Dualidades que no existen

Hace un par de semanas hablé con una persona que realmente me hizo reflexionar sobre un hecho por el que yo había pasado de puntillas durante estos años. Y me debería dar vergüenza decirlo, porque lo enseño en primer grado e insisto mucho en ello, pero a veces el lenguaje es tremendamente traicionero, y más cuando nos lo han metido en la cabeza durante nuestra educación. Se trata de las dualidades sagrado/profano, espiritual/mundano, espiritual/material, y un largo, larguísimo etcétera.

Hablando con esta excelente persona, terapeuta y sacerdotisa a la que le estoy tan agradecida por haberme hecho darme cuenta de cómo utilizo el lenguaje y cómo eso afecta a mi propia percepción de las cosas, he sacado en claro que mi vida es sagrada en todos sus aspectos, también cuando estoy en la oficina, cuando voy al supermercado o cuando me tomo una cerveza con mis amigos, no sólo cuando estoy en trance, cuando medito o cuando realizo devociones de cualquier tipo. Sin embargo, la primera persona en decírmelo fue mi mejor amigo, a quien, como tengo cerca, no había hecho caso (como suele pasar). Estábamos en medio de una conversación y le dije algo que me habían dicho y que asumí como un mantra: “Una hora de trabajo espiritual, una hora de trabajo físico”. Él me dijo entre risas “Harwe, eso es una soberana tontería”. Así que cuando hablé con esa segunda persona y me di cuenta de que me lo habían dicho ya con anterioridad, fue cuando vi yo misma que el discurso dual había calado de tal forma en mí que incluso los que estaban a mi alrededor a diario y no tan a diario se habían dado cuenta de esto.

Es cierto que siempre digo que no podemos estar pendientes de nuestra vida “espiritual” y que debemos recordar que somos personas con necesidades varias: profesionales, monetarias, sentimentales, etc. Siempre me he mantenido muy escéptica con respecto a la afirmación “somos seres espirituales” porque no me gusta que se olviden otras partes de nosotros. Pero por otro lado, creo que yo misma estaba olvidando lo que está “en medio” de ese espiritual/material, tan centrada en el disgusto que me producen los extremismos y los maniqueísmos.

¿Cómo empiezo a ver las cosas ahora? Pues creo que de una forma más sencilla. Me reafirmo en que no existen sólo vidas “espirituales” o “mundanas”, sino que todo forma parte de nuestra vida y que en todo caso habría que buscar una sana auto-realización a través del aprendizaje de cosas. Sigo sintiendo ese rechazo hacia los extremos, por otro lado, y no creo que lo cambie. Y no digo que no vaya a seguir practicando eso de “una hora de trabajo x y una hora de trabajo y” porque me parece correcto dedicar tiempo a muchas cosas diferentes. Pero en cambio, estoy interpretando la frase como “busca tiempo para disfrutar en todo caso, y disfruta del tiempo que tienes”. Al final de eso se trata, ¿no?