El síndrome del “Eso yo ya lo hice”

img_como_saber_a_que_velocidad_va_el_agua_del_rio_15725_origAyer por la mañana vino a casa un amigo a tomar café. Más bien un segundo desayuno, como hacen los buenos hobbits. Estuvimos hablando del aprendizaje en espiral, del aprendizaje que requiere revisitar cosas de cuando en cuando, entre galletas de chocolate, tés y cafés. Este tema lo había tratado con otro amigo días antes, por teléfono (lástima que vivamos lejos), y la conversación fue, sin planearlo, similar.

En ambas conversaciones acabamos tratando el síndrome del “Eso yo ya lo hice”, algo que hacía yo en el pasado (Eso yo ya lo hice, jeje) y que ahora veo en algunos casos. Comprendo por qué en su día se me dio un toque de atención por parte de mi iniciadora y mentora mientras me entrenaba, a colación de esa actitud.

Ese síndrome que he observado consiste en decir “Eso yo ya lo hice” a ejercicios que nos dan en un camino o propuesta que nos ofrece otro, a quien normalmente hemos acudido a pedir entrenamiento. Es perfecto haber hecho cosas, que nadie se me ofenda, y en realidad hay mucha gente en este camino que ha recorrido muchos figurados kilómetros dentro de la senda del Paganismo, y que por ello merecen todo el respeto. Lo que me parece curioso es llegar a otra persona a la que se le pide guía en un camino y, cuando se propone un ejercicio, se le dicen cosas como: es que eso yo ya lo he hecho, a mí dame algo diferente, a mí dime algo que no sepa, a mí hazme hacer algo que no haya hecho, yo eso no lo voy a hacer porque es volver atrás… y un larguísimo etcétera. Me parece perfecto que las personas ya hayan hecho algo. Pero entonces, ¿por qué hacer perder el tiempo de quien ofrece ese camino o ese ejercicio, si ya se ha hecho? ¿Para qué realizar el esfuerzo de entrenar a alguien que ya ha sido entrenado? ¿Por qué se busca lo que el otro tiene, si ya se tiene? ¿Por qué llamar a mi puerta, o a la puerta de cualquiera que ofrezca algo, si ya se ha hecho? ¿Por qué no, si sabe tanto, buscar una forma de darle uno mismo una vuelta de tuerca, y dejar ese camino guiado para otra persona que no haya tenido la oportunidad de formarse tan bien formado como uno?

Encuentro que esa afirmación es como decir “ese tramo de bosque ya lo he visitado”. En cuanto puedo y hace buen tiempo, me voy a dar un paseo por el campo para despejarme, a un paseo con un río en mitad de la nada, y nunca se me ocurriría decir “es que voy a ese río cada dos por tres, esa tierra ya la he pisado”. Cada vez que piso ese tramo de sendero veo la tierra ha cambiado, que los árboles están diferentes o que la luz se filtra por entre las hojas de forma distinta. Siempre encuentro piedras nuevas en el río, siempre acabo con la bolsa pesada y llena de recuerdos del campo. Ese camino nunca es el mismo aunque esté en el mismo lugar.

A mi parecer, lo fantástico de los caminos espirituales es que siempre estamos caminando el mismo sendero, seamos conscientes de ello o no. Para mí ahora mismo no tiene mucho sentido decir “yo he trabajado mucho con X” o “he hecho un trabajo intenso con Y, por tanto no necesito seguir haciendo estos ejercicios”, porque incluso yo misma como individuo estoy cambiando todo el tiempo. Es decir, que puedo estar en el mismo lugar dentro de mi cabeza y contemplar un paisaje interior completamente diferente. Es por ello que siempre estoy buscando cosas nuevas que hacer, aunque me lleven casi al principio de mi camino como pagana, a lo más básico y a lo más elemental. Creo que esto pasa porque mi religión no me hace meterme en un sendero académico en el que tengo que aprender conceptos, sino que al ser espiritual es vivencial, basándose en observar mis propios ciclos y los ciclos exteriores. De esta manera, intento darme cuenta de hasta qué punto el paisaje cambia a pesar de estar en el mismo lugar. Como si fuera una acumulación de experiencias, pensamientos y sentimientos que se dan en espiral. Es por esto que hace tiempo que abandoné el “Eso yo ya lo hice” y que intento no usarlo, pues me parece una forma de cortarme mis propias alas y de coartar mi propio aprendizaje como persona.

De prejuicios hacia la Wicca, dentro y fuera

prejuicio Hace mucho tiempo, como 8 ó 9 años, estaba hablando por Messenger con un chico odinista que me dijo algo así como “eres la primera wiccana no-fluffy que conozco”. Aparte de levantar la ceja porque había hablado con dos amigos míos que eran del coven donde estaba entonces – quienes me lo habían presentado, y eso implicaba que los estaba llamando fluffy bunnies en toda mi cara – me quedé un rato pensando sobre por qué aquel muchacho consideraba que todos los wiccanos éramos unos blanditos conejitos de peluche que practicaban Paganismo.

Creo que se ha abusado del término fluffy bunny. Lo hemos hecho cuando no sabíamos de qué hablar y necesitábamos posicionarnos en un rol superior. Empezaré por mí misma porque la autocrítica es sana: hace unos años escribí aquí un artículo sobre este supuesto espécimen de la Wicca que tanto interés suscita pero, con los años, me he dado cuenta que hacer este tipo de afirmaciones y definiciones son negativas para nuestra propia creencia. Porque siempre habrá un wiccano que, usándolo, llame fluffy a otro en base a conversaciones superficiales sobre la práctica religiosa de la persona. Para algunos yo misma soy fluffy porque creo en la libertad y llevo mis cosas con un cierto relativismo, para otros soy una practicante que se mantiene firme a unos ideales tradicionalistas, por ejemplo por mi postura hacia la iniciación. Como siempre, todo depende del cristal con el que se mire. Por eso, cuando alguien se erige como “anti-fluffy” no puedo evitar pensar “qué irónico, un fluffy criticando a otros fluffies”.

En mi opinión, los wiccanos hacemos bien en dejar de llamarnos lindezas unos a otros, porque esa cantidad de prejuicios que generamos entre nosotros, a su vez, genera más prejuicios hacia nosotros en las otras religiones con las que compartimos el apelativo de “Paganos”. Cosechamos lo que sembramos. Desde mi punto de vista, eso es lo que crea visiones como las del chico del que hablaba al principio del artículo. Hay gente pagana que se sorprende de poder hablar con wiccanos de temas que no sean guerras internas, cotilleos y supuestas rivalidades por ser el más mágico o el más popular y, por supuesto, el menos fluffy. Y es normal, porque esa actitud la hemos generado nosotros mismos al llamarnos con apelativos despectivos. Nos hemos permitido el lujo (yo la primera, en el mentado artículo de los fluffies que escribí en 2010) de decir que las creencias de algunos con respecto a la Wicca son “erróneas” o que dan una visión “errónea” de lo que practicamos, cuando en realidad la persona está practicando en su casa y no somos jueces de nadie para calificar a nadie por ser ecléctico o por preguntar en un foro cómo se hace un hechizo para conseguir trabajo. Lo que más oigo es “hay wiccanos que se pasan el día pensando en hechizos y esto es una religión”. Vale, es una religión, pero si se quiere hacer magia, ¿qué hay de malo? ¿Cómo vamos a permitir que alguien aprenda por sí mismo con una censura tan férrea sobre sus acciones? Otra cosa es que le digamos eso de “mueves muchas energías que a veces no se pueden controlar mediante la magia, ve con cuidado” o demos un consejo, pero si la persona quiere aprender y anotar hechizos, tiene todo el derecho a aprender y a anotar hechizos si es lo que quiere hacer. Y eso que soy la primera en decir que hay que agotar todas las vías físicas antes de hacer magia, pero tampoco podemos poner etiquetas a alguien a quien no conocemos por querer hacer un simple hechizo y hacer una pregunta.

Creo que la época del fluffy ha acabado porque ya hay información sobre Wicca como para que las personas estén bien informadas, incluso cuando acaban de empezar. Gracias a los dioses cada vez veo menos comentarios de gente llamando fluffy bunny a otra, algo que cuando yo empecé era habitual en las discusiones cibernéticas. No obstante, el prejuicio, sobre todo desde fuera, sigue existiendo y me temo que continuará por unos cuantos años porque nos hemos encargado de crearlo y sustentarlo, con el fin de posicionarnos como superiores moral y religiosamente dentro de la propia comunidad wiccana.  Sin embargo, a través de esa accesibilidad al conocimiento, las opciones para practicar Wicca aumentan, y donde hay diversidad de opciones siempre hay lugar para la convivencia sana y sin complejos de superioridad. Así pues, será cuestión de tiempo que nos dejemos de tonterías y empecemos a darnos cuenta de que la religión se practica en casa y no en los foros, y que una pregunta no supone que la persona se pase el día haciendo hechizos.

…y la virginidad de la mujer

segunda-virginidadMe encanta la labor de las monjitas que se dedican a cuidar enfermos. Son monjas de clausura normalmente, y son mujeres dedicadas a esas labores menos gratas, a los cuidados paliativos, a los desfavorecidos. No son las únicas, pero son la cara visible de la gente que trabaja por la caridad de verdad, dentro del marco de una religión mayoritaria en mi país. Ahora bien, que hay muchas formas de trabajar con los menos favorecidos, pues claro, y no hace falta ser monjita para ello.

Sin embargo, encuentro muy gracioso que el concepto de mujer cuidadora implique todavía, en algunas mentes, la perpetuación del modelo de castidad impuesto por determinadas sociedades. Cuando yo era pequeña, por ejemplo, todavía oía decir que las hijas pequeñas eran para la vejez de sus padres y sus madres, por lo que se esperaba de ellas que permanecieran “solteras y enteras”, que solía decirse. Y yo digo, qué puñetera obsesión tienen algunos con la virginidad. Ni que perderla o el hecho de tener un pene entre las piernas nos haga menos válidos para cambiar unos pañales a una persona mayor. Fui cuidadora de mi abuela enferma de Alzheimer durante varios años, a la vez que estudiaba y luego a la vez que trabajaba. Y perdí la virginidad a los 15. ¿Eso me convierte en peor cuidadora? Si mi hermano pequeño hubiera tenido edad para compartir los cuidados, ¿eso le habría convertido en peor cuidador?

Que esto me lo diga un católico, vale, lo entiendo porque para ellos la virginidad de la mujer es todavía importante. Pero, que me lo diga un pagano aludiendo al papel de las vírgenes vestales denota dos cosas: a) que no tenemos ni idea de qué hacían las vírgenes vestales (el mayor ejemplo popular de mujer virgen dedicada a su Dios – en este caso Diosa – de la Antigüedad pagana) y b) que en pleno S. XXI para muchos aún es divertido bromear sobre a qué deben dedicarse las personas que optan por no perder su virginidad, inventando papeles “paganos” que perpetúen lo cómodo de dichos roles tradicionales, aunque ya estén obsoletos. Como mujer, creo que nos ha costado mucho tener el derecho para decidir con quién, cómo, cuándo y dónde perdemos nuestra virginidad, así como aceptar que perderla no implica que debamos ser lapidadas, ni cultural, ni familiar, ni literalmente. Cosa que hacían los romanos, por cierto, con las vestales que sí la perdían.

Me resulta muy irónico todo esto.

Hechizos de amor (y 2): consideraciones prácticas

dscn4534a En el artículo que precede a éste, titulado “De la naturaleza del amor y otras hierbas“, comenté por qué los wiccanos somos, normalmente, muy reacios a dar fórmulas para atraer el amor. Después de la introducción teórica con ese artículo, me gustaría ir a lo práctico en éste. Como siempre me gusta ilustrar las cosas con anécdotas, os contaré una a colación del tema: cuando tenía 15 años hice un hechizo de amor para encontrar a alguien (cosas de la edad). No era wiccana entonces aunque estaba muy en contacto con la magia, y las reglas me daban un poco igual, así que me lancé, probablemente con un hechizo de la revista Super Pop o algo así. Me imaginé a mi amor ideal, planté mi deseo lo mejor que pude y me olvidé de lo que había hecho, esperando a que sucediera. A los pocos días conocí a alguien y me enamoré. Él no se enamoró de mí y por eso fue muy doloroso. El amor llegó, por vía natural y normal, un año más tarde.

Aprendí varias cosas de aquella experiencia, además de las que he vivido practicando magia:

1) Me sentía sola y por tanto desesperada. La desesperación en magia no es buena consejera. En realidad, ningún sentimiento muy “extremo” lo es, te puede distraer y puede acabar saliendo mal como fue mi caso. Si quieres saber más, hablé de esto en la parte de “Osar” del especial que escribí hace unos meses sobre la pirámide de los brujos.

2) Hay que ser muy específico cuando se pide un deseo. El Universo puede ser insufriblemente literal. No exagero.

3) Cuanto más puedas conseguir por medios normales y no-mágicos, mejor. La magia mueve energías muy fuertes, y lo que inicias con magia, sólo se mantiene mediante magia. Esto quiere decir que una relación conseguida mediante vías normales (chico/a conoce chico/a, chico/a y chica/a se gustan, chico/a y chico/a empiezan a salir, etc) se desarrollará normalmente, pero si metemos la magia tenemos ahí otro factor a controlar, ya no sólo la relación sino la cantidad de energía, consciente e inconsciente, que le metamos a esas entidades o elementos a los que hayamos utilizado para interceder por nosotros.

4) Si vamos a invocar a entidades para pedirles “Amor”, es importante estar seguros de qué entidades para qué tipo de amor. Mi opinión es que mejor no involucrar a divinidades en esto, porque su concepto de “Amor” puede ser diferente al que nosotros tenemos. Es siempre mejor confiar en nuestra energía personal: cada uno es una manifestación perfecta de y está conectado con la Divinidad. Ahora bien, si lo queréis hacer con ayuda divina, tan sólo pensad bien en las atribuciones del Dios o la Diosa: pedirle ayuda para un matrimonio a Afrodita es como pedir una botella de gas butano en una panadería. Ella os dará amantes y belleza y muchas cosas bonitas, pero su concepto de relación estable es, cuanto menos, curioso. Por eso, pensad las cosas muy muy bien.

5) Estás completo en ti mismo. ¿Realmente necesitas a alguien tan desesperadamente? Piénsalo dos veces. O tres. O cuarenta.

Una vez dicho esto, os doy algunas correspondencias que creo que pueden ser interesantes para este tipo de hechizos. No se van a dar instrucciones para hacer amarres, sólo echaros una mano para encontrar a alguien, si realmente es lo que necesitáis.

– Colores: Rojo (pasión) y rosa (romance, cariño). Otros colores interesantes pueden ser el verde (prosperidad material y crecimiento) y el amarillo (alegría, sentido del humor).

– Magia recomendada: Magia del fuego para la manifestación de nuestro deseo. El fuego es un potente transmutador. También se puede utilizar magia de los cordones (parecido a la escalera de la bruja).

– Método: Velas inscritas con punzón o manifestación de deseos en un papel.

– Aceites esenciales y aromas: Vainilla, rosa, jazmín, azahar (matrimonio).

Ejemplo de hechizo sencillo número 1. Magia con velas.

Necesitarás:

– Una vela roja (si quieres pasión) o una vela rosa (si quieres amor romántico). Puedes usar ambas si lo deseas para una combinación de los dos factores. Hay gente que se fabrica velas de los dos colores también. Cualquier vela más o menos alargadita de esos colores es suficiente, no hay que gastarse una fortuna en velas con forma de pene o vagina, ni de señor ni de señora, ni de amantes entrelazados, ni nada.

– Un papel.

– Algo con lo que escribir.

– Luna Creciente o Llena.

– Un recipiente a prueba de fuego donde dejar el papel quemándose.

Piensa bien qué es lo que quieres pedir. Es importante que elijas el tipo de amor que quieres atraer: una aventura, una relación estable, un compañero cariñoso… y especifica muy bien qué te gustaría encontrar. Imagina a tu amante ideal. No lo dibujes, deja que sean conceptos y no dibujos los que guíen tu mente. Apunta todas esas características en un papel. Sé muy específico, pon también que quieres que sea humano (¡no es broma!) y el sexo de tu gusto. Escribe también que quieres ser correspondido/a.

En las velas puedes inscribir con un punzón algo que te represente. Se las vamos a ofrecer como regalo a tu Yo Superior (tu conexión con la Divinidad) para que te ayude, así que debe ser algo muy personal tuyo y muy profundo: un símbolo, tu signo del Zodíaco, tu nombre completo, etc, son cosas que te pueden servir. Mientras lo haces, piensa con cariño en esa ofrenda de velas que vas a hacer, en la ayuda que vas a pedir a la parte más sagrada de ti mismo/a. Puedes ungir con un aceite esencial como los que he puesto arriba tus velas, del centro hacia los extremos, pero esto no es obligatorio. Si lo haces, hazlo con cariño, con amor. Es esencial poner amor en lo que hagas. Coloca las velas más o menos cerca.

Enciende las velas y concéntrate en el papel en el que has descrito a tu amor ideal, a esa persona a la que quieres encontrar. Mira lo que has puesto, reconoce que te amas a ti mismo/a, que estás completo/a en ti mismo/a, agradece tu propio amor hacia ti y sé consciente de que, gracias a eso, puedes dar amor a otra persona. Afirma:

“Estoy listo/a para encontrar este amor”.

Coge el papel y quémalo en la llama de las velas. Di algo como:

“Oh Yo Superior, conexión sagrada con la Divinidad. Tú que siempre me guías, haz posible este amor que quiero dar. Haz posible que este encuentro se produzca, libre de todo daño para los demás, para que surja el amor. Así como arde este fuego, que se manifieste mi deseo”.

Concéntrate en el papel que se quema. Mientras se va quemando, vas manifestando tu deseo. Si hace falta ponerlo más tiempo en la llama, hazlo con total tranquilidad. Cuando se haya quemado completamente, agradece a tu Yo Superior:

“Gracias, Yo Superior, por tu guía y cariño. Tú que eres yo, yo que soy tú, y gracias a ti soy Divinidad. Acepta estas velas con todo mi amor para ti, para que sigas ayudándome y guiándome en mi camino.”

Deja que las velas se consuman. Deja que las cenizas se las lleve el viento. Recuerda desechar las velas de la forma más ecológica posible.

Olvídate del hechizo en cuanto hayas recogido los restos del ritual, vive tu vida normal sin pensar en lo que has realizado.

Ejemplo de hechizo sencillo número 2. Magia con cuerdas.

Necesitarás:

– Luna Creciente o Llena

– Un cordón rojo, rosa, o ambos, uno de cada color.

– Velas del color que gustes, para darte energía extra y ofrendar, como en el caso anterior. Mejor si son de un color asociado al amor, pero si no tienes pueden ser blancas.

– Papel y lápiz.

Como en el caso anterior, apunta las características de tu amado/a ideal. Concéntrate en ellas. Enciende la vela o las velas. Puedes empezar diciendo algo como:

“Yo te invoco, mi querido Yo Superior, para que me ayudes y me guíes en este hechizo de amor”.

Lee todas las características de tu amor ideal. Toma en tus manos los cordones o el cordón, y realiza un primer nudo en la parte exterior del cordón, mientras dices algo como:

“Por el primer nudo, yo lanzo al Universo mi deseo.”

Vuelve a leerlo todo, bien concentrado/a, y realiza un segundo nudo junto al anterior mientras dices:

“Por el segundo nudo, yo soy consciente de mi deseo.”

Vuelve a leer el papel con las características de tu amor, y realiza un tercer nudo:

“Por el tercer nudo, afirmo mi Voluntad.”

Vuelve a leer el papel, concéntrate bien. Realiza el cuarto nudo:

“Por el cuarto nudo, me atrevo a reclamar lo que es mío.”

Vuelve a leer el papel, bien concentrado, y realiza el quinto:

“Por el quinto nudo, atraigo hacia la realidad mi Voluntad.”

Y léelo una sexta vez, para finalizar afirmando:

“Por el sexto nudo, sin dañar a nadie, mi Voluntad es manifestada. ¡Así sea!”

Deja la vela como ofrenda a tu Yo Superior, que estará actuando para manifestar tu Voluntad. La magia con nudos es muy popular pero en este caso hemos elegido seis nudos, ya que este número está asociado al amor.

Recuerda: 

Todo esto se realiza sin dañar a nadie.

Piénsalo bien antes de realizar hechizos de amor, hazlos sólo si consideras que necesitas ayuda extra.

No vale hacer esto para olvidar otros amores. Un clavo no saca otro clavo, por mucho que diga el refranero popular.

Realiza tus hechizos en la intimidad y sin distracciones. ¡Apaga el teléfono móvil!

Esto no sirve para hacer amarres. En Wicca no se hacen amarres. Está feo.

Hechizos de amor (1) : de la naturaleza del amor y otras hierbas

Tendría 20 descargaaños, y salía con un chico guapo guapísimo, que tenía una hermana igualmente guapa guapísima y que hacía meditación budista. Estábamos un día enfrascadas en una conversación de ésas profundas que sólo se dan de forma casual, cuando me explicó que a ella le estaban enseñando en sus clases de meditación que el amor que vemos ahora en canciones y en mensajes con los que nos bombardean no es realmente amor sino posesión. Estaba de moda una canción de Amaral, “Sin ti no soy nada”, y ella comentaba que la verdadera naturaleza del amor, de acuerdo con sus maestros de meditación budista, era la de la libertad y la de sentirse completo en sí mismo, algo muy alejado del concepto de la canción cantada por Eva Amaral en aquel entonces. Pasaron los años, aquella relación con el chico guapo guapísimo se acabó, y acabé envuelta en una relación con un individuo de tendencias materialistas, que afirmaba que eso era una tremenda paparruchada porque “Te quiero” implica “Te poseo”. La verdad, no podía sentirme más en desacuerdo. Quizá fue una de las razones por las que salí espantada de aquella relación.

Haciendo un análisis de toda mi vida sentimental y de toda mi ideología, encuentro que aquella diferenciación entre “amor” y “posesión” que hacían los budistas que le daban clase a aquella chica es la que he aspirado a tener toda mi vida. No sé si me marcó o es que siempre fui así de independiente, lo cierto es que no concibo una relación en la que las personas sean propiedad de otra persona. Más bien creo que siempre elegí voluntariamente estar con alguien y, en el momento en el que se asomó un atisbo de posesión que pudiera poner en jaque mi propia libertad, salí volando de la situación. Si lo llevo a cabo con mi pareja, eso él lo dirá, pero no debe estar muy descontento si aún me aguanta tras ocho años juntos y una hija común en camino.

¿Qué dice del amor la Wicca? Nunca oí nada que no fuera “perfecto amor y perfecta confianza”, pero no hay grandes discursos acerca de la naturaleza del amor, y tampoco es que los sacerdotes wiccanos sean mucho de subirse a púlpitos y predicar el amor entre semejantes. Me da la sensación de que la cosa queda en un “vive y deja vivir”, vamos, sé feliz e intenta no estorbar en la felicidad ajena. Creo que por eso me parece tan importante la libertad en líneas generales. Lo que ocurre con la libertad es que requiere de grandes dosis de confianza, porque si no confías no puedes dejar a los demás ser libres y surge esa posesión que a ratos se convierte en enfermiza. Por otra parte, siempre me ha parecido que dejar a los demás ser libres implica la confianza en que sabrán solucionar las consecuencias derivadas de sus actos. En definitiva, para mí el amor se cimenta en esa confianza y en esa libertad que les damos a los demás y a nosotros mismos para ser y llevar a cabo esa Voluntad por la que estamos en esta existencia. Así como llegar a ese propósito en la vida que tanto nos esforzamos por conseguir.

Como wiccana, para mí el amor se da en libertad y entre iguales. Como en el ámbito del aprendizaje, creo que no puede haber amor si la relación genera estrés o coacción en alguna de las personas que la integran. El amor, a múltiples niveles (no sólo el amor por una pareja) me ha enseñado muchas cosas de los demás en las que me he podido ver reflejada yo misma. Pero siempre con la distancia suficiente como para darme cuenta de que la persona es un ente independiente, una persona completa igual que lo soy yo. ¿Por qué buscar el amor, entonces? Para aprender más sobre nosotros, para caminar junto a alguien, pero no para “tener” o “poseer” a nadie. Las personas no son objetos. Las personas tienen su propia voluntad, sus propios proyectos y necesitan su espacio.

Es por ello que soy tan reacia a dar filtros y hechizos de amor, a realizar amarres y demás, tema al que me gustaría aludir en la siguiente ocasión, y por lo que creo que muchas personas, también wiccanas, se sienten tan reticentes a tratar este tema en las discusiones al respecto. Es cierto que a veces nos dicen eso de “hay que ver, un bruja que no quiere dar lecciones sobre cómo atraer otras personas a las vidas de los demás”. Pues es cierto, y no porque los hechizos no funcionen, que funcionan, sino porque existe una base moral en la Wicca que nos hace pensar en que el amor, como todo, se crea en libertad. Y la magia, en determinados contextos, no deja de ser una forma de coacción. Si se quiere amor en la vida, hay muchas formas de conseguirlo, y no será la primera vez que alguien pide amor y los dioses le ponen en su camino un dulce y simpático perrito.

En el próximo artículo daré algunas pinceladas sobre los hechizos de amor en sí, cómo funcionan y algunas recomendaciones.

Ay, las musas

musas2En mi oreja suena una canción pop. Alguien se queja de su desventura amorosa. Al rato suena un joven cantautor que le canta al sexo de su amante, al momento lúbrico y crudo que prevé que suceda en el encuentro amoroso. Y ahí estoy, en medio de la música, embriagada de ella y hasta del sudor del cantautor, que le recorre al pensar en el paraíso de estar con la persona que reúne sus deseos. Sólo es música y se basa en sólo relaciones matemáticas entre tonos, pienso, y sin embargo, ¿por qué me produce tanto placer?

Y dicen que las musas se fueron. Que no hay nada nuevo bajo el sol. Yo lo digo mucho, de hecho. No inventamos nada nuevo, pero inventamos nuevas formas de vestir a nuestras musas, de cantar al ser amado, de hablar de temas, de crear. Antaño, nuestras musas iban con túnica o incluso desnudas. Hoy van vestidas de colores estrafalarios, algunas llevan diseños de prêt-à-porter, otras van de Chanel, porque hay artes que hay ahora y que no había en la antigua Grecia. En todos los casos, hay algo de ellas en el mundo. Cada edificio por el que paso en mi camino a cualquier parte, antes de estar ahí, estuvo en la cabeza de alguien y fue inspirado, probablemente, por una musa. Con más o menos eficiencia, con más o menos adecuación a su entorno, pero todo comienza con esa chispa que prende, con la intención de hacer arte de nuestras propias vidas. En definitiva, con el susurro de una musa en nuestra oreja. Esas musas, si nos pillan, que nos pillen trabajando, como dice una gran artista a la que conozco. ¿Es que hay otro modo de que le pillen a uno? Sí, muchas veces le pillan viviendo. La experiencia es una musa. Seguro que hay una musa a la que le gusta la vivencia.

Mi mp3 continúa su recorrido por las canciones de la lista. Una cantante famosa se queja de que no tiene inspiración, pero compone y canta una canción sobre ello. Queridas musas, ¿acaso una de vosotras se dedica al sutil arte de la ironía? Apuesto a que sí. Seguís presentes, aunque ya seamos pocos los que reparemos en vuestra presencia. Como Neil Gaiman cuando narró en su Sandman la captura de Calíope mientras se bañaba.

Ay, mis queridas musas, que despertáis a más de uno a mitad de la noche con la necesidad imperiosa de escribir, de narrar, de contar, de compartir. Sois mucho más que la inspiración y las artes, sois el motor del mundo. Y sin embargo ahí permanecéis, en un aparente segundo plano, haciendo materia la idea pura. Ay, queridas musas, muchos os han olvidado y en eso reside vuestro poder. Así podéis hacer bien vuestro trabajo. Apenas nadie se acuerda ya de vuestros nombres y, sin embargo, seguís haciendo posible lo imposible con tan sólo una chispa de imaginación. Seguís recordando a la Humanidad que, si puede imaginarlo, puede hacer que suceda.

Hasta siempre, Sable Rouge

Yo no conocí a Sable Rouge. Supe su nombre esta mañana, pero era hermano de mi tradición. Sería hipócrita decir que éramos amigos, o que sabía acaso de su existencia porque, en realidad, los wiccanos del norte de África viven en discreción. En algunos países, exhibir el pentáculo es peliagudo y hasta peligroso. Como dato, no tenemos personas que representen a la Pagan Federation International en países árabes (que yo sepa). Lo más hardcore que tenemos está en Israel, y paremos de contar.

Así que no puedo contar la historia de Sable Rouge, porque no sólo no le conocí, sino que se mantuvo en una discreción necesaria para su propia supervivencia y la de los suyos. Algunos se quejan de tener que vivir en un Estado que mantiene buen trato con la Santa Sede, pero después de saber de él esta mañana he llegado a la conclusión de que no sabemos lo que tenemos. No apreciamos lo que tenemos.

A Sable Rouge le han matado por ser pagano. Era miembro del Santuario de la Luna Menguante, de la Tradición Correlliana. Estudiaba Wicca con ellos. Yo no conocí a Sable Rouge, nunca podré hablaros de lo divertido que era, o de la filosofía con la que llevaba su vida, o de la familia tan estupenda que tenía. Pero sí puedo hablaros de lo mucho que tenemos, de lo que es oro puro de la cultura en la que vivimos, de lo agradecidos que hay que estar por tener libertad para creer en lo que nosotros queramos, con mayor o menor dignidad, con mayor o menor presencia pública. Mirad, es un privilegio para mí poder expresarme a través de estas líneas. Es un privilegio para muchos tener un canal de Youtube, o decir “soy wiccano” y que, si alguien se extraña, se le pueda contestar en condiciones.

Hasta siempre, Sable Rouge. No podré decirte nunca a la cara lo valiente que me pareciste por vivir como wiccano en un país en el que las religiones “no oficiales” viven un infierno. Te lo digo ahora, por aquí, con una vela, porque creo que me estás leyendo, que me estás escuchando, que nos escuchas a todos. Tu familia biológica y tu familia espiritual lloran tu pérdida, y sin embargo nos dejas un regalo en forma de enseñanza: que ninguna guerra ni crítica entre religiones merece la pena, que la vida está para vivirla, con más discreción o menos, y que la suerte que tenemos ahora en España, como en otros países, es porque muchos otros lucharon para buscarla. Tenemos tanto por lo que agradecer: libertad de expresión, libertad religiosa, libertad para desarrollarnos. Gracias por recordarme todo eso esta mañana, en tan sólo un instante. Gracias, Sable Rouge, y que la luz de Hécate vaya siempre contigo, portador de la llama.

Iniciativas por el cambio

62279_386728938078542_397464075_nEl otro día, comentando algunos temas por un foro wiccano, surgió el mismo tema del que ya hablé hace unas semanas en el post del Radicalismo Religioso. La verdad, me sentí comprendida al ver que no era la única que notaba una radicalización del ambiente. Cuando escribí mi post sobre radicalismo estaba pensando en las críticas que se vertieron hacia los musulmanes y las que se suelen hacer hacia los cristianos por parte de algunos sectores de nuestra comunidad, pero últimamente he visto que ni los wiccanos nos libramos. El problema de las críticas hacia cualquier religión es que se generaliza, y cuando esto sucede se toma la parte por el todo. Me resulta triste que esto se haga, pues la mayor parte de la gente de ese mundo que hay ahí fuera es muy buena, independientemente de su religión. Sólo quieren alimento, un techo y una seguridad, igual que todos nosotros.

La solución, valga la redundancia, es poner soluciones. Creo que una crítica hacia otro grupo no es nada sin a) intentar acercarse a los otros para intentar comprender y b) solucionar uno su propia parte del problema. No podemos obligar a los demás a cambiar, pero podemos cambiar nosotros mismos. Me doy cuenta de que nos retroalimentamos mucho unos a otros y que estas críticas, como ya dije, están siendo generadas por un momento convulso de nuestra Historia, lo cual es comprensible. Pero si yo, tú y él decidimos seguir quejándonos y criticando, ese pensamiento será igual de tóxico y se pegará de la misma forma que una gripe, es más, acabará siendo epidemiológico en nuestros grupos. Sobre todo en una comunidad tan pequeña y tan dominada por el uso masivo de Internet. Yo no quiero ese ambiente para la comunidad en la que me muevo, porque creo que nos merecemos estar sanos. Estamos en caminos espirituales para eso mismo y para crecer como personas. Así que pongamos soluciones, trabajemos todos juntos en esto, de a poquito pero sabiendo hacia dónde vamos. Ya sea con un euro a organizaciones por la paz, el medio ambiente o la caridad (gracias a plataformas como Teaming es bastante sencillo hacer microdonaciones), ya sea difundiendo casos de personas que necesitan ayuda a través de las redes sociales, ya sea mediante el uso de la magia.

Una de esas iniciativas mágicas por el cambio ha venido de la mano de mi amiga Gaia, del coven “El Caldero de Cerridwen“, de la Tradición Greencraft, quien ha tenido la gentileza de organizar unos rituales por el cambio. Ella ha titulado su iniciativa “Ritual de crecimiento de la consciencia” y la primera sesión tendrá lugar el próximo día 20 de febrero de 2015. Su diseño permite que se puedan hacer desde cualquier lugar en el que uno se encuentre, y tiene como objetivo algo que se puede hacer con magia, como es impulsar un cambio de consciencia, primero en nuestra comunidad, luego en el mundo. Se trata de “asumir la responsabilidad de nuestros actos, tratar de hacer las cosas bien y ser mejores con nosotros mis y, por ende, con los demás”, de acuerdo a las instrucciones del rito. El evento, llamado “Creando consciencia y cambio” se encuentra en Facebook en la siguiente dirección: https://www.facebook.com/events/866058106750159/?fref=ts

Otra de las iniciativas por el cambio lleva ya un tiempo siendo publicitada dentro de la Tradición Correlliana. Se trata de la “Guerra espiritual por la paz” que traté brevemente el otro día en Encrucijada Pagana. En una situación tan convulsa como la actual, cualquier intento por mantener una delicada paz es bienvenida. Las oraciones por la paz se están organizando a través de la página web principal de la Tradición, con presencia de multitud de órdenes, Templos y Santuarios por todo el mundo, que cada semana oran por la paz en un sencillo gesto. Podéis ver más información al respecto en la siguiente dirección (en inglés): http://www.correllian.com/Peace.html.

Éstas son las dos iniciativas por el cambio que conozco hasta el momento. Seguro que hay más, porque la gente no siempre publicita mucho las cosas que organiza, pero me consta que este tipo de ritos se están llevando a cabo casi constantemente. Recordemos que las personas aportan con lo que tienen, algunos tienen dinero que donar a organizaciones, otros tienen sus manos para cambiar areneros de gatos en refugios, y otros tienen magia. Cualquier ayuda es bienvenida, cualquier aporte es necesario, cualquier granito de arena puede formar una hermosa playa. La clave está en empezar a poner soluciones y en dejar de quejarnos. Vamos a tratar de cambiar el chip, de ser inclusivos, de trabajar juntos. Sólo así podremos sanarnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

El Esbat, ese gran desconocido

Mientras quLunaLlena13122008e los Sabbats han hecho correr ríos de tinta en el mundo de la Wicca, me resulta muy curiosa la aparente falta de información que hay sobre los Esbats, o que la información que haya sea, a mi juicio, bastante superficial. Hubo autores que, a finales del S. XX, escribieron libros reflejando las lunaciones y lo que significaban, entre ellos la famosísima Z. Budapest, en gran parte debido a ese desconocimiento sobre los Esbats. Hicieron un gran trabajo, o lo mejor que pudieron, pero a veces, y a juzgar por los comentarios y posts que veo, tengo la sensación de que hemos perdido el Norte con respecto a qué celebramos.

Sabemos tan poco de los Esbats, que ni siquiera el origen de la palabra en sí misma está claro. La fuente más antigua que conozco es a través de Margaret Murray, en su “The Witch-Cult in Western Europe” (1921). Ella había encontrado esa palabra, Esbat, en textos franceses del S. XVI, haciendo todos (o casi todos) referencia a la caza de brujas y a testimonios de supuestas hechiceras. No había otra referencia a esa palabra y, leyendo los textos originales, ni siquiera parecía estar asociada a las lunas. De acuerdo con Murray, el Esbat era una asamblea dedicada a la diversión que podía suceder en cualquier momento, no estando vinculada a un día en particular. Y se realizaba no en torno a la Luna, sino a la figura de un señor cornudo (en los textos originales “el Diablo”, obviamente, porque estaba en el contexto de la caza de brujas) o un señor verde.

Y habiendo dicho esto, supongo que es el momento de que los detractores de la Wicca me digan eso de “¡Ahá! ¡O sea, que Gardner se lo inventó todo acerca de los Esbats y las lunas!”. La verdad, eso no lo sabemos. No sabemos si la evolución de la creencia llevó a los Esbats a convertirse en asambleas lunares, no sabemos si fue Gardner o fue otra persona, no sabemos cuándo sucedió ese vínculo entre Esbat y lunación. Existe ahora, porque esta religión es un trabajo en proceso, y creo que es todo lo que nos debe importar.

Sin embargo, mi opinión al respecto es que hemos ido asociando cada vez más el Esbat a una celebración formal y llena de pompa, en lugar de ese momento de alegría que se decía que era en el S. XVI. En casi todos los libros que leo sobre celebraciones de sabbats y esbats, veo que hay mucha estructura ritual, mucho círculo y mucha cosa, para una celebración que, al final, creo que debería ser más íntima y sencilla, más de estar juntos y celebrar, más de reconocer a la Luna en los propios procesos corporales. Porque me parece que la Luna tiene un ciclo más íntimo y sencillo, simplemente. Hace mucho tiempo que celebro las Lunas en la intimidad, con mi familia, y que hago ciertos gestos para recordarme que estoy en plena Luna Llena, en lugar de montar un altar especial y ponerme súper ritualística de la muerte. Ya tendré tiempo de ponerme formal con los sabbats.

Todo esto se complica si empezamos a celebrar Esbats de Luna Llena, Menguante, Oscura, Nueva, Creciente… y todas sus vertientes, como escucho con cierta frecuencia que se hacen. Si tengo que ponerme a hacer un ritual complicadísimo cada vez que la Luna cambia de fase, entonces voy lista. Quizá soy demasiado pragmática, pero cuando me paro a pensarlo digo, ¿por qué nos complicamos tantísimo la vida? Si empezamos a inventarnos más cosas, ¿cuándo vivimos más allá del ritual? ¿Cuándo nos paramos a mirar el cielo, la naturaleza y vivir realmente los ciclos? El que quiera vivir en un rito constante, perfecto, yo prefiero mirar el cielo y sincronizarme con lo natural mediante la observación y la vivencia.

Así que, en lugar de ponerme a trazar círculos, moverme en Deosil y llamar a todo mi coven a celebrar las Lunas, prefiero hacer otras cosas. Algunas de las actividades que realizo durante los Esbats, cuando quiero celebrarlo de una forma más personal, son:

– Darme un baño de luna. La ventana de mi baño da al Este, así que, cuando está saliendo la Luna Llena, me gusta llenarme la bañera de agua caliente y sumergirme mientras la miro, o darme una ducha a luz de sus rayos. Me pongo un incienso agradable y suave, lleno la habitación de velas de té y apago las luces artificiales. Medito dentro de la bañera y siento cómo me sincronizo con ella a través de su luz.

– Practico sexo con mi pareja. Claro que sí. Y practico magia sexual durante las Lunas Llenas cuando tengo necesidad de darle un toque más intenso a cualquier acto de poder. Aunque para practicar sexo cualquier momento es bueno, lo de la Luna lo hace más especial.

– Horneo. Me encanta hacer bizcochos en Luna Llena. La razón, no la sé, pero me gusta dejarle un trozo a mi Diosa y compartir con ella mi “obra”.

– Me doy un paseo. Me encanta pasear mientras veo salir la Luna, observo cómo se comporta la gente. Me gusta ver cómo estoy yo cuando hay Luna Llena, si mi humor está diferente, si me noto más feliz o más abatida… a veces este paseo me lo doy mientras voy de cañas y tapas por mi ciudad.

– Me fijo en mis sueños durante las noches de Luna Llena. Siempre que tomo nota de mis sueños, anoto la fase lunar. Es una pequeña manía que me ha servido para darme cuenta de que tengo sueños más intensos en las noches de Luna Llena.

– Bebo un buen vino o un rico zumo de frutas, y preparo una cena especialmente sabrosa para tomar con mi pareja. Esto no significa que sea elaborada, a veces es tan simple como preparar una ensalada con ingredientes especiales y vinagreta de miel. Delicioso y rápido.

También hay actividades que realizo durante el resto del ciclo, y que ya se han convertido en casi automáticas con el paso de los años. Por ejemplo, tengo por costumbre arreglar las plantas en Luna Menguante, así como ordenar los armarios y tirar o donar las cosas que no me sirven. En Luna Creciente me pongo creativa, es cuando más posts escribo (muchos los guardo en borradores para no saturar el blog con entradas), me apunto a cursos para aprender cosas nuevas, y en cambio en Luna Nueva tengo un parón y me suelo poner meditativa. Me da seguridad seguir esos ciclos, creo que es una forma de sentirme más cerca de ese mundo en el que hemos nacido, que a veces nos parece tan lejano debido a las prisas, los humos y los horarios. Porque en general, con tanto huso horario, hemos des-aprendido a seguir los ciclos naturales, a despertarnos con el sol y a vivir el día a día según unos ritmos que no nos han impuesto unos mandatarios, sino que son los ritmos que ya lleva este pequeño mundo azul en su “equipamiento de serie”.

Y a colación de esto, ya lo dije en el post de Conectar con los ciclos hace un par de años, no es necesario ser muy meticuloso con los Esbats, pues tradicionalmente se dice que hay tres noches de Luna Llena, a pesar de que “oficialmente” se marque el momento del Esbat en un día a una hora. Esto es porque antiguamente la gente no tenía efemérides, los paganos de antaño no se fijaban en las agendas de las brujas de Llewellyn, sino que miraban al cielo. Creo que deberíamos recuperar esa costumbre, aprovechar el paseo matutino o vespertino para fijarnos durante un momento en la bóveda celeste, aprender por dónde se alza la Luna en nuestro lugar de residencia, y en qué momento del día, y a partir de eso comprobaremos que es muy fácil seguir las fases de la Luna sin necesitar ninguna efeméride ni ninguna app que nos lo recuerde. Yo lo tengo claro: si me acompaña al trabajo por la mañana, la Luna está Menguante. Si la veo alzarse, ya de noche, por detrás de determinada colina, es que está Creciente. Y por supuesto, la forma de la Luna es determinante para eso. Reparar en estos ciclos es parte de nuestro trabajo interno como paganos, es recuperar esa conexión que hemos perdido con el mundo natural. Mucho más que hacer mil rituales de Esbat, inventar cosas enrevesadísimas y celebrar de todo menos que, un mes más, un día más, seguimos vivos. Creo que es necesario volver a las raíces y no complicarse tanto inventando cosas que sólo sirven para que haya gente que diga que es wiccano y sólo sea de boquilla, porque es imposible pasarse el día entero ritualizando.

El vértigo de no estar de acuerdo

Tarot_Star_by_artmagic99El otro día estuve hablando con un alumno que me pidió ayuda para un asunto relacionado con la Tradición. Es una persona muy crítica (en el buen sentido), le gusta la exactitud y le gustan las cosas bien hechas. Le preocupa que sus cosas estén actualizadas y en orden. Me encanta que sea así. Hablando con él, me di cuenta de que hay demasiadas cosas de mi paradigma, que es mi Tradición, que he dado por sentadas pero con las que mi Yo de ahora no termina de estar de acuerdo. Ya me había dado cuenta de eso cuando hice una primera revisión de los materiales que doy en primer grado y empecé a ofrecer anotaciones y cambios y suplementos a ese nivel, hará un año más o menos. Sin embargo, no quería que el “sabor” correlliano se perdiera, si bien, sobre todo, no quería que la información no fuera exacta, y eso era lo que más me importaba. Ahora este chico se veía en la misma tesitura. Me vi impelida a echarle una mano.

Da mucho vértigo darte cuenta de que no estás de acuerdo con ciertas cosas, cuando es la rama de la Wicca que has seguido durante gran parte de tu vida. Es como ver caer parte de tu paradigma, pero también creo que es necesario hacer caer esos paradigmas de vez en cuando. Ante todo, entiendo que los materiales de estudio de mi Tradición se gestaron en los años 80, en un país como Estados Unidos. Yo soy española y vivo en la segunda década del S. XXI. Cuando esos materiales se estaban gestando, yo estaba naciendo. Me doy cuenta del cambio tan tremendo que ha tenido la sociedad, ya en mi país, y me doy cuenta de que probablemente las circunstancias que rodearon a la Wicca por aquellos años eran muy diferentes de las circunstancias que nos rodean ahora. Para empezar, el acceso a la información no era tan sencillo. Para seguir, no era una religión conocida en absoluto. Había una gran influencia del movimiento New Age, mucha más que ahora, y eso que ya hemos entrado, se supone, de pleno en la Era de Acuario. Muchísimos de los autores que eran famosos en los 80 fueron conocidos por inventarse algunas cosillas (en un ejercicio de “rellena los huecos, y como no hay información, échale imaginación”). Se han hecho muchos descubrimientos desde entonces hasta ahora. Y yo eso lo comprendo, claro que sí.

Pero nunca está de más hacer caer los paradigmas y darte cuenta de que caen. Sobre todo cuando, a veces, te ves obligado a aceptar que estás en una religión que es un trabajo en elaboración por parte de mucha gente, no sólo por tu lado, sino por el de otros muchos creyentes que aportan a la religión, y a tu rama en particular, mucho más de lo que a priori puede pensarse, a través de ese trabajo constante que todos hacéis a la vez. Si echo la vista atrás en estos casi 12 años de Correllianismo que llevo andados, me doy cuenta de lo muchísimo que hemos cambiado como colectivo. No sólo se ha trabajado en hacer caer paradigmas, de hecho ha habido ocasiones en las que nos hemos chocado contra el suelo de tanto caer y caer nosotros mismos. Que los materiales de Primer, Segundo y Tercer Grado necesiten un retoque propio, o una adaptación a los tiempos, o una adaptación a la cultura y a nuestra forma de aprender (los españoles no nos parecemos a los norteamericanos, pero en absolutamente nada), ahora que lo pienso, ya no me da tanto miedo. Es simplemente una forma de reflejar todo lo que hemos vivido juntos y todo lo que hemos cambiado. Da vértigo, pero no es por caer, es porque, como en el Tarot, después de la Torre y su caída, siempre viene la Estrella. Y con ella viene la esperanza, y el vértigo de mirar hacia arriba y sentirte pequeño en la vastedad del Universo. Da vértigo ver que tanto tú como otros seres pequeños que te acompañan, al final, estáis escribiendo la Historia de algo, como el que llena un lago gotita a gotita, mientras el Universo sigue girando. Y al final todo eso quedará para generaciones que tú nunca llegarás a conocer. Y dentro de unos años llegará alguien y considerará que su paradigma, que es el tuyo, ya no es del todo exacto, y lo cambiará ligeramente. Y así sucesivamente. Es hermoso, y también da miedo, pero así son los cambios. Eternos.