La ironía del copo de nieve único y especial

coponieve7Mi marido siempre dice que con frecuencia se llega al Paganismo por la necesidad de ser un copo de nieve único y especial. Creo que tiene razón. Por H o por B, el Paganismo atrae a algunas personas que no sólo quieren seguir un camino espiritual, quieren ser verdaderamente únicos mediante su camino espiritual. Esto es lícito, pero en mi opinión no creo que sea necesario seguir una religión X para ser una persona especial, porque ya nacemos únicos. Siempre digo que ya nacemos con dones, ya nacemos con capacidades, pero es que ya nacemos nosotros. Esto me recuerda al diálogo del Dr. Manhattan y Laurie en Watchmen, de Alan Moore:

Dr. Manhattan: Los milagros termodinámicos. Acontecimientos tan improbables que son efectivamente imposibles, como que el oxígeno se convierta en oro. Deseo contemplar algo así. Pero en el apareamiento humano, mil millones de espermatozoides buscan un solo huevo. Multiplica eso por las poquísimas posibilidades de sobrevivir que tenían vuestros ancestros, de engendrar a un hijo en concreto… esa hija concreta… hasta que tu madre ama a un hombre a quien tiene todos los motivos para odiar, y de esa unión, de los miles de millones de niños que compiten por ser fertilizados, naces tú, sólo tú. Destilar algo tan específico entre ese caos de improbabilidad es como convertir el aire en oro. Esa es la cúspide de la improbabilidad. El milagro termodinámico.

Laurie: Pero y si mi nacimiento es un milagro termodinámico… ¿Podrías decir lo mismo de cualquier persona?

Dr. Manhattan: Sí. De todo el mundo. Pero el mundo está tan lleno de gente. Tan lleno de estos milagros, que se vuelven habituales y los olvidamos…Yo lo olvido. Miramos tan a menudo al mundo, que se vuelve monótono a nuestra vista. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, vuelve a ser asombroso. Vamos, sécate esas lagrimas, porque eres vida, más rara que un quark y más improbable que los sueños de Heisenberg; el barro en el que las fuerzas que dan forma a las cosas deja su huella de forma más clara. Sécate las lágrimas, y vámonos a casa.

Y después de esta maravilla de diálogo que cada vez que lo leo me devuelve la fe en la humanidad, vuelvo al tema. Nacemos como parte de ese milagro, ¿realmente necesitamos diferenciarnos siguiendo un camino espiritual? ¿No es lo suficientemente original haber nacido, sencillamente, tú?

La verdadera ironía de todo este tema es que, a pesar de esa interpretación del Paganismo por algunos como algo “original”, luego los paganos no somos nada originales. Hace poco leí a Carolina Amor Boggs decir aquí que quería ser “la primera Carolina Amor Boggs”. Me parece estupendo, es más, es su derecho por nacimiento, olé por Carolina. Yo quiero ser la primera y la única Harwe Tuileva y espero que el resto de las personas que me leen sean las primeras Pepi García, Romualdo Arenas o como sea que te llames, tú que me lees. Pero no quiero una horda de Harwes, porque eso me asusta. Siempre he dicho las cosas muy claras y he sido muy fiel a mí misma, pero como buen ser humano puedo estar errada. Esto lo digo porque me asusta leer mis estados compartidos en facebook, escuchar mis expresiones sacadas de contexto o ver mi trabajo copiado y fusilado. Me dicen que es porque me admiran, pero yo vivo conmigo misma 24 horas al día y no estoy tan segura de admirarme, es más, soy un crítico bastante feroz de lo que hago y por eso reviso tanto todo. Me pregunto: ¿qué pasa si estoy equivocada, qué pasa si no estoy en lo correcto? Si yo estoy equivocada, influencio a 200 personas y esas 200 personas influencian con mis ideas a otras 800, ¿tendremos entonces a 1000 personas haciendo algo que no está bien? ¿Repetiremos una y otra vez los mismos fallos? En una entrevista no hace mucho leí por boca de una amiga mía que “a más de uno le gustaría ser yo”. Adoro a mi amiga, pero no creo que a nadie le guste ser yo y lo digo por experiencia propia.

¿Qué pasa entonces con el copo de nieve único y especial? ¿Sólo es único y especial para la comunidad no-pagana, mientras que dentro de la pagana ponemos de moda una figura y copiamos todo lo que hace?  Esto no sólo se ha hecho conmigo, se hace con otra gente, por ejemplo hace unos años la figura en los altares era una videoblogger pagana que se hizo muy conocida. ¿Vamos a seguir así, copiándonos unos a otros, en vez de mirar nuestro propio trabajo actual y revisarlo de acuerdo con nuestros ideales? ¿No vale para nada ver cuál es el trabajo que están haciendo en la comunidad y saber qué aspecto diferenciador vamos a tomar dentro de ella? ¿Vamos a seguir utilizando textos de otras personas, sacados de contexto y sin comprenderlos completamente, para nuestros blogs y páginas web?

Desde aquí os lanzo un desafío: ¿Queréis ser copos de nieve únicos y especiales? Empezad a ser vosotros mismos. Tomad vuestro poder. Reclamar lo que es vuestro por derecho. Somos milagros, somos originales, somos únicos. No hace falta seguir la senda de nadie, sólo es necesario seguir nuestra propia senda.

El premio de la extroversión

Me vais a perdonar que me ponga personal. Por enésima vez.

Llevo un tiempo dándole vueltas a mi propio mundo, intentando analizar la forma en la que veo el mundo para intentar entender cómo lo ven los demás. Vivo, pienso y actúo a través de mi propio discurrir de pensamiento. Necesito mucho tiempo para estar sola y meditar, necesito espacio y necesito distancia: soy una persona introvertida.

Ser introvertido, como le decía el otro día a un conocido que también se considera introvertido, no significa que seamos antisociales. Significa que necesitamos espacio, que la gente y el contacto seguido con las personas nos agota, y que necesitamos esos momentos de soledad para recargar pilas. No querer ser amigo de alguien a la primera o a la segunda no significa que ese alguien no nos caiga bien (a veces nos cae estupendamente, sólo que necesitamos más tiempo que la media para hacernos amigo de la otra persona). Ser introvertido tampoco significa ser huraño, porque los introvertidos somos igualmente capaces de pasarlo bien, sonreír, reír y salir de fiesta. Sólo que después de una juerga con los amigos te apetece meterte en tu propio mundo a meditar, a pensar, a leer, a disfrutar de tu propia compañía. A veces, en medio de un montón de gente, estamos serios y como ausentes, y las personas más dadas a la extroversión pueden interpretar que nos pasa algo, pero, ¡nada más lejos de la realidad! Es sólo un momento de desconexión momentáneo que, por lo menos a mí, sucede con cierta frecuencia cuando estoy mucho rato rodeada de gente. Sobre todo si es muy extrovertida.

Introversión tampoco significa timidez. Soy introvertida, pero no tengo problemas para hablar con el panadero, sacar la mejor de mis sonrisas ante la ventanilla del banco o liderar una reunión importante con un cliente en mi trabajo. No me siento intimidada por los desconocidos, improviso chistes estúpidos con facilidad y he aprendido a hablar en público, así que no creo que sea tímida.

Como buena introvertida, estaba el otro día en uno de esos momentos de soledad, de aceptación quizá de mi propia tendencia, y pensaba en lo mucho que se valora de la gente que sea extrovertida. O ésa es la sensación que tengo yo. Por ejemplo en la compañía para la que trabajo se organizan fiestas algunos fines de semana, o salida de equipo, o cena. Después de ver a mis compañeros, trabajar con ellos durante 40 horas semanales y hablar de trabajo la mayor parte del día, lo que menos me apetece es seguir viéndoles las caras después de la oficina. Sobre todo porque si lo hago tengo la sensación de que no he tenido suficiente “tiempo para pensar”. Lo habéis adivinado: echo de menos mi momento de introversión.

Pero mi reflexión me sorprendió sobre todo al aplicar esta misma regla al Paganismo. En estos ámbitos, ser extrovertido también está bien visto, sobre todo en las redes sociales. Se ha desdibujado la línea entre lo que somos y lo que mostramos en facebook. A veces me parece que cuanto más extrovertido se muestre alguien, más “humilde” o “abierto” o “llano” se cree que ese alguien en las redes sociales. En cambio, los introvertidos podemos parecer “cerrados”, “distantes” o “melancólicos”, especialmente si en un determinado momento optamos por tener un momento de introversión. Pero creo que mis características como persona no me convierten en menos capaz de ser sacerdotisa, ni a mí ni a nadie que necesite tiempo para sí mismo sin contacto, aunque sea virtual, con otras personas.

Honestamente, creo que extrovertidos e introvertidos pueden ser excelentes sacerdotes por igual. Ambas tendencias, introversión y extroversión, están presentes en cada uno de nosotros, pero me aventuraría a decir que quizá haya una tendencia a pensar que el extrovertido es más auténtico, quizá porque lo muestra todo, o porque haga parecer que lo muestra todo (especialmente con el uso masivo de facebook). Pero en ningún caso creo que ser extrovertido o introvertido marque quién es “más pagano que”, “más humilde que” o “más trabajador que”, al igual que “más capaz de trabajo en equipo que” o “mejor padre que”. Así pues, extrovertidos, valorad vuestro don de gentes y vuestra capacidad para estar con los demás, e introvertidos, valorad vuestra capacidad para ahondar en vuestro yo más íntimo. Creo que las personas conformamos un hermoso arco-iris y que no debe desdeñarse unas tendencias por sublimar otra. Ante la duda, siempre nos tenemos los unos a los otros.

Para Tiné y Nuhmen. Y para Dani, el único extrovertido al que permito que pase sin llamar a mi burbuja.

Coleccionistas de títulos

Como muchos en estos mundos paganos, me encanta aprender y saber más. Reconozco que el conocimiento es una de mis motivaciones más fuertes, aunque también reconozco que hay cosas que aplico y hay cosas que no. Por ejemplo, yéndonos al ámbito espiritual, tengo nociones de uso de piedras y sin embargo prefiero otros métodos para sanar, dirigir energía o meditar. Saber de piedras, como hacer crucigramas o saber de jardinería, es de esas cosas que no pongo en un listado de habilidades mágicas porque realmente no define lo que soy.

Pero voy más allá: ser sacerdotisa tampoco define lo que soy, y tampoco creo que defina lo que muchos de mis amigos sacerdotes sean. El otro día le decía esto mismo a mi mejor amigo. Le quiero porque es él mismo, no porque sea sacerdote de X tradición. El rango, la iniciación, me dan igual, lo que me interesa de él es que puedo sentarme en una tarde cualquiera a hablar de cualquier nadería y pasarme toda la tarde riéndome. Contarle algún secreto sabiendo que nunca jamás va a decir nada a nadie de ese secreto (y que es más, probablemente se le olvide si no se lo recuerdo). Mi amigo es un fenómeno como persona, y sin embargo nunca pone su rango por delante, pese a que sé que más de uno se quitaría los pantalones delante de él si dijera en algún momento lo que es. A mí eso me hace gracia, porque no puedo evitar ver en él a quien conozco y quiero. Conmigo, él no necesita sus títulos superguanchis para que yo le respete, porque mi respeto hacia él nace de la amistad que le tengo.

Yendo con ese pensamiento en la cabeza me he puesto a pensar cómo me defino y qué digo de mí misma. Aunque mi página web es otro tema porque sé perfectamente que la gente puede pensar “¿Y ésta de dónde ha salido?”, cuando me presento a alguien en persona no incluyo las palabras “miembro de X” ni “sacerdotisa de Y”. En estos casos soy sólo Harwe, una mujer pequeñita con el pelo largo y los ojos oscuros, que se ríe con los chistes malos, tiene pocos amigos pero muy buenos y se considera impetuosa. Seré una buscadora de conocimiento espiritual, pero ante todo y sobre todo soy una persona.

No puedo dejar de pensar que si cada vez que me presentara a cualquier desconocido en una conversación normal dijera que soy “Lady Harwe Tuileva, sacerdotisa de tercer grado de la Tradición Correlliana, miembro de OBOD, miembro de FOI, caminante de mundos, sacerdotisa del mar, chamana correlliana, practicante de Reiki de segundo nivel, y perdona, llámame Lady porque así es la única forma posible de que me respetes”, me miraría raro. Siendo honestos, me molesta muchísimo tener que andar poniendo los títulos por delante. Parece que para que te respeten tienes que sacar la ristra de cosas que has hecho y darle a la otra persona en la cara. Con lo fácil que es respetar a los demás como persona y ya está.

Por eso me molestan las colecciones de títulos, y lamentablemente son muy frecuentes. Me encuentro a diario con personas que para hablar conmigo se presentan como “Grado 54451634345486 de la supertradición antigua de la vida y los peces de colores (STADLVYLPDC para abreviar), miembro de X, miembro de Y, miembro de Z y cosa indeterminada e indescriptible de la Orden de la Mamarracha”. Y yo cuando leo estas presentaciones me pregunto “¿y para qué quieres que te dé clases yo, si ya lo sabes todo? ¿Otro título que no vas a usar?”. Y me pregunto, ¿realmente les llama el camino que enseño, o es otra condecoración más que no van a agradecer y que posiblemente sólo usarán cuando vuelvan a presentarse ante otra persona del mundo del esoterismo? ¿Será para crecer espiritualmente, o para darse pisto delante de los demás con una larga e inútil colección de títulos?

Creo que los títulos sólo son importantes cuando uno ha trabajado interiormente por ellos, cuando se les da el valor de un camino andado y no el de un papelito con un certificado con el que darle en la cara a otro. Creo que son importantes cuando la persona demuestra una altura moral, un honor, una forma de ser que sólo se consigue a través del entrenamiento espiritual y del auto-conocimiento. Cuando generan una inteligencia emocional y una capacidad para saber dónde se está y por qué se está donde se está. El resto, honestamente, son diplomas para coger polvo.

Haz que suceda

descargaPor ahí veo que la gente se apoya en afirmaciones diarias para quererse, ganar vitalidad, sentirse mejor y conseguir lo que se proponen. Soy de la opinión de que una frase variada cada día no consigue cambiar una conducta. En cambio, sí creo que las programaciones mentales empiezan por un lema o filosofía que lleva a una misma actitud o un objetivo durante mucho tiempo y en múltiples ámbitos a la vez. Me explico: por mucho que nos digamos que nos queremos por la mañana un día, nos demos besitos a nosotros mismos en el espejo y nos repitamos lo magníficos que somos, eso no va a cambiar la realidad. Para mí, eso genera un problema subyacente: ¿para qué repetirnos diariamente una máxima como “soy bello” cuando en realidad no hago nada para cambiarlo? ¿No implicaría eso que quizás estoy intentando esconder que me sigo sintiendo poco bello?  ¿No es muy triste tener que repetirte eso todos los días? ¿Realmente tienes que recordártelo a ti mismo, cuando es algo inherente a ti, supuestamente?

Quizá parezca que es fácil para mí hablar así y juzgar afirmaciones tan bonitas, pero en mi defensa diré que hay más de lo que pueda parecer a simple vista. Salí de una depresión severa hace dos años. Me había llevado cinco totalmente metida en mi propio fango, y obviamente es difícil salir de ese tipo de situaciones porque una de las cosas que tiene la depresión es que absolutamente todo te parece malo. Las afirmaciones del día no sirven cuando estás deprimido y eso fue lo que me llevó a cambiar de chip. Así que hace mucho que dejé las afirmaciones del día y los libros de autoayuda para grabarme a fuego un lema: “Haz que suceda”. De nada me sirve repetirme cosas al espejo si no hago nada por buscar una solución a mi problema de partida, porque las palabras son eso, palabras. No solucionan las cosas. Mi actitud es la de centrarse en las soluciones en lugar de quedarme meramente en las buenas intenciones y en los ideales. Así que ése es mi lema: “Haz que suceda”.

Honestamente, desde que sigo esta filosofía de vida no he parado de cosechar cosas buenas. Y puede sonar pretencioso, quizá lo sea, pero no voy a esconderme: me siento feliz y afortunada y no tengo que repetírmelo a diario, porque ya lo siento. Las he pasado canutas, claro que sí, y tengo mis problemas como todo el mundo, pero cuando los tengo no me miro al espejo y me digo “soy bella” o “soy amada”, me digo “¿cómo soluciono mi problema de la manera más sencilla?” y me pongo a trabajar en ello. Cuando me equivoco, como sé que soy humana y que tengo límites, no me digo “me perdono”, porque por ser humana tengo la prerrogativa del que puede y debe equivocarse para aprender. Cada equivocación lleva a lo que quiero conseguir, tarde o temprano, a base de tesón y trabajo duro. Cuando me dicen que algo es imposible, siempre me sonrío y pienso para mis adentros “Haz que suceda”. Hay metas que se consiguen en cinco minutos, otras llevan toda una vida, hay metas equivocadas en las que ponemos la auto-realización para después pensar que no sirven y metas que creemos que son el acierto de nuestra existencia. Todo eso da igual. Lo importante es sentirse como narra el poema que cito a continuación, de William Ernest Henley. El autor lo escribió tras una grave enfermedad que casi se lo lleva por delante, y se titula “Invictus”:

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.

Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.

No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.

Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:

Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

El plagio: un problema para la comunidad

Nuestra comunidad se basó en la comunicación oral hasta la llegada de internet. Un brujo enseñaba a otro brujo (o un druida enseñaba a otro druida, en definitiva un pagano enseñaba a otro pagano) de manera oral, casi sin material escrito. Las personas que ejercían de formadores no sólo hablaban sino que mostraban también, ayudando al principiante a realizas las tareas y ritos, primero mediante el ejemplo y después mediante la puesta en práctica y la implicación del aprendiz en celebraciones y rituales. Incluso esas personas que iniciaban su camino, con el tiempo, creaban su propio corpus de conocimiento, al incorporar las enseñanzas de su maestro a lo que iban descubriendo con el tiempo a base de su propia experiencia.

Pero ha llegado la era de la información y la comunicación, y con ella los blogs como éste que lees, las escuelas online, los artículos publicados al alcance de todos y los grupos montados a través de la Red de Redes. Soy una gran fan de internet, porque gracias a ella conocí una religión llamada Wicca de la cual ahora soy creyente. Me encanta leer las opiniones de la gente, participar en foros, meditar y reflexionar sobre la información que encuentro, y luego aplicarla a mi realidad y a mi mundo. Creo que, visto así, internet es una herramienta fabulosa, pues permite llevar a tu vida prácticas muy interesantes y compartir con otras personas esas prácticas, con resultados a veces muy sorprendentes porque se basan precisamente en eso, o como diría una amiga mía “compartir es vivir”. Por esa razón comparto mucho de lo que hago o pienso, me hace sentir viva, me gusta pensar que puedo estar haciendo a alguien pensar, en algún lugar muy lejano de este planeta, si puede aplicar lo que a mí me ocurre o lo que me planteo a su vida, o experimentar con ello. Hay mucha gente que piensa como yo ahí fuera, mucha gente a la que le gusta compartir porque le hace sentir bien, feliz.

Hemos pasado de la comunicación oral a la comunicación escrita pero no hemos dejado de ser paganos y, por tanto, seguimos caminando senderos vitales. Por eso creo que lo razonable es que uno viva lo que lee, no que repita o copie simplemente lo que dicen los demás porque se trata de nuestra vida. Al repetir puede que no estemos comprendiendo lo que el autor de esas palabras quisiera decir y, por tanto, no podamos darle el significado completo. Os pongo un ejemplo muy sencillo: hace unos meses tuve que escribir un artículo aclarando qué significaba para el Templo de Brigit su lema (“Honor, valor y esfuerzo”) y cómo se creó, al ver que gente de fuera estaba tomándolo como lema propio sin saber qué implica para nosotros. Esto ilustra que repetimos porque seguimos siendo monos de imitación y tomamos rápidamente lo que nos gusta, a veces sin pensar muy bien lo que estamos tomando. Afortunadamente esto tiene solución, y es un problema normal que surge de toda esta información que se “contagia” rápidamente debido a la inmediatez del medio.

La otra consecuencia de esto es el plagio, que juega en otra liga, desde mi punto de vista, en cuanto a valores y motivaciones. Para mí, el plagio es grave porque se trata de pensar que podemos tomar lo que queramos porque “no tiene dueño”, porque está en internet y por tanto es público, y está basado en un pensamiento bastante cargado de soberbia, al creer que nadie se va a dar cuenta del plagio porque internet es muy grande. Mala suerte para los que plagian: la comunidad pagana es muy pequeña y casi todos nos conocemos, por no hablar de que es tan fácil como buscar algo en Google para ver si una línea ha sido copiada de otra web. Precisamente hoy leía que a un chico argentino muy conocido en la comunidad hispanohablante le han plagiado contenido, pues han publicado artículos suyos sin mencionar de dónde viene la fuente, y la comunidad estaba que saltaba porque sabían perfectamente que esos artículos eran de él. Esto ilustra lo pequeño que es esto y lo bien que nos conocemos. Pero lamentablemente este chico no es el primero ni será el único. Hace dos o tres meses, otro grupo plagió contenidos de la web del Templo de Brigit, tomando prestadas hasta las biografías y añadiendo tan sólo los detalles biográficos correspondientes. Como será, que en una de las biografías se les olvidó editar el contenido del todo y todavía se lee “Sevilla” en lugar de “Murcia” como provincia a la que pertenece la localidad de Lorca. A día de hoy no han cambiado esa información ni se han pronunciado al respecto.

Creo que todos los que en algún momento hemos sido plagiados empezamos igual: intentamos hablar con la persona que nos ha plagiado y pedimos que, al menos, se diga de dónde viene la fuente. También que hagan una modificación del contenido. Contestaciones a estas comunicaciones hay de todos los gustos y colores. La mayoría no admite que ha plagiado, tristemente. Y es triste no para el plagiado, sino para el que plagia. El plagio es un problema para la comunidad, en mi opinión, muy grave. Creo firmemente que copiar las ideas y palabras de otros nos hace más tontos, porque no fomenta la auto-crítica, ni la reflexión, nos convierte en autómatas que dicen, y por tanto creen, en todo lo que sale por internet, por la televisión o por cualquier medio de comunicación. Hace vulnerables a las personas, haciéndolas crédulas crónicas, fomentando el borreguismo y haciéndoles vivir en una minoría de edad permanente, al no desarrollar de manera apropiada su capacidad para criticar constructivamente y aplicar las cosas a su vida con una cierta perspectiva. Todo por ser cómodos y no querer escribir dos líneas por nosotros mismos.

En mi religión, la Wicca, nosotros somos nuestros mismos sacerdotes, y creo que eso sucede con la mayoría de las religiones paganas. El Paganismo se destaca por ser un conjunto de religiones en las que tú tienes el poder de tratar a tus dioses por ti mismo, así como de tener un camino personal de mejora basado en una serie de virtudes o características personales deseables. Si dejas la reflexión personal en manos de otros al plagiar webs y copiar contenidos a veces muy personales, ¿qué clase de poder tienes para tratar con tus dioses de tú a tú? ¿Qué clase de reflexión estás llevando a cabo? ¿Qué clase de aprendizaje estás sacando? ¿Qué clase de virtudes estás desarrollando? La respuesta a todo esto es ninguno, porque no estás haciendo nada.

Como veis, no me meto en temas de derechos de autor, sino que hablo directamente de valores. El valor de la reflexión en uno mismo, para empezar. También el valor de dar a cada uno el peso que tiene, porque no pasa nada si copias a alguien y mencionas de dónde viene, porque eso se llama citar e implica que lees, además de ennoblecerte por decir quién ha iniciado cierta idea. Y por último, el valor para la comunidad, el conocimiento (no información) que creas en la comunidad al iniciar esa reflexión y hacer que los demás lean lo que has reflexionado, para que luego ellos reflexionen por sí mismos. No concibo este camino sin esa reflexión y meditación, y no concibo una comunidad pagana borrega y crédula, porque si por algo nos hemos distinguido siempre es por ser reaccionarios e innovadores. Quizá soy demasiado idealista, pero tengo claro que no seguiremos avanzando ni innovando si dejamos en dos o tres el pensamiento profundo, si seguimos copiándonos unos a otros y si seguimos sin hacer el esfuerzo de escribir, idear y hablar por nosotros mismos. Personalmente, valoro mucho más dos líneas mal escritas en el blog de cualquiera que se haya molestando en pensar por sí mismo, que un artículo cargado de ideas ajenas firmado con un nombre que no le corresponde.