Etiquetas y religión

Aprovechando los días de fiesta, el estar con la familia, que en estos momentos además con mi embarazo se está convirtiendo en casi una constante (todo el mundo quiere disfrutar de mi barrigón, y no les culpo, a mí también me encanta), he tenido la oportunidad de intercambiar ideas con personas de diferentes religiones. Una de las conversaciones más interesantes a este respecto la tuve hace unos días con mi madre. Ella ha sido tarotista durante muchos años… pese a que se considera católica. Estábamos hablando sobre espiritualidad y me comentó que no se sentía muy cómoda con la etiqueta “católica” de todas formas, porque no está del todo de acuerdo con lo que promulga la Iglesia, y que de hecho con muchas cosas está en un tremendo desacuerdo. Me preguntó qué tal llevábamos los paganos eso de meternos en una etiqueta, si yo consideraba que la gente seguía determinados patrones dependiendo de cómo se denominara, o si dentro de las diferentes corrientes había desacuerdos.

Lo primero que se me pasó por la cabeza fue decirle que en absoluto estamos todos de acuerdo en todo, para empezar porque el término “pagano” engloba una cantidad tan ingente de personas, corrientes y ramificaciones que es imposible estarlo. Le dije también que ni siquiera yo estaba de acuerdo con todo lo que se decía dentro de mi propia tradición o religión, que tengo una visión muy personal y que de hecho me molesta que se diga de los wiccanos que somos así o asá (juicios de valor que me han venido especialmente desde fuera o por parte de gente que ya no es wiccana), porque no hay dos personas iguales y por tanto no hay dos wiccanos iguales, ni siquiera dentro de la misma tradición.

Creo que mi madre se descorazonó un poco cuando le dije esto, porque quizá tenía la esperanza de que estuviéramos más unidos como comunidad. La etiqueta está muy asociada en esta cultura (y creo que erróneamente) al concepto de identidad. A veces se me asemeja a la película de Quadrophenia: o eres rocker o eres mod, y eso es lo que te define, y no creo que deba ser así. En el sentido de la religión que practico, creo que de primeras hay mucha gente que quiere ser etiquetado como “wiccano” porque tiene esa connotación de ser brujo, pero “brujo bueno”, o incluso iluminado espiritual. Y dentro de la Wicca, como “gardneriano” o “tradicional” porque consideran que eso es ser glamuroso, un “auténtico wiccano” o “serio”. Cuando no se están dando cuenta de que la seriedad, la formalidad y otro tipo de cualidades individuales son personales, y no las da una etiqueta (ni una iniciación) sino una actitud. Pero claro, existe esa percepción porque ser gardneriano implica pertenecer al linaje de Gardner. Muchos de los que buscan esas iniciaciones se sorprenderían de lo tremendamente accesibles, simpáticos y divertidos que son los gardnerianos que yo conozco, muy lejos de ese halo de estar por encima del bien y del mal que se les ha dado desde fuera. Lo mismo pasa con mi propia tradición. He oído de los correllianos que somos poco selectivos y, sin embargo, me considero extremadamente selectiva en la gente a la que elijo para estudiar en el Templo, formal y seria en lo que respecta a mi práctica y a lo que hago. Otra cosa es que en lo personal me encanten los chistes absurdos. No tiene nada que ver la velocidad con el tocino y al final se trata de personas y caminos, pero desde luego no creo que una etiqueta defina lo que es alguien. Creo que es más bonito definirse por lo que uno mismo es. En plan “Hola, soy Harwe, soy una persona feliz, me encanta leer y escribir en mi tiempo libre, y adoro los gatos”.

Claro que es precioso sentirse parte de algo y por eso nos etiquetamos. A mí me encanta decir que soy correlliana, y por supuesto porque me han dado muchísimo, para empezar unas directrices en las que desempeñarme en mi camino espiritual, la posibilidad de expandir esas directrices y la capacidad para ayudar a otras personas. Pero eso no significa que esté de acuerdo con todo lo que se hace o dice en la tradición, y de hecho agradezco infinitamente que en mi tradición se permita tanta libertad de pensamiento al respecto de muchísimas cosas. Nada me arranca una sonrisa más que cuando el Rvdo. Don dice eso de “ésta es la visión que tenemos y como nos gusta explicarlo, puede que estés de acuerdo, puede que parcialmente, o puede que tengas tu propia explicación”. La verdad, me quito el sombrero, porque con esos comentarios y esa libertad a cualquiera le gusta ser de la etiqueta que sea porque le dejan a uno ser uno mismo. Curiosamente, encuentro el mismo comentario en muchísimos otros compañeros y compañeras wiccanos que conozco de otras tradiciones. ¡Y me parece genial! Creo que lo importante al final es ser coherente con uno mismo y saber vivir en sociedad, darse cuenta de que no se es el centro del universo, sino una parte del mismo, y sentirse feliz con eso.

Por otro lado están los que huyen de la etiqueta “Wicca” tanto que prefieren decir “soy de esta religión/tradición/loquesea porque la Wicca es una chuminada plagiada barata”. Muy bien, pero no creo que sea sano etiquetarse uno mismo en función de la negación de otra fe, sólo por el hecho de no estar de acuerdo con dos o tres personas que no representan a todo el colectivo. Es como si alguien toma mi blog como referencia de lo que es un wiccano, cuando en realidad éste es el espejo de la mente de Harwe, y no representa a toda la Wicca. Por otro lado, estoy, y creo que la mayor parte de los wiccanos estamos, totalmente conformes con tener influencias hasta de la Blavatsky. ¿Y qué religión se mantiene “pura” desde tiempos inmemoriales? ¡Ninguna! ¡Las religiones son herramientas orgánicas, están vivas, y cambian por y con la gente! Otra cosa es que se quieran mantener las costumbres por una cuestión de honor, de lealtad, a esas personas que fueron antes que nosotros, pero esto está hecho por y para personas. No al revés.

Una de las grandes dudas de mi madre en los últimos días a este respecto, y que me hizo llegar a colación de su propia duda con respecto a su auto-denominación, fue, “¿y qué pasa en vuestro caso si te equivocas en la etiqueta? ¿Y si de alguna forma sabes que no es para ti, que no estás de acuerdo?”. Le contesté que para eso tenemos el mínimo del año y el día, al menos en mi rama y en la mayoría de las ramas que he tenido el gusto de conocer. Es duro ponerse una etiqueta, porque de alguna forma sabes que luego vas a ser constantemente comparado por los demás, y que incluso te vas a comparar tú mismo con otras personas de tu misma corriente, pero a la vez es un privilegio porque sabes que se puede elegir. Por eso hay que estar seguro de por qué se asumen determinadas posiciones en el paganismo, para qué y cuáles son las razones de base para tomar la decisión de seguir x corriente pero siendo uno mismo, y haciéndolo porque a uno le llena, no pensando en la posición social de ser iniciado de x o por la connotación que tengan otras ramas.

¿Que hacer esto requiere autoconocimiento y autocrítica, y que lleva tiempo? Claro. Y nadie dijo que fuera fácil.

Religiones del mundo con influencia en la brujería (1): El Yazidismo

Durante un momento me desvinculo de mi otra serie de artículos especiales, la de tabúes en la Wicca, para empezar una nueva. Aunque no soy una experta en religión comparada, me gustaría abrir una ventanita a religiones que han tenido y tienen influencia en la brujería actual, no desde el punto de vista de un erudito, sino desde el de una buscadora a la que, de vez en cuando, le gusta leer sobre este tipo de temas. Creo que comprender que no hay nada nuevo bajo el sol, y que somos herederos de las creencias de personas que estuvieron antes que nosotros, nos ayuda a ver que no existen caminos “verdaderos” o “más válidos”, sino sólo personas y caminos, y que esos caminos son orgánicos y están vivos. Así pues, hoy quisiera presentaros una religión, el Yazidismo, que tiene una gran influencia en la Tradición Feri de Victor y Cora Anderson, una tradición de brujería no asociada a la Wicca, y que está vigente a día de hoy. De hecho, el Yazidismo está vivo a día de hoy también.

El Yazidismo se da principalmente en Oriente Próximo y, de hecho, los últimos sucesos políticos en torno a sus creyentes no son especialmente favorables para ellos. Situaciones geopolíticas aparte, se considera que el Yazidismo es una religión de origen pre-islámico. Esto quiere decir que fue creada antes de que el Islam surgiera. Y el Islam surgió en el S. VII d.C., así que os podéis imaginar lo antiguo que es como religión el Yazidismo. Actualmente, sus creyentes son considerados una minoría religiosa, incluso en los países en los que se encuentran presentes.

Su religión se mantiene bastante en secreto, pero se saben ciertas cosas de ella. Por ejemplo, que es una religión que surge como sincretismo, y que tiene como influencia al Zoroastrismo, que surge también en Mesopotamia. Que una tradición como la Feri lo tenga como influencia actualmente, no obstante, no significa que sean o se consideren paganos, de hecho son monoteístas y consideran a su Dios como el creador y divinidad principal. Lo interesante de esto es que el nombre de su Dios, Melek Taus, es “Dios Pavo Real”, idéntico al de uno de los dioses principales de la Tradición Feri. Y es más, algunos creyentes de la Tradición Feri han considerado el Yazidismo como uno de sus préstamos históricos, y de hecho incluso algunos consideran a ambas divinidades la misma entidad. Melek Taus es retratado frecuentemente en el arte como un pavo real. Se cree que esto fue un préstamo de una divinidad similar hindú, pues en el actual Irak ese animal no existe.

El Dios Pavo Real es el jefe de los ángeles y para los Yazidistas es la figura central de su fe. Su historia es muy bonita porque ellos consideran que se redimió de alguna manera para crear el universo. Para algunos lingüistas, el nombre “Taus” es un cognado de Zeus, o Dios (del griego Theós). Sin embargo, dicho nombre tiene connotaciones negativas para algunos musulmanes y cristianos, pues consideran que el otro nombre de Melek Taus, Shaytan, es el nombre que los textos sagrados le dan al diablo. Es por ello que han sufrido muchas persecuciones a lo largo de la Historia y lo que han hecho para sobrevivir ha sido “disfrazar” su creencia entre las corrientes religiosas mayoritarias. Y esta historia a los practicantes de brujería tradicional quizá os resulte familiar.

¿Es pagana o no está religión? Honestamente, no creo que los Yazidíes se consideren a sí mismos “paganos”. Para un cristiano quizá lo sean, porque básicamente para ellos “pagano” es todo lo que no sea cristiano, pero no tenemos suficientes datos como para saber si realmente son una religión pagana en tanto a la acepción de “habitante del campo” que solía tener. De todas formas, y como acabamos de ver, las terminologías resultan limitadoras y quizá ponerle a algo el adjetivo “pagano” no sea lo más adecuado en el contexto de la religión comparada. En cualquier caso, es un bello ejemplo de que, efectivamente, hasta las tradiciones que consideramos más antiguas y mistéricas tienen algo de religiones que ya existían, y que estamos viviendo en el mundo que crearon nuestros antepasados, dándonos la oportunidad de seguir creando el futuro para quienes vengan detrás. Evitando que tengamos que considerar unas religiones por encima de otras, ya que todas están, hasta cierto punto, emparentadas en algún punto, y todas tienen influencias externas.

El lado menos visto de los oráculos, o “los dioses me dijeron que…”

Cuando tenía 7 u 8 años mi abuela me metió en clase de flamenco. Mi profesor de baile, un bailaor de flamenco que con los años se había visto venido a menos, se quejaba constantemente de un hijo que tenía, que se había metido en un grupo religioso y que decía que todo, absolutamente todo, era una tentación del demonio. Su tesis era que Satán se nos aparecía a todos a diario en multitud de ocasiones y nos decía que teníamos que hacer esto o lo otro. Como os podéis imaginar, mi profesor de baile estaba muy triste porque decía que su hijo era, lamentablemente, de todo menos libre, al vivir condicionado por un “el demonio acecha y nos pone tentaciones, mientras el ser humano es una marioneta en sus manos”.

Mi vida transcurrió sin volver a reparar en este hecho casi 30 años, hasta que un día me topé con una situación similar dentro del Paganismo. Y por similar quiero decir igual pero al revés. Me explico: al menos en la Wicca, como no tenemos intermediarios porque consideramos que la Divinidad vive dentro de nosotros, a veces utilizamos formas de contactar con la Divinidad de nuestro interior para obtener mensajes. Por ejemplo runas, tarot, oráculos canalizados, escritura automática, etc.

Hasta aquí es fantástico y nos puede ayudar muchísimo. La cosa es que todo oráculo es un arma de doble filo.

Por un lado, tenemos la “profecía autocumplida” que se ve con relativa frecuencia en el Tarot. Pongamos como ejemplo el de la persona a la que le realizan una tirada y le dicen que va a pasarle algo en el trabajo, como un cambio de puesto. Esa persona, que en principio está algo molesta con su jefe, decide cambiar de empleo. Esta profecía no se habría cumplido de no haberse realizado dicha predicción, puesto que el consultante jamás habría pensado en cambiar de trabajo si no se le hubiese dicho que iba a haber un cambio. Su conducta ha generado ese cambio, y no la lectura. Con las relaciones sentimentales esto pasa mucho. Recuerdo que una vez le eché las cartas a la amiga de una amiga, y le dije que iba a relacionarse con un chico alto y rubio. Resultó que nunca se había fijado en el chico alto y rubio de su grupo de amigos (quien, por cierto, estaba loquito por ella) hasta que yo le dije esto. A los dos días habían iniciado un torridísimo romance.

Con los oráculos canalizados también he visto esto. Y mirad que siempre digo eso de “hay que meter siempre los oráculos en el congelador y no mirar lo que se ha dicho en dos o tres semanas mínimo, cuanto más tiempo mejor” (de hecho hablé de ello en este artículo de aquí). El oráculo es canalizado por una persona, y la persona es siempre la que está entre la divinidad y el receptor del mensaje. Por muy divinos que sean considerados los mensajes, el cerebro y la lengua y las cuerdas vocales son humanas y, por lo tanto, pueden “envolver” el mensaje con sus propias palabras. Y el lenguaje, aunque es muy rico, es hasta cierto punto un límite cuando el canalizador actúa como “traductor” del mensaje.

Aunque le da mala fama al tipo de trabajo que realizamos quienes de vez en cuando canalizamos, creo que una actitud de credibilidad absoluta hacia los oráculos también lleva al borreguismo. Sobre todo cuando la persona que canaliza se erige en líder absoluto por tener ese tipo de papeles en el ritual. Las personas que dirigen rituales y canalizan deben ser conscientes de que a) no siempre la entidad viene para ser canalizada (y si no viene, no pasa nada, no significa que no se sea un buen canalizador ni un buen invocador) y b) canalizar no es tan chachipistachi como se piensa. Para empezar, cansa y quema a quien hace de oráculo. Y para seguir, creo que se corre el riesgo de convertir un ritual en un circo en el que va todo el mundo sólo para que la Diosa les hable, y no por la calidad del ritual en sí.

Yo me paro a pensarlo y me digo, ¿de verdad quiero un coro de borregos que me diga lo bien que canalizo? ¿De veras quiero la responsabilidad de ser un gurú? La respuesta es no. Canalizaré, o leeré las cartas, cuando tenga que hacerlo, pero ante todo he tomado la decisión de tomarme en serio el momento pero no tanto el mensaje.

Por otro lado, como receptores de ese mensaje, o consultantes, o como queráis llamarlo, creernos a pies juntillas lo que nos digan, sin una maduración del mensaje, puede llevar a una conducta que, desde mi punto de vista, puede llegar a ser perniciosa. Puede llevar a ese “los dioses me dijeron que…”, como el chico aquel que decía que Satán le ponía tentaciones por delante. Puede llevar a sentirnos marionetas ante un destino escrito y designado por los Dioses. Puede llevar a una adicción, al no gustarnos lo que dice el oráculo y consultar diferentes cartomantes, canalizadores y médiums para obtener el mensaje que queremos oír.

La madurez del receptor del mensaje es fundamental, igual que la profesionalidad de la persona que realiza el oráculo. Veo que la gente se queja de que (insértese aquí nombre del cartomante de turno) es un estafador, pero nunca veo que el usuario haga un análisis profundo de su propia conducta. Y por madurez no quiero decir escepticismo, sino sencillamente calma. Tomarse las cosas con filosofía y recordar que se es dueño de su propio destino. Que las cosas no están escritas.

Pasa lo mismo con las Divinidades que canalizamos. Creo que ninguna Divinidad tiene derecho a decirnos que debemos hacer esto o lo otro, por muy poderosas que consideremos que sean. Las Divinidades pueden querer ciertas cosas, pero tenemos derecho a plantarnos y decir que no. O a que otros se planten y digan que no. Se llama libre albedrío por algo, y siempre está en nuestras manos.

En la crisálida

Hace unos años tuve que hacer una meditación chamánica para encontrar mis animales tótem, como parte del entrenamiento en chamanismo correlliano, un curso complementario que tenemos dentro de mi tradición. Fue muy curioso encontrarme dos animales muy similares, la polilla y la mariposa, dentro de ese grupo de animales tótem que se suponía que me estaban acompañando. Me vino a la cabeza, después de esa meditación, unos versos de la letra de Madame Butterfly, mi ópera favorita:

PINKERTON: Deja que bese tus queridas manos ¡mi Butterfly! Qué bien te han bautizado, suave mariposa.

BUTTERFLY: Dicen que al otro lado del mar, si cae en manos de un hombre,  la mariposa es atravesada con un alfiler, ¡y la clavan a una tabla!

PINKERTON: Hay algo de verdad en ello. ¿Y sabes por qué? Para que no pueda escapar. Yo te he atrapado. Te abrazo apasionado. Eres mía.

Durante un tiempo estuve temerosa de que la presencia de animales como la mariposa y la polilla en mi vida significaran que alguien iba a pincharme en un corcho para no dejarme volar nunca más. O que alguien iba a ser esa vela que dicen que siempre atrae a las polillas, y a la que se dirigen irremediablemente aunque las acabe calcinando.

Pero si algo saco de ambos animales es su sentido de transformación. Ya hablé de ello en una fábula que escribí hace unos años, antes de saber que la mariposa y la polilla eran mis animales tótem, y a la que titulé “Yo era una oruguita”:

Yo era una oruguita, una pequeña y tímida oruga que miraba a las mariposas volar. Me arrastraba por las ramas de las plantas y miraba al cielo, viendo cómo daban piruetas y lucían sus colores al sol mis hermanas las mariposas. Era feliz siendo oruga porque tomaba el sol tranquilamente y me balanceaba en las hojas como si de hamacas se tratasen, pero me preguntaba qué se sentiría al volar, al poder viajar más rápido de lo que nunca había viajado, al saber qué hay más allá de las flores del patio.

Un día, alcé la voz y le pregunté a una mariposa dorada qué tenía que hacer para volar. “No hace falta más que extender las alas”, me dijo. Lo intenté, pero yo no tenía alas, así que me estrellé contra el suelo, ¡qué mala suerte! De haber tenido huesos, me los habría roto todos, seguro. Pero yo era una oruguita, así que no tenía huesos y aunque me hice daño, volví a reptar por mi ramita hasta una hojita en la que descansar.

Me estaba recuperando del susto, cuando vi en una rama cercana a otra oruguita que parecía muy atareada. “Hola”, le dije. “Hola”, respondió. “¿Qué haces?”, le pregunté. “Tejer”, me contestó. “Estás muy sola, ¿quieres que te haga compañía?”, le pregunté. “Gracias”, me dijo la otra oruguita, “normalmente estoy solita con mi tarea, porque las otras orugas piensan que soy rara porque me paso el día tejiendo en vez de ver volar a las mariposas, pero a mí no me importa. Sólo quiero terminar mi tarea y así seré como las mariposas.” Estaba tejiendo con dos agujitas de hacer punto, y contaba los puntos que daba, adelante y atrás, adelante y atrás. No había nada que la distrajera de su tarea.

Así que cogí yo también dos agujas y me puse a tejer. Tejí noche y día, tejí con sol y con lluvia. Ya no importaban las mariposas y sus cabriolas, sólo la tarea. Tejí en verano y en otoño tejí. Y en invierno, cuando las noches se hicieron frías y el fino rocío se heló en las hojas, me eché la manta hecha por mí por encima y me quedé dormida.

Desperté sudando. ¡Qué calor! Me quité como pude el tejido tan calentito que me había hecho, y me di cuenta de que había dormido todo el invierno. ¡Qué tarde es!, me dije. Y cuando fui a reptar para comerme un par de hojas, me di cuenta de que podía volar.

Volaba, y sentía la brisa en la cara, y en las alas, y en el cuerpo. Y el mundo me parecía vasto, y hermoso, y la luz era deslumbrante. Y abajo, un montón de oruguitas miraban mis cabriolas, y eran felices, pero hubo una que me preguntó con curiosidad qué había que hacer para volar, y entonces yo le dije lo que nunca me habían dicho a mí: que para poder volar hay que tejer primero.

La verdad, después de tanto trabajo con lepidópteros he de confesar que no he aprendido a volar. Más bien he aprendido a vivir dentro de la crisálida, dentro de la “manta” que tejió la oruga, dentro de la oscuridad que encierra la intimidad de mi propia alma. Creo que es más importante darse cuenta de lo que significa la transformación y lo que significa estar en constante revisión personal. Aunque a veces duele ver caer muros, preconcepciones y paradigmas que pensemos que sean inamovibles. Entender la creencia de uno como algo orgánico, vivo y personal que, al fin y al cabo, es el camino espiritual individual. Un camino que camino con mis propios pies, igual que los demás caminan el suyo con los suyos.

Aunque parezca que la crisálida es un lugar de recogimiento, recóndito y hasta cierto punto oscuro, que nos recuerda a “La noche oscura del alma”, me parece que hay más luz dentro de ella de la que puedo encontrar fuera. No hay que tener miedo a esa oscuridad de lo que tenemos dentro, a ese subconsciente, a esas aguas que esconden la sombra. Al fin y al cabo, la sombra sólo es una expresión de lo que no queremos enseñar, y a veces lo que no queremos enseñar es lo más hermoso, íntimo y espectacular que tenemos. Encierra los porqués, las razones ocultas y, al final, lo que hemos hecho de nosotros mismos a través de los años.

No me importa si nunca llego a ser una mariposa. Me gusta tejer. Me gusta ser. Me gusta mi oscuridad, mi luz, mis hojas frescas. Me gusta ser la oruga y me gusta ser la crisálida. No he nacido para que ningún Pinkerton me guarde pinchada en un corcho, ni bajo ningún vaso dado la vuelta, ni como ningún trofeo de caza de un aficionado a los insectos. Me gusta pasar por la transformación constante. Me gusta darme cuenta de lo orgánico de lo que vivo, de mi creencia, de mi fe, e incluso de mí misma. La lección de la crisálida es la lección del que se enfrenta constantemente a sus propios miedos: uno mismo.

Juicios de valor y Wicca

Hace un par de años dejé de escribir durante un tiempo porque consideré que me estaba volviendo demasiado crecidita con mis propias opiniones. Era demasiado enjuiciadora con respecto a qué era y qué no era Wicca, qué era y qué no era esto, qué era y qué no era aquello. Recuerdo que escribí un artículo sobre Wicca Ecléctica con el que ahora no es que esté en desacuerdo, pero creo que en este momento no lo escribiría de la misma forma ni sería igual. Entre otras cosas, creo que ahora matizaría mucho más que se trataba de mi opinión, que se trataba de mi punto de vista por aquel entonces, que aquello era lo que yo veía o dejaba de ver, porque estamos hablando de mi propia forma de contemplar el mundo. Estuve un año o año y medio sin escribir nada en el blog, dejando tiempo a mis propios pensamientos para madurar, retirándome un poco de mí misma para tomar algo de perspectiva. Intentando aprender a ser yo y a declarar abiertamente que eso lo decía yo, sin que supusiera la verdad absoluta para nadie más. Y lo expliqué en este post que mucha gente vio como lo que era: una declaración de intenciones. Intenté borrar de mi vocabulario palabras como “correcto”, “incorrecto”, “bueno”, o “malo”, intenté dar mi opinión y sólo mi opinión, e intenté no volver a enjuiciar a nadie. Incluso hablé de la naturaleza relativa del bien y el mal en este otro post.

Sin embargo, soy consciente de que toda actitud tiene un alto precio cuando se comunica. Y creo que estoy “pagando” lo que escribí en su día, los juicios de valor y todas las cosas que dije públicamente. Llamadlo karma, si queréis. Hay que ser cuidadoso con las ideas que vertemos en los social media. Nunca sabes quién puede estar leyendo y cómo va a entender lo que dices o escribes. Nunca sabes si te sigue o si no, si considera que ese artículo que escribí sobre la moral en la filosofía de las patatas fritas del McDonalds es vigente según mi Yo actual. Es uno de los problemas de la comunicación asíncrona que vivimos con esto de internet.

Para que esto sea totalmente actual, voy a declarar lo que pienso sobre los juicios de valor en Wicca: creo que no soy nadie, ni yo ni nadie, para hacer juicios de valor sobre la actitud de otras personas. Toqué el tema de pasada en uno de los artículos del especial sobre tabúes. No soy nadie para decir “esto está bien” o “esto está mal”, porque no conozco las razones que llevan a las personas a tomar determinadas actitudes o posiciones ante la vida. No soy nadie para hablar de los demás, soy alguien para hablar de mí misma, quizá para dar mi opinión, pero no para categorizar. Y estoy muy contenta de cómo he aprendido eso, y ha sido abriéndome a la comunidad pagana y a su diversidad.

Creo que no hay dos personas iguales y, como tal, no hay dos paganos iguales. Ni siquiera hay dos wiccanos iguales. Mi mejor amigo (wiccano de otra tradición) me abrió los ojos a esto hace un par de años. Le debo a esa aseveración lo más grande, porque me hizo darme cuenta de que sí, estaba etiquetando a quien no me correspondía etiquetar. Me hizo preocuparme por intentar no hacerlo, aunque reconozco que a veces es muy difícil no categorizar. Pero al fin y al cabo, ¿quién soy yo para decir quién es bueno o quién es malo? ¿Quién soy yo para decir qué características tiene un buen o un mal pagano? ¿Quién soy yo, si no una persona imperfecta más, que puede que incluso no entre en su propia categorización de perfección todo el tiempo, porque es imposible? ¿Quién soy yo para definir la Wicca? ¿Quién soy yo, sino Harwe dando mi opinión, y nadie más?

Ahora que me topo con categorizaciones para mi gusto demasiado fuertes (como qué es ser un “buen/mal pagano”) en las redes sociales, de gente que me lee y me ha leído durante un tiempo, soy totalmente consciente del daño que hice en su día a esta comunidad. Y explico por qué creo que es un daño: categorizar y enjuiciar sólo sirve para crear un mundo de buenos y malos, un mundo de separación, segregación y disputas que lleva a lo que precisamente no queremos: estar apartados unos de otros. Creo que la separación en una comunidad tan pequeña sólo lleva a que nunca tengamos todos esos derechos civiles por los que hay tanta gente luchando (derecho a ser reconocidos como minoría religiosa, derecho a tener unas exequias dignas, derecho a celebrar nuestros rituales de forma abierta y normalizada, derecho a que nos miren como a personas normales que simplemente han decidido tomar otro camino espiritual…). Porque estos derechos sólo se logran mediante la colaboración. No digo que seamos todos amiguitos, digo que es necesario hablar, conocernos y colaborar un poco. Y no separarnos mediante un juego de “buenos” y “malos”, “blancos” y “negros”, aunque se haga para contentar al grupo de turno que mantenga esa posición, porque queda muy bien contentar a los seguidores. No obstante, creo que ese tipo de categorizaciones nos pone en una posición de superioridad moral que no creo que nadie en esta comunidad tenga, ya que, al enjuiciar, nos estamos convirtiendo en eso, jueces. Yo pasé por ahí y ahora lo veo, y personalmente no me gusta, igual que hace muchos años no le gustó a la gente que lo hiciera yo y lo entiendo perfectamente.

Me estaría dando golpes de pecho eternamente si no fuera por esos otros paganos, los de ahí fuera, los que se mojan, que me han abierto los ojos a otras realidades y  que, en cierto modo, me han “redimido” de mi propia actitud previa. Ellos me han enseñado que para mí no es deseable enjuiciar a nadie, que no necesitamos Biblias (como ya dije hace un par de días) ni verdades absolutas. Ellos han sido los que me han enseñado que ni siquiera en Wicca existen los dogmas comunes, aunque yo hace unos años tuviera una visión bastante dogmática de la Wicca. He aprendido y sigo aprendiendo muchísimo de los compañeros con los que me he topado, de todas esas personas que son tanto conocidos como amigos, y de mi tradición, que son los primeros en decir eso de “ésta es la explicación que se da, pero puedes estar de acuerdo o puede que no”. Ese aprendizaje es lo único que me llevo de todo ese tiempo que estuve enjuiciando sin parar, porque si no hubiera partido de ahí no habría podido llegar a un sitio tan cómodo ideológicamente como en el que me encuentro ahora.

Y como siempre, es mi opinión. 🙂

Soy brujo/a y… quiero tener un gato

¿Qué hay más típico que la figura del gato junto a la bruja? Pues posiblemente el caldero, y poco más. Y ahora que llegan las fiestas, los regalos y esas cosas, es normal que en muchas casas se regalen mascotas para los más pequeños o para los no tan pequeños. Como orgullosa humana de dos gatos, me gustaría dar algunas pinceladas de lo que supone hacer buenas migas con estos amigos peluditos, sus cuidados y otros detalles a tener en cuenta.

¿Puedo permitirme tener un gato? 

Y no hablo de dinero, hablo de tiempo y de ganas. Hazte algunas preguntas antes de lanzarte a buscar al gato de tus sueños: ¿puedo permitirme comprarle una comida que cubra todas sus necesidades? ¿Dispongo de un lugar donde ponerle una bandeja de arena, y que esté alejado del trasiego del resto de la casa? ¿Estoy dispuesto a cambiar desechos cada pocos días y mantener la arena limpia? ¿Voy a estar en casa a menudo, para darle tiempo y cariño a mi mascota? Si me voy de vacaciones, ¿puedo confiar en alguien para que se pase por mi casa a diario y se asegure de que el gato está bien, le ponga agua y comida y le cambie la arena? ¿Soy consciente de que otras mascotas pueden no tolerar al gato, y estoy dispuesto a dar todo lo posible de mí como para hacer la convivencia armoniosa? ¿Tendrá mi gato suficiente sitio como para correr y jugar en mi casa? ¿Puedo darle un sitio donde dormir? ¿Soy consciente de las alergias propias y ajenas en casa, y todo el mundo está de acuerdo con tener un gato? Si se pone enfermo, ¿lo llevaré al veterinario y me aseguraré de darle la medicación necesaria hasta que le den el alta? ¿Estaré dispuesto a tener todas sus vacunas en regla y a cumplir con la identificación del animal de la manera en la que lo marque la ley pertinente?

Si la respuesta es sí a todas estas preguntas, entonces estamos preparados.

Características del gato como mascota

Un gato es más que una mascota. Es un compañero de piso. A veces incluso actúa como si fuera el dueño de la casa y tú te limitaras a pagar sus facturas. Pero, al contrario de lo que se cree, son animales muy apegados a una persona que actúa como su “humano favorito”. Esa persona será como su madre o su padre y la buscará para todo lo que necesite, si confía lo suficiente en ella. Que ésa es otra: el gato no te amará incondicionalmente como un perro. El gato te amará con todas sus fuerzas, pero sólo si te ganas su amor antes, y no sólo por ser el que le da de comer. Esto quiere decir que si te enfadas con él y hasta le pegas, él se enfadará y no querrá estar contigo. Si, en cambio, usas la mano izquierda a la hora de la disciplina, y lo disuades de hacer cosas de una forma en la que no se dé cuenta de que le estás distrayendo o disuadiendo, o lo “convences” de que rascar el sofá o subirse en la encimera no es divertido, entonces hacer esas cosas perderá el interés para el michín y no lo continuará haciendo.

Una relación de humano-gato se parece mucho a cualquier relación con cualquier otro humano. Son animales independientes, no en el sentido peyorativo de la palabra, sino en el que ellos son totalmente autosuficientes para buscar un sitio tranquilo y echarse una siesta. Irán contigo cuando tengan ganas y entonces sabrás que están siendo totalmente sinceros. Un gato no te adula, un gato va contigo y busca tu atención cuando realmente le apetece estar contigo. Y créeme, esto pasa muchas veces al día cuando la relación con el animal es positiva y armoniosa. Un gato no miente, no sabe, sus movimientos le delatan. Cuando un gato te lama, entonces amigo mío te estarán diciendo lo mucho que te aprecian, y será de verdad, desde lo más profundo de ese pequeño corazón felino.

Son animales extremadamente limpios. Se pasan el día limpiándose y a algunos les da hasta coraje que les toquen con las manos sucias. Si saben hacer sus necesidades en la arena y la arena está limpia, lo harán siempre ahí. Otra cosa es que la arena no esté a su gusto o que la limpies muy de cuando en cuando. Entonces puedes prepararte a que te dejen regalitos como muestra de su disconformidad con la limpieza de la casa.

Cómo elegir un gato

Primero de todo, plantéate cuántos años quieres vivir con tu amigo. Los gatos de raza son muy bonitos pero a) son carísimos y b) debido a la selección a la que son sometidos normalmente viven pocos años. Hay mucha gente a la que le encanta este tipo de gato, muy seleccionado, porque es un status social y porque el carácter es predecible al estar determinado por los genes.

No obstante, también existe la opción de adoptar, que es más económica. Hay muchos gatos abandonados todos los años, especialmente en verano. Se regalan muchos animales en Navidad y en cuanto la gata tiene el primer celo y queda preñada hay gente muy fría que abandona gata y gatitos a su suerte. Hay mucha gente estupenda, que recoge esa familia gatuna y les da un hogar provisional, esperando que surja esa familia que quiera tener un amigo para siempre. Mi experiencia como adoptante (mis dos gatos son adoptados) es muy positiva, y es verdad que mis michis son muy diferentes entre sí porque son gatos callejeros y no han sido seleccionados genéticamente. Aunque ojo, hay muchos más gatos de raza en estos refugios de lo que a simple vista parece.

Luego tenemos el factor edad. Los gatitos son preciosos y muy tiernos, pero dependiendo de lo pequeñitos que sean cuando lleguen a casa puede que no sepamos cómo van a ser cuando sean mayores. Todos los gatos de pequeños quieren experimentar, jugar a cazar, jugar a correr, jugar a perseguir… sin que esto tenga que ver con su carácter futuro. Mis dos gatos fueron adoptados de cachorros y han sido juguetones y simpáticos de pequeños, y sin embargo ahora son la noche y el día en el carácter. Que claro, los quiero a los dos tal y como son, pero quizá en un futuro adoptaría un gato adulto, con su carácter ya asentado, sabiendo con qué tipo de “persona gatuna” estoy tratando. Eso es lo bueno de adoptar gatos con dos o tres años: ya sabes qué tipo de carácter tienen. Y si vienen de un refugio ya están socializados, ya sabes si se llevan bien con otros gatos, ya sabes que van a hacer pis en la arena y que no van a llorar cuando se vean solitos de noche en una casa extraña. Recuerdo que  cuando adoptamos al pequeño las noches eran muy largas con el bebé gato llorando porque no estaba su mamá felina, hasta que nos aceptó como su papá y su mamá.

Finalmente y no menos importante, plantéate qué tipo de hogar tienes y quién eres. En un refugio de gatos con el que colaboro me contaron que una señora mayor se enamoró de un gato juguetón e hiperactivo. A la tercera vez que el gato se le agarró del moño para jugar, la señora decidió que lo devolvía al refugio porque era demasiado mayor para ese tipo de animal tan activo. Luego se llevó al clásico “gato alfombra” que no se mueve más que para comer e ir a la arena, y le fue muy bien. Si tienes niños, un gato juguetón pero paciente, que esté acostumbrado a mucho estímulo y que no tenga miedo a nada puede estar bien. Si eres tranquilo y sosegado, un gato como tú te puede ir estupendamente, para sentaros juntos con un buen libro en una fría noche de invierno y disfrutar de vuestra compañía mutua.

Preparando la llegada

No necesitas mucho para la llegada de tu gato. Primero, realizar los trámites necesarios con la persona o personas con las que hayas hablado para acoger a tu nuevo amigo. A veces es necesario papeleo, tanto en gatos comprados como en gatos de refugio. Incluso los refugios hacen cuestionarios y entrevistas previas para asegurarse de que puedes mantener un gato y darle el cariño que necesita.

Si recoges un gato directamente de la calle, lo ideal es que antes de meterlo en casa lo lleves a desparasitar interna y externamente. Esto lo hace un veterinario. También es necesario que le realice una exploración para ver cómo se encuentra de salud. Esto lo hicimos con mi primera gata (que ahora tiene 8 años y fue recogida de la calle teniendo dos o tres meses) y funcionó muy bien, y te ahorra disgustos con el hecho de que el animal de pronto se ponga tan enfermo como para que te dé un buen susto. Si no puedes llevarlo al veterinario porque es de noche o festivo, no pasa nada, mete al gato en casa. Pero si tienes otras mascotas, ponlo en “aislamiento” en una habitación diferente, al menos hasta que te digan que está sano (aunque luego habrá que hacer las presentaciones y hacer que el gato se acostumbre al resto de los animales y viceversa…).

Después de esto necesitarás un cacharro para la comida y otro para el agua. Lo ideal es que sean de cerámica, ya que hay gatos alérgicos al plástico. Si sólo tienes plástico, no pasa nada, lo importante es que tenga un sitio donde comer y beber. No le des leche, los gatos no toleran la leche de vaca. Luego necesitarás una bandeja de arena, pienso especial para gatos (o gatitos, según lo que tengas), arena y una camita para dormir. Aunque el gato luego dormirá en los sitios más insospechados.

Si vives en un sitio alto, como un piso o apartamento, recuerda que los gatos pueden distraerse queriendo cazar una mosca o un pájaro y caer al vacío por ventanas y balcones. Y no siempre salen ilesos. La solución es instalar una malla discreta en balcones, terrazas y ventanas, a la suficiente altura como para que el gato no pueda saltar a través de ellas.

Gatos, enegías y rituales

Al contrario de lo que leí una vez, los wiccanos no usamos gatos en los rituales. Pero sí es cierto que son animales muy curiosos y a veces se acercan en mitad de una de nuestras celebraciones para ver qué estamos haciendo. Se dice que los gatos pueden atravesar los círculos mágicos, igual que los bebés, sin afectar al ritual. También es muy normal que se acerquen a nosotros al vernos muy tranquilos, si estamos meditando por ejemplo.

Son animales muy sensibles a las energías externas y a los cambios sutiles en nosotros y en el hogar. Por eso pueden sentirse atraídos por una celebración o una meditación, ya que les agrada la tranquilidad, al igual que quedarse mirando al vacío en un sitio donde notamos un cambio energético. No todos los gatos son igual de perceptivos, no obstante, y habrá gatos que ni se inmuten. Pero es interesante ver qué despierta la atención del minino cuando se está haciendo algún tipo de actividad espiritual.

Los libros a pies juntillas

Ya he contado varias veces que me crié en un hogar católico y que fui a un colegio de monjas, como muchas otras personas. Pero nunca encontré a Dios en el evangelio del domingo. Mi Dios interior habitaba dentro de mí. Y me di cuenta cuando, en aquel mismo colegio, me hablaron de que alguien había escrito todas aquellas historias que estaban en la Biblia. Todas esas historias habían sido escritas por personas, sí, supuestamente por inspiración divina, pero siempre habían sido personas al fin y al cabo. Las personas se equivocan, es sabido por todos. Así que mi pregunta fue “¿Por qué no iban a equivocarse todos aquellos escritores de la Biblia?”. La lógica era simple: si la palabra es un instrumento humano, por muy divina que sea la inspiración siempre cabe la posibilidad de que al “traducir” esos conceptos al lenguaje humano se perdiera gran parte del mensaje. Así pues, la Biblia debía ser nuestra interpretación de la voluntad divina, pero no la voluntad divina de por sí, sino tamizada por el pensamiento humano.

Tenía 14 años cuando hice esa reflexión. Hoy tengo 32 y sigo estando de acuerdo. Sigo estándolo aunque hago oráculos cuando entro en trance y canalizo divinidades. Soy humana. No somos máquinas de pensar perfectas, ni siquiera canalizando divinidades, porque el cerebro que hace la traducción del lenguaje divino al humano es eso, un ser humano. Y me da miedo cuando veo que se asocia a personas conocidas en el ámbito del Paganismo esa “inspiración divina”.

Pongamos como ejemplo a Gardner. No dejó de ser un señor normal y corriente, hasta donde sé nunca tuvo la intención de ser un gurú, y su interés estuvo en hacer público un culto que, de acuerdo con sus palabras, había estado existiendo desde hacía mucho tiempo. Leo su “Witchcraft Today” y no veo ninguna referencia a que la “Palabra de los Dioses” le esté invistiendo de poderes especiales. Otro caso famoso es mi adorada Doreen Valiente. De igual forma, se dedicó a popularizar la brujería y nunca leí en ninguno de sus libros que dijera que aquello era la Palabra de los Dioses. Scott Cunningham, Buckland, Margot Adler, Starhawk, incluso el Canciller de mi tradición, Donald Lewis-Highcorrell, eran (o son, porque Buckland, Starhawk y Don Lewis siguen vivos) personas normales escribiendo libros sobre un mismo tema apasionante, pero no escribían Biblias con “palabra de Dios”.

Así pues, ¿para qué necesitamos gurús? ¿Por qué hay tanto rechazo hacia las personas que pensamos, reflexionamos y luego compartimos lo que pensamos? ¿Por qué hay necesidad de centrarse en lo que se dice en los libros y no caminar el camino con nuestros propios pies? ¿Desde cuándo nos hemos vuelto tan conformistas y queremos una Biblia que nos diga qué está bien o qué está mal? ¿Tan vulnerables nos sentimos para que necesitemos de un sistema moral estricto y un control férreo de nuestra conducta?

Todas éstas son preguntas que me rondaron la cabeza anoche, viendo un documental dedicado a la Cienciología donde, por cierto, sí buscan un control exhaustivo de la conducta. Para ellos eso está bien y, si les funciona, perfecto. Pero de nuevo, no es para mí. Para un Wiccano, creo que lo que prima es a) ser feliz y b) ser responsable de sus actos. ¿Que nuestra moral es laxa? Sí, pero por eso mismo resulta difícil. Ya dije en su día que ésta no es una religión para borregos, que es necesario tomar las riendas, que aquí no hay gurúes que valgan. ¿Que nadie nos dice qué está bien o mal? Claro, y por eso veo conductas que me chocan dentro de la comunidad, pero como persona y por mi propio bienestar mental tengo que mantener en mi pensamiento que no todos somos iguales, y que las estructuras de valores ajenas no son iguales a las mías. ¿Que todo sería mucho más fácil teniendo “La Verdad Absoluta” escrita en un libro, o una estructura de control férrea y absoluta? Indudablemente. Obedecer y asentir, ésa sería toda nuestra vida. A mí me parece triste porque no es el camino que he elegido en esta vida. Porque prefiero pensar por mí misma.

Y si es tan triste, ¿por qué convertir a Gardner, Buckland y compañía, sin ni siquiera pertenecer a sus tradiciones, en gurúes, si ellos nunca han pretendido serlo? ¿Por qué hacer de un autor una figura divina, si no es lo que quiere ser esa persona? ¿Por qué no pensar por nosotros mismos, imaginar, reflexionar? ¿Para qué obedecer y asentir, si es precisamente de lo que muchos vienen y han  comprobado que no les funciona, incluyéndome a mí misma? ¿Por qué no filosofar? ¿Por qué ese rechazo a quienes decidimos salirnos de lo establecido y decimos que todas esas personas fueron eso, personas, que hicieron algo indudablemente maravilloso, pero que pensamos que debe seguirse investigando? ¿Por qué no reconocer que en esta religión cada uno está en contacto con lo Divino y no necesita intermediarios, ni siquiera aunque admiremos a alguien? ¿Desde cuándo hemos creado una Inquisición Pagana, que dicta que no debemos salirnos de lo escrito por gente que nunca jamás quisieron ser gurúes? ¿Desde cuándo la opinión de unos pocos tiene que frenar el pensamiento que se tiene dentro de la cabeza? ¿Desde cuándo se critica que un pagano piense por sí mismo? Pues desde hace unos meses, parece que a algunos en la comunidad les escuece que pensemos y compartamos lo que pensamos.

Existe un rasgo humano llamado aversión a la desigualdad, que es la base de la envidia en el comportamiento humano. Eso es lo que pasa. Hay envidia de que se piense. Hay envidia de que se reflexione. Hay envidia de que se comunique. Hay envidia, y en vez de pensar por uno mismo intentan criticar a los que nos tomamos 10 minutos de nuestro tiempo para ser nosotros mismos. Porque ellos no pueden ser ellos mismos, por una cuestión de vulnerabilidad, por una cuestión de duda, por una cuestión de inseguridad personal, y no quieren que nadie lo haga. ¿Sabéis que pasa? Que toda esa gente se va a seguir poniendo verde de envidia, porque el resto vamos a seguir usando nuestras cabezas para pensar en lo que nos dé la gana. Sin ser gurúes, siendo simplemente personas. Y no pensamos tomarnos los libros a pies juntillas, porque aquí nunca se ha dicho que en esta religión tengamos libros que nos digan que eso es “Palabra de Dios”, y nadie ha tenido la intención de erigirse en “elegido” por los Dioses.

A mi hija aún no nacida

Mi pequeña:

Me has elegido como tu madre y es todo un honor. Ya desde mi barriga has demostrado lo fuerte que eres, lo valiente, lo obcecada, y lo mucho que te molesta el cinturón de seguridad del coche cuando me lo coloco a la altura donde tienes ahora mismo las manos. Te has aferrado a la vida desde el principio, y a pesar de que aún no has nacido ya estoy orgullosa de ti, porque eres una pequeña guerrera que ha soportado, entre otras cosas, mi adicción al café y la manía de mi jefa de echarme encima más trabajo del que soy capaz de manejar. Y mi manía de aceptarlo.

Vas a venir al mundo en una casa pagana. Pero créeme, no somos personas especiales por eso. Somos especiales porque somos nosotros mismos, igual que tú serás tú misma. Aunque a veces te levantes con el pie izquierdo, tengas un día de malos pelos y esa persona con la que te gustaría tener algo más no te haga ni caso. Todos hemos pasado por ahí y, a pesar de esos días en los que parece que el mundo iría mejor sin nosotros, todos tenemos algo que aportar. Tus dones, igual que los de todos, son necesarios para que el Universo complete este experimento al que llamamos vida.

Recuerda que hay muchas personas en este mundo que sufren problemas muy graves. No vienes al hogar de un marqués, pero tu padre y yo haremos lo posible por que estés a salvo, alimentada, vestida y, lo más importante, que te sientas querida. Hay mucha gente que no tiene eso, recuérdalo si alguna vez te sientes miserable, o si crees que queremos fastidiarte por no comprarte el móvil nuevo, que seguramente para cuando seas adolescente se llevará implantado en las retinas o algo.

Recuerda que el mundo necesita de gente fuerte, valiente, obcecada, y a la que le molesten las barreras. Intentaremos inculcarte respeto por los demás, porque te molestará cuando se te trate injustamente como es natural. Nosotros creemos que no se ganan las batallas mintiendo, cotilleando o enredando a las personas. Se ganan cuando se tienen ganas de hacer algo y se pone toda la carne en el asador para conseguir lo que se quiere, siempre desde el respeto. Tu padre y yo somos muy celtas, cariño, e intentaremos que tú, aunque sigas tu propio camino, te críes en un hogar en el que esas virtudes sean las que primen. Ésta es la casa del “Honor, valor y esfuerzo”, aunque no te vayamos a criar como pagana y no te vayamos a meter en un círculo hasta que tengas edad suficiente como para conducir un coche.

Sobre todo, intentaremos hacerlo lo mejor que podamos. Recuerda que aunque cuando seas pequeña te parezca que papá y mamá lo saben todo, somos humanos. Eso lo verás muy claro cuando te entre la edad del pavo. Tu padre es un bendito, hija, todo hay que decirlo. Pero tu madre, la que suscribe, tiene muchos defectos. Herederás algunos, aprenderás otros, y justo cuando nos demos cuenta de que no podemos cambiarte, de que te has convertido en ti misma, nos daremos cuenta de que esos defectos son tus mejores virtudes. Sólo que tú no te darás cuenta hasta muchos años más tarde. De nuevo, nos ha pasado a todos.

Respira. No te olvides de respirar. Si no respiras, te mueres. Y te quiero vivita y coleando muchos años, para que seas feliz, para que experimentes el goce de un orgasmo, el sabor de la victoria, lo que se siente al llegar a una meta que parecía inalcanzable, al saberte capaz de lo que se antojaba imposible. Respira porque siendo conscientes de nuestra respiración somos conscientes de nuestra existencia, porque en cada ciclo de inhalación y exhalación hay toda una historia. Respira porque vamos tan rápido que olvidamos respirar, olvidamos sencillamente ser. Y yo no quiero criarte con prisa. Quiero saborear cada centímetro que crezcas con todas mis metafóricas papilas gustativas. Quiero que me enseñes a vivir despacio.

Aún no has venido a este mundo y ya me has traído una bendita redención. Gracias a ti me he reconciliado con las mujeres de mi vida, empezando por mí misma. ¡Quién lo iba a decir, de alguien que trabaja con la Diosa! Llevo toda mi vida adulta ocupando posiciones tradicionalmente masculinas y se me había olvidado que yo tenía dentro todo esto. Me has reconciliado con mi lado maternal, y también me has enseñado mi lado fiero. Aún no has nacido y ya he sacado los dientes y las uñas por ti. Gracias a ti soy Isis, gracias a ti soy Brigit, gracias a ti soy Bast, Sekhmet, gracias a ti soy mucho más de lo que jamás habría sido capaz de ser por mí misma. Tengo un Universo dentro, y ese Universo entero, con todo su potencial, eres tú.

Por todo eso, desde ya, gracias.

Te quiere,

Mamá

Tabúes en la Wicca (4): La política

Hará como 10 años, quedé con un wiccano de otra tradición al que conocí por internet para tomar un café y charlar. Aquella conversación me impactó mucho porque yo por aquel entonces me movía en un entorno muy politizado y que estaba marcado por un descontento de la juventud, especialmente de los universitarios como yo, con el gobierno que por aquel entonces estaba en el poder en mi país. Aquella fue la época de la guerra de Irak, de los últimos años del ex-presidente Aznar y de la tragedia del 11-M. Yo por aquel entonces pensaba que “un buen wiccano” tenía que ser de izquierdas, porque era el ambiente en el que me movía. Mi interlocutor me abrió los ojos a wiccanos de otras ideologías políticas que vivían en otros países cuya realidad social era diferente. ¡Me habló hasta de wiccanos enrolados en la Marina norteamericana! ¡En el ejército, que en España se ha llegado a considerar hasta carca en según qué sectores! Para mí, lógicamente, todo aquello era nuevo, brillante y fascinante y, por qué no decirlo, hasta escandaloso. Era demasiado ingenua y estaba viendo el mundo, creo, a través de un agujerito.

Ha llovido mucho desde entonces y me he dado cuenta de que la Wicca no se mete en nuestras ideologías políticas. Por eso muchas personas wiccanas no solemos hablar de política y, de hecho, lo consideramos tabú. Yo la primera. Pero sé que hay gente en la comunidad wiccana que vota a diferentes partidos, de hecho hablo muchas veces con mis amigos dentro de la misma, y sé que uno vota al Partido Juanito, el otro vota al Partido Pablito y un tercero al partido Pepito. El voto es libre y es de cada uno, y ése es el juego democrático. Ése es mi punto de vista y es la razón por la que no me meto en las elecciones políticas del resto de las personas de mi entorno dentro de la Wicca.

Creo que existe miedo al qué dirán dentro de la comunidad cuando se trata del voto, y es por esto que resulta tan tabú. Hay sectores de la política en España que están vinculados al Cristianismo, por ejemplo, y creo que es lo que puede llevar a una persona wiccana a callarse que vota a ese partido que aglutina a gente del Opus con personas de ideología liberal, pese a que se vaya con ellos porque considere que le gusta su planteamiento económico. No soy politóloga, así que mi análisis puede ser bastante parcial, pero creo que esto ocurre en España porque tenemos partidos muy grandes con programas muy genéricos y, por tanto, políticos de ideología muy diferente en el mismo partido que tiran en direcciones distintas. Como un Cristiano radical y un Neoliberal ateo metidos en el mismo saco, aunque se parezcan en el blanco de los ojos. O un Anarquista Individualista con un Comunista de la vieja escuela en el mismo partido.

Creo que la situación política que tenemos en España ahora mismo es bastante rara, comparándola con la que tienen en otros países (exceptuando a EEUU). Nos comportamos como si fuéramos de un color o de otro, como si siguiera existiendo aquello de “Las dos Españas” que tanto se comentaba cuando yo era pequeña y se hacía un análisis del pasado. No vemos que las personas tienen matices, pero que hay tan pocas opciones que gente con ideologías que no casan ni con un partido ni con otro al final quieren participar del juego democrático igualmente.  Hay gente que acaba votando no por afinidad política con la totalidad del programa, sino que lo hace porque, por un lado, no hay opciones con las que estén totalmente de acuerdo y, por el otro, porque existe esta terrible idea del turnismo pacífico que llevamos arrastrando desde el S. XIX (de la que surge el concepto de “voto de castigo”).

En otro aspecto del mismo tema, aunque lo relacionaría estrechamente con ese concepto un poco maniqueo que tenemos de la política, creo que también tenemos miedo de que las discusiones políticas o determinados planteamientos nos separen como comunidad. No digo que la democracia en mi país esté en pañales, sino que hemos cogido malas costumbres, y es por ese Bipartidismo que arrastramos históricamente. Esto empieza en el Parlamento: casi todos los debates que veo se basan en los ataques de un partido contra otro, y no en una crítica real y constructiva. Los ciudadanos no somos diferentes y los wiccanos no dejamos de ser ciudadanos. Es raro ver un debate sano (aunque hay honrosas excepciones) en las redes, y cuando lo hay casi se me caen los lagrimones de la alegría. Creo que debemos aprender a debatir como personas que somos y no como niños de 5 años, esgrimiendo como argumento un “y tú más”. Claro que luego veo que enseñamos a nuestros hijos que el insulto es un derecho (y no algo socialmente reprobable) y entonces se me caen los lagrimones, pero de la pena.

Y esto creo que es aplicable a casi cualquier discusión de las que veo en cuanto a ideologías relacionadas con la Wicca. Lo único así que puedo más o menos aconsejaros (aunque como todos los consejos, sois libres de tomarlo o no) es que os intereséis en las ideologías políticas de otros wiccanos en otros países para hacer un ejercicio que cuesta, y es un ejercicio de salir de esta realidad en la que vivimos, porque no creo que sea la norma fuera de nuestras fronteras. Por ejemplo, y volviendo al principio del post, a mí me sorprendió muchísimo el hecho de que hubiera muchos wiccanos en el ejército de los EEUU, y luego arañando la superficie vi que había otros wiccanos que no es que fueran del Tea Party en ese mismo país, pero abogaban por un Neoliberalismo que aquí asociaríamos con la derecha, aunque votaban a los demócratas. En países europeos he visto a wiccanos que dicen votar al partido verde, o al partido liberal, o a un partido con un programa que no se interesa para nada por la religión. Hay muchas opciones y todas muy válidas, y no creo que ni la Wicca, ni yo, ni tú, ni nadie, nos tenga que decir a quién tenemos que votar porque eso es algo personal. Y si se quiere debatir, pues perfecto, pero hagámoslo con respeto, creo yo.

Como conclusión, últimamente he leído cosas como “ojalá Gardner nos hubiera dicho qué hacer en tal o cual caso”. Creo que Gardner está bien donde está, ya el hombre dijo lo que tenía que decir y se marchó como todos nos marcharemos, porque no fue un enviado divino ni un profeta, sino una persona, y tenía todo el derecho a descansar. Y aparte, él eligió de qué quería hablar. Si no decidió hablar de política, ni del tema que trataré en el último tema de esta serie sobre tabúes, no es porque lo hiciera mal. Es porque realmente a nadie le importa ni a quién votes, ni con quién te acuestes, ni qué comes. Y que no lo hiciera supuso que defendió una Wicca libre de normas, flexible y con espacio para todos. Independientemente de ideologías políticas y de otras elecciones personales.

Tabúes en la Wicca (3): La interrupción voluntaria del embarazo

Este tema me lo propuso el otro día mi mejor amigo, leyendo los anteriores artículos que había dedicado a esta serie sobre tabúes, o temas que no se tratan normalmente en los círculos wiccanos. Es un tema delicado para mí ahora mismo porque estoy embarazada de cinco meses y considero a mi bebé nonato mi pequeño milagro, pero comprendo que la situación no siempre es así en todos los embarazos ni en todos los casos. El aborto, recordemos, puede ser voluntario o involuntario. Cuando es involuntario, lamentablemente, no hay mucho que se pueda hacer por esa criatura. En cambio, la interrupción voluntaria del embarazo es exactamente eso, voluntaria, y es lo que en nuestra sociedad genera un caldeado debate.

Pese a que el tema me toca ahora mismo la fibra sensible, yo no voy a posicionarme como juez en este asunto. Lo lamento por los que esperábais chicha, peleas de gatas y demás en este post. No voy a daros la razón a ninguno, ni a los que estáis de acuerdo con la interrupción voluntaria y libre, ni a los que estáis en contra. Eso es cosa vuestra. Sólo quiero comentar brevemente que la Rede wicca tiene puntos a favor de la mujer que decide poner fin a su embarazo de forma voluntaria, y también a favor de la que decide continuar con él normalmente. Ya comenté hace muchos años (en este otro post) que la Rede es simple pero no simplista, por tanto está abierta a interpretaciones y es el individuo el que debe plantearse qué es lo que evita el mayor daño en su caso.

Para algunas personas, interrumpir un embarazo es segar una vida. Dicen esto porque el corazoncito de un embrión late a las 5 semanas. De hecho yo escuché el de mi bebé a las 7 semanas de embarazo, así que doy fe de que vivo está aun siendo tan pequeñito. Pero los que si son pro-aborto pueden decir que también vivas están todas las células de nuestro cuerpo. La gente se extirpa quistes todos los días porque es un crecimiento anómalo de las células y nadie le dice que son células vivas y que no debe hacerlo. El cáncer está hecho de células vivas. De ahí a que esas células vivas tengan conciencia o sean una persona hay un gran paso, puede esgrimir un pro-aborto. En realidad, el sistema límbico humano (lo que hace que sintamos emociones y que empieza a conformar la personalidad) se forma alrededor de la semana 21 de embarazo, es decir, a la mitad justa de una gestación completa de 40 semanas. Como veis, aunque las células embrionarias estén vivas, la opinión de si realmente eso es un ser humano o no puede ser variable.

Viendo que desde el punto de vista científico hay argumentos a favor y en contra de ambas posturas, podemos también inferir que hay argumentos morales a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo. Desde la Wicca también. Un pro-aborto podría decir que el “a nadie dañes” de la Rede le incluye a sí mismo, que por razones personales puede no poder criar a ese hijo. Una persona en contra del aborto puede decir que el daño se le hace al bebé no nacido al acabar con una gestación que le habría convertido en un ser humano completo.

Como veis, es un tema peliagudo y complicado. Creo que en este tipo de decisiones debe primar la responsabilidad de la mujer (con colaboración de su pareja, si la tiene) y su opinión, y los demás debemos limitarnos a no hacer más difícil su decisión. Nosotros no tenemos Papas ni altos cargos que nos digan qué debemos o qué no debemos hacer, por tanto está en nuestras manos como individuos respetar las decisiones de los demás e intentar no juzgar. Si hay algo que he aprendido de la Wicca es que tu libertad empieza donde termina la del otro, incluyendo nuestros juicios de valor. Creo que no hacemos un favor a nadie tildando de “poco wiccano”, “mal wiccano” o “poco responsable” a una persona por tomar la decisión tanto de seguir adelante con una gestación como de interrumpirla.