Cómo quiero morir

Mi bisabuela nació en 1901. Fue una de esas abuelas de la guerra civil que parecían eternas e incombustibles, indómitas, mujeres duras ellas. Tras cinco hijos, y embarazada de seis meses con una barriga monstruosamente grande, fingió que se ponía de parto delante de una unidad de infantería que empuñaba bayonetas y que había parado la diligencia en la que viajaba, junto con otros pasajeros, buscando a un fugitivo. Su gesto le salvó la vida a un hombre, y eso que no medía más de metro cuarenta.

Tuvo 9 hijos y vio partir antes de irse ella misma a 4 de ellos. Con 70 años sobrevivió a una operación a vida o muerte que le paró el corazón tres veces. Y sin embargo, nunca perdió esa sonrisa desdentada que le conocí, ni sus ansias por aprender y leer, y utilizaba su sordera para no enterarse de lo que no le convenía. Cuando nací, como era su primera bisnieta, me pusieron su nombre. Ese nombre por el que me llaman mis seres queridos y que llevo con orgullo porque me recuerda que hubo alguien antes que yo que nunca tuvo miedo a la muerte. Cuando murió tenía 99 años y conservó la lucidez hasta casi el último momento.

Con los años, ya lo sabéis, me hice wiccana. Precisamente fue poco después de la muerte de ella. Mis primeros pasos se orientaron hacia la Luz, la positividad y los peces de colores. Brillantina y sonrisas, mis grandes amigas, y “mucho escucha, habla nada, de toque gentil y suave mirada”. En fin, esas tonterías que nos decimos a veces para asegurarnos a nosotros mismos de que no vivimos según una religión oscura y mal vista. Hasta que te topas con el concepto de la Muerte dentro del ciclo y te das cuenta de que el Dios (el Sol) y la naturaleza que es su manifestación mueren cuando llega el momento. Y todos los tabúes con respecto a la Muerte saltan como resortes, todo lo que te han enseñado tus padres y la sociedad de que morirse es malo porque claro, es necesario que respetes a la Muerte y eso se llama supervivencia. Pero respeto, no miedo.

La hoja que se cae en otoño nunca volverá a estar en el árbol, pero eso no significa que no surja nueva vida de la hojarasca. Si en la rueda del año no tememos a la Muerte es por la promesa de la primavera. Por la esperanza. Pero antes de caer, la hoja ha vivido un ciclo, y que caiga no significa que su existencia haya sido en vano. Todo lo que ha disfrutado, desde el rocío de la mañana hasta los dulces rayos de sol, todo eso, ha tenido sentido para el árbol. Que alguien se vaya, o que nos vayamos, no significa que sea el final ni que nuestra existencia sea totalmente inútil.

No sé dónde estará mi bisabuela ahora, pero su muerte no fue su final. Parte de ella está en mí: llevo su nombre y sus genes. La misma sangre corre por mis venas. Ya no habrá otra igual, pues puede que yo sea parte de ella, pero no lo soy completamente. Y desde el punto de vista de la reencarnación tal y como se contempla en mi tradición, puede que por ahí haya otra ella o parte de ella, pero nunca más ella misma. No habrá segunda parte para ninguno de nosotros, ni para ella. Seguiremos adelante, seamos lo que seamos, pero desde luego tras pensar en estas fechas que se aproximan y en los que ya no están, llego a una conclusión: sé cómo quiero morir, y es tras haber vivido.

Recovecos de la devoción

El otro día estaba charlando con unos amigos, un par de ellos alumnos del Templo, sobre altares a Brigit. Uno de ellos comentó que su altar era “poco ortodoxo” porque tenía las cartas del Tarot encima del altar de la Diosa. Después de varios comentarios decidí intervenir: “Brigit es la patrona de la Adivinación”, dije. Como patrona de los bardos, regía la inspiración divina y por tanto los mensajes que llegan de los Dioses a través de los diferentes métodos oraculares, ¡incluyendo la canalización y el trance! Se consideraba a los bardos “tocados” por la Divinidad, como mensajeros de la misma, y como expertos en el poder de la palabra eran capaces de lanzar maldiciones y bendiciones. Sabiendo esto es muy lógico pensar que la Adivinación sea uno de sus atributos naturales, aunque normalmente no se le presta atención a esto y se opta por ensalzar otras cualidades que, curiosamente y según mi experiencia, no están tan marcadas en su carácter.

Creo que hay cosas que normalmente llaman menos la atención o sobre la que voluntariamente la gente, que son quienes al fin y al cabo comparten la información con los demás, ha pasado de puntillas. Si veis el título, estoy hablando de “recodos” en la devoción, precisamente esas partes que llaman menos la atención o que normalmente omitimos cuando hablamos de las Divinidades a las que rendimos culto. Creo que si queréis hacer una devoción en algún momento os gustará saber que hay más en las Divinidades de lo que se ve de primeras (algo parecido a lo que ya comenté en la entrada en la que explicaba por qué se vende a Brigit como “blanda”, pero en realidad de blanda tiene poco). Personalmente, pienso que podemos llegar a esos recovecos o revueltas a partir de a) estudio, b) práctica o c) una sana combinación de ambos.

El estudio es relativamente fácil: coges un libro y lees. Luego otro. Luego otro. Luego te vas a por los libros de folklore, a cánticos, himnos o incluso a canciones populares. Y luego cruzas datos. Ésta es la parte difícil, porque entre tantos datos muchas veces te lías y no recuerdas la mitad. Mi consejo: hacer reseñas y tomar apuntes, no hay más. Y ser muy, muy organizado, por supuesto.

La práctica no existe sin un estudio previo, para ser honestos, aunque siempre existe la posibilidad de hacer algo sencillo para “calentar” y así comenzar a devocionar poco a poco. La experiencia se convierte en algo más personal, pero se corre el riesgo de hacer las cosas por la “Ley de L’Orèal” (porque yo lo valgo), convirtiendo la devoción en un “todo vale” y olvidando que hay ciertas costumbres y que en esto de la simbología ritualística existe una convención social que ha afectado también al nivel energético. O dicho de otra forma: el hecho de que miles de personas a lo largo de los siglos hayan hecho las cosas de determinada forma facilita que, cuando nosotros usamos el mismo símbolo que ellos, el acceso a la energía nos sea mucho más sencillo (porque el pensamiento afecta a los esquemas energéticos y por tanto el pensamiento de muchos afecta en gran medida a los patrones energéticos).

La sana combinación de ambos elementos me parece el método más útil. Por un lado se le pierde el miedo a la devoción (que hay mucho) y por el otro se le pierde la fobia a los libros (que también hay mucha). Nos permite cimentar la devoción en la Historia, o en costumbres, o la adopción de invocaciones o himnos tradicionales. Nos permite empezar un trabajo serio, y por tanto nos hace estar más predispuestos a ver “más allá”.

Aquí es donde entran los recovecos: cuando encontramos cosas ocultas de las Divinidades a las que rendimos cultos a través del estudio y de la práctica. En algunos casos, esas “cosas ocultas” están escondidas en himnos documentados, por lo tanto tras estudio es posible darse cuenta de que están ahí. Pero cuando hablamos de Divinidades cuyo culto se ha basado en una cultura de transmisión oral, como es mi caso con Brigit, a veces esto empieza con una tendencia devocional o una “corazonada”. En mi caso empezó con la práctica de canalización oracular, pues cuando me encomendaba a Ella me resultaba infinitamente más sencilla. Luego, mediante “aprendizaje tangencial” (esto es, llegué a un libro que no tenía nada que ver con la Diosa pero sí con la cultura celta irlandesa, y de pronto me di cuenta de que parte de lo que contaba estaba relacionado con los atributos de la Diosa), a veces obtienes la confirmación de esa corazonada, como resultó en mi caso. Y así, tener una baraja de tarot, un cuaderno para practicar la escritura automática o un espejo negro para practicar la visualización en el altar de Brigit se convirtió en algo natural para mí.

Con esto me gustaría animaros a intentar ver más allá, a no quedaros en lo que nos dicen las páginas de internet o los libros. Creo que en todas las Divinidades, no sólo en Brigit, hay más de lo que parece. Es igual que cuando preguntas cómo es alguien y te dicen que es “buena gente”, pero no se entra en detalles sobre los hobbies que tiene la persona o lo que se le da bien hacer. Siempre hay más, siempre se puede conocer más, siempre se puede, sobre todo, vivenciar más.

Cómo nos ayuda un camino espiritual a continuar

En mi Tradición decimos que la Divinidad siempre se orienta hacia el Bien, y siempre busca experiencias que nos orienten hacia el Bien. Pero no se entiende esto como un “Bien” moral, sino como una lección, un aprendizaje, fruto de ese pacto personal que hacemos con nosotros mismos antes de nacer, y que nos lleva a aprender lo máximo posible de todas las situaciones. Incluso aquellas que no nos gustan. No me suele gustar hablar de mi vida personal más reciente, pero por un día haré una excepción para ilustrar cómo me ha cambiado mi camino a aceptar y afrontar ciertas partes de mí misma que, como a muchas personas en estos tiempos que corren, no me han sido especialmente favorables, y cómo y qué he aprendido de ellas.

Hace tres años que me mudé a Granada. Me encontraba muy sola cuando llegué, prácticamente dejé toda mi vida atrás debido a que a) tenía un sueño y una oportunidad y b) Sevilla, mi ciudad natal, era demasiado cara como para podérmela permitir. Sí, yo también vivo la crisis a pesar de ser sacerdotisa, como muchas otras sacerdotisas que conozco. Tuve muchas oportunidades al principio, como siempre que se comienza a hacer algo en un sitio nuevo, porque el cambio siempre inicia cosas pero no siempre inicia lo que tú quieres.

Lo malo de cuando apuestas a una carta como en mi caso, es que cuando la carta no es la ganadora, lo pierdes todo. Y así sucedió. El mes de junio del año pasado, 2012, me encontraba junto a mi marido en el Mercadona de mi barrio (para los que no viven en España, Mercadona es una cadena de supermercados de aquí), y de pronto me di cuenta de que teníamos sólo 5 euros para hacer la compra y nada que echarnos a la boca. Mi marido debatía internamente entre comprar leche, pan y demás, o comprar una bandeja de filetes. Fue un momento muy triste darse cuenta de que no teníamos dinero, justo cuando, además, salía por fin de una depresión en la que había estado durante 5 años. Es como salir del infierno después de un siglo y darte cuenta de que el mundo tampoco pinta muy bien que digamos. Te dan ganas de meterte en el pozo de nuevo y no salir. Tras unos días pensando, creo que me di cuenta de que eso lo había creado a partir de muchos años de dejadez de mi propia situación, pues había descuidado mi mundo al dejarme llevar por la desazón.

Así que no me rendí. Pedí ayuda a la familia, pedí ayuda a los amigos y pedí ayuda divina. Mi Diosa patrona es una “amiga Divina” y también me encomendé a ella. Como buena bruja, y sabiendo que puedo cambiar la energía a través de mi pensamiento y mi emoción, me dije a mí misma que si había podido salir de una depresión tan larga, un momento de carestía material era pan comido, así que me puse la mejor de las sonrisas y levanté la cabeza. Llené mi día de actividades que no implicaran gastar dinero (para qué engañarnos, tuve mucho amor, muchas pelis descargadas y mucho tiempo para ser y estar dentro de mí misma, meditando). Tenía la certeza de que todo saldría bien. Un domingo por la mañana, en un suceso que considero surrealista, alguien a quien no conocía pero conocía a alguien muy cercano me llamó para pedirme mi currículum, y en menos de un mes tenía trabajo. Brigit, mi Diosa patrona, es irlandesa. Curiosamente, el trabajo que encontré era para dar asistencia a un banco irlandés. Recuerdo llegar a casa tras un día de trabajo, sentarme frente al altar del Templo de Brigit y reír, reír, reír, como si ella me hubiera contado el mejor chiste de mi vida. Realmente tiene mucho sentido del humor.

Tras más de un año trabajando no me he hecho rica. No os voy a engañar: vivo al día y me cuesta llegar a fin de mes como a mucha gente, pero no tengo que elegir entre pan y filetes. Y además tengo la mejor amiga divina y la mejor familia y amigos que puedo desear. He aprendido que no sólo podemos contar con la familia y los amigos, sino que hay un Poder en el Universo que nos enseña y nos cuida, y que vive dentro de mí y se nutre de mis esperanzas y de mis sueños, y que nada es imposible si te lo propones. Eso fue lo que aprendí de aquella situación tan desagradable, que puede o no considerarse un “Bien” moralmente hablando, pero que a mí al menos me demuestra que cuando establecer una relación con la Divinidad, tanto con la que llevas dentro como con la personificada, es posible salir airoso de muchas cosas que por sí solos puede que nos costaran más.

Abundancia y escasez

En los últimos días he vivido una montaña rusa de emociones que quería compartir con vosotros, porque creo que a todos nos ocurre esto en algún momento de nuestra vida. Os pondré en antecedentes: como ya sabéis algunos, me defino como una persona que se pone metas muy altas, pero que intenta no obsesionarse con la perfección. Siempre he luchado por mis sueños, incluso si parecían inalcanzables, pues soy de la opinión de que si crees en ti mismo lo suficiente puedes llegar donde quieras. Ahora bien, no siempre estoy en ese estado de equilibrio y hay ocasiones en las que me ocurre lo que os voy a relatar a continuación, aunque ya os aviso que mis sentimientos han ido muy en contra de lo que normalmente “predico”.

Todo comenzó con un amigo leyéndome el Tarot hace una semana o dos. La “conclusión” de la tirada era la carta de la abundancia, la carta ya no de la cosecha sino del ser capaz de compartir y de darse cuenta de que la cosecha ha sido muy positiva, tras haber recogido lo que se había sembrado y tener las arcas llenas. Mi amigo me lo estaba diciendo y yo estaba pensando en mi abundante ser, con la cuenta en rojo después de haber tenido que emplear cientos de euros en veterinarios para curar a mi gato enfermo, ¡eso sí que era abundancia, claro! Obviamente, me estaba dejando llevar por una situación fuera de mi control, y en lugar de poner al mal tiempo buena cara, me estaba hasta cierto punto “dejando caer”.

Días después mi Tradición me otorgaba una condecoración por el servicio a la comunidad, y me di cuenta de que el mensaje del Tarot no versaba sobre la abundancia monetaria, sino que era algo mucho más general: abundancia de sueños, abundancia de siembras, abundancia de cosechas, abundancia de bendiciones, abundancia de cariño. Así que de pronto, ¡sorpresa! La vida me pone en una situación de abundancia social y lo que parecía imposible, que me dieran esa condecoración en particular, mi favorita de toda la vida, de buenas a primeras lo tengo. Me resisto a creerlo y me repito una y otra vez que no sé qué he hecho para merecerla.

Cuando me tranquilizo me doy cuenta de que me estoy equivocando de pleno en el enfoque que le estoy dando. No es cuestión de vanagloriarse, pero sí de alegrarse y de darse a uno mismo una palmadita en la espalda, aceptar esa abundancia social como un sinónimo de abundancia de esfuerzos y de tiempo empleado, que ha revertido positivamente en la persona de uno. Habiendo pasado ya 5 días desde aquello y con la cabeza fría, pienso, ¿qué ha pasado para que yo me comporte así? Principalmente, el miedo al qué dirán. Parece que está feo decir que has ganado algo, aunque te haya costado mucho. El éxito es algo que viene trabajando duro, los sueños y los reconocimientos se consiguen trabajando duro, pero hay que aparentar que no ha sido nada. Eso que me repatea tanto en los demás lo estaba repitiendo yo, ese burdo intento de parecer pequeño para no resultar intimidatorio a la sociedad. Sí, mis queridos lectores, a veces también soy insegura.

La principal enseñanza que extraigo de todo esto es que nos han enseñado a no destacar para no brillar más que los demás, por eso nos cuesta tanto aceptar el éxito y la abundancia, incluso si, como yo, te defines como un overachiever (una persona que se pone metas muy altas y consigue muchas cosas a través del esfuerzo). Somos brujos, hacemos realidad lo que pensamos y lo que sentimos, es lógico que después de muchos batacazos consigamos cosas, especialmente si sois tan idealistas como yo. Creo que esta vida no es una competición para ver quién destaca menos, sino que se trata de animar a las personas a destacar en lo que se les da bien, aprender unos de otros y brillar todos juntos, pues porque uno aparente brillar poquito, eso no significa que los demás te vayan a aceptar mejor o te vayan a creer “más espiritual”. Y ya hablé de ello hace algunas entradas, eso se llama falsa modestia y para mí es no aceptar la abundancia que tenemos en nosotros mismos, ser poco respetuosos con el tiempo que empleamos y con nuestros propios esfuerzos.

Creo que podemos cambiar eso, no sólo como brujos sino como personas. Podemos enseñar a las nuevas generaciones que aceptar e integrar la abundancia en sus vidas, decirles que aceptar e integrar el poder personal y la capacidad para cambiar su realidad a veces lleva tiempo, pero que siempre merece la pena. Y que no se trata de aparentar que se brilla poquito para que los demás no se sientan mal o inferiores, sino que lo bonito es brillar todos juntos en lo que a cada uno se le da bien, aprender unos de otros y disfrutar de esos momentos de abundancia, aunque a veces no se sepan ver a la primera.

PD: Muchas gracias a la comunidad correlliana por el reconocimiento. Seguiré trabajando en esto porque me encanta, y espero que dentro de poco tengamos más premiados en esta comunidad hispanohablante que cada vez es más y más numerosa.