Pruebas divinas, ¿existen?

article_13867744903 He oído hablar mucho de las pruebas de los dioses a los que les rendimos culto o devoción y, sí, yo también he hablado de ellas. Pero ya llevo un tiempo dándole vueltas a si en realidad esto de las pruebas de los dioses es algo cierto, real y necesario, o si no es otra moda más.

Hace un año más o menos, un buen amigo vino diciéndome que una divinidad le había puesto una prueba. Le mandé toda la energía que pude, le escuché con un buen té y le di mi consuelo y cariño, como haría todo buen amigo. Yendo hacia casa después de estar con él, pensé en si acaso no era ésa la función que tienen los dioses para muchos de sus devotos, o si acaso no era ésa la relación que yo tengo con los dioses a los que les rindo devoción: son más mis amigos divinos que mis dioses, les cuento mis cosas y siento su apoyo y su calor cuando lo necesito. Fue entonces cuando caí en la cuenta de por qué iniciamos devociones: para ganar, en cierto modo, una amistad divina.

Creo mucho en las relaciones entre iguales, ya sean humanos o dioses. Es cierto, son dioses, pero son energías a las que, admitámoslo, les hemos dado forma nosotros mismos, la Humanidad. Al fin y al cabo, nosotros somos parte de la Divinidad también, ¿no? Entonces, ¿dónde queda en una relación entre iguales esto de las pruebas? Si mi marido, o mi mejor amigo, me empezara a poner a prueba por alguna desconocida razón, probablemente yo acabara mandándole a paseo a la quinta pruebita de marras. ¿Por qué hay divinidades que parecen tener una tendencia a poner a prueba a sus devotos?

Voy más allá y me hago muchas más preguntas: si la brujería es un camino de empoderamiento de la persona, ¿por qué aceptar que haya una divinidad a la que se le antoje ponerme a prueba? ¿No debería ser yo quien decidiera ponerme a prueba, para avanzar, y no ella? ¿No debería ser la relación con la divinidad una relación sana, y no basada en abusos constantes de poder, llamados “pruebas de lealtad”?  ¿Por qué habría mi divinidad patrona de hacerme pasar por un sinfín de pruebas, cuando se supone que es mi amiga, madre y confidente?

Estuve madurando todo esto durante un buen tiempo y viendo la escena desde la barrera, hasta que llegó el momento de una de esas “pruebas”. Cuando nació mi hija en el mes de abril tuve muchos problemas para iniciar la lactancia materna y se puso enferma, incluso tuvimos que ingresarla en el Hospital. Como madre primeriza, me sentía responsable, culpable y estúpida a partes iguales. No tuve apoyo, estuve sola los primeros días postparto (hicieron trabajar a mi marido) y, sencillamente, no sabía cómo ponerme a la niña al pecho. Me sentí doblemente inepta al recordar que soy devota de una Diosa que rige la lactancia y la crianza como Brigit. Pensé, por un momento, que ella me había enviado esa prueba, porque sí, es tentador ponerle cara y nombre a situaciones difíciles por las que puedes aprender mucho. Pero ese pensamiento no me hizo sentir mejor, sino más bien al revés: fue como echar sal sobre una herida. Era como si Brigit me quisiera mal, en lugar de ayudarme.

Una vez la niña se puso bien, yo aprendí a amamantarla y estuvimos en casa, una personita, una pagana de ésas que se cruzan por tu camino y te iluminan el día, me dijo una cosa: “Me encuentro con personas muy espirituales a las que la vida les pone pruebas muy duras”. Ahí estaba la solución. No era un castigo divino, ni era una prueba, era un reto de la vida. Y mi Diosa, mi Brigit, estaba ahí para ayudarme, no para ponerme las cosas difíciles. Si había conseguido establecer la lactancia materna, reivindicar mis decisiones como madre y hacer que todo volviera a su cauce, no era porque ella me hubiera puesto una prueba. Era porque ella me había ayudado a superar el obstáculo.

Ese día estuve revisando apuntes y salió uno de los textos de la Tradición Correlliana pertenecientes al primer grado de la misma, y el texto que repasé resonó en mi cabeza con la claridad de una copa de cristal al ser golpeada con un tenedor:

Dios no necesita de tu validación para existir. Ella no necesita (…) salir corriendo tras sus adoradores suplicando su lealtad, y diciéndoles lo que Ella les puede dar a cambio de su alabanza. Es el adorador el que requiere de Dios, no Dios quien requiere del devoto.

 

Lady LaVeda Lewis-Highcorrell, Los Cinco Secretos Místicos

En conclusión, creo que si se quiere pensar que las divinidades patronas o matronas están ahí para poner pruebas es muy digno, pero estoy decidida a no creer en ello. Dicen que aquello en lo que crees te condiciona, y yo no quiero seguir pensando mal de la Diosa que tanto me ha ayudado, que tan buena amiga y compañera de viaje ha sido. Prefiero pensar que los obstáculos te los pones tú mismo, o la vida, pero que los dioses no deben estar ahí para tomar nuestra culpa. Creo que no están ahí para que, con su presencia, promuevan una cultura del victimismo dentro del Paganismo actual. Creo que el Paganismo promueve el empoderamiento, y que mediante este victimismo nos quitamos poder, nos convertimos en marionetas. Para eso ya están otras religiones… ¿no os parece?