Caos y destrucción, o lo que NO pasa con los Retrógrados y las Lunas Vacías de curso

Corría el 2005, o el 2004. Ya no me acuerdo, la verdad. El caso es que tenía una amiga wiccana que se había comprado la “Agenda de las brujas de Llewellyn”, con sus dibujos, sus datos y efemérides, muy bonita, preciosa. Así que me la compré yo también. Llewellyn empezaba a sonar en las librerías porque la editorial Obelisco estaba re-editando algunos libros de su catálogo en español. Cómo será que, viendo el tirón, Llewellyn montó una rama editorial en español que con el tiempo se les fue al garete, posiblemente por la pésima calidad de las traducciones (todavía me dan ganas de sacarme los ojos cuando leo los textos adaptados por Edgar Rojas, uno de los traductores contratados por Llewellyn para los libros de Cunningham). Mientras que Llewellyn español se iba al garete, Obelisco siguió re-editando, con mucha calidad de edición y traducción, algunos de los libros por los que ya habían pagado los derechos. Entre ellos la famosa agenda de las brujas. Por eso se ha convertido en el éxito de todos los años entre wiccanos y brujos, y por eso ha triunfado donde otros han fracasado miserablemente: un precio asequible y un contenido relativamente cuidado.

Y después de esta historia en la que me quedo a gusto con Edgar Rojas a la par que os pongo en contexto, volvemos al momento en el que abrí la agenda por vez primera. Aparte de lo típico, como cumpleaños de personalidades o eventos, había símbolos astrológicos con otras cosas que no entendía muy bien. La agenda no clarificaba qué pasaba con ello, entonces, ¿significaba eso que era malo? ¿Esos aspectos estaban ahí para simbolizar que no se debía hacer magia? Yo era muy aficionada a la Astrología ya por aquel entonces, ¿cómo era que NADIE me había dicho que esas cosas tan raras existían?

Y de repente caos, pánico, ¡apocalipsis! Que Mercurio estuviera Retrógrado tenía que ser el fin del mundo, aunque los paganos no creamos en eso. Ya me veía a los cuatro jinetes del Apocalipsis pagano, probablemente llamados Quiero Mi Titulito, Paganismo de Boquilla, Síndrome de Diógenes y Yo soy más especial que tú, cabalgando en sus escobas voladoras. Hasta que fui a Google, que ya existía por aquel entonces, y efectué una búsqueda. Lo que debería haber hecho desde el principio, claro. Como todos.

¿Qué es un planeta en Retrogradación?

El planeta Tierra, donde vivimos, gira alrededor del Sol. Hasta ahí creo que todos nos entendemos a no ser que vivas en el S. XV. Aparte de nuestro planeta, la Tierra es nuestro “balcón” al Universo, porque mirando al cielo vemos cómo son las cosas desde nuestra perspectiva. A su vez, hay otros planetas que giran alrededor del Sol. Normalmente los vemos girar en un sentido que es el correspondiente al orden del Zodíaco (Aries – Tauro – Géminis – Cáncer…), porque es el sentido en el que giran alrededor del Sol, así como el propio sentido en el que la Tierra orbita alrededor del Sol.

Sin embargo, hay momentos en los que los planetas pasan por “el otro lado” del Sol, viéndose desde nuestra perspectiva como si fueran al revés. Para ejemplificar esto, levantad un dedo de una mano delante de vuestros ojos y dejadlo quieto y, con la otra mano o un objeto, imitad el movimiento de un planeta alrededor del Sol. Veréis que cuando el objeto que se mueve pasa por delante de la cara parece ir en un sentido, pero cuando le está dando la vuelta al dedo que está quieto en el centro, aparentemente va en sentido contrario.

A ese momento en el que un planeta parece ir en sentido contrario se le denomina “Retrogradación”. Antes de la Retrogradación, parece como si el movimiento del planeta se enlenteciera, para luego empezar a ir aparentemente “hacia atrás”. Luego desaparece tras el Sol y vuelve a aparecer por el otro lado, para más tarde volver a ir Directo, es decir, en el sentido habitual. Este fenómeno es resultado de que vemos las cosas a través de nuestro pequeño “balcón”, pues el planeta en cuestión sigue con su trayectoria normal (igual que el dedo que se movía en el ejercicio anterior), lo que pasa es que nosotros desde nuestra perspectiva lo vemos como si fuera hacia atrás porque en realidad es que está dando la vuelta al Sol.

En Astrología, los efectos de una Retrogradación varían según el planeta, pero se suele decir que cuando hay un planeta Retrógrado en el cielo se ponen “trabas” o “se enlentecen” las características del planeta que esté retrógrado. El más conocido de los fenómenos de Retrogradación es el de Mercurio, que como es el planeta más cercano al Sol tiene ciclos de retrogradación muy frecuentes porque su trayectoria en torno a él es más pequeña que la de los demás. Como Mercurio rige la comunicación, cuando está Retrógrado hay que tener cuidado con lo que se dice.

Normalmente en los retrógrados se dice que es beneficioso hacer cosas que lleven R, tales como Repasar, Reflexionar, Rediseñar, Redescubrir… También depende del signo donde se produzca la retrogradación. Mientras escribo estas líneas está Venus retrógrado en Capricornio: Venus es el planeta del amor, y si está Retrógrado trae cosas del pasado, viejos amores y viejos afectos, y es un buen momento para la Reconciliación (de nuevo la R). Como está en Capricornio, se pueden usar las energías de ese signo, por ejemplo, para la compra o Recuperación de antigüedades de gran valor o de objetos que se hayan empeñado, y que tengan valor sentimental. Eso sólo por poneros un ejemplo. Como veis, no es el fin del mundo.

La Luna está v/c, ¿eso significa que tiene que ir al baño?

Eso significa que la Luna está vacía de curso, y pasa cada dos o tres días durante unas pocas horas.

En Astrología, los planetas se “relacionan” unos con otros mediante “aspectos”, que no es ni más ni menos que los grados que los separan unos a otros dentro de la circunferencia que forma el Zodíaco. Recordaréis de Primaria que una circunferencia se divide en 360 grados, ¿verdad? Pues si colocamos los planetas dentro de esa circunferencia, veremos que les separan x grados dentro de la circunferencia, dependiendo de su posición en el cielo. A la cantidad de grados que separa a unos planetas de otros dentro del Zodíaco le llamamos aspecto, y se consideran relevantes algunos como el trígono, la cuadratura, la sextil, la oposición o la conjunción. Eso determina cómo se leen las Cartas Astrales, por ejemplo, pues los aspectos establecen relaciones entre los planetas.

El tránsito de la Luna por el Zodíaco dura 28 días, tantos como tarda en darnos la vuelta. Durante su periplo zodiacal, establece rápidamente “Aspectos” con los otros planetas, así como rápidamente deja de estar aspectada con ellos debido a su tránsito tan veloz. Cuando la Luna no está aspectada con ningún planeta, se la considera una Luna “vacía de curso”.

La Luna es un satélite y refleja la luz del Sol, y es para nosotros un espejo. Por tanto en cierto modo su falta de aspecto es una falta de “espejo en el que mirarse”. Podemos sentirnos con incertidumbre y con falta de guía o de su suelo bajo nuestros pies cuando está vacía de curso.

La Luna deja de estar vacía de curso al entrar en el siguiente signo zodiacal normalmente, cosa que pasa cada dos o tres días.

¿Hacer magia o no hacer magia?

No pasa nada por hacer magia con la luna vacía de curso o con un planeta en Retrogradación. No caen meteoritos ni se estropean los hechizos. No nos castiga nadie ni es razón para tener miedo. El cielo está para guiarse y maravillarse, no para temer. Pero entiendo que se le tengan tanto respeto a estas posiciones, porque durante mucho tiempo se llevan poniendo en las populares “Agendas de las brujas” sin explicar qué son, sin explicar qué implican, y creemos que la Wicca y la brujería tratan de guiarse por esas posiciones astrológicas, sin entender que la Voluntad es la herramienta más importante con la que cuenta el brujo, no el hecho de que los astros giren alrededor del Sol, ni de que un puñado de hombres le pusiera “Martes” al martes. Otra cosa es que los nombres guarden poder y que las estrellas sean una estupenda descripción del plan divino, pero ayudan a entender qué hay a nuestro alrededor y los poderes que se manifiestan a través del Universo. Por otro lado, pensemos en que la Tierra tiene sus propios ciclos y eso tampoco para ni estropea todos los trabajos mágicos que hagamos.

En última instancia, el único que tiene el verdadero y único poder para hacer que tu vida funcione eres tú. No importa cuántos Mercurios Retrógrados se pongan en tu camino.

Honor, valor, esfuerzo: más que tres palabras

Era un caluroso día de verano de hace muchos años cuando, meditando con Brigit, estas tres palabras me vinieron a la cabeza por primera vez. No entendí nada porque las palabras son sólo palabras, pero lo que ocurrió sólo podría explicarlo a través de lo que viene a ser la Imbás, el Awen, la inspiración. Y me dije, “muy bonito, sí, precioso. ¿Qué hago yo con esas tres palabras?”. Nótese que estaba en un momento de crisis: pensaba que era una persona de mierda, viviendo una vida de mierda, que muy probablemente hubiera hecho una situación de mierda como para que le pasara todo eso. Todo esto regado con grandes, grandísimas dosis de auto-compasión. Sí, yo, como todo el mundo, también me he caído.

Y así, un día tras otro, esas tres palabras cobraban más fuerza en mi cabeza, meditación tras meditación: Honor, valor, esfuerzo. Y decidí hacerles caso. Empecé a investigar internamente sobre el primer concepto que me venía, el honor. Esa cosa de la que es esclavo Ned Stark en la saga de Canción de Hielo y Fuego. ¿Qué es comportarse de manera honorable? Pues primero de todo, y viendo mi situación de aquel momento, el primer significado que le di fue el de empezar a llamar a las cosas por su nombre. Enfrentarme a mi propia auto-compasión y ser honorable para conmigo misma, darme mi lugar, empezar a respetarme como persona. Es muy fácil ser auto-compasivo porque te dicen “qué lástima, pobretica”, pero es muy difícil ser honorable para contigo mismo, porque supone un carpetazo a eso y encontrar que de la lástima no vive nadie. La gente no es feliz si se pone en una situación de inferioridad crónica.

Ahondando en mi propio concepto del honor me vinieron las virtudes correllianas, esas grandes desconocidas hasta para primeros y segundos grados de la Tradición (cosa que ahora lucho por paliar en el Templo de Brigit). Por aquel entonces yo estaba estudiando tercero, donde se estudian en profundidad dichas virtudes, y encontrarme con eso fue como decir “¡Eureka!”. Todo cobró sentido, mi propia conciencia de qué supone ser una “persona honorable” se formó en mi mente.

Llegó el turno del valor. Tras la toma de contacto con el honor, tras desvanecerse la niebla de la tristeza autocompasiva, me di cuenta de que vivía en una ciudad desconocida, donde me costaba hasta comprar el pan porque me daba miedo hablar con los desconocidos. La cantidad de cosas bonitas que me estaba perdiendo por querer quedarme en casa sin tener contacto con nadie era tremenda. Por no tener el valor de ser feliz. Así que decidí que había llegado el momento de ser valiente, de redescubrir el mundo y redescubrirme. De caminar descalza sin tener miedo a pincharme, porque sólo así tendría la maravillosa sensación de sentir la hierba en las plantas de mis pies. Y le pedí a la vida que nunca más me protegiera del mundo, sino que me lo enseñara.

Y así llegué hasta el esfuerzo. No la fuerza bruta ni el empujón del final, sino el proceso lento y laborioso por el que se forja una espada. Se la pone al rojo, se le da el golpe y se sumerge en el agua fría. Tres momentos, igual que tres palabras, relacionadas con Brigit, con su forja y con la forma que tiene de mostrar sus lecciones. Aún hoy día no sé qué momento del proceso corresponde al valor, qué al honor o qué al esfuerzo, pero igual que sé cuál es el resultado creo que sé que los tres conceptos son en realidad uno: la forma de llegar a uno mismo. Curiosamente, Brigit también es una que son tres.

De esta manera surgió el lema del Templo de Brigit, “honor, valor y esfuerzo”. Conlleva mucho más que tres palabras, es un estilo de vida, es una forma de aprender, es una actitud, es un reto constante por superarse a uno mismo, es un camino que se emprende, es una motivación, es algo que siempre fue nuestro desde que nacimos. Puede que se nos vea como guerreros, o como artistas, o como curanderos… pero nunca dejamos de ser lo que somos: personas que sólo buscan conocerse a sí mismas y que eligen la Wicca como religión y método para encontrarse, con la mano experta de Brigit como Diosa Patrona. Ése fue mi camino y ése es el camino que guío ahora para otros.

Buceando en la profundidad del mar

imagesSé que hablo mucho sobre Wicca y poco sobre otras cosas que hago, y creo que ha llegado el momento de ir dedicándole algunas palabras a otras cosas que también me llenan mucho y que forman parte de mi camino espiritual igualmente. Una de esas cosas es el Sacerdocio del Mar.

Corría principios de 2012 y estaba pasando por un momento un poco difícil, cuando conocí a alguien a quien ahora tengo el honor de llamar “amiga”, eso que, si lleváis un tiempo leyéndome, sabéis que me cuesta trabajo porque creo que la amistad es como una florecita que vas regando día tras día. Ella es una mujer muy valiente, muy fuerte, muy bonita. Es importante recalcar esto porque siempre digo que me llevo mejor con los hombres, pero resulta que la vida me ha rodeado de las mujeres más maravillosas del mundo y a veces no me doy cuenta de qué grandiosas señoras son las que me rodean. Así que un día mi amiga y yo fuimos a comer, y entre risas y confesiones me habló de un curso que estaba haciendo: el Sacerdocio del Mar. Precisamente su profesora estaba siendo otra de las grandes señoras de mi vida pagana, Lady Stephanie Neal, la actual Primera Venerable de la Tradición Correlliana, que había abierto el curso de Sacerdocio del Mar a gente de fuera de la Tradición, como es el caso de mi amiga. Me explicó de qué iba y me dijo cómo me podía ayudar igual que la estaba ayudando a ella, y me animé a empezarlo.

Qué se estudie en Sacerdocio del Mar creo que depende mucho del profesor. Mi amiga, de la que hablaba arriba, adaptó el curso al castellano y además le añadió mucho de su propia cosecha. Sé que mi profesora, Lady Stephanie, hizo algo muy psicológico y además muy afín a la Orden de Caminantes de Mundos Correlliana, aunque el curso en sí mismo no es correlliano. Curiosamente, Lady Stephanie había sido iniciada en su Hawaii natal en Sacerdocio del Mar, así que imagino que su maestro o maestra le enseñó algo mucho más afín a la relación que en ese lugar del planeta tienen con el mar. En definitiva, creo que cada uno le pone su propio toque. Yo hasta el momento no he hecho adaptación propia del Sacerdocio del Mar, aunque si lo hiciera creo que, lógicamente, le pondría mis propias pinceladas como es natural.

En mi caso, y como yo estudié con Lady Steff, para mí la experiencia de estudiarlo fue como ella lo concibió: muy psicológico, muy de bucear en las sombras, muy de meditar, y muy afín a los Caminantes de Mundos, donde yo ya estudiaba. Durante el curso ves cosas de ti mismo que no te gustan, sobre todo al principio, porque el mar es una metáfora preciosa del propio subconsciente: cubre la mayor parte del planeta y aun así es el mayor de los desconocidos. La humanidad ha sido capaz de explorar casi todo el Globo, menos los abismos insondables del vasto mar. Creo que a veces se sabe más de una estrella lejana que de una fosa en alguna parte de nuestro Planeta, y encuentro eso bastante irónico. Por todo esto, empecé el curso con muchísima ilusión y ganas, pero poco a poco me fue asustando lo que descubría de mí misma. Y aun estando diseñado para terminarse en un año, pasó más de un año y medio hasta que acabé el curso. Hasta el punto de que, si un mes “holgazaneaba” y no practicaba por esa impresión que me daba bucear en mi propio ser, mi pareja, consciente del tremendo cambio que me estaba conllevando, me daba un toque porque consideraba que estaba siendo muy beneficioso para mí. Así que aprovecho para decirle “gracias, cariño”, porque me animó a hacer algo que luego ha resultado uno de los mayores triunfos personales de mi vida. Realmente el Sacerdocio del Mar ha marcado un antes y un después para mí.

El hecho de que no hable mucho del Sacerdocio del Mar, en comparación con lo que hablo por ejemplo sobre Wicca, es que lo que me llevó a descubrir en mis profundidades más recónditas es muy personal. Me llevó a darme cuenta de por qué reacciono como reacciono, o qué tipo de actitudes propias y ajenas contaminan y enturbian mi “agua personal”. No sólo fue un complemento muy bueno, sino una forma de seguir trabajando en mi propio ser, algo que necesité en aquel momento. Recuerdo que cuando lo empecé acababa de ser iniciada como Suma Sacerdotisa correlliana, y a veces se puede tener la errónea percepción de que ése es el final del camino. Aunque yo nunca pensé así y era consciente de que debía seguir trabajando en mí misma porque el camino vivencial de la Wicca nunca termina (y que yo soy completamente responsable de él), fue una estupenda forma de no perder el ritmo o de no sentir la tentación de “tirarme a la bartola” tras la iniciación en tercer grado. No olvidemos que me llevó nueve años estudiar los tres grados de Wicca Correlliana, y que en aquel momento, llegado el final de la carrera hasta el Sumo Sacerdocio, podría haber considerado que quizás era el momento de descansar de tantas meditaciones y ejercicios energéticos, lo cual me habría podido llevar a una flojera crónica. Y honestamente, la idea de quedarme parada después de un esfuerzo tan grande no me habría hecho gracia.

Hoy día considero que lo que aprendí en Sacerdocio del Mar, bien aplicado, es oro puro. Y también creo que en este curso es aplicable lo que ocurre en muchos otros: si haces los ejercicios prácticos, si meditas, si te lo tomas en serio, es transformador y enriquecedor. Si te limitas a leer la información no sirve para absolutamente nada. Creo que me lo tomé tan en serio como para lograr transformar mis aguas turbulentas en algo más navegables, aunque, como en todo, el trabajo no terminó en julio con la iniciación. Es más, diría que mi trabajo ahora mismo como sacerdotisa del mar es seguir buceando en esas aguas, cada vez más profundamente, para ser consciente de que mi felicidad reside en el conocimiento que tenga de mí misma, por muy oscuro que esté en las profundidades abisales.

Cuando alguien te pide un trabajo mágico

Recuerdo que, no hace demasiado tiempo, me contactó una desconocida por facebook para pedirme que le hiciera un trabajo mágico. La conversación fue algo así como “Hola, eres bruja, ¿no? Pues hazme magia porque estoy muy mal pero muy mal, tengo mucha mala suerte, me va todo de culo, venga anda”. Yo no me dedico profesionalmente a la brujería, sino que forma parte de mi vocación como sacerdotisa y tampoco es que sea una parte central de mi trabajo espiritual. Sé que hay gente que hace trabajos mágicos de forma profesional y cobra por ello. No voy a entrar en juicios de valor sobre eso, porque igual que entiendo a los que dicen que no se debe cobrar, entiendo a los que tienen que pagar sus facturas.

Últimamente me estoy encontrando con muchas historias de brujitos (wiccanos o no) por ahí a los que desconocidos les contactan para pedirles trabajos mágicos de diversa índole. Y hoy estaba precisamente pensando en eso, en qué hacemos cuando movemos energía, en la gran confianza que se deposita en quien realiza el hechizo, en el saber atinar a la hora de realizar el trabajo y más si no se conoce a la persona… en fin, cosas que creo que un profesional de los hechizos sabe al dedillo por su propio bagaje, pero lamentablemente cuando nos toca a quienes no sabemos nos quedamos un poco “pillados” con la petición.

He aquí una serie de pensamientos al respecto que, si os habéis visto en la situación, quizás podéis compartir. O no. Todo depende de cuál sea vuestra opinión al respecto.

¿Quién eres?

Aunque luego lo diría de una forma más educada, esto es lo primero que se pasa a mí por la cabeza cuando veo una petición así. ¿De dónde me ha conocido esta persona? ¿Sabe realmente que no me dedico a esto? ¿Qué sabe de mí? ¿Es amigo de algún amigo quizás? ¿O simplemente ha visto mis likes en facebook y ha asumido que soy bruja? ¿Sabe que hay personas con más experiencia haciendo trabajos mágicos para el público que podrían ayudarle, y probablemente mucho mejor que yo? En definitiva: ¿por qué yo, oh desconocido, que tan feliz andaba brujeando en mis cosillas?

Creo que pedir a alguien que se identifique, de una forma adecuada y educada, es lo primero que se debe hacer.

La coacción

Personalmente, el chantaje emocional no es algo que me pirre. Bueno, vale, seré honesta: me da urticaria. Creo que hay formas y formas de pedir las cosas, formas y formas de negociar, formas y formas de llegar a un acuerdo… pero nada me parece más ruin que apelar a una supuesta altura moral para conseguir algo de otra persona. Para ilustrar esta situación, imaginamos que alguien nos dice: “como sé que eres una estupenda y maravillosa persona, harás lo que te digo”. Y si no lo haces, claro, implica que tu altura moral está al nivel de una caquita de perro.

Sinceramente, si una persona me pide las cosas así, mi respuesta es NO, sin importarme que luego pueda decir “hay que ver cómo eres, qué mala persona”. Hay que tener muy en mente que tenemos derecho a elegir siempre, y que nadie tiene derecho a juzgar nuestra altura moral sólo basándose en que nos pleguemos o no a sus deseos. Si en algún momento ocurre esto, vosotros sois los que decidís si queréis entrar en el juego de la coacción emocional, pero si decidís empezar a jugarlo, por favor, tened muy claros vuestros límites. Un trabajo mágico es UN trabajo mágico, no siete, y menos si van a estar siempre acompañados de la misma cantinela de presión social.

Entiendo que esto es difícil porque los wiccanos sobre todo nos esforzamos por quitarnos encima el Sambenito del brujo oscuro y diabólico, y por eso podemos caer a veces en socorrer o ayudar para demostrar que somos brujitos buenos y ciudadanos ejemplares que pagan sus impuestos.

Tus propios valores

Siempre digo que soy wiccana y no una hermanita de la caridad, y que mi interpretación de la Rede es más como “consejo” que como “mandamiento”. Por tanto, mi magia es más “leche manchada” que “blanca” (aunque ya sabemos que la magia no tiene color). Pero de ahí a aceptar hechizos para separar matrimonios, causar enfermedades o muertes, causar ruinas, destrozar negocios y hacer amarres, hay un abismo. Creo que los límites son importantes: es en lo que uno cree, es lo que uno piensa, por lo que cada uno rige su vida.

Personalmente, no me sentiría bien si aceptara hacer un trabajo mágico que fuera en contra de mis valores, lo lamentaría ya no por la otra persona, sino por mí. Estaría faltándome a mí misma, que en última instancia es quien realmente tiene derecho a juzgar mi propio comportamiento.

Tú haces lo que quieres

Tanto si va acorde a nuestros pensamientos y valores como si no, tanto si estamos en condiciones como si no, podemos elegir decir sí o no a la persona que pide. También hay derecho a elegir cobrar si así se considera oportuno (a no ser que tu corriente mágica te aconseje no hacerlo), y hay derecho también a darle a la persona un hechizo que pilles por ahí y decirle “hazlo tú, que puedes, ¡ánimo!”. Eso hice yo la primera vez que me lo pidieron, y la persona se quedó la mar de conforme y agradecida. Se puede demostrar a una persona que es capaz de hacer las cosas, aunque sea su primera incursión con la magia, sobre todo si le damos instrucciones completas.

De todas formas y para finalizar, aclaro que no estoy a favor ni en contra de hacer trabajos mágicos para otras personas. De hecho, creo que hago más trabajos mágicos para mis amigos y familiares que para mí misma. Lo que pasa es que resulta raro eso de que te contacte una persona ajena o que te conoce poco para pedir este tipo de “servicios”, sobre todo si no te dedicas a darlos. Sea como fuere, si la persona es un ser humano normal y corriente, con su cabeza bien puesta y sus neuronas en su sitio, entenderá que unas cuantas negociaciones serán necesarias porque la realización del trabajo siempre recae de parte del brujo y existe un derecho a elegir cómo se va a trabajar. Y también entenderá que la mayoría de las veces no se trata de la cantidad de billetitos verdes que nos pongan en un sobre, sino que más bien se trata de los valores individuales por los que se rige la persona que va a hacer la magia.

“En la cara no, por favor”: la vida con una devoción a Brigit

Ya he hablado hasta la saciedad de una de las Diosas a las que rindo devoción de forma habitual, que es Brigit. De hecho, le dediqué el Templo que dirijo, ¡sencillamente porque la quiero mucho! Sin embargo, no suelo hablar de mis devociones de forma más personal porque no me gusta sentar cátedra o influenciar a otra gente. No obstante, y como me preguntan tanto, me gustaría compartir con vosotros cómo es la vida de una devota de Brigit, en este caso, la mía (¡no iba a ser la de la vecina!).

Cómo es ser devoto de esta Divinidad en mi caso queda perfectamente reflejado en la frase del título: “En la cara no, por favor”. Es verdad que hay devociones y devociones, así que podríamos decir que el tipo de devoción que yo tengo (una devoción a bastante largo plazo con vistas a mantenerla de por vida, aunque en nuestro “contrato devocional” tenemos algunas cláusulas a cumplir en caso de estar impedida mental o físicamente) es bastante hardcore, no os voy a engañar. No es que la Diosa sea una sádica, al contrario, si algo puedo decir de ella es que la amo profundamente y es muy “buena gente”, pero cuando quiere que aprendas algo, vaya si te da de leches hasta que aprendes. Eso sí, aprendes bien. Ten por seguro que lo que sea no se va a volver a escapar. Y ya os digo, depende del tipo de devoción, pero en mi caso la relación es bastante estrecha (9 añitos de “conocernos” mutuamente y un poquito menos con la devoción propiamente dicha), así que, como diríamos en mi tierra, la confianza da asco.

Mis aprendizajes con esta devoción han ido por fases, lo que no significa que para todo el mundo vaya a ser así porque dependerá de la persona, pero para que os hagáis una idea de todo por lo que hemos pasado juntas, os las voy a enumerar:

– Fase “¿Quieres inspiración? Pues toma dos tazas”. Mi primera aproximación a Brigit fue por su carácter inspirador, de hecho 13 lunas surgió de las primeras devociones que le hice y la volví a reflotar cuando reanudé mi devoción con ella en 2010. Yo quería estar inspirada porque soy creativa y quería tener un plus de creatividad. Pues bien, resultó que la buena moza no me dejaba ni dormir mandándome ideas muy buenas. Me pasé como dos meses (sin exageraros) sin dejar de tener ideas para proyectos nuevos. Yo que soy naturalmente diurna, me volví un ave nocturna de tanto café y tanto trabajar en cosas bonitas hasta altas horas de la madrugada, hasta que el sueño por fin vencía y me podía ir a dormir, aunque sin quitarme el rumrum creativo de la cabeza.

– Fase “Las cáscaras”. Esto me lo dijo ella en una meditación, “yo tengo cáscaras”. Se me grabó a fuego. Me mostró que la cara que se daba de ella no era la que realmente tenía o se mostraba a sus devotos, que podía ser terrible en la ira, que no era ninguna colegiala. Personalmente tuve una etapa iracunda, estaba insoportable, será que se me pegó de la situación, de tanto trabajar con fuego o yo qué sé. Durante esta etapa, personas a mi alrededor dieron su verdadera cara y me llevé muchos desengaños. ¿Casualidad? Entonces creí que sí, ahora me parece que en absoluto.

– Fase “Los desposeídos”. Siempre digo que Brigit me ha salvado el trasero en más de una ocasión, y eso os lo contaré después. Pero para saber que te ayudan y te protegen tienes que sentirte abandonado antes en todos los sentidos. Tras el tumulto anterior estuvimos en una etapa en la que “no me hablaba”. No estaba enfadada o yo no sentía que estuviera así, sólo es que la mujer no estaba muy habladora que digamos. Me limité a seguir guardando la llama y a rezar mis oraciones normalmente, pero las pasé canutas y me sentí bastante abandonada. A día de hoy creo que fue una gran prueba de fe.

– Fase “Tú lo que tienes es mucho cachondeo”. Brigit tiene mucho sentido del humor y su forma de ayudarme siempre conlleva algún chiste o chascarrillo, cosa que en esta fase fue harto frecuente. Normalmente cuento dos anécdotas a este respecto, aunque hay muchas más. Resulta que un día estaba hablando con una devota de otra Diosa a la que su Divinidad le “hablaba” mucho. Yo estaba en plan desposeída con Brigit y no me hablaba, así que me acerqué a su altar y le dije en un tono muy familiar (y en perfecto andaluz) “Ojú killa*, a mí no me dices cosas tan chulas como ésas. ¿Tú me quieres?”. Al día siguiente me escribió una alumna del Templo para decirme que había estado en una meditación con Brigit y que tenía un mensaje para mí de su parte, pues le había dicho que me quería muchísimo y que a pesar de que tuviera dudas siempre estaba conmigo. Aquel día lloré como una niña pequeña. La otra anécdota que suelo contar es que estaba sin dinero y casi no tenía ni para comer hace dos años, cuando encontré el trabajo que tengo ahora: me llamaron un domingo a la hora del almuerzo y era una completa desconocida a la que le habían dado mi teléfono porque daba el perfil de lo que buscaban en su empresa. Surrealista a más no poder. Cuando me dijeron lo que iba a hacer y que iba a trabajar para Irlanda, me eché a reír. Brigit me había contado un chiste muy muy bueno.

– Fase “A mi niña no la toca nadie”. Creo que estoy en ésta, aunque qué fase de la relación tengas sólo lo ves realmente a toro pasado. Me siento muy protegida, podría decir que me siento con mucha “confianza” como para pedirle cosas que pueda necesitar. Creo que a veces sale a protegerme incluso aunque yo no se lo pida. Oh, y el sentido del humor no lo ha perdido, afortunadamente.

Mi práctica devocional en la actualidad

Primero de todo y como decía arriba, tengo un “contrato” devocional renovable a los cinco años, y con vistas a hacerlo de por vida. Esto incluye cláusulas en caso de fuerza mayor (convalecencia, accidente, catástrofe natural, incapacidad física o mental, viaje, etc), y en algunos casos las devociones son “recuperables”, por ejemplo en caso de que un día se me olvide guardar la llama de Brigit.

Ya entrando en la práctica en sí, trabajo en varias vertientes. Por un lado dirijo mi propio cill de guardia de la llama, Kildare, porque desde hace años soy guardiana de la llama de Brigit y fue mi primera devoción con ella. También trabajo la música y la poesía y le dedico incluso cuando estudio o cuando escribo posts en el blog. Por otro lado, mi trabajo también es físico, aunque esta parte de la devoción es muy reciente, haciendo ejercicio físico regularmente para mantenerme fuerte como una buena herrera. Y por último pero no menos importante, gran parte de mi camino chamánico y mis prácticas de trance y oráculo están “esponsorizadas” por ella, pero esto es debido principalmente a su identificación con la adivinación y el arte de la plañidera o acompañamiento de los difuntos. Reconozco que quise honrarla a través del Reiki porque es una energía sanadora, pero no terminaba de sentirme cómoda así que opté por trabajar con el elemento agua mediante el sacerdocio del mar (que también incluye trabajo con agua dulce).

Ahora mismo creo que estoy en ese punto en el que Brigit ya no es mi Divinidad Patrona, sino que es mi amiga, es mi madre, es mi consejera y significa mucho para mí. Me ha enseñado que los golpes del destino (en la cara no, por favor) a veces son necesarios para aprender y me ha animado a no tener miedo a las situaciones difíciles para poder salir de ellas. Me ha enseñado que puedo sacar mucho de mí misma incluso teniendo una gran sensación de escasez a mi alrededor. Lo mejor de tener una devoción con Brigit es que no siento que sea “celosa”: nunca me ha exigido que mi sentir religioso se dirija sólo a ella, es más, si esto es aplicable a las Divinidades a veces pienso que sería capaz de irse de cervecitas y tapas con Inanna, con Hécate o incluso con dioses tan lejanos como Shiva o Ganesha. Nunca me he sentido mal, ni “censurada”, ni “castigada” por tener altares dedicados a otras divinidades en casa, y creedme, tenemos varios altares en diferentes habitaciones.

Éstos son los aspectos que creo resumen una relación muuuy larga, como ya veis, entre Brigit y yo. Mi único consejo si en algún momento os lanzáis a tener una devoción con Brigit o con cualquier Divinidad es que vayáis despacito, yo aquí ya he mostrado que mi trabajo es complejo y amplio, y lleva muchas vertientes, pero creo que la mejor forma de iniciar una devoción es mediante una única actividad (como en mi caso fue la guardia de la llama inicialmente) durante uno o dos años, y luego ya podéis pensar en hacer otras cosas. Si es con Brigit, creedme, no os van a faltar ideas para tener devociones.

(*) Ojú killo/a es una expresión de mi tierra para representar un sinfín de emociones. Killa o illa es una forma abreviada de “chiquilla”. Ojú se usa sobre todo para expresar sorpresa, pero también puede significar “vaya tela”. En este caso, expresaba un poco de fastidio, mezclado con un pelín de familiaridad. Quizás más de lo recomendado para tratar con una Divinidad.

Elecciones de brujo/a

Conste que no estoy hablando de ningún partido político. 😛

A finales de 2013 tuve un “momento oh my God”. Suelo llamar así a las conclusiones que de pronto marcan o cambian tu vida, porque te das cuenta de algo, ves algo que de repente te lleva a un cambio, pues acaba desembocando en un cambio de hábitos o de estilo de vida. Este cambio no tuvo que ver con mis creencias, así que, a riesgo de spoilearos el final, me gustaría tranquilizaros: sigo siendo correlliana.

El caso es que tuve el placer de toparme con una mujer cuyo lema es “no más excusas”. Una mujer que no cree en la perfección pero que cree en hacer las cosas con el corazón, intentando llegar a sus metas con tesón y honestidad. ¡Justo lo que a mí me gusta de una persona! Lo llamativo de su aproximación, al menos para mí, era que ella no se conforma con soñar, ella se pone a trabajar muy duro en lo que quiere. Justo como me gusta a mí. Pero lo cierto es que, haciendo examen interior, me di cuenta de que yo me había pasado los últimos meses soñando sin trabajar realmente en mi vida, en mis ideas y en mis proyectos. Desde hacía un par de meses tenía mucho en la boca el dicho ése, “de desagradecidos está el mundo lleno”, y sin embargo yo era la primera desagradecida para conmigo misma. Parece una estupidez estando en un camino espiritual que, precisamente, ¡trata sobre agradecer lo que se tiene! Digamos que mis Manolo Blahnik espirituales, aquellos zapatos de diseño a los que hacía referencia hace unos meses en otra entrada, se habían ensuciado por h o por b, pero en lugar de limpiarlos no hacía más que quejarme de que estaban sucios.

Y así llegó mi momento “Oh my God”. Me dije a mí misma que esa nueva mujer que había entrado en mi vida tenía toda la razón. Y que es más, menuda mierda (con perdón) de bruja era si no era capaz de cambiar mi vida y si me pasaba el día quejándome. Había que cambiar el chip de nuevo, como ya lo había hecho con anterioridad: desembarrar mis zapatos de diseño (y aún así cómodos) con los que ando mi caminito, y de paso, obtener lo que me dé la gana y más en esta vida.

Me puse a trabajar en ello, que además me gusta mucho eso de ponerme manos a la obra, y cuál fue mi sorpresa al llegar a todavía más (si cabe) conclusiones y “Momentos Oh My God”. Creo que cuando te pones a trabajar en ti mismo en serio, aunque cuesta porque crear un hábito es difícil por muy saludable que sea (y desde aquí saludo a todos los que después de las fiestas se han apuntado a hacer ejercicio), llegas a grandes conclusiones sin comerlo ni beberlo. Y así, en mitad de mis momentos diarios de agradecimiento, me di cuenta de la cantidad de abundancia que hay en mi vida. ¡No sólo en la mía, en la de todos! La gran abundancia de elecciones, de vías, de posibilidades, de potencial, de creatividad, ¡de maravilla! La diversidad de la que se habla cuando se dice eso de que la Divinidad se regocija en lo diferente, pues también creo que se regocija en la gran cantidad de cosas de las que somos capaces si nos atrevemos. Lo que pasa es que a veces con tanta posibilidad nos sentimos como un sábado por la tarde en el Carrefour después del día de cobro: todo es muy grande, hay muchas cosas y mucha gente, y al final acabamos mareados y abrumados por la inmensidad y la oferta que se abre ante nosotros. Como cuando intentamos centrarnos en buscar el precio marcado para la mayonesa de una marca concreta entre conductores de carritos kamikaze, música de villancicos, luces de colores, y una voz estridente que suena por el altavoz al mítico grito de “Señorita Carmen acuda a caja central”.

Llegados a ese punto, mi reflexión final, lo que extraigo de este hilo argumental en el que una cosa lleva a la otra, es que siempre hay elección. Aunque parezca que la vida es una porquería porque tu vecino de arriba escupe las cáscaras de las pipas en tu balcón. Siempre tienes una elección y eso es lo que he recordado en estos días. Y echando la vista atrás, me doy cuenta de que siempre tuve elección, no ya ahora, siempre. Es más, hay cantidad de elecciones posibles y de formas de hacer las cosas. Hace unos años abandoné una relación sentimental que me desgastó tremendamente a nivel emocional, mientras me encontraba en una situación en la que parecía que no tenía elección. Y aun así la tuve. Creo que podría haber hecho las cosas de otra manera, más fácilmente, pero no me quejo porque al final conseguí salir de esa situación. Con esta situación económica parece que no tenemos elección, parece que las cosas están paradas y no se mueven, pero sí se tienen, siempre hay, no hay excusa para no seguir adelante y ser quienes queremos ser.

Creo que esa capacidad de tomar las elecciones y las preferencias como una forma de crecer como personas, de transmutar el ser, es lo que nos define como brujos. No tanto los hechizos o la magia para cambiar las cosas de fuera, sino la magia necesaria para cambiar las cosas que tenemos dentro. Conectar con nuestra realidad interior y transmutarla para hacer de nosotros lo que queremos y así cambiar nuestra realidad a nivel profundo, de forma que podamos aprovechar al máximo esta existencia que nos ha tocado vivir y que, desde luego, nos merecemos vivir felizmente. O eso es lo que yo extraigo…