Ataques mágicos y autodefensa psíquica (y 2)

(¿No leíste el artículo anterior? Lo puedes leer haciendo click aquí)

Como prometí en la entrada anterior, quisiera dedicar unas palabras (más bien unos párrafos) a uno de los métodos que creo más sencillos a la hora de defenderse: la botella de bruja. Ahora bien, mis botellas de bruja son un poco particulares porque en ellas utilizo magia fría, en lugar de enterrarlas en mitad del campo como hace alguna gente.

La razón de por qué no entierro las botellas de bruja es porque hacerlo me parece una guarrada medioambiental. El campo no es un vertedero ni un sitio donde dejar los restos de nuestros rituales: la naturaleza es nuestro Templo, y tú no tiras tu basura en tu Templo, ¿a que no? Hablé de esto hace muy poquito en una ponencia virtual por el día de la Tierra (la podéis escuchar aquí). Pero hay un sitio que no tengo más remedio que tener en mi casa (a pesar de que sea relativamente contaminante) y es mi nevera con congelador incluido. La que tengo en mi casa y utilizo para congelar la comida que preparo cuando sé que al día siguiente o en dos días no voy a tener tiempo para cocinar. La que me guarda los restos del almuerzo y en la que mantengo frescos los alimentos. Ese mismo electrodoméstico es, además, mi gran aliado a la hora de guardar mis botellas de bruja.

Para hacer una botella de bruja, necesitarás:

  • Una botella o un envase de vidrio con tapadera. No lo compres ex profeso: reutiliza otros envases del mismo material, ya limpios, como los de conservas. A mí me encantan los de café soluble o los de garbanzos cocidos.
  • Cosas que pinchen: alfileres, trozos de vidrios, clavos de hierro, etc. Cuidado, no te pinches tú.
  • Material orgánico de la persona a quien quieras proteger. Si eres tú, puedes utilizar pelo, trozos de uñas, saliva… también puedes meter estos mismos elementos de personas a las que quieras proteger. No hace falta sangre ni nada sacado a la fuerza.
  • Agua. Puede ser del grifo, normal y corriente.
  • Un sitio oscuro en tu congelador, que no abras mucho, o en el fondo del cajón del mismo. No hace falta reservar un sitio específico para la botella, tan sólo un sitio donde no vaya a ser fácil que se descongele.

Metemos los restos orgánicos de las personas que vamos a proteger, los cubrimos con los objetos que pinchan y llenamos la botella hasta 3/4 de la misma. No la llenamos entera, porque el agua siempre aumenta de tamaño al congelarse y puede quebrar el bote de cristal al sobrepasar la capacidad de éste.

En este momento, antes de meter la botella en el congelador, la cargamos. La tomamos entre las manos y la programamos con la intención de que haga de “señuelo” para los ataques mágicos. El supuesto atacante dirigirá sus hechizos hacia nosotros, pero será engañado por los elementos orgánicos que tiene la botella, que será el blanco del ataque en lugar de nosotros mismos. Entonces, el atacante sufre una doble acción: el posible trabajo mágico le rebotará (por acción de los elementos con pinchos) y además bloqueamos sus interacciones para con nosotros (por acción del hielo). Es como poner una barrera de hielo entre ese posible atacante y nosotros.

Metemos la botella en el fondo del congelador y, literalmente, nos olvidamos de ella. Si tras congelarse la botella el vidrio se rompe, no pasa nada: sólo significa que hemos llenado con demasiada agua el recipiente. Se hace otra botella de bruja llenándola menos y aquí no ha pasado nada. Por favor, que nadie piense que esto es un augurio, porque sólo es física básica.

Tengo mucha experiencia con magia fría, que este tipo de magia con hielo, y la verdad, da unos estupendos resultados. Nos ayuda a sentirnos más tranquilos con respecto a posibles ataques y no hacemos daño a nadie con ella. No hay que dirigirla a alguien en particular: hay que programarla para que nos proteja de forma genérica, no sirve para atacar a alguien.

Hasta aquí este especial, cortito pero intenso, sobre magia protectora.

Ataques mágicos y autodefensa psíquica (1)

He estado de viaje unos días, de vuelta en mi ciudad natal donde me esperaban personas muy queridas para celebrar el cumpleaños de mi hija. No tengo a casi nadie donde vivo, sólo unos pocos amigos (muy buenos, todo hay que decirlo), y el grueso de mi gente vive en Sevilla, así que siempre pillo con muchas ganas la carretera cuando voy para allá.

Lamentablemente, no siempre la gente está igual, así que este viaje ha sido un poco más accidentado en el sentido personal, ya que algunas personas de mi entorno lo están pasando bastante mal. Me acordé de Dion Fortune y su “Autodefensa psíquica” cuando una de las personas más queridas que tengo empezó a relatarme sus problemas y yo, automáticamente, empecé a sentirme mal. Esta persona no lo estaba haciendo queriendo, sólo se estaban dando dos fenómenos a la vez: el hecho de que estaba proyectando gran cantidad de energía mientras lo contaba, y el hecho de que yo soy una esponja emocional. Pero llegué a sentirme tan mal que hasta me mareé. Podría deciros que sentí los “tentáculos” de energía, como dedos, que salían de esta persona e intentaban penetrar en mi campo energético. Fue una suerte de ataque psíquico.

Los ataques mágicos, o ataques psíquicos, son muy raros. Lo más normal es que sea uno mismo el que los provoque. Que nadie me malentienda, en realidad no es que los provoquemos en el sentido literal de la palabra, es que son nuestras propias actitudes mentales y emocionales las que nos provocan bloqueos y demás problemas, que algunas personas pueden interpretar como estar pasando por una mala racha o tener algún tipo de maldición o trabajo mágico hecho.

El ataque psíquico es parecido a lo que describo arriba. Puede ser totalmente no intencionado, como fue lo que yo sentí aquel día, o formar parte de un ritual hecho expresamente para dañar a una persona. Pueden hacerlo personas con conocimientos sobre brujería, o personas que no tengan ningún conocimiento. En mi experiencia, es más común que las personas con pocos o nulos conocimientos sean las que se envalentonen a realizar este tipo de acciones de manera intencionada, porque por lo general desconocen el funcionamiento de la magia.

Sin embargo, es fácil defenderse de los ataques mágicos, ya sea queriendo o no. La primera acción que tenemos que hacer es “cortar” los lazos energéticos, si sentimos por ejemplo lo que yo sentí el otro día, que describo arriba como un tentáculo energético. Es tan fácil como hacer el gesto de cortar con los dedos de manera discreta y, a ser posible, cambiar de posición o alejarse de la otra persona sin que sea demasiado evidente.

Otro recurso sencillo que podemos tener es mantener una adecuada higiene psíquica. La higiene psíquica ha sido tratada en multitud de recursos, pero os dejo aquí un enlace que tengo a mano de una meditación en particular que grabé hace ya algo de tiempo para el canal del Templo de Brigit: https://www.youtube.com/watch?v=yCyu-ppoGu4. En ese vídeo no sólo explico las indicaciones de la higiene psíquica, sino que también guío una meditación muy útil para realizarse diariamente si se necesita.

Otra idea para defenderse de ataques mágicos es realizar una botella de bruja con magia fría. Hablaré de ella en el próximo artículo dedicado a este tema, pero anticipo que es una manera interesante y sencilla de defenderse sin que tengamos que hacer nada de manera constante, incluso consciente. Es de ese tipo de trabajos mágicos que podemos hacer una vez para que sigan funcionando durante mucho, muchísimo tiempo.

(Puedes leer la segunda parte – y final – de este especial haciendo click aquí).

Enfermedades de verdad

Ayer vi a una autora de la que tengo varios libros, Caitlín Matthews, anunciar sus cursos. Por curiosidad entré en su web y estuve leyendo un pequeño disclaimer que tiene sobre los mismos. Me pareció fabuloso que dijera que sus cursos no son el sustituto de una terapia, aunque se trabaje muchos aspectos de la personalidad y del comportamiento. La misma ética observo en la Orden Correlliana de Reiki, que dice que el Reiki no es un milagro ni una cura, sino un plus, y que se puede utilizar como añadido a un tratamiento recetado por un médico.

Viendo estos comentarios, me acordé de un novio que tuve hace bastantes años, quien me contó que su tía había fallecido de un cáncer por dejar la quimioterapia y entregarse en cuerpo y alma a un curandero. El curandero en particular le había indicado que debía dejar el tratamiento médico y sólo tomar los remedios herbales, así como asistir a maratonianas sesiones de “depuración” y someterse a ayunos.

Creo que las brujas y brujos, los curanderos y terapeutas alternativos estamos muy bien para brindar un apoyo extra, pero no como sustitutos de la práctica médica cuando hay enfermedades reales, de las de verdad, de ésas que hay que tratar. Sé que hay mucha gente que hace una labor tremenda y estupenda con respecto a sanación, y les tengo muchísimo respeto, pero creo que, si se desea terapia alternativa en casos como un cáncer, una formación ósea extraña o una depresión, debe haber siempre una aproximación doble: por un lado, el profesional de la salud y, por el otro, el sanador. Nunca el sanador debe ser el sustituto del profesional de la salud.

Mirad que aquí incluyo las enfermedades o los trastornos mentales. La sanación está genial para ayudar incluso en esos casos, pero hay que entender que hay enfermedades mentales que tienen su origen en una descompensación a nivel químico del cerebro. Si me viniera a mi curso de sacerdocio del mar una persona que me hable de que tiene una esquizofrenia y que esperara mejorar a través de mi enseñanza, la verdad, no sabría cómo tratarla. La mayor parte de los brujos y brujas que conozco, salvo que sean psiquiatras, no estamos capacitados para tratar con personas que tienen enfermedades mentales reales, de las crónicas y que se controlan con pastillas.

Por mucho que sacerdocio del mar intente tratar aspectos de uno mismo que se pueden cambiar y que responden a patrones de comportamiento, y por mucho que esté creado por una psicóloga de verdad, es un curso que por sí no cura un trastorno serio, como por ejemplo una depresión grave. Al revés, puede ser incluso un revulsivo. Por eso sé que hay grupos paganos que no dejan entrar a personas que tengan asuntos mentales o anímicos sin resolver hasta que no estén dados de alta. No es discriminación: es preocupación genuina por el bienestar de la persona.

Así pues, el consejo en general que podría dar a este respecto es el que diría el sentido común: por mucho que no nos gusten los médicos (yo odio los protocolos médicos, las agujas y todo lo que se parezca a tratar a la gente como un número) la realidad es que salvan muchas vidas. Por mucho que no nos gusten los psicólogos, hacen una labor encomiable y ayudan a muchísima gente. Y si eso lo combinamos con un sanador de confianza, que no nos diga lo de “deja el tratamiento del médico, céntrate en el mío” y se comporte como un profesional, tenemos mucho ganado. Al final, lo importante es que el enfermo se sienta ayudado y acompañado, y eso se consigue mejor si se forma parte de un buen equipo de personas interesadas en el bienestar del susodicho, y no tan centradas en buscar explicaciones para echarle tierra encima a lo que diga el otro profesional.

De señoras mágicas y otra fauna

la_ninera_magica_5Un amigo muy querido (hola, Nuhmen) ha identificado al tipo de habitante de los mundos mágicos más divertido, incluso por delante del Fluffy Bunny: la señora mágica. Que por aquello de señora no significa que la criatura tenga que ser una señora (es decir, una mujer de taytantos), ni que tenga que ser una mujer (también hay hombres) pero su experiencia personal dice que suele ser señora y de taytantos. Eso no se lo voy a discutir a él, ya que el apelativo no lo he inventado yo y el copyright es suyo. Quizá yo invente otros apelativos en el futuro, total, siempre hay tiempo para encasillar y juzgar a los demás (nótese el sarcasmo).

Bromas aparte, me sorprende la necesidad de ser especiales de algunos en plena crisis existencial. Porque siempre que me he encontrado con alguien así, que a mí también me ha pasado, estaban en una crisis existencial tremenda. Ya sea por obra y gracia de la adolescencia y sus hormonas, ya sea porque han sufrido un cambio importante y traumático en sus vidas (un proceso de divorcio, un síndrome del nido vacío, un fallecimiento…), todas estas personas llegan y se postulan como las más mágicas del universo.

¿Que tú echas el Tarot? Ellos/as desde los tres años y desde pequeños/as veían a sus abuelos fallecidos con aspecto de calcamonía ajada al final del pasillo de su casa.

¿Que tú canalizas? Ellos canalizan desde antes que tú y además una vidente les dijo que tenían dones y demás, y nacieron con el manto de Venus y con una arruga con forma de estrella en el ano que marcaba su buena suerte (véase una referencia anterior a la Anomancia de Jodorowsky en este otro artículo para entender este chiste).

Me alegro un montón por esta gente, de veras que lo hago. No dudo que en muchos casos lo que dicen sea verdad. Lo cierto es que todos nacemos con este tipo de dones, así que encontrarte con personas que tienen algún tipo de percepción extrasensorial no es tan extraño como pudiera parecer. Hace un ratito vi una publicación de facebook en la que un contacto preguntaba si alguien más podía presentir qué tiempo iba a hacer. La respuesta fue bastante notoria, porque a mucha gente le pasa. Como decía, para mí son manifestaciones de diversas habilidades en el campo de lo extrasensorial, y todos tenemos de eso, lo que pasa es que a algunos se les manifiesta viendo muertos con más facilidad y a otros prediciendo el tiempo. Y no pasa nada. La mayor parte de la gente lo toma con una normalidad pasmosa y no se creen nada superiores. Lo comentan, lo preguntan a otros, se ríen, lo comparten en facebook o en un café con sus amigos, y luego resultan ser personas tremendamente normales. No están teniendo experiencias extrasensoriales en cada momento de su vida, ni haciendo magia en cada rincón.

El problema es cuando esa especialidad se manifiesta en el campo de lo personal con un “soy más especial que tú”, “soy más especial que nadie”, “soy más especial que…”. Y el colmo de los colmos es cuando alguien llama a tu puerta para pedir entrenamiento pero dice que es capaz de hacer todo eso que tú enseñas (sin saber lo que se enseña a ciencia cierta), pero de manera innata. Como si los demás que llaman a mi puerta no llevaran ya sus dones de serie. Y claro, te dan ganas de decir “Chato/a, no voy a darte un Tercer Grado sólo porque tengas dones. De eso no va un camino espiritual. Porque si fuera así, tendría que dar el Tercer Grado a todo el que pasara por delante de mi casa. Gente con dones, créeme, hay a porrillos. Esto se trata de aceptar que eres especial, pero igual que todo el mundo.”

Esta noción y este equilibrio son muy difíciles de lograr en una sociedad en la que todo el mundo es un número. Y comprendo que se hace más difícil de entender porque la apariencia es que los wiccanos practicamos magia y nos centramos en eso y ya está. Pero en realidad esto es un camino espiritual. Y el camino espiritual no trata de tener más dones que la media, porque todo el mundo tiene esos dones, sino de aceptarte e integrarte como un ser pleno. Con esos dones, por supuesto, lo cual incluye aprender que son una parte normal de nosotros mismos y de los demás. El título dado por una iniciación sólo tiene sentido cuando estás listo para aceptar que no necesitas un título para ser tú mismo y ser responsable de tu propia felicidad.

El otro día le preguntaba a una persona extremadamente inteligente si ser superdotada le había hecho feliz en la vida. Su respuesta fue categórica: no, ser superdotada le había hecho muy infeliz, de hecho. Pero si le hubieran enseñado a manejar sus dones, a encauzarlos y a verlos como algo normal, como algo bonito, y no para creerse un bicho raro, quizá se habría animado a usarlos más y de una manera mucho más abierta y confiada con los demás. Los dones espirituales sobresalientes no son diferentes de otros dones de la vida. Y eso es de lo que van en realidad los caminos espirituales: no de tener los dones, sino de lo que hagas con ellos.

Un saludo a todos mis amigos médiums, canalizadores, echadores de cartas y demás especialidades. Sois muy especiales por lo que curráis en aceptaros y aceptar vuestros dones en este mundo tan ingrato. Hacéis felices a mucha gente y encima no os creéis mejores que nadie. Sois unos grandes.

Admitir que aprendes y que seguirás aprendiendo

maxresdefaultPor mi trabajo, estoy constantemente formándome, incluso teniendo que admitir cosas con las que no estoy de acuerdo, como que necesite otro (¡otro!) curso de Inteligencia Emocional. Y luego acabo dándome cuenta de que el reciclaje constante hace falta.

Vivimos en una sociedad en la que nuestros padres, a los de mi generación, nos decían “estudia una carrera y ya está, lo tienes todo hecho, no tendrás que estudiar más, sólo trabajar”. En ese tiempo en el que estudiabas, aunque fueras productivo, eras considerado una lacra económica. Eras un aprendiz, una persona no completa, un individuo en desarrollo y no realmente alguien pleno en tus facultades. El aprendizaje es todavía considerado un estadio inmaduro de la persona por muchos, que ven mal que sigas aprendiendo.

Sin embargo, veo en mi puesto de trabajo, y también en el Paganismo, que seguir aprendiendo es una pieza clave del desarrollo personal y del camino. No siempre se aprende con libros, eso sí, pero otras veces sí que se hace. Leer, reflexionar, meditar, practicar, vivir… son formas de aprender. En ocasiones, ese aprendizaje se da por un suceso de la vida, porque la vida es una gran maestra y es la mejor escuela. Otras veces, ese aprendizaje se da viajando o hablando con amigos. Soy consciente de que soy muy crítica con las intromisiones ajenas en la vida y el pensamiento de uno, pero no siempre las conversaciones o las interferencias ajenas son negativas: mientras todos sean libres para pensar y se responsabilicen de la realidad que crean, al final todo estará bien, tanto si se piensa de manera independiente como si no.

Quisiera trazar, de todas formas, una línea entre el aprendizaje y la titulitis. Se ha dicho mucho en los mentideros paganos que éste o aquel tiene titulitis. Pues bien, que me acusen de titulitis si les da la gana porque estoy en varios sitios y no me da vergüenza decirlo. En realidad, de lo que no me avergüenzo es de ser una eterna aprendiz, de buscar otras formas de abrir mi mente y de intentar salir constantemente de mi zona de confort.

Y honestamente y siendo fiel a mi estilo, diré algo fuerte: para mí, que en este país se tilde de titulitis al buscador sincero, al que quiere seguir aprendiendo pese a tener iniciaciones y hasta puestos en tradiciones organizadas, me parece fomentar la mediocridad, en la cual nos encanta regodearnos. Una cosa es querer tener todos los títulos del mundo o que una tradición en particular sea exclusiva (y con todo su derecho de serlo) y otra cosa, muy diferente, es que se coarte el aprendizaje de la gente para que no te señalen con el dedo cuando se está en una tradición no exclusiva o cuando no es incompatible con lo que ya se es. Para mí, titulitis es pegarle con los títulos en la boca a todo el mundo a la primera de cambio. Es como “hola, no me conoces de nada, pero me llamo Harwe y hago chorrocientas mil cosas”. Al final, la gente quiere conocer a la persona y a la mayor parte de ellos no les interesan tus títulos, por mucho que dentro del contexto de un grupo o una organización sí que tengan sentido. Fuera de mi Tradición no importan los premios que haya ganado ni la cantidad de parches que tenga en mi estola, sino que importan otras cosas. O eso pienso yo, ésa ha sido mi experiencia y mi evolución ideológica hasta el momento.

Entiendo que la Wicca Correlliana es mi zona de confort, llevo trece años en la Tradición y he hecho un montón de cosas dentro de ella, es mi casa y mi familia, y me ha visto desarrollarme como mujer y como persona. Me han dado un montón de reconocimiento interno por haber trabajado como una (insértese aquí palabra malsonante). Estaré eternamente agradecida por la educación pagana que me han dado, por ayudarme a vivir de manera libre y a pensar de forma independiente (cosa que agradecemos especialmente los introvertidos), pero he de admitir que tengo que seguir aprendiendo, que es un impulso que tengo. Y no es que la Wicca vaya a dejar de ser mi religión, eso es otra cosa. Es que necesito seguir estudiando, practicando y experimentando. Disfrutando del aprendizaje, aunque a veces requiera que me repitan diez veces la misma cosa, aunque tenga que revisitar temas, ahora con 34 años, que pensaba que estaban superados desde que tenía 22. Creo que ese ejercicio me ayudará a hacer las cosas mejor dentro de mi propia comunidad también.

Con esto me gustaría animar a quienes me leéis a seguir aprendiendo. No tengáis miedo de lo que digan los demás, al final todos somos buscadores y todos tenemos derecho a seguir adelante. ¿Que estáis en una tradición no exclusiva? Bien. ¿Que estáis en una tradición exclusiva? Bien también. Siempre habrá lugar para aprender cosas nuevas, salirse de lo establecido, experimentar. Si estudiáis con alguien, entonces buscad su consejo y su guía, porque a las personas que dan clase que conozco les encanta que sus alumnos y compañeros de viaje tengan inquietudes. Explora y siéntete libre. Que tu objetivo no sea ningún título, que tu objetivo sea aprender por aprender, por el gusto de hacerlo, que da muchas satisfacciones.

Esos divertidos guías animales

5169488196_2293114fb8_zEl otro día estaba en una meditación conjunta, junto con algunos de los miembros de una Orden a la cual pertenezco desde hace varios años. Dentro de la sesión, se propuso hacer una meditación para ir más allá de los animales-guía clásicos, interpretar qué animales habían hecho su entrada en nuestras vidas y averiguar por qué. Hay animales-guía que no siempre en nuestra vida, sino que algunos van cambiando dependiendo del momento y su medicina se hace presente según el momento vital por el que se esté pasando.

Estuvimos un rato largo meditando y luego comentando qué animales salían, algunos riéndonos y hablando de cagadas de paloma, como las que hacen cola todas las mañanas en la calle frente a mi casa, a ver cuál es la que apunta mejor para soltar su munición encima de los viandantes. Cuál fue mi sorpresa al ver y al compartir que uno de los animales que me había salido era… la cucaracha.

Odio las cucarachas, las odio con toda mi alma. No puedo ver una, me pongo hasta a temblar. En mi ciudad natal las hay de esas marrones con alas, que vuelan súper alto y que en verano se hacen plaga. Les tengo asco desde que era pequeña.

Sabiendo de la aversión de mucha gente por estos insectos, la persona que dirigía la meditación me animó a compartir lo que sabía de las cucarachas. Lo primero que sé de ellas es que les tengo pánico. Lo segundo, que son animales nocturnos y que rara vez salen a la luz. Pero poco a poco, empezaron a surgir en mi mente cualidades únicas, que nunca había visto en otros espíritus-animales con los que había trabajado: el hecho de que sean muy antiguas y muy resistentes, por ejemplo. El hecho de que sean tremendamente adaptables, versátiles y muy escurridizas. Incluso en mi casa recuerdo haber visto algunas que se hacían las muertas cuando se encontraban en peligro.

Así que, tras un par de segundos pensando en todo esto, contesté a mi interlocutora: “La cucaracha es la Maestra de la Supervivencia”. Comprendí que este animal viene a mi vida en un periodo en el que necesito una gran capacidad de adaptación. Así que su medicina es muy conveniente para el momento en el que me encuentro.

Luego, pensando detenidamente, recuerdo la cantidad de páginas y palabras que se escriben con respecto a los animales-guía, y me doy cuenta de que esto no hace falta. Lo único que hace falta para averiguar cuál es la medicina de un animal es fijarse en él: en sus costumbres, en su comportamiento y en su aspecto físico. La gente suele tener espíritus-animales muy bonitos, como el lobo o la lechuza, que son muy típicos, pero pocos se atreven a decir que se han encontrado en algún momento con una cucaracha o una polilla. De hecho, uno de mis animales totémicos es la polilla, y me consta que hay gente que las odia. Y lo que vengo a decir hoy es que no siempre la fealdad o la asquerosidad es sinónimo de algo malo. A veces hay que saber mirar más allá para poder encontrar las lecciones de los espíritus. Abrir los ojos al mensaje, tomarse el tiempo para conocer, aceptar y reconocer la sabiduría, hasta en maestros que habitan baños y cocinas y que se esconden en el manto de la oscuridad para poder sobrevivir.

Entrada dedicada a Asquerosita, la cucaracha que murió entre vapores tóxicos en aquel piso de 30 m2 en el que vivía en el 2007.

La Paz es un estado mental: actividad 4, “Sembrando proyectos” #pazesunestadomental

Me regalaron una agenda-planificador a primeros de año que hizo mis delicias. Mi problema con las agendas es que jamás las sigo aunque me encanten, así que tuve que utilizar un método que hasta ahora me está funcionando de maravilla. Gracias a esta herramienta puedo seguir encontrando tiempo para escribir, dar clases, organizar mi tiempo y mi hogar, a la vez que no descuido a mi familia y a mis seres queridos, así como generar una cierta sensación de logro, porque te ayuda a centrarte en los proyectos que consideras importantes. Me da mucha paz conseguir cosas, aunque sean pequeñitas, porque adoro el cambio. Y además ya he dicho otras veces que me cuesta decir que no (por eso hicimos esta actividad el mes pasado, para que pudiera ayudar a otra gente con el mismo problema) y me encontraba en ocasiones en la tesitura de tener proyectos que realmente no eran míos, sino de otras personas, en mi bandeja de trabajo. En definitiva, el método que os quiero presentar hoy te ayuda también a priorizar y a ver qué es realmente importante para ti. En cierto modo, se basa en lo que yo trabajo, ya que me dedico profesionalmente a la dirección de proyectos.

Os invito a realizar esta actividad en silencio, puesto que es algo individual y no me gustaría que tuviérais distracciones de los demás. Esto no es trabajo en equipo: es un trabajo propio. Tener opiniones externas puede distraernos de lo que realmente queremos, y hay otros elementos como la vergüenza o el miedo que pueden coartarnos de alguna manera.

Vamos a empezar por dibujar una flor. El concepto es parecido a la actividad “Somos flores” que mi compañero Runa Fuego ha diseñado para el Templo de Brigit (estáis todos invitados a participar hasta final de mes, por cierto). Dentro de la flor ponemos una fecha: 10 años. Y nos vamos a hacer la siguiente pregunta:

  • ¿Qué me gustaría conseguir de aquí a 10 años?

En cada pétalo vamos a poner una meta que queramos lograr para ese plazo de tiempo. A continuación, nos centramos en una de las metas-pétalos que hemos ideado para esos diez años. Y las descomponemos en fases, cuyo objetivo a conseguir sea de 3 años, haciendo una flor con cada una de esas fases.

Luego, nos centramos en uno de esos pétalos de 3 años y los descomponemos en objetivos de aquí a un año, haciendo una flor de cada uno. De la misma forma, pero con sus fechas límite.

A partir de ahí, ya tenemos un mapa de carreteras para esos proyectos a largo plazo. Ahora, sólo queda el trabajo de hacer esto mucho más concreto. Podemos seguir dibujando flores, una para cada trimestre del año, con tareas específicas y sencillas para ese periodo de tiempo. De esa forma, lograremos hacerles un hueco cada semana a esas actividades. Poco a poco, haremos estas tareas, estando cada vez más cerca de nuestro objetivo a largo plazo. En ese momento, tener una agenda con objetivos para cada semana o mes viene muy bien.

Aquí debajo os pongo el ejemplo figurado de alguien que, entre sus sueños de toda la vida, tiene el de aprender a tocar el piano (haz click en la imagen para ampliar). Lo incluye primero en los objetivos a largo plazo, de aquí a 10 años, y luego lo va descomponiendo. Nótese que descompone pétalos de flores anteriores dependiendo del momento en el que puede conseguir ese objetivo concreto. Por ejemplo, los pétalos que sin duda podrá conseguir de aquí a un año será comprarse su piano y encontrar el tiempo para estudiar el instrumento. Los otros elementos-pétalos que componen el proyecto a tres años, que son llegar a nivel elemental del conservatorio y recibir clases particulares del instrumento también se podrían tomar dentro del año, o en dos años, o en tres. Esto ya depende de lo que quiera cada uno y de las prioridades que le demos a cada cosa dentro del proyecto general.

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Para mí, este método resulta muy beneficioso, porque como tengo una niña de once meses tengo que trabajar en sprints de una o dos horas máximo, de cara a poder aprovechar las siestas de la peque en actividades que requieren concentración. Como se duerme cuando quiere (cuando le entra sueño, vamos) no puedo programar horas de trabajo exactas, sino que tengo que aprovechar el tiempo que tengo. Por ejemplo, mi libro “La Magia de los elementos” lo terminamos de maquetar e ilustrar durante esas siestas. Una vez terminamos la maquetación, si la niña se dormía, abría mi planificador y buscaba las tareas que tenía pendientes del resto de proyectos. Para los momentos de vigilia, en los que podía cuidar de la peque o no me importaba que estuviera balbuceando mientras jugaba, buscaba actividades fáciles que no me requirieran mucha concentración, también de entre esas tareas pendientes. Por ejemplo, comprobar las entregas de mis alumnos del Templo en el aula online.

Bonus: Si queréis aprovechar la energía de la primavera en estos nuevos proyectos, la Tradición Correlliana, en su volumen “Ritual en Teoría y Práctica” tiene un ritual muy bonito que consiste en plantar semillas por cada proyecto que queramos. Las semillas han de plantarse en maceta, eso sí, que no queremos llenar de especies externas nuestros bosques.

¿Te ha gustado el método? Comparte tus experiencias con el hashtag #pazesunestadomental en tu red social favorita. Y recuerda que la sensación de lograr cosas es gasolina para tu motivación. Pero para estar motivado hay que ser un poco organizado y saber qué es lo que se quiere. Si es así, podrás conseguir todo lo que quieras. ¡Haz que suceda!