Como muchas otras abuelas, mi abuela era bruja. Es curioso que fuera tan bruja, porque era catoliquísima. El sexo para ella era «fruta prohibida», jamás aceptó los preservativos, no comía carne en cuaresma y rezaba todos los días, mañana y noche, delante de un cuadro de la virgen de la Macarena que teníamos en la puerta de casa. Y sin…