¿Cómo llegué a la Wicca?

Es muy curioso, porque llevo escribiendo en 13 lunas ya más de 6 años, y nunca, jamás, he hablado de cómo llegué a la Wicca. Es algo que doy tan por hecho que nunca me paro a pensarlo.

Yo crecí en un hogar católico y estudié hasta los dieciséis en un colegio de monjas, aunque era un hogar católico con una particularidad. Como muchos sabréis, mi madre es tarotista, pero también es médium y fue como ella empezó. En mi casa era común escuchar historias de difuntos que venían a visitar y a despedirse después de fallecer, y de abuelos perdidos que hacían acto de presencia fantasmagórica para advertir de enfermedades graves. Podríamos decir que la noción de lo sobrenatural formaba parte de mi vida cotidiana, tanto, que ni siquiera me impresionaba a pesar de ser muy pequeña. Cuando tenía 8 años, mi bisabuela le dio a mi madre una vieja baraja de Tarot Balbi que le habían regalado años ha, pero que nunca había utilizado. Mi madre manejó la baraja con bastante habilidad desde entonces. Yo me pegaba a ella y la miraba echar las cartas durante horas y horas. Los niños son esponjas y, la verdad, aprendí muchísimo en aquella etapa. Con 14 años fui ahorrando de mi paga semanal hasta conseguir 2000 pesetas de la época (ahora serían 12 euros, pero en aquel momento era un buen dinero) para comprar mi primera baraja propia, una Rider-Waite. Me la llevaba al recreo y les echaba las cartas a mis compañeras de curso, a cambio de 100 pesetas por tirada. Sin embargo, no era wiccana, ni pagana, ni nada: si acaso, era agnóstica.

Durante esos años me dio por estudiar Astrología, me compré una buena colección de libros y me pasaba días enteros, especialmente en vacaciones, leyendo sobre este tema. De ahí pasé a practicar magia de una manera muy rudimentaria. Siempre digo que hay que ser muy específico con lo que se pide al Universo, porque te lo va a dar, pero si no eres específico quizá no sea lo que quieras exactamente. Fue una lección que aprendí en aquella época.

Luego de aquello, mis lecturas se fueron diversificando y, un buen día, recién empezada la Universidad, mi mejor amiga me recomendó un libro que a día de hoy no me parece nada de calidad literaria, pero que fue el primer tomo en el que yo leí la palabra “Wicca”: Brida de Paulo Coelho. Aquella misma Navidad, casualidades de la vida, mi madre me regaló un libro sobre Magia en la Historia, y fue ahí, en el capítulo titulado “Las brujas de hoy”, donde supe qué era la Wicca realmente. Ya existía internet, y yo había sido usuaria de la misma desde el año 97, pero siempre que había buscado Wicca en la red me topaba con gente muy rara, como una supuesta “Reina bruja” que cobraba y te dejaba tocar su athame y cosas así. El cambio que supuso aquel libro fue muy positivo.

Tengo la grandísima ventaja de ser bilingüe, entonces cuando me dio por buscar información en inglés, me encontré con Todo, así, en mayúsculas. Toda la información buena estaba en inglés. En español, en aquel año 2001, había tres páginas mal contadas, en las que se decían monerías como que los alejandrinos eran unos copiones de los gardnerianos. Me metí en un par de grupos de MSN, un par de listas de correo de Yahoo, y ya está. Creo que por aquel entonces no era ni Harwe, ni siquiera recuerdo qué nick usaba, pero sí recuerdo que Silver Ravenwolf causaba verdadero furor.

Con el tiempo, el interés fue creciendo y cada vez iba practicando más, hasta llegar 2003, que fue cuando entré en los Correllianos a través de witchschool.com. Esa página la encontré porque creo recordar que busqué en google (que empezaba como buscador en aquel entonces) algo sobre brujería en inglés, y google ads, que ya existía en aquel tiempo, tenía una campaña de sponsors por la cual iba mostrando las páginas más relevantes que le pagaban por enseñar, relacionadas con tu búsqueda. Y así, entré en aquel portal, me registré y empecé a estudiar Wicca Correlliana. Hasta hoy.

De todas formas, mi proceso de “wiccanización” fue paulatino, porque yo consideraba que había luchado mucho por mantenerme neutral con respecto a las religiones, especialmente porque las monjas del colegio habían sido muy machaconas con el tema religioso. Me habían intentado captar para que fuera monja unas cuantas veces, porque mi sentido de Dios sí que existía, pero no quería vincularme a una religión estructurada y que necesitaba tanto de mí como para que yo abandonara toda mi vida por un Dios. De ahí que me costara un par de años asimilar que me había vuelto religiosa, sólo que en otra Fe. Digamos que ese par de años estuve viendo si ese camino religioso era para mí. Podría decir que fue muy meditado y muy consciente.

Ahora queda la segunda parte de todo esto. Cuando ya me convencí de que era wiccana, ¿cómo le dije yo a mi familia que había cambiado de religión?

Mi novio de entonces, con el que llevaba un año, lo supo casi al momento. No le gustó nada. ¡Pero nada en absoluto! De hecho, afectó a la relación. Mi madre lo supo relativamente rápido, pero sí es cierto que fui racionando la información porque ella, aunque es bastante abierta de mente, puedo entender que quisiera criarme como católica y que este cambio fuera demasiado duro, porque un cambio de religión no es moco de pavo, especialmente cuando existen ciertas expectativas para con tus hijos. Mi padre pasó del tema olímpicamente. Mi abuela materna, que me crió, que entonces la pobre estaba ya con síntomas de Alzheimer, lo supo pero lo ignoró bastante. Creo que mi familia de sangre se lo tomó bastante bien, al igual que todos mis amigos salvo una amiga muy cercana, a la que todo esto le dio bastante miedo, según me contó otra amiga común.

Considero que yo quise salir del armario de las escobas demasiado pronto, o de una forma demasiado forzada. En ocasiones me expuse mucho, y la religión es un tema muy delicado y muy personal como para hablarlo con cualquiera. Además, España en 2003 no era la España de 2016. A veces, cuando decía abiertamente la religión que tenía, la gente se pensaba que los pretendía “evangelizar”, porque el referente mayor de religiosidad alternativa eran los Testigos de Jehová, que tienden a eso. La mayor parte de la gente no tenía Internet, no existían los smartphones, google estaba empezando, las redes sociales no se estaban ni montando, y el acceso a la información no estaba tan universalizado como ahora, así que al decir “Wicca” mucha gente entendía “Ouija” y eso no les gustaba. No existía la posibilidad que tenemos hoy, de decir “si quieres saber más sobre mi religión, busca en google, se escribe así y tiene su propia página en Wikipedia”. Por aquel entonces era muy difícil convencer a la gente de que lo que hacías no tenía nada que ver con la Ouija, ni con los rituales de sangre o prácticas consideradas negativas.

Y bueno, ésta es mi historia, que no es corta precisamente. Muchos tendréis historias parecidas, algunos estaréis empezando, otros ya llevaréis tiempo… pero, en cualquier caso, todos tenemos un pasado y todos venimos de algún lugar. Nunca está mal repasar lo que nos ha traído hasta hoy, porque es parte de lo que somos, y yo aprendí mucho de aquellos comienzos, aunque ahora me parezcan muy lejanos.

Una respuesta a “¿Cómo llegué a la Wicca?”

  1. Hola! Qué hermosa e interesante historia , a mí me encanta , tb estoy como vos siempre incursionando y queriendo aprender.
    Creo que de apoco me estoy convirtiendo en una bruja ,siempre leo y practico oraciones , aunque no soy todavía wicana . Espero seguir aprendiendo . Mucho éxitos

Comentarios cerrados.