Tener o no tener fe

Si cierro los ojos y me centro con fuerza en mi concepto de fe, puedo situarme en una escena de mi infancia con una gran claridad. Recuerdo un patio blanco repleto de flores y plantas y lleno de palmeras, con paredes cubiertas de loza con escenas vegetales, un suelo de terrazo y el olor salino del mar colándose por la abertura del techo que imitaba vagamente a un compluvium romano, por la que los árboles despedían alegremente al sol poniente. Un olor a perfume femenino iba y venía, a veces sutil y a veces tan fuerte que le hacía a uno cerrar los ojos. Y había tres sonidos que se superponían: uno venía lejano como la voz de un Dios que se alzara desde lo más alto de los cielos y chocaba con gran eco por entre las columnas del patio, y el segundo sonido era el repiquetear constante de abanicos en el aire chocando sobre los abundantes pechos de las señoras, la mayoría de ellas abuelas como la mía, nacidas en la República y creciditas en la Posguerra. Un tercer sonido lo hacía el viento colándose por entre los árboles y meciéndolos, un espectáculo de sonidos y aromas entre las palmeras, los rosales, el mirto y el romero.

Ésa es mi imagen del concepto de fe. Me criaron en la creencia cristiana como a muchos, y eso que describo podía ser un domingo cualquiera en misa, donde mi abuela me llevaba junto a sus hermanas. Todas ellas decían tener mucha fe y repetían eso de “por mi culpa, por mi gran culpa” dándose golpes no con el puño, sino con el abanico. De ahí que el sonido del abanico en un pecho femenino lo tenga asociado al concepto de fe. Puede parecer muy cómico y verdaderamente lo era, y más de una vez pregunté abiertamente por qué había que darse con el abanico en las tetas en la misa de las 9, y por qué yo no podía participar de la misma forma. Sería porque yo por aquel entonces no tenía pechos. Eso llevó a mi mente infantil a hacerse una pregunta: ¿yo tenía fe?

Con los años, la pregunta que empecé a hacerme fue un poco más clara: ¿qué entendía yo por fe? Le estuve dando vueltas mucho tiempo y sobre todo me la hice a partir de salir del armario de las escobas con la familia. Cuando le dije a mi madre que era wiccana hace unos años, aunque le expliqué de qué trataba y aparentemente lo entendió, más de una vez me soltó “claro, como tú no crees…“. Eso me hacía dudar y me hacía pensar en si tenía fe, en si creía realmente en algo. ¿Era yo como aquellas señoras de los golpes de abanico? Durante un tiempo me planteé si yo era un homo religiosus en condiciones, o en si lo que creía era simplemente un producto de márketing creado por alguna editorial con ganas de sacar tajada de mi espiritualidad.

Admito que, aun siendo pagana, entiendo a las mujeres de aquella generación que me educaron en la fe cristiana, y lo que para ellas significaban los golpes de abanico y la voz monótona del sacerdote saliendo de lo alto y generando gran eco. La fe para los católicos es una virtud y para ellos es importante decir “tengo mucha fe”, porque no hay nada más fuerte que expresar que se cree en un dios que ves como único y verdadero. Asimismo, tener fe también es una prueba dura, porque si la vida es un valle de lágrimas para ellos, debe ser (y perdón por la expresión) jodidísimo mantener esa fe y continuar amando a tu dios. Sinceramente, me quito el sombrero.

Sin embargo, yo ya no era católica. ¿Dónde quedaba mi fe? ¿Dónde residía mi creencia?

Ahondando más en mis recuerdos, conseguí rememorar un día en el que hubo una gran tormenta durante la misa. Recuerdo los rayos y los truenos, que enmudecían al sacerdote al resonar por toda la bóveda de la nave principal de aquella iglesia costera. El mar estaba embravecido y parecía que el edificio entero se caía, me recordó a cierto tornado ficticio que se llevó volando a cierta niña y a su perro, dejándolos varados en el maravilloso mundo de Oz. Siendo honestos, durante un momento tuve miedo de que fuésemos a salir todos por los aires.

Recuerdo cerrar los ojos y rezar, pero no centrarme en la virgen de cara morena del altar. En cambio, le recé al mar, cantándole mentalmente una nana para que se calmara. Le recé a las flores y a las palmeras para que se mantuvieran de pie frente a la embestida del viento. Y le recé al mismísimo viento para que no me llevara de aquel lugar, mi Kansas particular, donde residía mi familia y la gente a la que quería, con golpes de abanico o sin ellos.

Creo que en aquel recuerdo obtengo gran parte de lo que significa realmente tener fe para mí como pagana, pues va más allá de ser una virtud. Para mi yo adulto y de este momento, la clave no está en tener fe en un dios. Creo que los dioses, en los que nosotros creemos concretamente, no están aquí para salvarnos de las tormentas (aunque puedan echarnos una mano). Dicho de otra manera: desde aquel día en aquella iglesia, cuando rezo, no rezo para que ninguna divinidad venga a rescatarme como un caballero de brillante armadura. En cambio, rezo porque yo soy la que necesita cambiar su propio mundo, porque necesito la confianza suficiente como para saber que pase lo que pase siempre voy a caer de pie. Más bien me rezo a mí misma, y siempre pido tener fe en mi propia capacidad para cambiar el mundo y para cantarle nanas al mar si hace falta.

 

Formación en Wicca: ideas para buscadores de grupos y escuelas

Una de las dudas más habituales de las personas que se embarcan en la Wicca o que llevan un tiempo solas es dónde y con quién estudiar Wicca, o cómo unirse a un grupo que tiene la posibilidad de ofrecer formación (que son la gran mayoría). Muchas veces nos lanzamos – y me incluyo, porque me ocurrió hace años cuando empezaba – en una búsqueda incesante de grupos y escuelas, mandamos 1001 emails hasta que consideramos que hemos encontrado el correcto, incluso llegamos a suponer que todo va a ser de color de rosa y que vamos a encajar perfectamente, y que nos van a decir a todo que sí y nos van a iniciar en una ceremonia preciosa (porque la novela Brida de Paulo Coelho nos llegó muy dentro a algunos). Ojalá siempre fuera así, pero no lo es.

Aquí quiero dar algunas ideas básicas y principalmente basadas en mi experiencia, primero como buscadora y luego como directora de un Templo correlliano, de cómo se gestiona la entrada de personas en las escuelas o en los grupos que ofrecen formación, y que pueden resultar útiles para alguien que está buscando dónde estudiar con más gente. No todo es aplicable a todos los grupos, pero sí a la mayoría con los que he hablado.

1) Plantéate si quieres estar en un grupo ecléctico o uno que siga una tradición en particular. Parece muy obvio, pero en medio de la desesperación por “encajar” en alguna parte, muchas personas buscan entrar en todos los grupos que ven, sin importar si les gusta más o menos. Si te pasa esto, respira. Tómate tu tiempo, haz una lista de pros y contras de estar en cada uno de este tipo de grupos, y no te preocupes, si estás planteándote entrar en un sitio en particular, esto va a ser parte del proceso. No es una decisión fácil, así que date cariño, mímate y entiéndete como el que entiende a su hermano pequeño. Una parte de ti quiere estar en alguna parte y lo quiere YA, pero es labor de la “otra parte” de ti el relajarse para poder pensar con claridad. Ambas opciones conllevan responsabilidades diferentes, investiga y luego decide tranquilamente qué es lo que te llama.

2) Una vez respirado y meditado, plantéate qué grupo de esa corriente, o esas corrientes, te gusta. Hay multitud de grupos, aunque parezca que no. Un vistacillo por facebook basta para darse cuenta. Lee todo lo que puedas, infórmate. Cada grupo estará formado por personas diferentes, así que incluso aunque pertenezcan a la misma tradición, podrán ser bastante diferentes, ofrecer formación ligeramente distinta y darle a los estudios o al trabajo ofrecido un “sabor” especial. Valora cuál te gusta más.

3) Contacta con ellos y explica lo que te mueve. Primero, preséntate. Procura que sea una presentación sencilla, explicando motivos y no dando un currículum. Por ejemplo, a mí me interesa muy poco que alguien me diga que es maestro de Reiki o profesor de Yoga, utilizándolo como “carta de presentación” o como exposición de motivos para estudiar conmigo. Creo que es más útil decir por qué se quiere estar en el grupo y formar parte de él, algo mucho más espiritual o sentimental que la lista de títulos que tenemos. Es cierto que muchas personas llegan a Wicca a través de otras actividades o hasta a partir de su profesión, y es genial, pero la titulitis resulta difícil de leer cuando se abusa de ella. Mejor, piensa: ¿quién soy yo? ¿Qué puedo aportar a este grupo? ¿Por qué he llegado hasta aquí? Saldrás ganando al ver que puedes definirte como persona, al ver tus propias motivaciones interiores, porque eso le gusta a cualquiera y da una gran sensación de bienestar sentirse motivado.

4) Las escuelas o grupos de Wicca no dan “servicios”, en realidad ofrecen ayuda. Una vez, una persona me dijo que yo le estaba dando un “servicio” como mentora, y que por tanto exigía X de mí.  Siendo honestos, fue el peor insulto que me han hecho nunca: me estaba tratando como si fuera una telefonista de cualquier operadora de adsl. La persona o personas a cargo de una escuela o un grupo ofrecen ayuda, dan desinteresadamente parte de su tiempo y ofrecen sus vidas a cambio de que otras personas aprendan. Si vas a pedir entrar en un grupo que ofrece formación, ten esto en mente: no son una empresa de servicios, son un grupo de personas que van a darte algo que nunca van a recuperar. Detrás de emails, cartas, teléfonos, skypes y túnicas, hay siempre otras personas.

5) La entrada en los grupos es selectiva. Puede que el grupo sea cerrado (por invitación) o abierto (cualquiera puede solicitar admisión), pero en cualquier caso, nunca des por hecho que te vayan a decir que sí. Espera siempre una respuesta. Si en un tiempo prudencial no te la dan (digamos un mes), podrás dar tu solicitud por desestimada, aunque lo habitual es que la gente conteste a emails y cartas por una cuestión de buena educación. Cuenta con que pueden decirte que no por diversas razones. En ese caso, no pasa nada, sigue buscando.

6) Lee con cuidado toda la documentación informativa que te ofrezcan. Hay grupos que preparan trípticos e información sobre sus labores, para que estés bien informado sobre lo que hacen antes de dar una respuesta definitiva, y para asegurarse de que son lo que buscas. Lee toda esa información que te ofrezcan con atención, porque se ha preparado con un fin: se ha preparado para gente como tú, y eso es un gran cumplido por parte de personas que (en la mayoría de los casos) ni siquiera te conocen. Una vez leída, dale una segunda leída. Luego, haz todas las preguntas pertinentes. Si vas a hacer una pregunta, procura que no esté incluida en la información escrita. Si te dan esa información de viva voz, presta atención igualmente, y haz las preguntas necesarias en caso de duda.

7) Hay grupos que pueden necesitar conocerte antes de empezar a hacer rituales o dar clase. ¿O es que tú meterías en tu casa a cualquiera? Paciencia. Hay que asegurarse de que el grupo está cómodo contigo, igual que tú debes estar cómodo con el grupo. ¡Somos personas, hay que conocerse primero! Y tampoco digo que te vayan a preguntar a quién le diste tu primer beso, pero sí puede que quieran saber cómo llevarías hacer rituales en la naturaleza o en un piso, o cómo llevarías estar en un grupo con una organización jerárquica. Se trata de ver si las dinámicas encajan, y qué mejor forma que tomando un café, ya sea en una cafetería o en una sesión por skype, en un email o en un parque.

8 ) La iniciación no es el fin, el fin es el propio entrenamiento. Muchos quieren iniciarse y ven el entrenamiento como un medio para ello. Sin embargo, lo verdaderamente hermoso y revelador es el proceso. Aprender, divertirse, disfrutar, vivir: son las cosas que dan sabor a esta creencia como camino vivencial. Obsesionarnos con la iniciación o presentarnos a un grupo diciendo “quiero iniciarme” resulta divertido para el ya iniciado, porque sabe que el camino nunca termina, ni siquiera tras la iniciación. Así pues, plantéate cuál es el grupo, a nivel vivencial, en el que te gustaría estar. Y cuando lo hayas encontrado, disfruta, aprovecha, vívelo al máximo. No vas a volver a tener una experiencia igual.

9) No hay grupos “mejores” o “peores” que otros, sólo hay preferencias. Aquí somos todos iguales. No hay “buenos” o “malos”. Hay simplemente personas con preferencias por determinados grupos.  Con esto quiero decir que puede que te encanten los grupos tradicionales iniciáticos y secretos, pero si tienes al lado a otra persona a la que le interesan los grupos eclécticos, decirle que eso no vale para nada no te convierte en mejor. Al revés también es aplicable:  los tradicionales no son unos sectarios que se dedican a decir que los eclécticos no valen para nada. Por otro lado, tus preferencias son tus preferencias: respétalas. Si quieres estudiar Wicca Gardneriana más que nada en este mundo, ya te pueden pintar la Wicca Diánica como la mejor tradición, que tú quieres lo que quieres y no vas a querer otra cosa. Decirle a alguien “quiero estudiar Wicca de X tradición, pero me meto en la tuya porque no hay otra cosa o porque te tengo a mano”, está feo. Personalmente, nunca metería en mi grupo a nadie que me dijera eso, más bien le animaría a encontrar un grupo de su preferencia.

El camino elemental

He escrito esta entrada a partir de mi propia experiencia con los elementos, y nótese que lo hago desde una perspectiva totalmente personal. No quisiera sentar cátedra con mis afirmaciones, porque responden a vivencias en el camino de una Wicca tendente al chamanismo y al trabajo elemental.

 

Caminamos la senda de los cuatro elementos más el espíritu en nuestra vida diaria. Somos aire, fuego, agua y tierra, animados por el espíritu divino, y sin embargo en general casi todo el mundo coincide en que caminar esa senda de los elementos es difícil. Me pregunto por qué puede ser tan difícil andar una senda de elementos, cuando elemental también significa básico, y siendo como somos seres materiales. Espirituales también, pero por un momento percatémonos de la existencia tangible que consideramos “material”, esto es, de nuestra vida como humanos.

Metafísicamente se dice que los elementos tienen unos significados dados. El aire es la inspiración (inspirar es una de las fases de la respiración, de hecho), el fuego es la manifestación, el agua el sentimiento y la tierra suele ser la sabiduría y la integración de lo aprendido. Pero también tienen emociones e incluso momentos vitales. Afortunadamente no somos de un solo elemento, aunque cualquiera que estudiara una carta astral podría decir que una persona es pura agua o puro fuego. La realidad es distinta, tan distinta porque una persona por ejemplo muy fogosa  astrológicamente sigue teniendo un 70% de agua en su cuerpo. Decir que un elemento abunda en una persona es como decir que todos abundan porque todos están en todo. Incluso en las ciudades y en los edificios, ¿o es que tu casa no está hecha de un material transformado a partir de materias primas asociadas a un elemento en la naturaleza?

Caminamos el sendero elemental guiándonos por libros, y no prestamos atención a las cosas más sencillas. ¿Por qué no escuchar al agua cuando nos expresamos en términos de sentimientos? Decir “te quiero” es algo muy acuático por definición. Decir “no” es poner un límite, es defenderse, podría considerarse tierra o, mejor aún, puro fuego. El aire está en medio de todo: las ideas que tenemos son aire, son intangibles hasta que decidimos que ha llegado el momento de hacerlas realidad.

Tras valorarlo un poco, puede que consideres apasionante este mundo elemental. En ese caso, no sé si compadecerte o felicitarte. Centrarse en un elemento cada vez tiene sus pros y sus contras, pero suele ser la técnica más utilizada y más eficiente. Las cosas que se sacan del camino elemental son siempre muy extremas porque así son los elementos en su estado puro, porque normalmente se va recorriendo un elemento cada vez, estudiándolo con y sin libros, notándolo en tu vida diaria. Viendo qué hay de cada elemento en ti mismo. Los resultados pueden ser sorprendentes y no dejan indiferente a nadie, y para ello no suele haber más guía que tus ganas de viajar entre elementos, de flotar en mitad de la nada o bucear en lo más profundo de tu ser. Ganas de desaparender lo que has aprendido durante muchos años de mentiras, de “no puedo” y de “no sé”. Años de estar en desconexión con tu propio ser material, que al fin y al cabo y por la unión de los elementos no es más que tu ser espiritual.

También puede resultar que centrarte en ese elemento te lleve a descubrir otros elementos dentro de ti mismo. En mi trabajo más intenso como Sacerdotisa del Mar me he encontrado con mi propio fuego mientras buceaba en lo más profundo de mí misma, lo que en palabras de una buena amiga es “un volcán en erupción que está en lo más profundo del mar, y que no se apaga ni con la más helada de las aguas”. Mensajes así le hacen a uno comprender qué es y cuáles son sus propósitos.

Al final, el camino de los elementos es un camino de decisiones. La unión de todos ellos conforma el espíritu, y todo eso es tan material y tan “elemental”, tan básico, que lo hemos olvidado. Aprendemos que lo elemental no tiene validez, que la toma de decisiones es una cosa que queda postergada a circunstancias ajenas. El zen no es para el camino elemental. Es un camino básico, un camino que para los niños resultaría sencillo, pero que para los adultos se hace cuesta arriba porque durante muchos años nos hemos repetido frases muy bonitas que nunca han valido para nada, que nunca nos han enseñado que el libre albedrío y el propósito en esta vida ya estaba dentro de nosotros, ya los teníamos por ser partes de esos elementos. Venimos equipados “de fábrica”, lo que está en nuestras manos es reivindicar el derecho de pasar a la acción para ser, mediante la interacción elemental, realmente conscientes de nuestras vidas. En el camino elemental la inacción es simplemente otra excusa más.

 

 

¿Vivir para la Wicca, o sencillamente vivir?

Vivo en una ciudad y tengo un trabajo mundano y una vida mundana, como casi todo el mundo. Encuentro esto extremadamente sano, porque hubo un tiempo en el que me levantaba y hacía mis devociones, desayunaba pensando en Dioses y Diosas, escribía artículos de Wicca, luego me dedicaba un poco a cosas de wiccanas, y cuando salía, siempre salía a reuniones de brujas. La verdad es que era divertidísimo. Pero llega un momento en el que te planteas si tu vida es sólo religión, o si resulta que la religión es tan sólo una parte de tu vida.

Confieso que me apasiono con facilidad, como casi toda mi generación. Somos una generación de obsesos de la perfección porque nos han bombardeado con esa fantástica idea (nótese el sarcasmo) de que hay que ser perfecto, y para ser perfecto, tener el cuerpo perfecto, estar siempre perfecto, hacer las cosas perfectamente, hay que dedicarse en cuerpo y alma a lo que te apasiona. Hay que ser “el mejor”. Y me pregunto, ¿realmente es aplicable eso a una senda espiritual?

Pues parece que la opinión general es que sí es aplicable. En el caso de los paganos, los libros, vídeos, manuales, etc, nos han bombardeado a ejercicios y cosas que hay que hacer para estar siempre perfecto corporal, mental y espiritualmente:

– Hacer x horas de yoga diarias

– Meditar/visualizar al menos media hora diaria

– Hacer devociones diarias (y ay de ti si te las saltas – vuelva a notarse el sarcasmo)

– Dedicarte a las terapias complementarias: Reiki, flores de Bach, etc

– Y un montón de cosas más

Nuestro pensamiento, siendo hijos de nuestro tiempo, es “si los demás lo hacen, ¿por qué no yo, si seguramente es bueno? Puede que esté siendo un mal wiccano por esto, debería dedicarle más tiempo”. Cuando no le dedicas suficiente tiempo, llegas a pensar si nunca llegarás a esa perfección que es la iluminación, incluso llegando a descuidar otras áreas de tu vida. Pues, ¡sorpresa!, hasta donde yo sé, la Wicca no busca la iluminación.

Así pues, puede que te encuentres o te hayas encontrado en el dilema (y ojalá nunca te hayas visto en esta situación) de decir “no tengo tiempo para tanto ejercicio espiritual, yoga, terapia y devoción”. ¡No pasa nada! Tú eres libre de decidir cuál es tu camino y cuáles son esas preferencias complementarias, igual que eliges tus hobbies o la persona (o personas) con la que quieres compartir tu vida. Y recuerda: ¡no vives para esto!

Y ahora puede que me digáis, “pero Harwe, si nada de esto es un camino espiritual, ¿qué estamos haciendo?”. Y entonces un gran vacío se apodera de tu ser…

Pues muy sencillo: ¡vivir! Lo veo constantemente en las personas que me contactan: la mayoría de ellas tiene un clarísimo punto en común: sienten que están caminando un camino, como el de la vida. Un camino que sigue y sigue, que no se sabe dónde va a parar. Esas personas pueden ser jubilados, estudiantes, ejecutivos y amas de casa, hacen más o menos cosas en su tiempo libre, pero todos ellos están aquí y todos ellos han decidido que quieren seguir el camino de la vida con una religión que les anime a vivir esta existencia. Una religión que valora igualmente la vida espiritual y la vida mundana.

En otro artículo hablé de conectar con los ciclos naturales a través de cosas mundanas, cotidianas y físicas, y me sorprendió la cantidad de gente que me escribió para decirme que normalmente no reparaban en la cantidad de formas de celebrar la vida que hay, sin necesidad de nada complicado. Así pues,  considero que no hay mayor tesoro que seguir una religión que me permite disfrutar de cosas tan sencillas y físicas como celebrar el mero roce del césped contra la planta de mi pie derecho. Celebrar el hecho de que sigo aquí, de que sigo viva. Y de que sólo soy una persona más intentando llevarme todo lo bueno que pueda, no de mi camino espiritual, sino de mi vida, la cual considero sagrada tanto a nivel religioso como a nivel mundano.

Religión, superstición y la relación con los Dioses

En la tradición a la que pertenezco se insiste de una forma muy fuerte en las diferencias entre religión y superstición, ideas que no nos hemos inventado nosotros, sino que se las debemos a pensadores como Plutarco. En el S. I, Plutarco dijo que la principal diferencia entre religión y superstición era que la primera estaba basada en el amor por los dioses, mientras que la segunda se basaba en el miedo hacia ellos.

En Wicca se puede vivir la religión y la superstición, tal como las entendía Plutarco. Esto lo veo a diario y es una de las cosas que creo que más disgusta a muchos de esta religión, y es que sigue existiendo ese concepto de ser “temeroso de Dios/de los Dioses”. Es como si mañana te fuera a partir un rayo por casi cualquier cosa, y creo que así no se puede vivir. Me gustaría exponer mi experiencia a este respecto y romper una lanza a favor de los que todavía andamos este sendero como religión y no como superstición, porque creo que cuando recorres el sendero religioso es cuando lo disfrutas de verdad. Esto lo explico según mi experiencia y aclaro que no quisiera sentar cátedra.

La relación con los Dioses

Podemos relacionarnos con los Dioses de muchas formas, pero no deja de ser similar a cuando conocemos a alguien en la calle. Pensemos en una situación típica: nos presentan a alguien, nos encontramos o quedamos con ese alguien, nos llamamos por teléfono… y al cabo de mucho tiempo llega a ser nuestro mejor amigo, una persona imprescindible, alguien con quien estar a gusto, reír y llorar. Al principio no vamos a llamar a una persona a la que acabamos de conocer por un mote o apodo que le hayamos puesto, sigo que le llamamos por su nombre. Luego puede que le pongamos apodos, o que le pidamos (y éste es el ejemplo que pongo siempre) que vaya a ayudarnos a pintar la casa a cambio de un bocadillo y una cocacola.

Las Divinidades, desde mi experiencia, son muy parecidas: primero las llamamos por su nombre y/o sus títulos, le ponemos una ofrenda de cortesía, y no nos atrevemos a pedirles nada, sólo queremos conocerlas de cara a trabajar un aspecto de nosotros mismos. Esto es una forma de entrar en contacto con esa energía. Al cabo del tiempo, establecemos una relación, la devoción, que es una relación de aprendizaje con esa Divinidad. Y llega un momento en el que el devoto ama a esa Divinidad con la que se relaciona, y se siente amado igualmente. Es entonces cuando se producen los guiños, las “casualidades” que no son casuales, las pequeñas cosas que le pasan a uno, que creemos/sabemos que están relacionadas con la Divinidad y que inevitablemente provocan una sonrisa, porque es como si tu grupo de amigos de toda la vida te hubiera hecho una fiesta sorpresa. Luego llega el momento de pedir cosas y, como con los amigos, ponemos una ofrenda u ofrendas por las “molestias” del favor. Muchas veces nuestros amigos dicen que no hace falta la cortesía, que hay confianza de sobra para pedir favores, pero aun así invitamos a algo como agradecimiento. Con la Divinidad pasa igual: puede que tengamos muchísima confianza, pero ser cortés y agradecido nunca está de más.

Para mí, tener una relación, ya no de “amor”, sí de conocer a la Divinidad, es importante. Establece las bases de una religiosidad sana y normalizada. Es cierto que no vamos a conectar de igual forma con diferentes aspectos de la Divinidad, por ejemplo para un amante del panteón celta puede ser difícil conectar con el panteón shintoísta japonés, porque es como si te presentan a tu primo de Japón: hay tal cantidad de diferencias culturales que los conceptos se hacen difíciles a priori. Pero esas barreras, culturales, conceptuales, o como queramos llamarlas, acaban cayendo a base de trabajo constante, de relación y de cariño.

De la advertencia al miedo: la superstición

En el mundo de la Wicca, la advertencia (que suele ser interpretada como “meter miedo” a alguien si se saca de contexto) se suele dar a los principiantes cuando no saben muy bien cómo tratar con una Divinidad. Normalmente la gente que hace estas advertencias son personas bienintencionadas que han tenido experiencias variadas a este respecto cuando estaban empezando. Ahí es donde surge el miedo y la superstición, o es el punto desde el cual yo lo he visto surgir.

A raíz de esas advertencias, la gente deja de practicar Wicca. Y no los culpo: ¡no se puede vivir así! Sin embargo, quisiera explicar por qué se hacen determinadas advertencias en lo que respecta a las Divinidades y a las devociones, pero desde el punto de vista que estoy siguiendo en este post, el de la relación.

Siempre se dice que cuando estamos trabajando con una Divinidad por primera vez es importante invocarla por su nombre, con fórmulas que sabemos que funcionan porque ya se han utilizado, y conforme esa relación se vaya haciendo más estable (y esto llevará meses o incluso años, igual que nos llevaría con un nuevo amigo) tendremos nuestra propia forma de conectar con ella. Una buena amiga siempre pone el ejemplo muy extremo de llamar “Eh, tú” a las Divinidades o los elementales, y como pasaría en una calle atestada de gente, “Tú” pueden ser gran cantidad de entidades diferentes, con lo cual podemos estar llamando a casi cualquier cosa. Si no llamamos a la Divinidad por su nombre, ¿cómo va a saber que nos referimos a ella? Cuando la relación se hace más estrecha y nosotros estamos acostumbrados a esa energía, quizá la fórmula completa no sea necesaria, sino la parte que a nosotros nos haga acceder o conectar con esa Divinidad. Puede ser incluso un estímulo visual, sin necesidad de fórmulas habladas; pero esto lleva tiempo, insisto, como con las personas.

Quizás el problema surge cuando la persona lleva al extremo estas advertencias. Por ejemplo, un consejo habitual suele ser que no se pida ayuda a una Divinidad a la que no se conoce o de la que poco se sabe. Esto es más bien porque la información que nos llega de las Divinidades suele estar sesgada: el ejemplo más claro es pedirle amor a Afrodita, que nos mandará un montón de amantes bien guapos, pero probablemente no nos mande una pareja con la que casarnos. Conforme trabajamos con la Divinidad, vemos qué rige y qué no, y qué podemos pedirle o qué no. Porque en la vida real no iríamos a comprar pan a una ferretería.

Tú eres el centro

En definitiva, si te vas a animar a trabajar con una Divinidad, va a requerirte esfuerzo, como cuando tienes una relación con alguien. Pero ya no por la Divinidad (a las Divinidades les encanta tener devotos), sino por ti mismo. Eres TÚ quien tiene que sentir ese amor, esa alegría, ese gozo, esa amistad. Ser devoto es una mezcla entre estar enamorado y orgulloso de la energía Divina con la que trabajas, y eso se consigue dedicándote tiempo para establecer esa devoción. Es una relación que con el tiempo puede romper tantas barreras que se rompe incluso ese complejo de inferioridad que se suele tener ante las Divinidades, haciéndonos tratar con ella como iguales, descubriendo partes tan inauditas como el sentido del humor divino o el orgullo que se puede sentir al decir “Yo soy amigo/a, hijo/a, devoto/a de X”.

 

Dedicado a Brigit. Mi madre, mi amiga, mi hombro para llorar  y una experta en sorpresas.

Caminando el sendero, tropezando y volviéndonos a levantar

Voy a ponerme un poco personal en esta entrada. Si me lo permitís, claro.

Me he llevado bastante tiempo sin escribir en el blog por razones personales, o, mejor dicho, razones espirituales. A veces, cuando caminamos un sendero, nos damos cuenta de que el camino nos está cambiando, de que ha cambiado algo en la forma de ver o de pensar que pensábamos ya inamovible. Pero la vida te da sorpresas… de ahí que en los últimos tiempos haya escrito tan poco o tan esporádicamente.

Veréis, hace tiempo yo era bastante tajante hacia lo que era Wicca y lo que no era Wicca. Creo que esto es algo que le ha pasado a más o menos toda la gente que conozco y mi turno era cuestión de que llegara, más tarde o más temprano. He llegado a la conclusión de que nadie tiene razón para decir si lo que hacen los demás o no es Wicca. Se pueden dar consejos para que las cosas sean más fáciles para alguien, o dar tu punto de vista, pero no creo que haya necesidad de definir ni de ser categórico.

Si me preguntaran ahora mismo qué es la Wicca para mí, más bien yo contestaría qué es la Wicca que yo practico, que es la de la Tradición Correlliana. Y tampoco estaría hablando completamente sobre Correllianismo sino de la visión que yo tengo de él. Recuerdo que hace tiempo hice un vídeo en Youtube explicando la visión correlliana de la Divinidad. Pues bien, estaba equivocada. Resultó que en primer grado nos explicaban una parte del misterio, pero resulta que cuando llegas a tercero (lo que yo estaba estudiando cuando empezaba a escribir este blog) te dicen eso de “y ahora que lo sabes todo, te contamos el resto de la historia que creías que conocías pero no conocías”. Y te llevas una sorpresa, incluso con lo que pensabas que ya sabías. Ahí es cuando te das cuenta de que siempre se tiene una percepción personal, aunque nos parezca que estamos siendo completamente objetivos.

Temas en los que he cambiado de parecer, por ejemplo, la reencarnación: hay gente que siente que esto es un rasgo definitorio de la Wicca, y sin embargo así de cabeza puedo recordar no menos de 4 tipos de reencarnación diferentes. ¿Cuál se considera que es la estrictamente wiccana? Difícil de decir. La Divinidad, como comentaba más arriba, es otro ejemplo: ¿Podría haber monoteísmo wiccano? En teoría no hay de eso, pero yo conozco wiccanos que se centran en el culto al “Espíritu del Universo y la Naturaleza” (que contiene Dios y Diosa a la vez), o en la “Diosa Primigenia de la que procede todo”. ¿Quién les dice a ésos que no son wiccanos? Los Arquetipos clásicos wiccanos de los que tanto hablamos, ¿son realmente arquetipos? Porque yo me siento a pensar sobre Divinidades como Kernunnos, Brigit, Hécate, Afrodita, Inanna… y no encuentro que ninguno de ellos sea puramente “clasificable” en un arquetipo, como ya hablé un día al respecto de mi trabajo con Brigit. Otro tema peliagudo es el eclecticismo. Pienso que sigue siendo difícil ser ecléctico sin perder una esencia, pero ahora pienso que mientras la persona sepa qué está haciendo y sepa mantener su “sabor” personal, el eclecticismo puede ser tremendamente enriquecedor incluso en una práctica tradicional. Ahora bien, creo que en los rituales de X tradición hay que mantener las formas del ritual: por ejemplo, en una Lustración correlliana no diría “Paz en el Norte” al modo del Neodruidismo. Eso ya creo que es una forma de respeto a las tradiciones. Pero en la casa de uno, que cada uno haga lo que quiera. Y por último pero no menos importante: somos humanos, no somos únicamente amor. Estamos hechos de muchas otras cosas, son esas cosas las que nos dan color, las que pintan de color nuestra vida, y son esos colores, en conjunto, los que nos permiten ver todo el espectro y su verdadera belleza.

Con todo esto quiero decir que seguiré trabajando por y para la comunidad pagana, pero que ahora más que nunca reconozco mi propia naturaleza humana: que puedo cambiar y cambiaré de parecer, que puedo encontrar otras cosas que a mí me sirvan más que otras. No quiero que en ningún momento se diga “anda, Harwe se ha vuelto ecléctica”, porque sigo siendo correlliana como lo llevo siendo desde hace años. Tan sólo aprovecho la posibilidad que me da mi tradición para pensar con una visión más amplia. Tampoco pienso borrar todo lo que dije ni todos los posts que escribí, porque es de lo que vengo y estoy orgullosa de haber caminado mi caminito con mis propios pies, de haber tropezado mil y haberme vuelto a levantar mil y una veces. Espiritualmente, ahora mismo me siento como si fuera calzando unos estupendos Manolo Blahnik mientras ando por un estupendo suelo de mármol, pero durante mucho tiempo hubiera llevado unos zapatos hechos polvo por un camino pedregoso. Guardaré esos zapatos en mi armario, es decir, esos posts en el archivo de 13 lunas, para recordarme a mí misma de dónde vengo. No sé si me seguiré sintiendo así durante mucho, pero eso es parte de lo divertido de la vida.

Por algo llaman camino a esto: hay que caminar hasta ver adónde llegas. De momento yo he llegado a esto y supongo que es lo que quería. Así que podríamos decir que yo misma lo pedí. Ya se sabe: “cuidado con lo que deseas, puede hacerse realidad”. 😉

 

 

¡Unos zapatos Manolo Blahnik!
¡Unos zapatos Manolo Blahnik!

Doncella, Madre, Anciana: ¿las tres caras de la Diosa?

El otro día hablaba con Dana del Templo de Hékate (saludos, Dana) a colación de un vídeo que vi de la sacerdotisa alejandrina y autora Sorita D’Este en el que hablaba de la división entre Doncella, Madre y Anciana que normalmente se hace de la Diosa en la Wicca, y su comparación con el carácter triple de la Diosa Hécate. Este vídeo me llamó mucho la atención porque incide especialmente en un aspecto que personalmente me toca muy de cerca debido a que tengo una devoción con la Diosa celta Brigit, que también es triple. El vídeo es el que sigue:

Para los que no entendéis muy bien el inglés, lo que viene a decir la autora es que normalmente se “asimila” a Hécate al concepto de Anciana, cuando Hécate en realidad no es una Anciana. Es sabia, claro, y está relacionada con la muerte, pero eso no implica que sea necesariamente una mujer mayor. Además, ella también comenta que tiene otras atribuciones que están relacionadas con la infancia y la maternidad. Esta autora también indica que el concepto de la triple Diosa tal como lo conocemos es una concepción heredada principalmente de los trabajos de Robert Graves, el autor del célebre libro “La Diosa blanca”, cuya lectura siempre es recomendada para quienes quieren saber algo más sobre paganismo.

Tras ver el vídeo estuve pensando un buen rato en que también pasaba esto mismo con Brigit, pero asimilándola al concepto de Doncella. Y me hice una pregunta: ¿hasta qué punto una Divinidad en particular, es decir, personificada, es Doncella, Madre o Anciana? ¿No tienen todas un poco de todo? Las personas somos polifacéticas, ¿por qué no habrían de serlo también las Divinidades?

El caso de Brigit

En el caso de Brigit, que es el que conozco por mi trabajo personal con ella, normalmente se la asocia a la Doncella y a los comienzos, pero personalmente y desde mi trabajo personal con ella, encuentro esto un poco reduccionista.

Los celtas definían a Brigit como “una que son tres”. Es un concepto extraño a la mentalidad de hoy, pero para ellos era muy natural. Brigit, en realidad, tenía simplemente dos hermanas que también se llamaban Brigit, y así se explicaba normalmente. ¿Cómo podían ser una y tres a la vez? Pues porque tenían tres funciones principales muy diferenciadas (inspiración, forja, sanación) pero el mismo punto en común: su origen como hija de Dagda y su carácter de Divinidad relacionada con el fuego.

El aspecto que diríamos más “relacionado” con el concepto de Anciana en Brigit, que es el que a priori parece más extraño para ella de acuerdo con los cánones actuales, es la relación tan estrecha que tiene con la muerte. Una de las atribuciones de Brigit es la de hacer de plañidera, algo que ella misma inventa: cuando su hijo Ruadán muere, Brigit llora y lleva luto por él como símbolo tanto de su amor maternal como del hecho de que se ha sacrificado en batalla. En su faceta más conocida como Brigit la herrera, ella utiliza el fuego de la forja para dar forma a las armas que los guerreros portarán en la batalla, y no era de extrañar que ella misma fuera a la contienda, ya que las mujeres celtas eran adversarias temibles, y ya se sabe que es necesaria fuerza física para ser herrero. Además de esto, hay que tener en cuenta que en la cultura celta no siempre eran las “doncellas” o mujeres jóvenes las que iban a la guerra, pues existen crónicas romanas en las que se dice que las mujeres casadas mismas eran las que acudían a la batalla. Con lo cual la guerra y la estrategia militar no estaba necesariamente reservada a los varones solteros y sin hijos, y como ejemplos de esto están las míticas reinas celtas Boudica (reina de los Icenos) y Cartimandua (reina de la tribu de los Brigantes). En este punto, Brigit se toca en cierto modo con su madre Morrigan, la cual, como ya sabemos, es una Divinidad celta de la guerra y la muerte, y con quien comparte algunas de sus atribuciones; como la asimilación por parte de Brigit de uno de los animales de Morrigan, la vaca de orejas rojas, de la cual se alimentó durante su infancia de acuerdo con algunas leyendas.

En cuanto a su faceta de madre, puede que ésta sea mucho más fácil de vislumbrar. Incluso puede que sea más fácil de ver que la tradicional faceta de la Doncella que se ve en ella. Su fiesta es Imbolc, que coincide con la época de lactancia del ganado. Así, se la asocia con el parto, la infancia, la lactancia, el amor maternal, la diplomacia, la mediación, la ternura… pero también la defensa de los hijos. No quiero imaginar cómo podría ser la ira de una madre celta en batalla al ver a su hijo herido, y estoy segura de que, como celta y como madre, mataría de un tajo a cualquiera que se atreviera a ponerle una mano encima a su “niño” o “niña”. Es posible que Brigit después sanara a su vástago herido con sus poderes curativos, restableciendo su salud completamente y cuidando de que todo saliera bien. Y como ya hemos apuntado, acompañaría a su hijo en su lecho de muerte y le daría unas exequias dignas, derramando incontables lágrimas por su pérdida. El agua en Brigit siempre es sanadora, y con esas lágrimas muy probablemente sanara el alma de su pequeño hasta que llegara al final de su viaje. Como Madre, sobre todo se encuentra presente en el fuego del hogar, que para la llegada de Imbolc se considera un bien preciado ya que el invierno aún está presente y la leña empieza a escasear.

Finalmente está el concepto de Doncella. En mi trabajo con ella no soy capaz de ver mucho de Doncella en Brigit más allá de su apariencia joven, de que es la Diosa de la inspiración, y de que su fiesta coincide con el renacer del Sol y el anuncio de la primavera. Pero creo que se queda en eso. Ella no es una Doncella, no es una niña: es una mujer casada, princesa de su tribu, madre lactante y guerrera. Protege a los niños y eso es incontestable, incluso existía la costumbre de disfrazar de Brigit a una de las niñas de la familia en la víspera de Imbolc. Como Diosa de la inspiración es patrona de las artes, pero no se ha de pensar que fuera “musa” al estilo contemporáneo de las canciones pop: ella no inspiraba poesías de amor romántico (el cual es un concepto relativamente reciente), sino cantares de gesta y poesía épica, canciones de guerra y maldiciones cantadas.

Viendo de forma general estas divisiones creo que podría llegar a comprender dentro de mi mentalidad contemporánea qué querían decir los antiguas celtas al afirmar que Brigit es una que son tres. Todos sus aspectos están diferenciados pero interrelacionados a la vez. Es una Diosa de creación (forja, maternidad, artes) y destrucción al mismo tiempo (muerte, guerra, maldiciones). Desde mi punto de vista, la relación tan intrincada dentro de sus diferentes Brigits son estratos de la misma Divinidad que no se pueden englobar dentro de ningún arquetipo si no se toman como entes separados unos de otros.

…pero Robert Graves no estaba del todo equivocado

Para aprender y poder percibir la realidad sin volvernos locos, los seres humanos usamos palabras y conceptos. Y también generalizamos. Por esto mismo, Robert Graves hizo la distinción entre Doncella, Madre y Anciana. Con esto quiero decir que Graves no estaba equivocado con el concepto que plantea en la Diosa Blanca, sólo quiso hacernos la vida más fácil, permitirnos una comprensión simple y hermosa, y facilitarnos el culto sobre todo al asimilarse estos conceptos a las fases de la Luna. Estos conceptos que han llegado a nosotros a través de la Wicca contemporánea.

¿Cómo puede ser que la división de Graves no se ajuste a Divinidades como Brigit o Hécate, y sin embargo se diga aquí que es correcta pese a todas las pruebas aportadas? Pues muy fácil: por la misma razón por la cual existen tests de personalidad y sin embargo seguimos siendo personas con más de una faceta. No somos los mismos en casa que en el trabajo, no somos los mismos con amigos que con conocidos. Tenemos un “sabor”, una “personalidad”, pero diferentes registros. Las Divinidades también son polifacéticas, ¿por qué no, si nosotros lo somos? Los tests de personalidad, igual que los arquetipos de “Doncella, Madre y Anciana” nos dan una pista de quiénes somos, pero sólo un trabajo profundo es capaz de hacernos vislumbrar una parte de lo que en realidad somos. Con los Dioses pasa lo mismo.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que el esquema de Graves responde a un paradigma cultural contemporáneo, mientras que la mayor parte de las Divinidades a las que veneramos  están inscritas dentro de panteones cuyas culturas desconocían totalmente el concepto de “Doncella, Madre y Anciana” pese a tener Divinidades triples. Como ejemplo, para algunas culturas la virginidad en la mujer era muy importante mientras que en otras culturas carecía totalmente de importancia, lo cual determinará en gran medida la actitud de una Diosa hacia su propia virginidad. Este tipo de elementos son de carácter estrictamente cultural.

Por tanto, cuando digo que es correcto quiero decir que está bien para el aprendizaje inicial y para un practicante de hoy día, pues hace menos de un siglo que Graves escribió su Diosa Blanca. Lógicamente, entrar de lleno en una Divinidad en particular y trabajar con ella implica conocerla muy bien, con todos sus aspectos y sus características, un trabajo que nunca se termina. Y aunque nos pueda atraer por su asimilación contemporánea a cierto arquetipo, luego nos damos cuenta de que quizá tiene más de otros arquetipos del que pensábamos que tenía inicialmente. Es por ello que este esquema está bien para empezar pero no hay que quedarse en él, sino mantener la mente abierta a otras implicaciones y aspectos cuando se venera a una Divinidad que viene de un panteón con unas características culturales distintas a las nuestras.

Para saber más

– Robert Graves, “La Diosa Blanca”.

– Brian Wright, “Brigid: Goddess, Druidess and Saint”.

– Sean O Duinn, “The Rites of Brigid, Goddess and Saint”.

– Templo de Brigit: “¿Quién es la Diosa Brigit?”. http://brigit.13-lunas.com/quien-es-la-diosa-brigit/

Wicca y vegetarianismo, dudas frecuentes

Muchos recién llegados a la Wicca se preguntan si hay que ser vegetariano para ser wiccano. Es cierto que hay muchos wiccanos vegetarianos, pero esto no quiere decir que siempre sea así ni que sea obligatorio. En este artículo vamos a dar algunas ideas sobre por qué algunas personas deciden hacerse vegetarianas en la Wicca, otras veganas, y otras, en cambio, optan por ser omnívoras dentro del punto de vista wiccano.

La única regla es que la decisión debe ser estrictamente tuya

Ser vegetariano o no serlo es una elección personal. Ya no entra dentro de ser wiccano o no, entra en tomar unas decisiones con respecto a tu cuerpo, tu alimentación y tu relación con los animales y el medio ambiente. En principio, para ser wiccano no hay que ser vegetariano, no hay ninguna regla que diga esto. Hay personas que afirman que está de moda ser vegetariano, pero no debemos dejarnos influir por las modas sino por lo que pensemos que es correcto para nosotros mismos.  La decisión siempre es nuestra.

Razones frecuentes para ser vegetarianos dentro del contexto wiccano

– Por razones animalistas: Muchos wiccanos están comprometidos con el medio ambiente y los animales, y reflejan esa relación especial mediante el vegetarianismo. Algunos se sienten mal teniendo que matar para comer, otros protestan por la industrialización de la ganadería y la sobreexplotación de los animales, las razones pueden ser variadas.

– Por razones de salud: Algunos consideran que hoy día se toma demasiada carne y proteínas animales, así que deciden prescindir de ellas. En principio esto no tiene que ver con su creencia sino con su sentido de respeto a su propio cuerpo y su dieta. También se puede considerar que la carne de hoy está demasiado hormonada, no queriendo añadirla a su dieta para no tomar elementos innecesarios para el organismo.

– Por motivos religiosos: Una de las interpretaciones de la Rede (“Mientras a nadie dañe, haz tu Voluntad”) es que no se debe hacer daño. Esto incluiría matar para comer.

Razones para ser omnívoro desde un punto de vista wiccano

– Por motivos religiosos: La Wicca es una religión de sacrificios y dioses de la caza. Los dioses ofrecen su vida para darnos de comer, luego matar animales, siempre y cuando sea para comer, no es necesariamente negativo. Otro asunto diferente es la caza deportiva o recreativa. Además, matamos a los vegetales para comérnoslos o incluso los comemos vivos (caso de las lechugas). Por otro lado, algunos omnívoros wiccanos comentan no sólo que ser vegetariano resulta contradictorio con el espíritu del sacrificio animal de la Wicca, sino que los que aportan la Rede como prueba están llevando a cabo una interpretación extremista y radical de la misma.

– Por motivos de salud: Hay personas que necesitan comer más carne que otras por problemas de salud (principalmente anemia).

– Por motivos animalistas: Hay quien considera que el animal sacrificado para darnos de comer ha de ser comido. Hacerle ascos o feos a esa comida es negativo, pues es una deshonra para el animal el hacer que muera en vano. Eso no significa que esa persona sea menos animalista o que sea responsable directa de su matanza. A veces, las personas ven el acto de sacrificio del animal y su posterior consumo un acto de reutilización de la energía vital de ese animal.

¿Qué hago?

La respuesta es sencilla: lo que tú quieras. En cualquier caso, recuerda llevar una dieta saludable y acudir a tu médico en caso de dudas con lo que comes. Si quieres ser vegetariano, recuerda aprender a cocinar los alimentos con cabeza para poder aprovechar al máximo sus nutrientes (los cursillos ofrecidos por algunas asociaciones vegetarianas están especialmente bien) y busca los locales especializados en comida vegetariana de tu zona. Si quieres ser omnívoro, recuerda incluir un adecuado equilibrio en tu dieta y ten presente la pirámide de los alimentos para no tener carencias ni excesos de nada, y sobre todo recuerda que los vegetales son muy necesarios, así que tampoco te alimentes exclusivamente de carne.

En ambos casos, recuerda que la verdura de hoy día contiene pesticidas, así que lávala bien antes de consumirla.

Otra opción

Hoy día existe una opción, el flexitarianismo, que opta por el vegetarianismo durante el mayor tiempo posible, pero que permite comer carne en ocasiones especiales (en caso de que no haya otra cosa de comer) o por carencias temporales. No es vegetarianismo ni es ser omnívoro, sino un camino intermedio. Normalmente el flexitariano va a comer principalmente platos vegetarianos, pero si por ejemplo está en una casa extraña y hay pollo, no va a hacerle el feo a esa carne que ya ha sido sacrificada y debidamente cocinada, con su correspondiente esfuerzo por parte del animal y del cocinero.

Y sobre todo, sentido común

El respeto es fundamental. Admitámoslo: nunca nos pondremos de acuerdo porque así somos los humanos y lo nuestro siempre nos parece lo mejor. Así pues, intentemos vivir con la mayor comprensión posible del punto de vista del otro y de nuestro propio cuerpo. Sea cual sea la decisión que tomemos, es nuestra, así que intentemos llevarla a cabo porque sea lo que elijamos, y no por modas ni por imposiciones ajenas. Tampoco nos fijemos en lo que hacen otros: puede haber alguien que sea vegetariano pero no cumpla a rajatabla su dieta, y puede ser por cualquier razón, así que es mejor no estar metiéndonos en su vida ni tachándolo de hipócrita porque no estemos de acuerdo con su visión o su forma de hacer las cosas. En cualquier caso recuerda que no se es más wiccano por ser vegetariano, ni omnívoro, ni flexitariano, y que no es sano alimentarse de piedras.

NOTA: Personalmente tomé mi decisión a este respecto pero no me considero radical. Fui vegetariana ovoláctea desde los 16 hasta los 25 y no me fue demasiado bien, pasando parte de mi adolescencia bastante desnutrida, probablemente porque no supiera cocinar ni combinar los alimentos necesarios. Tras unos años recuperándome mediante una dieta omnívora, hoy día soy flexitariana. Para mí, la dieta fundamentalmente vegetariana es la que me funciona porque me mantiene bien, pero no me gusta convencer a nadie de que se haga lo mismo que yo. Convivo con un omnívoro bastante carnívoro y aunque no lo comparto, lo respeto, así como la mayor parte de mis amigos son omnívoros. Mis razones para hacerme vegetariana fueron que estoy bastante descontenta con las hormonas y con la industrialización de la ganadería, algo que continúo pensando hoy día como flexitariana. Pero si alguien come carne a mi lado, entiendo que ese animal se merece ser comido para que su sacrificio no haya sido en vano, y que la persona que está a mi lado probablemente lo vaya a disfrutar y que muy posiblemente le vaya a servir. Y como siempre, la decisión no debe ser estrictamente religiosa, sino únicamente tuya.

 

Traducción de textos de la Wicca

Aunque es cierto que todos aprendemos al menos un idioma durante nuestra vida, no todo el mundo tiene la posibilidad de aprender una segunda lengua. Es por esto que existen traductores que hacen la vida más fácil a aquellos que quieren aprender Wicca, traduciendo por encargo de una editorial los libros que existen en el mercado sobre esta temática. Sin embargo, nos encontramos con un difícil escollo a la hora de distinguir cuándo una traducción es correcta o no lo es, principalmente porque el lector que se acerca a un libro que trata sobre Wicca normalmente no se ha leído el libro en su idioma original. Esto puede llevar a muchos problemas si la traducción no es correcta, no sólo de entendimiento por parte del lector, sino también a nivel de creencia.

¿Por qué son importantes las traducciones?

La traducción al español de textos paganos de la categoría “La danza espiral” de Starhawk o “La Biblia de las brujas” de los Farrar a finales de los años 90 y principios de este siglo abrió las puertas de la Wicca a muchos hispanohablantes que deseaban saber más sobre las religiones neopaganas, más concretamente sobre la Wicca. La traducción de éstos y muchos otros textos ha servido como punto de inflexión a todos los que somos practicantes de estas religiones para conocer y saber más, así como para poder empezar a practicar o a investigar.

Traducir es importante para dar a conocer, para ayudar a los que necesitan el material en su lengua materna, porque no todo el mundo tiene la posibilidad de leer en un idioma extranjero. Esto es aplicable no sólo a los libros de Wicca sino a cualquier obra literaria.

Los contras de las traducciones actuales en libros de Wicca y esoterismo

Hay muchos autores de Wicca y esoterismo que escriben en lenguas extranjeras, especialmente en inglés. Es especialmente remarcable el caso de la editorial Llewellyn, creada por Carl Llewellyn Weschcke, que publica y difunde en Estados Unidos una gran cantidad de libros relacionados con estos temas, y que en los últimos años ha permitido la compra de los derechos de traducción y distribución por parte de otras editoriales extranjeras, que los han traducido y distribuido en los países de habla hispana. Incluso la propia Llewellyn estuvo publicando libros en español durante un tiempo. Estas editoriales especializadas extranjeras tienen una gran cantera de autores que son los que actualmente están aportando más a la Wicca mediante sus obras.

Los libros que tienen más éxito en el mercado estadounidense suelen ser los que se traducen al castellano. Por tanto, he ahí la primera llamada de atención: son libros que están hechos para ser vendidos. ¿Hasta qué punto son un producto de marketing o son libros realmente buenos? Eso lo tendrá que decidir el lector, pero teniendo en cuenta que a esta parte de la comunidad wiccana sólo viene lo que está traducido y por tanto es comercial, no podremos nunca llegar a distinguir una obra azucarada y vendible de una obra realmente buena. Como ejemplo de esto, la autora Patricia Crowther (sacerdotisa gardneriana, muy conocida en los círculos anglosajones) tiene libros muy interesantes, si bien actualmente creo que ninguno de ellos se encuentra traducido al español. Es un ejemplo de material fiable que no se traduce por no llegar a un número de ventas en particular, y que, por tanto, no llega al público hispanohablante, causándole un perjuicio en su creación de criterio, tan necesario en la literatura que manejamos.

Por otro lado, la ausencia de referencias en el idioma original deja totalmente falto de criterio al lector que intenta interpretar un poema o una directriz, al no tener para comparar. Tal es el caso de la Rede Wicca, traducido en casi todos los textos como “Haz lo que quieras, a nadie dañes”, mientras una traducción más fiel podría ser “Mientras a nadie dañe, haz tu Voluntad” (“An it harm none, do as thou wilt”). El significado de la Rede cambia totalmente de una traducción a otra: mientras que la versión más conocida y difundida actualmente pone más énfasis en hacer lo que se quiera y pone como imperativo no dañar, el significado original dice que se debe hacer la Voluntad (referido a realizar la verdadera Voluntad del Ser, un concepto muy de moda en tiempos de Gardner por influencias de otras órdenes mistéricas de corte ocultista) mientras con ello no se dañe a nadie. En ningún momento se dice “haz lo que quieras”, sino que se refiere a una verdadera realización y crecimiento del ser humano. La Rede en inglés lleva implícitos el crecimiento y el autoconocimiento, mientras que en español hace referencias a otras conceptos que, no siendo del todo incorrectos, están faltos de esa polisemia, es decir, de los múltiples significados que encierra.

La traducción puede alterar hasta tal punto el significado de una frase, y en este caso la Rede que es el ejemplo más llamativo, que puede perder no sólo la polisemia sino el fin último del corolario moral. Hoy día, muchos wiccanos que empiezan creen que la Wicca es una religión en la que se puede hacer lo que se quiera, y esto se usa de excusa para saltarse partes importantes del ritual o de la práctica wiccana (por ejemplo, no celebrar esbats o sabbats por mera pereza, pero poniendo de excusa que se está haciendo lo que se quiere sin dañar a nadie). Es tan negativo llevar la regla al extremo como no cumplirla en absoluto, sobre todo cuando implica cambios tan grandes en la práctica religiosa que desvisten a la religión de su aspecto ritual y simbólico.

Cambiar una palabra por otra es importante, sobre todo tratándose de las creencias de las personas, y sobre todo teniendo en cuenta que lo que se escribe va a quedar para la posteridad y que generaciones posteriores van a guiarse por esas traducciones, que van a entender conceptos distintos debido a esa traducción mal realizada.

¿Cómo solucionamos estos problemas con las traducciones?

La solución a esto no es fácil, en tanto que debe realizarse por varios frentes e implicando asimismo un cambio de mentalidad.

En primer lugar, es necesaria la implicación de los traductores especializados en estos temas. De nada sirve traducir una obra si no se sabe de qué se está hablando, por tanto es necesario que las editoriales busquen expertos en la materia o traductores especializados en esoterismo o religión, que sean conscientes de la gran responsabilidad que conlleva traducir un texto que habla de espiritualidad y que sean conscientes de la gran calidad que se necesita en estos casos. He llegado a no comprar libros en español y a no recomendarlos por la mala traducción de algunas editoriales, así que encargarle un trabajo a alguien que realmente sepa posiblemente no salga más caro, sino que sea bastante más rentable.

En segundo lugar, es necesario que aprendamos idiomas. Una de las 13 metas de la Wicca trata sobre aprender: pongámonos en marcha, aprendamos todo lo que podamos. Casi toda la literatura buena está en inglés, y aunque sea muy cómodo ser las víctimas de un sistema que no está hecho para nuestra cultura, dejemos de quejarnos y pongámonos manos a la obra. No crearemos criterio, no seremos capaces de diferenciar, si no leemos, y en este camino nunca se lee lo suficiente. Hoy día, y gracias a internet, aprender un idioma es fácil y barato.

En tercer lugar, y no menos importante, se necesitan más autores hispanohablantes. Gente que pueda hablar desde su perspectiva de varios años en esta creencia dentro de un contexto real y de una cultura más cercana y conocida que aquélla que normalmente nos ofrecen los autores estadounidenses. Sólo así entenderemos la práctica y las palabras en contexto, y sólo así podremos legar a las generaciones venideras una perspectiva de la Wicca más fiable y libre de convencionalismos creados por el marketing y por traducciones sin la calidad necesaria.

Conclusión personal

Aprender no es sólo memorizar. Aprender es investigar, es reflexionar también. Con frecuencia memorizamos cosas sin reflexionarlas o dándolas por hecho. Esto es porque en la literatura que manejamos las cosas se nos presentan como inamovibles y ciertas, pero no siempre es así. Es importante que nos preguntemos los porqués, es importante que nos preguntemos de dónde vienen las cosas. A todos nos ha pasado porque es algo muy común que sucede en nuestras mentes cuando algo se nos presenta como absolutamente verdadero: hasta que no empecé a trabajar de traductora, nunca me pregunté si la Rede era así o si la traducción era fiable, y fue por mi profesión y por mi formación por lo que me di cuenta de que no lo era. Quisiera hacer un llamamiento a todos los lectores de 13 lunas para que estudien, lean, comparen, critiquen, debatan sanamente y vean dónde están las diferencias en aquello que normalmente nos han presentado como “cierto” y “nuestras 8 palabras, la Rede”. Porque ni es tan cierto, ni es como pensamos, ni son 8 palabras.

(*) Mucha gente me pide una traducción del poema de la Rede. Siendo honesta, me encantaría y sería un honor, pero actualmente no me siento preparada para algo tan grande. Comprendo que es una responsabilidad enorme y que puede influenciar hasta tal nivel a la comunidad que me parecería algo demasiado fuerte para mí. Además de esto, nunca he traducido una rima ya que mi especialidad es otra, y posiblemente los que me piden ahora la traducción se quedaran muy desilusionados al ver que mi traducción al español no tendría rima por querer primar el significado. Sin embargo, creo que algún día lo intentaré. Sólo si quedo lo suficientemente satisfecha y veo que satisface a mis más íntimos (y duros) críticos, la publicaré.