tradición Correlliana. En realidad no tengo ningún poder más que el de recomendar a alguien o apoyar un proyecto. Me gusta pensar que lo que tengo está basado en algo mucho más chulo, que se consigue a través del esfuerzo, y a lo que yo llamo “autoridad moral”. Es parecido al “cría fama y échate a dormir”, pero con trabajo de por medio. En el Correllianismo, no sé en otras tradiciones, se obtiene al trabajar como un condenado durante un montón de años y luego obtener por parte de tu comunidad el reconocimiento de esa autoridad moral, que te sirve para apoyar proyectos en positivo, es decir, para dar tu “apoyo” (llamado “imperio”) y que otros puedan seguir trabajando montando sus grupos y sus movidas. En mi comunidad, la autoridad moral es lo que distingue a los líderes porque es una comunidad anglosajona creada en base al meritoriaje. Lo prefiero al clásico concepto de “poder”, porque el poder tiene una connotación también negativa que, desde mi punto de vista, sería la capacidad para vetar determinadas acciones o personas. Cosa que ni hago ni me apetece hacer porque encuentro el poder mucho más volátil y peligroso que la autoridad moral, y porque no hay mejor respaldo que tu trabajo personal.

8. Tus propios sentimientos importan.

Y a esto se le suele llamar “inteligencia emocional”, la capacidad para saber cómo te sientes. Si esto es beneficioso para cualquier persona, para alguien que lidia con grupos es una pieza clave. Creo que aprendes mucho más sabiendo cómo te encuentras en cada momento, llevando un journal de tu trabajo como sacerdote o Cabeza de grupo, que con cualquier libro sobre Wicca. Aprendes cuáles son tus reacciones y tus sentimientos. Yo ahora, por ejemplo, sé que estoy “vomitando” sentimientos en este post. Y lo necesito. Lo necesito para seguir adelante, para reafirmarme, para reconocerme, y por qué no, para ayudar a alguien igual que en los últimos días me han ayudado a mí. Mis sentimientos importan, igual que los tuyos que me lees, porque somos personas al fin y al cabo, y eso de ver las cosas como “entes” o “grupos” no tiene ningún sentido. Al final esto de llevar grupos no es más que tener un montón de relaciones interpersonales, pero a veces nos olvidamos de las relaciones intrapersonales, las que tenemos con nosotros mismos, la reflexión, el estar “hacia dentro”.

En definitiva, creo que ser Cabeza de un grupo o de un Templo (como se llaman en mi tradición) es un ejercicio más de auto-conciencia que interpersonal. Al final se reduce a saber cómo te sientes y cuánto estás dispuesto a dar a cada persona, sabiendo que lo justo es dar a todos más o menos lo mismo, pero sin olvidarte de ti, un error, en mi caso, harto frecuente.

La enfermedad, ese “Samhain corporal”

Hoy me he levantado con un dolor de garganta horrible y he pensado, en mitad de mi neblina medio febril, en esa concepción ultrapositiva que tenemos a veces de la Divinidad y del mundo en el que vivimos dentro del contexto popular de la Wicca (no me refiero a tradiciones sino al concepto general que se tiene). Hay gente que no entiende por qué una Divinidad que se concibe como “positiva” o “amorosa”, por la que se sentiría recíprocamente amor como expliqué en esta otra entrada, crea cosas como la enfermedad o, incluso, la muerte, tema del que he tratado mucho últimamente en estas líneas.

Tengo una amiga que a veces me riñe con cariño porque dice que no paro y que voy a caer mala (un besito, Yidi). Como no soy de ponerme enferma y normalmente duro poco con gripes y resfriados, me tomo la enfermedad como un toque de atención, un “te estás quemando demasiado”, “estás estresándote mucho”, etc. Por lo tanto, desde mi punto de vista mi amiga tiene toda la razón del mundo en decirme eso, porque cuando me enfermo es porque realmente necesito descansar. El cuerpo es sabio (y mis amigas también).

Y por tanto, la Divinidad también es sabia. La enfermedad está ahí para hacernos más fuertes tras el descanso y para que podamos ver cuáles son nuestros límites. Mis límites en los últimos tiempos están en los horarios ajustados y las exigencias propias y ajenas. Quiero dejar demasiado acabado, que todo el mundo sepa qué tiene que hacer, que todo el mundo tenga claro qué se espera de ellos porque, tras años de control absoluto del Templo, llevo dos meses delegando proyectos. Ahora me queda entrenar a la gente, mantenerlos al tanto de lo que tienen que hacer, y para eso necesito tiempo, tiempo que me quito de mí misma y por eso pasan estas cosas, que llega el catarro y se instala para forzarme a descansar.

Así pues, se me ha ocurrido definir el resfriado y en general la enfermedad como un “Samhain corporal”, un periodo de retraimiento en el que coges fuerza para la próxima estación, acurrucado en tus mantas y en tus calditos de pollo. Igual que una semilla acurrucada dentro de la tierra y tapada por una manta de hojas, esperando… Lo que me lleva a pensar que el descanso debe ser tan sagrado para los dioses que inventaron una estación en la que sólo se descansa.

Abrazos libres de virus de una sacerdotisa cuyo cuerpo ha decidido que se merece un buen descanso. :o)

Aventuras de un pequeño sacerdote (o una pequeña sacerdotisa)

Leo mucho por ahí eso de que las sacerdotisas y los sacerdotes necesitan cierta experiencia vital y conocimiento, también leí una vez que no podía haber sumas sacerdotisas menores de 30. Podéis imaginaros mi cara (me inicié en tercer grado con 29 después de casi una década estudiando wicca correlliana) cuando lo leí. Aunque creo que es en parte cierto, creo que este concepto se tiene porque tradicionalmente se ha dado el rol de sabios o sacerdotes a personas con experiencia o mayores porque el entrenamiento para ser líder espiritual era muy largo, ya que el sistema educativo de antaño no era tan completo como lo es hoy día. Pero también dicen que somos la generación más preparada de la Historia en mi país. Ojo, que no desdeño a las canas, sólo quisiera animar a quienes son jóvenes y creen que no son lo suficientemente buenos para esto. Que lo sois, y mucho. Y también sois el futuro de esto, así que aquí quería haceros llegar un pequeño regalo generacional en forma de pensamientos.

Empecé en esto con 20 y me flipé muchísimo. Me dieron de lado un par de amigos por hacerme wiccana y por estudiar esto en serio. Mi familia durante años pensó que no tenía dioses. No tenía vocación, yo sólo quería saber más y encontrar algo, algo que estaba ahí. Que había sido mío desde siempre, o eso creía yo. Con los meses llegó la llamada de los Dioses, y al tiempo llegaron los palos. Algunos con la mejor intención porque al principio estaba muy flipada, y esos palos los agradezco y los agradeceré siempre. Después llegaron los pisotones (o los “intentos de”), porque al año, con la flipadura bajada, conseguí iniciarme, cosa que muchos no consiguen. Me decían que ellos eran mayores y yo muy joven, cómo iba a estar iniciada en primer grado con 21. Pues en este camino, seamos serios, nadie da duros a cuatro pesetas: si no trabajas honestamente no obtienes lo que quieres, no importa los muchos o pocos tacos de calendario que hayas tirado.

Para todos los que tengáis ahora sobre 20, año arriba año abajo, y estéis empezando, ahí va mi primera aportación (tomadla o no): trabaja, estudia, empápate de todo lo que puedas. Mi mayor aliada en esto fue mi carrera universitaria, porque tener estudios superiores siempre ayuda a la hora de ganar el hábito de estudiar, y en la Wicca hay que estudiar muchísimo. Si no tienes estudios superiores, cualquier cosa te sirve, pero estudia, estudia, estudia. No exagero si os digo que yo me llevaba los libros de mitología al cuarto de baño para leer en mis momentos más… bueno, eso. Cualquier momento era bueno. Lo genial de ser muy joven es que tienes muchas ganas de todo y si eres estudiante sueles tener tiempo libre. Aprovecha esa energía.

En cuanto a los palos, bueno, qué os voy a contar. Tengo 31 años y todavía los recibo porque todavía soy una chiquilla para algunos, mientras que para otros soy una carca y para otro montón soy “ésa que dice que es suma sacerdotisa pero a saber cómo se ha sacado el título”. Eso de los palos no parará en un buen tiempo, os lo aseguro. Si decidís ser sacerdotes, eso sí, no lo hagáis como yo. Estar de cara al público mola pero trae muchos disgustos, aunque siempre puedes pensar como yo, eso de “es que alguien tiene que hacerlo”. El sacrificio a veces merece la pena, a veces no, se desdibujan los límites de la persona y a veces tienes la sensación de que todo el mundo quiere “más” de ti. Ser tu amigo. Y a veces tú no quieres. Las iniciaciones también levantan ampollas de envidia en gente que se cree muy madura y muy adulta, y siento en el alma, pequeño aspirante a sacerdote, decirte esto, pero no todo el mundo va a quererte incondicionalmente por tu nuevo status dentro de la comunidad.

Ponles límites a los demás porque estás aquí para caminar y no para ser popular, pero nunca pongas límites a lo que quieras aprender. Sé sacerdote porque tengas vocación y ante todo no te avergüences de ser joven, ni de, en algunos casos, tu inexperiencia. La inexperiencia se cura viviendo, se cura con el tiempo, y cuando creemos que por fin se ha curado le damos la  bienvenida de nuevo porque es la demostración de que seguimos siendo jóvenes y de que seguimos aprendiendo. Y recuerda que la gente mayor que te quiere está ahí para cuidar de ti y para ayudarte, no siempre para dar palos. He visto en mi tradición a sacerdotisas retiradas, ya muy mayores, deleitarse en el empuje de sacerdotes recién iniciados de 20 años. Y aunque creo que el salto generacional es algo que existe, no es algo insalvable, y que para qué vamos a competir unas generaciones contra otras cuando podemos construir unos junto a otros.

Estoy muy orgullosa de todos mis alumnos, pero he de decir que tengo un alumno de 21 años del que estoy muy orgullosa, un pequeño sacerdote que me ha demostrado que hay muchísima gente joven y sabia, gente joven y sana, gente joven y estupenda. Gente joven muy normal sin fliparse, que viven su sacerdocio y son felices, buscando su camino como cualquier otra persona, y sin dejar de lado su sentido del humor.  Ver generaciones futuras tan preparadas y maravillosas hace encender en mi corazón la esperanza de que podemos conseguirlo, podemos dejar a nuestros hijos un mundo mejor. Chapeau por el relevo generacional, seguid trabajando así.

Quiero enseñar Wicca

La frase de arriba normalmente va acompañada de una mirada de determinación y de un deseo, una vocación, por ayudar a los demás. Es lo que llamamos ser “mentor”. Pero cuando alguien me la dice, normalmente uno de mis alumnos, no sé si felicitarle o compadecerle. En cualquier caso, el apoyo va implícito en mi carácter. Porque yo soy así.

Si en algún momento te has planteado que te gustaría enseñar Wicca, practiques la tradición que practiques, me gustaría compartir contigo algunas de las cosas que componen el día a día de quienes brindamos parte de nuestro tiempo a esta labor. Si no te lo has planteado pero te gustaría saber qué hace un mentor de Wicca, creo que este artículo también te servirá para hacerte una idea.

Funciones del mentor

Un mentor no es un maestro al uso. No se sienta, da la lección mientras los demás toman apuntes y cuando ha terminado se marcha, esperando a que los alumnos le den la tarea finalizada. Ésa es sólo una de las partes de su trabajo. La otra parte es hacer a la gente pensar, y es la más difícil. Normalmente el mentor tiene una relación de 1-a-1 con sus alumnos, lo que quiere decir que tendrá que adaptarse a las habilidades y competencias del estudiante, y hacer que aprenda. ¿Cómo? Muy sencillo: planteándole retos. Haciendo que haga lo que menos le gusta hacer: si una persona no habla en un ritual porque le da corte, tiene que hacerla hablar; si una persona no es capaz de recordar invocaciones, la pone a invocar; si alguien no dibuja bien, hace que dibuje. De nada sirve poner a la gente a hacer cosas que saben hacer bien, así no se aprende.

Hay otra forma de plantear esto: tomando una habilidad que la persona ya tenga y haciendo que la use para llegar a un resultado. Por ejemplo, poner a tocar el violín a alguien que ya toque, mientras medita sobre una Divinidad, colocar una grabadora mientras se toca y observar qué sale. Esto siempre me ha dado mejores resultados con los artistas plásticos, aunque los músicos también tienen mucha capacidad para esto.

El mentor esperará siempre que el estudiante dé lo mejor de sí mismo, estudie y aprenda.

En definitiva, el mentor debe hacer que el estudiante no sólo aprenda conceptos, sino que experimente y vivencie por sí mismo. Que intente pensar, reflexionar, contrastar y luego venga a ti con la pregunta, ya madurada, cuando ya haya estado pensando en el tema.

Qué no hace el mentor

El mentor no da respuestas si están dentro de los materiales de estudio o de los apuntes. Si tú hoy das a una persona la respuesta aun estando en el material de estudio, mañana se habrá vuelto vaga y no buscará por sí misma antes de preguntarte. Asimismo, las preguntas relacionadas con materiales ya estudiados, en mi opinión y desde mi experiencia, deben contestarse con algo parecido “Por favor, revisa los materiales y reflexiona sobre ellos, pues si no me equivoco, eso ya lo vimos. Si no es así por favor coméntamelo y lo vemos”.

El mentor, desde luego, no da respuestas fuera de su espectro de conocimiento. Por ejemplo, por mucho que yo sea iniciada en segundo nivel de Reiki, si no soy maestra de Reiki no voy a dar respuestas relacionadas con esta técnica sanadora a alguien, por mucho que sea mi alumno de Wicca, ya que no estoy capacitada para ello. En este caso se impone la honestidad y el saber que la persona, si está aprendiendo Reiki, debe tener a otra persona enseñándole que sí está capacitada para dar dicha formación. El mentor de Wicca debe ser siempre respetuoso con los profesores de otras disciplinas y con otros profesores de Wicca.

Por último pero no menos importante, el mentor no va a experimentar ni vivenciar por el estudiante. Somos facilitadores, pero no estamos suplantando la función del estudiante ni vamos a aprender por ellos. El estudiante es el responsable total de lo que aprende y lo que vive, mientras que el mentor es un vehículo. No se puede estar detrás de un estudiante para que haga los deberes, medite o solucione sus problemas personales, porque ése es su trabajo. Esa actitud paternalista conduce, de nuevo, a la vagancia y al “dámelo hecho”.

Qué necesitas antes de hacerte mentor

Por supuesto un mentor necesita saber. No se puede hacer de mentor sin, al menos, haber estudiado antes. Hay personas que se sienten cómodas enseñando en grupos eclécticos y para eso no haría falta en principio grados ni iniciaciones, pero si te sientes inseguro con ello, créeme, tus estudiantes lo notarán. Es mejor quedarse tranquilo con lo que se sabe y para eso tienes que estudiar muchos, muchos, muchos años. Incluso revisar una y otra vez los mismos materiales, hacerte muchísimas veces las mismas preguntas a ti mismo hasta que comprendas bien todos los conceptos. Necesitarás mucho espíritu crítico, ganas de investigar y de contrastar información, y una excelente capacidad de reflexión. Para que os hagáis una idea de lo que supone, yo empecé a dar clases como mentora junior hace 9 años tras haberme iniciado en primer grado, y para aprender me llevé un año entero de apoyo a mentores senior, viendo cómo trabajaban. No es algo para lo que te capaciten en dos meses, hay que ser comprensivo con uno mismo porque a esto también se aprende.

En esta labor hay que saber que precisamente por ser mentor a ti no te van a dar las cosas hechas: si decides dedicarte a esto eres tú quien va a tener que contestar a las preguntas de tus estudiantes, y aunque tengas un mentor senior o estés aprendiendo con alguien, tu propio mentor tiene que lidiar contigo y no está obligado a contestar las preguntas de tus estudiantes, porque son tu responsabilidad. Cuando me ha pasado esto con estudiantes míos que son ahora mentores, la respuesta siempre ha sido “date un tiempo para pensarlo”, porque al fin y al cabo es el trabajo de ese mentor y no mía como mentora senior, por mucho que yo a veces ayude.

Por otro lado, necesitas mucha paciencia y mucha adaptabilidad. Paciencia porque te van a hacer las mismas preguntas cien veces, adaptabilidad porque cada persona te va a hacer la misma pregunta por una razón diferente, y tu trabajo es ver por qué se produce esa pregunta y averiguar qué ocurre con esa parte de la información: por qué no se entiende o se entiende mal, qué ocurre normalmente cuando se lee, cuáles son los principales desafíos de los estudiantes a la hora de aprender esa información, etc. Con el tiempo se hará necesario, casi sin duda alguna, una revisión de los materiales y del método de estudio.

En otro lugar está la capacidad para callarte. Muchas veces los estudiantes te cuentan cosas privadas y tienes que ser súper respetuoso con esas cosas porque a nadie le interesa qué problemas personales tiene Fulanito.

Y por último, necesitas ojo y capacidad de toma de decisiones. Lo del “ojo” parece muy obvio pero no lo es: hay varios perfiles de estudiante y tienes que averiguar qué tipo de estudiante tienes delante, porque cada uno tiene una necesidad diferente. Usar bien ese ojo clínico lleva muchísima práctica. Y la toma de decisiones es principalmente para las cosas poco agradables, por ejemplo poner en su sitio a alguien que esté alterando, bien tu propio bienestar, bien el bienestar del grupo de estudio.

Si lleva tanto jaleo, ¿por qué molestarse?

Siendo honesta, nunca me planteé que ser mentora de Wicca Correlliana me fuera a llevar tanto trabajo. Me acuerdo que cuando empecé, Lady Anna (que entonces era mi mentora) me preguntó cuánto tiempo estaba dispuesta a emplear en esto. Yo dije que 5 horas a la semana, pero a día de hoy puedo decir que empleo del orden de unas 20 horas semanalmente, equivalente a un trabajo a media jornada. Es muchísimo y conlleva mucho trabajo, sí, pero engancha. Es cierto que se dice que la gente no lo valora, que van con prisas, que no se lo toman en serio… pues ahí entras tú. Tú eres quien marca la diferencia. Tú eres quien supone que un grado de Wicca (o un curso de Wicca Ecléctica) sea de leerse un libro a algo que hacer con pasión, esfuerzo y tiempo.

Ahí es cuando te enganchas a esto, cuando te das cuenta de que la gente cambia, de que aprende no porque tenga un material sino porque descubre cosas de sí mismo, por sí mismo, que nunca podría haber aprendido leyendo el libro azul de Buckland o cualquier otro libro de cualquier otro autor conocido. La mayor recompensa es ver a la gente iniciarse, o contestar preguntas por sí solos, o ver los caminos que toman luego en sus vidas. Ver que lo que tú has empezado lo continúa otro. Da una sensación de eternidad frente a lo efímero de nuestra existencia, da la sensación de que lo que hoy estás haciendo puede tener una verdadera huella en la vida espiritual de mucha gente que aún está por llegar.

Ancestros: sanando las raíces de tu árbol

Hablé ayer ya sobre los Ancestros y sobre Herencias, sobre lo que implican estos momentos de la rueda en los que estamos en el Hemisferio Norte. Hoy me gustaría ahondar un poco más en el tema.

Cuando somos pequeños nos hacen dibujar árboles genealógicos, al menos a mí me los hicieron dibujar en mi colegio. Era un trabajo sobre los genes y sobre lo que portamos. En mi misma clase había una chiquilla que había sido adoptada y se preguntó si el ejercicio era necesario para ella, pues no conoció a sus padres biológicos. La profesora le explicó que no importaba si no conocía a sus padres biológicos: conocía a sus padres adoptivos y, aunque no compartiera su información genética, había muchas otras cosas que sí compartía con ellos, principalmente la herencia cultural y de valores.

No le di más importancia a esto hasta que, como ya relaté ayer, empecé a trabajar con los Ancestros y me di cuenta de la enorme influencia que habían tenido en mi vida personas con las que no compartía carga genética: desde músicos hasta filósofos, pasando por sociólogos e incluso por un hombre que a veces paseaba por mi calle, todas esas personas, hasta cierto punto, son mis Ancestros. Por supuesto, a nivel espiritual también están los Ancestros de mi Tradición, que es la Correlliana. Y finalmente, aunque no menos importante, están mis Ancestros de sangre que, en mi caso me criaron y se hicieron cargo de mi educación además llevar su información genética en mi ADN. Todo eso conforma mi herencia.

Ya decía en mi última reflexión que a veces nos encantan nuestras raíces, pero otras veces llevamos a cuestas cosas que no nos gustan. Mis Ancestros (de sangre) son principalmente celtíberos, tengo también algo de sangre hindú y probablemente descienda de los hunos aunque eso no es seguro. No creáis que me siento muy orgullosa de la belicosidad de mis Antepasados. A veces esa belicosidad estaba justificada, pero otras muchas no. Sé que hemos venido a este mundo a través de la ley del más fuerte y que eso ha hecho que hoy en día el ser humano sea lo que sea, con lo bueno y lo malo, pero así es la naturaleza. No quisiera justificar la violencia, pero veo que al menos en el caso de los humanos gracias a ella se ha llevado a cabo la selección natural. Otra cosa es que ahora lo queramos cambiar, o que prefiramos usar otro tipo de violencia mucho más mental y menos física. Y esto mismo es aplicable a nuestros Ancestros ideológicos/espirituales.

Sea como fuere, estamos aquí porque tenemos raíces en nuestro árbol genealógico. Veo una conexión enorme entre esas raíces que se hunden en la tierra y las raíces que tienen nuestros árboles otoñales. Sin hojas, todo lo que el árbol tiene son tronco y raíces, sacando el alimento principalmente de esas ramificaciones que se hunden en la tierra. Es un momento perfecto para reflexionar cuál es la carga, la herencia que llevamos, y para sanar toda la podredumbre y el moho de las raíces de nuestro árbol, si lo hubiera.

Estos momentos del año me recuerdan también al mito del descenso de Inanna: hay un momento en el que la Diosa decide descender al Inframundo para ganar sabiduría, y allí se encuentra con su hermana Ereshkigal (que en realidad es una versión oscura de ella misma). A través del contacto con la muerte, con lo que ya no está, con sus propias raíces y su parte oscura que viven en el Inframundo, Inanna gana sabiduría y soberanía, alzándose incluso por encima de su consorte Dumuzi quien, por cierto, había intentado suplantarla durante su ausencia y se había entregado a una vida de lujos.

Así pues, conocer dónde hundimos las raíces, ya no genéticas sino culturales, y sanar nuestra relación con ellas, lleva a esa sabiduría. ¿Cómo las sanamos? Existen muchísimas formas de hacerlo, pero a mí me gusta especialmente usar los cuatro elementos para hacerlo. Lo que a continuación explico está basado en un ritual que leí hace muchos años en el libro “El aprendizaje de una maga: los doce cisnes salvajes” de Starhawk y Hilary Valentine. Aunque Starhawk no pertenece a mi Tradición y de hecho ella es la fundadora de Reclaiming, me parece útil la idea que plantea, ya no de reclamar a los Antepasados, sino de sentirse a gusto y sanar nuestra relación con ellos. El ritual no es exactamente como yo lo planteo aquí, pero ésta es mi versión del mismo.

Primero montamos un altar a los Antepasados. Usar la calavera estará bien para algunos, a otros no nos gusta tanto pero bueno, está bien. Hay que poner en el altar representaciones de los cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra. Nos ponemos en actitud de ritual (se puede hacer un círculo si se prefiere), y pensamos en nuestra herencia. Escribamos lo que pensamos de la herencia que portamos: lo que nos gusta, lo que no, las ideas que hemos adquirido debido a nuestra educación en ese grupo en particular, lo que nos duele de nuestra herencia, etc. Si pertenecemos a más de un grupo étnico como es mi caso, adelante, nombremos a todos los grupos étnicos que conozcamos que nos han influenciado, así como de los que portamos carga genética si los conocemos.

A continuación, afirmamos de dónde venimos, de dónde obtenemos la herencia a diversos niveles. Pongo un ejemplo con mi caso, que sería: “Soy Harwe Tuileva, hija de la Tradición Correlliana, descendiente de celtas, íberos e hindúes, y nacida y criada en España.”

Luego nos volvemos al Este y decimos las ideas revolucionarias y frescas que nuestra herencia ha traído al mundo, procurando sentir todas esas ideas dentro de nosotros, mientras nos centramos en el aroma del incienso. A continuación, nos volvemos al Sur (o al Norte si estás en el Hemisferio Sur) y pedimos al fuego que transforme todas las cosas desagradables, las guerras y la violencia, que ha traído nuestra herencia. Luego, nos volvemos al Oeste y nos concentramos en el elemento agua, pidiendo que sane las heridas de las víctimas y de las pérdidas que nuestro pueblo o pueblos hayan sufrido, pidiendo compasión y ayuda para ellos. Y finalmente nos volvemos al Norte (Sur si estás en el Hemisferio Sur) y concentrándonos en la Tierra, nos regocijamos por el camino que caminamos y en el que estamos gracias a esa herencia: todo lo que portamos y que nos provee de alimento espiritual, mental y corporal.

Luego volvemos al centro y visualizamos que somos un gran árbol. Hemos sanado nuestras raíces y las hundimos, felices, en la tierra llena de ricos nutrientes, las lombrices nos airean el suelo y nos hacen cosquillas delicadamente. Gracias a eso nos estiramos (podemos probar a estirar los brazos) por las ramas y nos salen hojas, flores y frutos, y sentimos el sol cálido y sanador en nuestra copa. Damos gracias por la sanación.

Podéis usar también la versión que viene en el libro, pero a mí me sirve ésta, creo que es mucho más sencilla. Recordad que estos rituales de sanación a veces tienen que realizarse más de una vez para que surtan efecto, pues a veces ocurren en capas.

Espero que os haya gustado y que os sirva para celebrar estas fechas tan señaladas.

Samhain y los Ancestros: una reflexión sobre la herencia que hoy pretendemos celebrar

Se habla mucho últimamente sobre el trabajo con quienes están al otro lado del velo, sobre todo por estas fechas. Veo publicaciones de todos los colores: desde reflexiones que claramente son vivenciales, hasta opiniones personales que parecen más teóricas o sacadas de un libro que otra cosa. Honestamente y fiel a mi línea, me gustaría que hoy os encontrarais en esta entrada con más de lo primero que de lo segundo. Porque estoy un poco cansada de que el velo esté fino sólo en esta fecha. Ojo, que me encanta Samhain, es nuestro año nuevo y esas cosas, pero eso de ponerse con las fotos de calabazas incluso cuando acabamos de salir de Lughnassadh me parece perderse la mitad de la película, en lo que la rueda del año se refiere. Sobre todo porque los Ancestros no están con nosotros sólo en estas fechas, aunque se les celebre ahora. Están siempre.

Reconozco que me ha costado reencontrarme con quienes han estado toda la vida conmigo. Mis Ancestros, ya no los de mi Tradición, sino los que llevo en la sangre, en la tierra o en la cabeza, a veces han sido ignorados. El primer paso es asumir que se tienen Ancestros. Pero esto entra en contraposición directa con una cosa grabada a fuego: el hecho de que los wiccanos creen en la reencarnación.

A mí me ocurría esto. Hasta que un día tuve la mala idea de pensar, eso sí, con ayuda. Estaba estudiando tercer grado cuando alguien me introdujo una idea que, para mí, revolucionó todo mi concepto de la existencia: ¿y si hay Ancestros y reencarnación a la vez? ¿Acaso no se dice que toda nuestra vivencia forma parte de eso a lo que llamamos Divinidad? ¿Y si la Divinidad es todopoderosa, no puede hacer lo que le dé la regalada gana, como vivir mi vida y ser un Ancestro a la vez? ¿Eh? Eso me abrió muchísimo la mente a la posibilidad de incorporar a los Ancestros a mi culto. Y empecé a estudiar duramente con una Orden especializada en este tipo de cosas.

Luego me di cuenta de que el tema de la reencarnación tiene muchísimo más peso y más implicaciones de las que parece a priori. Entendido de forma errónea puede llevar a restarle importancia a la necesidad de aprovechar esta vida, porque total, vamos a vivir otra. Pues no, probablemente no haya otra, porque la Divinidad que ha creado esta existencia posiblemente sea tan imaginativa (tiene que serlo para todo lo que ha montado) que nunca vayas a vivir otra existencia como ésta. Nunca habrá dos experiencias iguales.

Así que, es posible que nos reencarnemos, pero nunca más seremos nosotros sino que tendremos experiencias y, por tanto, existencias diferentes. Y a la vez podremos ser Ancestros, porque la Divinidad sí que se regiría por la Ley de L’Orèal (porque yo lo valgo)… incluso puede que esos Ancestros, contactados como yo los contacto (mediante el trance y la experiencia extática) posiblemente mantengan su propio carácter y personalidad a la vez que se están reencarnando en el habitante número 1001 de un apartado pueblo de Soria. Incluso puede que no sea esa persona que ahora es un Ancestro, sino la combinación y recombinación de varias personas que ya no están, las que se están reencarnando en ese niño que hace en un hospital comarcal.

Somos nuestros Ancestros y hemos modelado nuestra realidad durante siglos. Hemos dejado “ancestralidad” (perdón por inventarme el término) en el paisaje, en la Filosofía, en la Literatura y hasta en el cómic. Habrá quien considere su Ancestro musical a Manolo Escobar. Precioso, ¿verdad? La eternidad legada a las nuevas generaciones: en los genes, en el pensamiento, en las costumbres…

Y es terrorífico: hemos heredado guerras, odios y hasta la idea de que los hombres de X países se dejan bigote para ir a juego con sus madres. Pero esa parte menos bonita de la “Ancestralidad” es necesaria que la heredemos. No matamos a aquel niño, ni violamos a aquella mujer, ni prendimos fuego a aquella aldea, pero mantenemos eso en nuestra programación mental y cultural. Es necesario que esté ahí para no repetirlo, para aprender de ello.

Todo esto lo he aprendido de mis Ancestros: los de mi Tradición, los de los pensadores que me han influido, los de mi familia, los de la sangre que porto, los del grupo con el que me identifico… y están conmigo siempre. Me han influenciado y me he dejado influenciar por ellos. Y otras veces he visto mi herencia, no me ha gustado y he decidido no seguir adelante con ella. Aprender de ella. Pero no por eso mi herencia ha dejado de estar conmigo, sin necesidad de que sea Samhain.

Así pues, antes de irme a celebrar esta mágica y maravillosa noche, antes de dejaros que la disfrutéis y a sabiendas de que me leeréis mañana, recordad que no sólo esta noche el velo es fino. Eso es un mito, chicos y chicas. Es más bien una excusa para recordar a los Ancestros aprovechando que termina la cosecha y es un momento de muerte, pero el velo es fino siempre. La permeabilidad entre plano y plano existe siempre. Los Ancestros están con nosotros siempre. Nuestra herencia está presente siempre.

Lo importante, como siempre digo, es que disfrutéis el momento, porque no va a haber otro, y por tanto esta noche disfrutéis Samhain. Y en los próximos meses Yule, Imbolc, Ostara, Beltaine, Litha, Lughnassadh y Mabon. Porque aunque hoy es el fin de un ciclo y el comienzo de otro, eso no significa que tengamos que disfrutar hoy más que nunca de ser brujos. Disfrutar y aprender hay que disfrutar y aprender de cada momento. Así que, hacedme un favor: el año que viene, cuando pase Lughnassadh, dejad las calabazas para Samhain y disfrutad Mabon, pues veo que muchos se saltan el equinoccio poniendo calabazas a destiempo. Creo que a la comunidad wiccana se le está olvidando que para tener Ancestros, éstos tienen que haber cosechado algo para dejar en herencia antes a quienes se quedan aquí. Porque ése es el legado que hoy celebramos y ése el sacrificio que honramos. ¿O es que acaso llegamos hasta ese punto en esta sociedad de lo efímero?

Feliz Samhain a todos.