El año pasado estuve insoportable. Quizá podía ser un efecto secundario de pertenecer a la «Sociedad de la Falta de Sueño» en la que ingresas por la puerta grande cuando tienes niños pequeños, quizá era que estaba pasando por mi bajada a los infiernos voluntaria, el caso es que el enanito Gruñón a mi lado era un verdadero encanto. Pero…