Aventuras de un pequeño sacerdote (o una pequeña sacerdotisa)

Leo mucho por ahí eso de que las sacerdotisas y los sacerdotes necesitan cierta experiencia vital y conocimiento, también leí una vez que no podía haber sumas sacerdotisas menores de 30. Podéis imaginaros mi cara (me inicié en tercer grado con 29 después de casi una década estudiando wicca correlliana) cuando lo leí. Aunque creo que es en parte cierto, creo que este concepto se tiene porque tradicionalmente se ha dado el rol de sabios o sacerdotes a personas con experiencia o mayores porque el entrenamiento para ser líder espiritual era muy largo, ya que el sistema educativo de antaño no era tan completo como lo es hoy día. Pero también dicen que somos la generación más preparada de la Historia en mi país. Ojo, que no desdeño a las canas, sólo quisiera animar a quienes son jóvenes y creen que no son lo suficientemente buenos para esto. Que lo sois, y mucho. Y también sois el futuro de esto, así que aquí quería haceros llegar un pequeño regalo generacional en forma de pensamientos.

Empecé en esto con 20 y me flipé muchísimo. Me dieron de lado un par de amigos por hacerme wiccana y por estudiar esto en serio. Mi familia durante años pensó que no tenía dioses. No tenía vocación, yo sólo quería saber más y encontrar algo, algo que estaba ahí. Que había sido mío desde siempre, o eso creía yo. Con los meses llegó la llamada de los Dioses, y al tiempo llegaron los palos. Algunos con la mejor intención porque al principio estaba muy flipada, y esos palos los agradezco y los agradeceré siempre. Después llegaron los pisotones (o los “intentos de”), porque al año, con la flipadura bajada, conseguí iniciarme, cosa que muchos no consiguen. Me decían que ellos eran mayores y yo muy joven, cómo iba a estar iniciada en primer grado con 21. Pues en este camino, seamos serios, nadie da duros a cuatro pesetas: si no trabajas honestamente no obtienes lo que quieres, no importa los muchos o pocos tacos de calendario que hayas tirado.

Para todos los que tengáis ahora sobre 20, año arriba año abajo, y estéis empezando, ahí va mi primera aportación (tomadla o no): trabaja, estudia, empápate de todo lo que puedas. Mi mayor aliada en esto fue mi carrera universitaria, porque tener estudios superiores siempre ayuda a la hora de ganar el hábito de estudiar, y en la Wicca hay que estudiar muchísimo. Si no tienes estudios superiores, cualquier cosa te sirve, pero estudia, estudia, estudia. No exagero si os digo que yo me llevaba los libros de mitología al cuarto de baño para leer en mis momentos más… bueno, eso. Cualquier momento era bueno. Lo genial de ser muy joven es que tienes muchas ganas de todo y si eres estudiante sueles tener tiempo libre. Aprovecha esa energía.

En cuanto a los palos, bueno, qué os voy a contar. Tengo 31 años y todavía los recibo porque todavía soy una chiquilla para algunos, mientras que para otros soy una carca y para otro montón soy “ésa que dice que es suma sacerdotisa pero a saber cómo se ha sacado el título”. Eso de los palos no parará en un buen tiempo, os lo aseguro. Si decidís ser sacerdotes, eso sí, no lo hagáis como yo. Estar de cara al público mola pero trae muchos disgustos, aunque siempre puedes pensar como yo, eso de “es que alguien tiene que hacerlo”. El sacrificio a veces merece la pena, a veces no, se desdibujan los límites de la persona y a veces tienes la sensación de que todo el mundo quiere “más” de ti. Ser tu amigo. Y a veces tú no quieres. Las iniciaciones también levantan ampollas de envidia en gente que se cree muy madura y muy adulta, y siento en el alma, pequeño aspirante a sacerdote, decirte esto, pero no todo el mundo va a quererte incondicionalmente por tu nuevo status dentro de la comunidad.

Ponles límites a los demás porque estás aquí para caminar y no para ser popular, pero nunca pongas límites a lo que quieras aprender. Sé sacerdote porque tengas vocación y ante todo no te avergüences de ser joven, ni de, en algunos casos, tu inexperiencia. La inexperiencia se cura viviendo, se cura con el tiempo, y cuando creemos que por fin se ha curado le damos la  bienvenida de nuevo porque es la demostración de que seguimos siendo jóvenes y de que seguimos aprendiendo. Y recuerda que la gente mayor que te quiere está ahí para cuidar de ti y para ayudarte, no siempre para dar palos. He visto en mi tradición a sacerdotisas retiradas, ya muy mayores, deleitarse en el empuje de sacerdotes recién iniciados de 20 años. Y aunque creo que el salto generacional es algo que existe, no es algo insalvable, y que para qué vamos a competir unas generaciones contra otras cuando podemos construir unos junto a otros.

Estoy muy orgullosa de todos mis alumnos, pero he de decir que tengo un alumno de 21 años del que estoy muy orgullosa, un pequeño sacerdote que me ha demostrado que hay muchísima gente joven y sabia, gente joven y sana, gente joven y estupenda. Gente joven muy normal sin fliparse, que viven su sacerdocio y son felices, buscando su camino como cualquier otra persona, y sin dejar de lado su sentido del humor.  Ver generaciones futuras tan preparadas y maravillosas hace encender en mi corazón la esperanza de que podemos conseguirlo, podemos dejar a nuestros hijos un mundo mejor. Chapeau por el relevo generacional, seguid trabajando así.

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