La enfermedad, ese “Samhain corporal”

Hoy me he levantado con un dolor de garganta horrible y he pensado, en mitad de mi neblina medio febril, en esa concepción ultrapositiva que tenemos a veces de la Divinidad y del mundo en el que vivimos dentro del contexto popular de la Wicca (no me refiero a tradiciones sino al concepto general que se tiene). Hay gente que no entiende por qué una Divinidad que se concibe como “positiva” o “amorosa”, por la que se sentiría recíprocamente amor como expliqué en esta otra entrada, crea cosas como la enfermedad o, incluso, la muerte, tema del que he tratado mucho últimamente en estas líneas.

Tengo una amiga que a veces me riñe con cariño porque dice que no paro y que voy a caer mala (un besito, Yidi). Como no soy de ponerme enferma y normalmente duro poco con gripes y resfriados, me tomo la enfermedad como un toque de atención, un “te estás quemando demasiado”, “estás estresándote mucho”, etc. Por lo tanto, desde mi punto de vista mi amiga tiene toda la razón del mundo en decirme eso, porque cuando me enfermo es porque realmente necesito descansar. El cuerpo es sabio (y mis amigas también).

Y por tanto, la Divinidad también es sabia. La enfermedad está ahí para hacernos más fuertes tras el descanso y para que podamos ver cuáles son nuestros límites. Mis límites en los últimos tiempos están en los horarios ajustados y las exigencias propias y ajenas. Quiero dejar demasiado acabado, que todo el mundo sepa qué tiene que hacer, que todo el mundo tenga claro qué se espera de ellos porque, tras años de control absoluto del Templo, llevo dos meses delegando proyectos. Ahora me queda entrenar a la gente, mantenerlos al tanto de lo que tienen que hacer, y para eso necesito tiempo, tiempo que me quito de mí misma y por eso pasan estas cosas, que llega el catarro y se instala para forzarme a descansar.

Así pues, se me ha ocurrido definir el resfriado y en general la enfermedad como un “Samhain corporal”, un periodo de retraimiento en el que coges fuerza para la próxima estación, acurrucado en tus mantas y en tus calditos de pollo. Igual que una semilla acurrucada dentro de la tierra y tapada por una manta de hojas, esperando… Lo que me lleva a pensar que el descanso debe ser tan sagrado para los dioses que inventaron una estación en la que sólo se descansa.

Abrazos libres de virus de una sacerdotisa cuyo cuerpo ha decidido que se merece un buen descanso. :o)

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