… y los números del 1 al 100

Hoy he leído un artículo sobre “qué debe saber un niño de cuatro años”. No porque tenga hijos de cuatro años, sino porque me ha llamado la atención. Cuando yo tenía cuatro años sabía leer, sumar, restar, los planetas, contar hasta 100 y es posible que hasta 500, no recuerdo bien. Salvo lo de leer, lo demás lo odiaba porque la mayor diversión de mi madre era ponerme a recitar delante de un montón de desconocidos los números del 1 al 100, al derecho y al revés. Tampoco quiero que se me interprete mal: estoy muy feliz de haber sido precoz para la lectura porque gracias a eso leí grandes obras desde muy pequeña, se me estimuló la imaginación y posiblemente se me abrieron muchas puertas cuando llegué a la edad adulta, pero igual que decía de los rituales el otro día, yo no era un mono de feria. Ni un trofeo. No había nada que me hiciera feliz en recitar números, ni en sumar, ni en restar. No había nada que me “empujara” a saber más que el propio hecho de hacerme feliz a mí misma, que era lo que pasaba cuando me leía un buen libro infantil. Sin embargo, el hecho de presumir de ello era algo que me daba mucha vergüenza y que acrecentaba esa timidez crónica que (creedme) todavía arrastro.

Tengo 31 años mientras escribo estas líneas y por tanto hace mucho que dejé de tener 4 años y de recitar los números del 1 al 100, pero sigo viendo los mismos comportamientos, sólo que ahora no son mamás con sus hijos sino paganos con conocimientos adquiridos. Y yo me pregunto, ¿realmente hay necesidad de fardar de todo lo que sabes en público, sin venir a cuento? ¿Contra quién competimos en esto, cuando es un camino espiritual y no una lucha por ver quién es “más mágico”?

No hay competición en esto, no hay carrera. En serio os lo digo. Puede parecer que decirlo es fácil para mí, pero os aseguro que yo también sufrí un momento de ésos en los que tienes que ser más mágico que nadie. Y por otro lado ya he hablado de esto en más de una ocasión, cuando me he referido por ejemplo a la titulitis. He visto gente estudiar no por disfrutar sino por sacarse un título. Me duele por ellos. Creo que se pierden lo mejor, creo que correr, que la prisa en general, es una mala consejera. Curiosamente no soy la mejor para frenar, porque algunos de los que leéis me conocéis y sabéis que me cuesta un mundo pararme, que soy impaciente, que voy siempre con prisa y que ni respiro de lo rápido que hablo. Pero creo que en lo que se refiere a mi camino espiritual (y no estoy hablando de las actividades que monto ni de los posts que escribo porque eso no es mi camino espiritual, sino que me refiero a lo que hago cuando se apagan las luces y me quedo sola en la oscuridad del recogimiento interno, en el útero de mi sencillamente ser) he aprendido, finalmente, a pararme y disfrutar. Un ejemplo de ello, y siempre lo pongo porque hay quien se me embala y ya se imagina que se puede sacar los tres grados de Wicca Correlliana en tres años, es que yo misma, con lo relativamente joven que soy para ser suma sacerdotisa de mi Tradición, tardé 9 años en acabar los tres grados. Y sí, claro, quise correr como mucha gente, pero luego te das cuenta de que hay cosas que llevan tiempo, y que el título no te va a hacer más mágico. Y habrá personas que en vez de 9 se tiren haciendo lo que yo he hecho 12, 15 ó 20 años, porque cada uno tiene su ritmo. Aprender cuál es el tuyo es un arte, para algunas cosas será rápido, para otras, lento. Y como siempre dice un buen amigo, “la paciencia es un grado”, sobre todo cuando tienes que aplicártela a ti mismo.

Estoy orgullosa de haber hecho todo eso y de seguir embarcada en un camino espiritual porque está siendo un esfuerzo y superarse siempre mola, pero no es un trofeo sino un logro. No es un niño de cuatro años al que hacer recitar los números del 1 al 100 al derecho y al revés. Creo que deberíamos, en general, plantearnos si es bueno aplicar la alta competitividad de nuestra sociedad también a nuestra vida espiritual. Para mí, le quita mucha chicha, lo deja vacío y falto de reflexión, y acrecenta ese mito al que llamamos progreso, al medirnos por lo que sabemos, por lo “avanzados” espiritualmente que estamos porque “sabemos mucho”. Para mí, los conocimientos y habilidades, sin vivencia, al final quedan en papel mojado.

Tengo un trato

En esto del Paganismo también hacemos tratos.

Hacemos tratos en cuanto que nos hacemos amigos de unos y no de otros, en cuanto que nos importan las opiniones de unos y las de otros nos dan igual. Tenemos preferencias, no todo el mundo es igual y es porque somos personas. No seamos tontos, nuestros amigos son nuestros amigos y no todo el mundo es “hermano” ante nuestros ojos. El que diga lo contrario, honestamente, creo que miente.

Hace mucho tiempo que dejé de considerar “hermano del Arte” a mucha gente, hace mucho que dejé de considerar iguales a personas a las que no conozco. Hace mucho que considero conocidos a algunos, a otros amigos y otros desconocidos, como en la vida real. Esto no deja de ser la vida real, por muy paganos que seamos, por muy buen o mal rollo que tengamos.

Hace mucho que me di cuenta de que, hiciera lo que hiciera, siempre habría gente a la que yo no le caería bien, gente que a la que sí y gente que criticaría todo lo que hiciera por simple y mero aburrimiento. Sinceramente, me da igual. Creo que estoy en ese punto en el que, si hago x y no hago y, mis amigos puede que estén de acuerdo o no, pero en todo caso lo respetarán, mientras que habrá algunas personas que me pondrán a caer de un burro porque no sigo los designios de algún gurú (que normalmente dice cosas muy obvias) o porque sencillamente necesitan algo que hacer.

Hoy me gustaría romper una lanza en favor de quienes sentimos que todo el mundo está en el derecho a sentirse como quiera por quien quiera, de quien puede sentir amor o desprecio, de quien sigue siendo humano pese a estar en un grupo o en un camino espiritual, de quien dice “no quiero trabajar con esa persona”, pese a que a veces eso esté mal visto en nuestros círculos.  Todos tenemos preferencias, seamos honestos, seamos sinceros, seamos humanos. El “amor universal” es una cosa muy bonita pero que no se puede llevar a cabo, somos seres de luz en cuerpos y cerebros humanos, por tanto somos seres humanos, como tal hemos venido y como tal vivimos para aprender. Así lo tratamos, lo pactamos, antes de nacer. Por tanto, seamos consecuentes con ello. El día que nos toque vivir como seres de amor universal será otra cosa.

Tengo un trato conmigo misma: vine aquí como ser humano para vivir la vida humana, con sus cosas buenas y malas. Así seguirá siendo hasta el día en que me muera. ¿Y tú?

La experiencia extática y su significado

Antes de nada, no confundir “extática” (relativa al éxtasis) con “estática”, que puede ser desde la electricidad hasta las bicicletas de los gimnasios.

Casi todos los Neopaganismos similares a Wicca tienen experiencias extáticas, momentos en los que se entra en un estado alterado de conciencia para obtener mensajes divinos, entendiendo por divinos también los mensajes dados por nuestra propia Divinidad interior, o los de los Ancestros (si, como yo, trabajáis también con quienes ya no están). Éste es un elemento cercano al Chamanismo que impregna nuestras creencias y en el que normalmente no reparamos, porque no se suele incluir en la mayoría de los volúmenes dedicados a Wicca y sus derivados. Por tanto este concepto de la experiencia extática como tal no llega al gran público, llega el de la meditación por ejemplo, o el de la visualización. Me complace deciros que esto también, aunque en grados menores en cuanto al nivel de trance obtenido, son experiencias extáticas. También los denominados “viajes astrales”, los desdoblamientos y otro tipo de prácticas.

No entraré aquí en la “técnica” para hacerlo, ya que cada maestrillo tiene su librillo. Pero en ocasiones es cierto que se reciben “mensajes”. Después de estas experiencias extáticas, sobre todo si se ha obtenido algún mensaje, es normal estar un poco eufórico o confuso y por ello nos lanzamos a hacer interpretaciones de los mismos. Igual que cuando soñamos algo y queremos obtener el significado rápidamente. Hay veces en las que esos mensajes obtenidos ni siquiera tienen significado como tal y son sólo una manifestación de nuestros deseos o una afirmación de nuestro Yo más “Divino”.

Hará como diez años, en mi iniciación de primer grado, obtuve visiones muy potentes que durante un tiempo me inquietaron porque quería conocer su significado lo antes posible. Estuve investigando sobre determinados aspectos del mensaje y de la visión recibida y no encontré nada. Con el tiempo llegué a la conclusión de que era una experiencia extática personal y que no había significado fuera, sino que se encontraba dentro de mí, sólo me apelaba a mí y por tanto no podía haber nada ahí fuera que me dijese “el significado de lo que has visto es X”. Con años de meditación y reflexión internas, me di cuenta de que no sólo era una visión única, sino que no había más significado que expresar mi propia unión con el Universo y con todo lo que existía. Repito, pasaron años antes de que pudiera darme cuenta de qué significaba debido a la complejidad del mensaje recibido.

La reflexión profunda tras la recepción del mensaje es muy aconsejable. En la Tradición Correlliana, incluso las personas que normalmente tienen facilidad para realizar trabajo Oracular (que no es ni más ni menos que entrar en trance y dar mensajes hablados en nombre de la Divinidad, actividad que por cierto requiere bastante práctica) siempre someten sus oráculos a lo que nosotros denominamos cuarentena. Es un tiempo de reflexión, idealmente de 2 a 4 semanas, en el que no se piensa nada sobre el mensaje recibido. Simplemente se anota y tras esas semanas se re-lee y reflexiona sobre ello. Y eso que estamos hablando de personas con habilidad y entrenamiento para la recepción de este tipo de mensajes, personas que normalmente pertenecen a la Orden de Caminantes de Mundos Correlliana, en la que esta práctica se realiza de forma muy habitual e intensa. Personas que están acostumbradas a estas prácticas.

Si la cuarentena está aconsejada y se hace por parte de personas con hábito de realizar trabajo oracular, su empleo está aconsejado a todo el mundo. Las razones son muy variadas, entre las cuales yo veo las siguientes:

– Los mensajes se “leen” mejor con cierta perspectiva, y para ello hay que tomar distancia de ellos y “enfriarse” emocionalmente.

– Los mensajes pueden tener significados diferentes según el contexto personal, y por ello es posible que no se entienda en el momento para obtener otro significado con el tiempo.

cuadernoPara realizar esta cuarentena yo personalmente recomiendo un cuadernito de sueños o de meditación. Nada de grandes Libros de las Sombras tipo grimorios, para mí el ejemplo perfecto de cuaderno en el que realizar este tipo de prácticas es el de cualquier papelería, como el de la derecha de estas líneas.  Los grandes volúmenes imitando al libro de las sombras de “Charmed” son muy bonitos, pero tristemente inútiles y poco prácticos, por muy caros, voluminosos y artesanales que sean. En este caso, “barato” también significa “bueno”.

En este cuaderno puedes escribir libremente tu mensaje, para en dos-tres semanas volver a leer y entonces hacer anotaciones en los márgenes, tachar lo que necesites y dibujar cuanto quieras sin necesidad de que quede como de libro de cuentos.

Pero como todo, realizar este tipo de prácticas requiere una cierta disciplina. Por un lado, la disciplina de realizar la actividad para recibir tu “mensaje”, por el otro, la de anotarla y luego revisarla. En todo caso aquí mi consejo está claro: no te compres ningún cuaderno si no vas a hacer nada de esto. Sería perder el tiempo.

Y como última recomendación, no esperes mensajes ni trances extáticos a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. Ésta es una práctica que requiere paciencia contigo mismo. Vienes equipado con todo lo necesario para acceder a los niveles más profundos de la Psique y en general del Ser, contienes en ti mismo los secretos del Universo, y sin embargo años y años de aprendizaje te han enseñado que no puedes hacer nada de eso. Si empiezas a practicar meditación y visualización de cara a estar en contacto con energías Divinas o con todo tipo de entidades debes ser siempre paciente contigo, porque no es fácil des-aprender todos esos límites que tanto nosotros como la sociedad nos ha impuesto. Si no obtienes mensajes de ninguna forma, tómate esos momentos para simplemente ser. No hay nada más bonito que una sesión de visualización en la que no se obtienen mensajes, porque puedes estar todo el tiempo que quieras siendo tú mismo, disfrutando del aire que entra en tus pulmones, siguiendo el rítmico latido de tu corazón. Siendo, viviendo, y si quieres luego, apuntando lo bien y lo vivo que te sientes, porque eso es lo que “engancha” de este tipo de prácticas.

Propiedad de ti mismo

Hay veces en las que me paro a pensar qué he hecho para merecer determinadas atenciones, determinadas peticiones y determinadas llamadas de atención. Dicen que soy pública, que soy una persona pública y pagana, y que por eso genero atención. Creo que no he hecho más en mi vida que trabajar, como muchos, y pienso seguir haciéndolo, y que si por eso genero atención es porque nadie se ha parado a mirar a los que tiene alrededor. No veo en lo que hago más mérito que el de cualquiera que tiene un trabajo y un hobby, o un trabajo y otro trabajo, o un trabajo y un voluntariado como es mi caso. Tras la oficina, continúo trabajando en el Templo de Brigit, entre traducciones, mails y alumnos, entre exámenes finales de primero, segundo y tercer grado. A veces me dan las 12 de la noche trabajando y pienso que no es bueno, a veces me dan las 12 y me apetece seguir.

He de reconocer, como cualquier ser humano, que a veces el maremágnum de emails, traducciones y consultas me sobrepasa. Otras veces me sobrepasan mi propia necesidad de escribir, mi perfeccionismo o mi entusiasmo por poner proyectos en marcha. Creo en el tesón como modo de vida, pero reconozco que a veces uno se cansa y que no todos los días se está igual y no todos los días se puede rendir igual. Esto puede pasar en cualquier ámbito de la vida. Pero en ocasiones, en lo que se refiere al Paganismo, hay quien te contesta con un “te lo has buscado por ser público/a, y ahora te aguantas y me contestas al email, y si no me contestas en dos horas te mando otro, y otro, y si no me haces caso hablo mal de ti”.

A lo de que nos lo hemos buscado, contestaría que sí y no. Hay muchas razones para que una persona decida hacerse eso que está tan de moda, hacerse “una persona pública”, y no sólo el ego que tan fáciles nos hace las explicaciones. Por supuesto, sabes a lo que te expones. Sin embargo, pensemos por un momento que los paganos que nos dedicamos a crear opinión o a compartir no somos la Pantoja, con lo cual no somos completamente una persona pública, la cantidad de trabajo que conlleva contestar mails no es suficiente como para esa “inyección” al ego que supuestamente se recibe, al menos no en mi caso. No somos famosos, puede que se sea más conocido o menos en un ámbito, y creo que ante todo se sigue siendo propiedad de uno mismo. Esto es, se sigue siendo en cualquier caso una persona privada mientras el individuo no decida lo contrario.

Así que, a toda esa gente que a veces me dice “yo lo haría, pero es que no me llama nada la fama” o “yo haría tal y mi sueño es cual, pero no quiero ser conocido porque te expones a que te digan muchas cosas”, pues me parece muy bien, pero si pensáis que porque escribo en un blog, haya tenido un canal de youtube y dirija un Templo soy conocida, estáis muy equivocados. Si pensáis que eso es fama y que los vloggers y bloggers y profesores de X Tradición tenemos un halo de glamour, estáis muy equivocados. Creo que lo mismo es aplicable a casi todos los vloggers y bloggers paganos que conozco, y la mayoría no le dan importancia a lo de recibir correo o comentarios porque es lo que hay y a lo que te expones, pero precisamente porque eres privado la opinión de unos desconocidos en la red te tiene que dar exactamente igual. Si verdaderamente eres privado, no hay más drama al respecto, lo mejor es vivirlo con toda la naturalidad y no darle más importancia.

Personalmente, si un día no puedo contestar a los emails porque estoy destrozada o hecha polvo anímicamente, no lo hago. La persona que me ha escrito se merece una contestación. Así que, con todo el dolor de mi corazón, lo hago al día siguiente o cuando me he recuperado. Cuidado, porque no quiero defender al desconsiderado que jamás responde a correos, pero sí digo que en general deberíamos ejercer el sano arte de la paciencia con las personas a las que contactamos, sobre todo si consideramos que son “conocidos” en el ámbito pagano, ya que esto conlleva normalmente no ese halo de glamour, sino una tremenda cantidad de trabajo.

En mi tradición tenemos una broma privada. Preguntamos “¿en qué consiste ser tercer grado?” y la respuesta, en lugar de la habitual contestación ritualística o de conocimientos, es “una gran cantidad de trabajo”. Eso es aplicable a casi todo el trabajo de cara a la comunidad que se realiza en el ámbito del Paganismo, porque todavía hay mucho, muchísimo por hacer. Está en nuestras manos tratar bien o mal a las personas que se dedican a hacer ese trabajo; y en las manos de las personas que lo realizan está recordar que son propiedad de sí mismos, por muchas “demandas de atención” que tengan de fuera, y hay que recordar que en momentos de dificultad personal tienen que ponerse primero.

Lo sagrado del ritual

Habría titulado este post más bien como “un ritual no es un circo”, pero me parecía demasiado fuerte. Aun así, me gustaría que tuviérais en mente esta frase mientras leéis estas palabras. Sobre todo porque me encanta decir chorradas.

Hay gente que se acerca a los rituales abiertos que hago de forma sincera, de hecho así es en la inmensa mayoría. A esas personas les doy las gracias por venir, con ellos comparto las alegrías y las pesadumbres de montar rituales en público, y me apoyan en todo lo que necesito. A esas personas las he llegado a llamar amigos, con mayor o menor cercanía, porque siempre están y porque, con más curiosidad o menos, cuando vienen lo hacen para disfrutar, pasarlo bien y tener una experiencia religiosa que diría el hijito de Julio Iglesias. Son personas a las que da gusto invitar a cualquier cosa, y cada día conozco más como ellas.

Me ha pasado eso y mi experiencia es muy buena a ese respecto porque me reservo el derecho de admisión. Y entonces podréis decir: “anda, entonces tus rituales abiertos no son tan abiertos”. Pues quizá no lo sean. Ante todo, necesito conocer un poquito a la persona que se presenta, que me escriba un mail, que me diga tres o cuatro cosas sobre ella. Por eso mi experiencia es tan buena: creo que siempre he obtenido lo que he necesitado, tanto de gente que ha acabado pudiendo venir al ritual, como de gente que no y que ha quedado fuera si las plazas eran limitadas.

Hasta aquí maravilloso, ¿verdad? Pues sí, así de estupenda es mi experiencia. Pero admito que siempre se tiene un cierto yuyu a que aparezca el espécimen contrario. Un espécimen que me diga que quiere ir a un ritual correlliano sin ningún tipo de respeto por su parte. Un individuo que se dedique a criticar todo lo que ve en el momento en el que lo ve, que interrumpa constantemente o que espere que yo me vaya a poner a hacer oráculos personalizados y para todo el mundo en rituales en los que normalmente en mi tradición no se hace trabajo oracular. Es en esos momentos de “miedo” previo en los que, mal que me pese, me salta a la mente una frase acuñada por la tristemente célebre Belén Esteban, y parafraseándola acabo diciendo para mis adentros “¡mi ritual no es un mono de feria!”. Lamentablemente hay gente irrespetuosa con estas cosas.

En la Tradición Correlliana hay rituales más solemnes y menos solemnes, más serios y menos serios, pero ante todo creo que se respeta mucho a la gente. Creo que esto puede ser aplicable a todo el Paganismo, y tanto como asistente como siendo organizador, creo importante tener el respeto suficiente por las personas con las que se está trabajando, aunque sea algo puntual y en un ritual abierto. Ése es mi consejo para quienes quieran ir a un ritual abierto en algún momento, pues es lo que extraigo de mi experiencia personal. Y también hay algo que me gustaría hacer llegar a los organizadores: en lo posible, reservaos el derecho de admisión. Os ahorraréis muchos disgustos. Tomad estos consejos o no los toméis, pero ahí quedan por si los necesitáis.

Aprovecho para saludar a los asistentes habituales a los rituales abiertos del Templo de Brigit. Se os quiere.

Kildare: Nuevos proyectos que no son tan nuevos

¿Conocéis esa sensación de que queréis hacer algo pero que nunca lo hacéis porque consideráis que hay demasiadas cosas iguales? Pues llevo con ella dos o tres años. Hace como 6 años que empecé a guardar la llama de Brigit, incluso más. Me apunté a Ord Brighideach y a Daughters of the Flame y empecé a guardar la llama igual que se hacía en Kildare (Irlanda) hace muchos, muchos siglos, haciendo de guardiana de la llama para estas asociaciones que recreaban la tradición del Templo de Brigit original, en la que 19 sacerdotisas guardaban el fuego sagrado de Brigit para que nunca se apagara. Era genial eso de estar acompañado por gente, aunque fuera por internet, aunque fuera por carta, aunque tu “relevo” fuera alguien a quien no conocieras, porque daba la sensación de que siempre estaba la llama encendida, que era de lo que se trataba.

Fui comentando la devoción que hacía con algunas personas, también “fans” (esto es, devotos) de Brigit, y a todos les encantaba. Tanto, que querían participar. El problema es que la mayoría no hablaba inglés y por tanto no podían participar en condiciones de la experiencia de estar en un cill (grupo de guardia), que a mí me ha traído tantas cosas bonitas. Bueno, y tantas pruebas, porque Brigit es una Diosa bastante dura cuando trabajas con algunos de sus aspectos, y sus enseñanzas son muy exigentes. Mi parche (porque no era una solución) fue hacer una guardia de la llama un poco informal, para que la gente se pudiera unir a la propia guardia que yo estaba montando desde el Templo de Brigit.

Hace dos años o tres que le llevaba dando vueltas a la idea de montar algo en español para ella, el problema es que poco después de intentar ponerlo en marcha surgieron varias guardias de la llama con distintas Diosas, y no quería que la gente dijera “otra más, menudo rollo”. Hay guardias de la llama en Luna Oscura para Hécate, guardias de la llama en viernes para Afrodita… así que recuerde a bote pronto. No había nada como lo de Brigit, nada que mantuviera la llama siempre encendida, nada que implicara un trabajo en equipo para que la llama no se apagara, para que siempre hubiera luz, y sin embargo, sabiendo que la tradición ancestral de la llama de Brigit todavía no se había llevado a mi idioma y que lo que quería hacer era diferente de lo que hasta el momento estaba en español, esperé por una cuestión de consideración. Y siendo brutalmente honesta, no quería que nadie se atreviera a decir que yo había copiado ideas ajenas. En realidad tenía mucho miedo de los comentarios, miedo de que hasta mis propios amigos consideraran que había copiado ideas, miedo de que alguien dijera eso de “¿y tú quién eres para montar esto?”.

Dos o tres años más tarde pasan varias cosas. La primera de ellas es que veo un vídeo de una conocida coach de sanadoras en el que hablaba de las oportunidades y de los miedos. De pronto me viene a la cabeza el proyecto, que tan abandonado había estado por mi propio miedo, y me hace abrir los ojos un poquito. Pienso: ¡dos años intentando montarlo, si es que se te van las mejores! Pero claro, nadie escarmienta por cabeza ajena que decía mi abuela, y me tiene que pasar una segunda cosa: enferma mi gato en la flor de la vida, como ya conté en mi reflexión sobre el valor el otro día. Su ingreso en el veterinario muy malito coincidió con el día en el que comenzaba mi turno de guardia de la llama de Brigit. Y me volví al altar con todo mi corazón, orando a mi Diosa que lo salvara, que lo sanara y que si tenía que morir, que muriera en paz.

Así que Brigit, los humanos implicados y el gato obraron el milagro (qué de cosas he sacado a partir de la enfermedad de mi gato, por cierto), y en menos de una semana el bichito está casi recuperado del todo. Esta mañana me he sentado delante del altar a meditar y a agradecer y he pensado “¿cómo puedo agradecértelo?”. Una voz interior que a veces creo que es la voz de la Diosa ha respondido “venciendo a tus miedos”.

Lo tenía todo tan claro desde hace años que tres horas más tarde nacía Kildare, el primer grupo de guardia de la Llama Eterna de Brigit en español, montado a partir del Templo de Brigit que dirijo, pero abierto a personas de todas las creencias y de ambos sexos, porque los tiempos han cambiado. Y para rematar la faena, en el Templo seguiremos guardando la llama, especialmente guardando la Llama que Nunca se Apaga, la que guarda la mismísima Brigit el día 20 de cada ciclo. Eso es en agradecimiento por todo lo que me ha enseñado en los últimos años y especialmente por su ayuda en los últimos días.

Extraigo muchas cosas de esto, especialmente que el miedo es normal y que a veces no soy consciente de él. Pero ante todo extraigo que no quiero quedarme el resto de mi vida pensando en lo que pudo ser y no fue porque tenga miedo de los comentarios o porque no me considere digna de llevar a cabo determinado proyecto. Al fin y al cabo, yo tuve mi oportunidad de ser Guardiana de la Llama Eterna y durante todos estos años lo he trabajado duramente, ¿tiene el miedo al “qué dirán” derecho a limitar las posibilidades de otras personas a ser o hacer lo mismo que he podido hacer yo? Pues creo que no.

Si quieres saber más sobre Kildare, pincha aquí: https://www.facebook.com/groups/429359867173965/

Humildad, humildad, humildad

Una persona muy querida para mí siempre cuenta una historia que personalmente me parece muy divertida. Resulta que hace muchos años había un sacerdote, un tipo importante de la Iglesia Católica en mi país, que comía en un hotel de lujo y mezclaba toda la comida junta (manjares por supuesto) para que “no le supiera bien”. Según él, era una forma de ser humilde, pues así no disfrutaba del placer de los sabores de aquellas delicias. Luego se comía todo el plato, porque no era humilde dejar nada en él.

Otra amiga mía muy querida relata con frecuencia la frase “humildad, humildad, humildad” que replicaba un clérigo con frecuencia ante el cuestionamiento de sus afirmaciones por parte de otras personas. Con esto quería expresar que él tenía razón y los demás no, y por tanto él consideraba que había que recordar constantemente el hecho de que había que ser humilde para admitir que se estaba errado. Pero para los demás, no para sí mismo, pues el error siempre parecía ser ajeno.

No quiero descargar las iras de nadie contra la Religión Católica y menos la mía, pues ya sabéis cuál es mi visión de ella y el tremendo respeto que siento por los católicos, ya que éstos me criaron. Pero me hace gracia cómo se abusa del término humildad en general en nuestra sociedad, que en esencia es judeocristiana. Y curiosamente este término ya no sólo lo tienen los católicos, también los paganos. De hecho, la humildad se considera una virtud en la tradición correlliana y a mí a veces me preocupa el hecho de que se pueda abusar de ella incluso en una tradición en la que se aclara ampliamente el término “virtud”.

Para nosotros los correllianos, la virtud se entiende como el punto medio. Eres humilde cuando no eres excesivamente modesto o pusilánime, pero tampoco cuando te jactas de ser humilde. Tampoco se consideraría humildad la falsa modestia. ¿Qué se entiende por humildad? Pues vivir normalmente, dándole al César lo que es del César, reconociendo tus logros y tus derrotas y considerándolas aprendizajes, ya está. O al menos es la enseñanza que yo obtengo de mi escasa experiencia con la virtud de la humildad. Por supuesto, no se exige de nadie que sea humilde, sólo se contemplan las virtudes correllianas como ideales de conducta, pero se comprende que las personas pueden (y tienen el derecho a) fallar porque forma parte del aprendizaje.

Así que en líneas generales lo que hoy me apetecía transmitir es que, aunque es una virtud y todo eso, en realidad le damos mucho bombo a eso de ser humildes, y no entiendo muy bien por qué, supongo que por influencia del Cristianismo. Es un punto medio para mí y para la tradición a la que pertenezco, así que creo que a veces lo seremos, a veces no porque estaremos más cerca de los extremos según la circunstancia, y ya está. El equilibrio perfecto es muy complicado, aunque sea lo ideal por supuesto, y somos seres humanos. Y también creo que quien es realmente humilde no dice que lo es, así el consejo que extraigo es que no os fiéis de quien dice que es humilde. Podéis tomar mi consejo o no, estar de acuerdo o no, pero eso es lo que yo he aprendido. Y por mi parte desde ya lo admito: no soy humilde en absoluto.

El verdadero sentido del valor

Siempre me he considerado una persona valiente, de las que no deja achantar por las circunstancias ni por los comentarios, y de las que saben poner al mal tiempo buena cara. El hecho es que considero la valentía (que no el arrojo) una de las cualidades más interesantes que se puedan tener, porque una persona valiente sabe que pase lo que pase y sin importar las veces que se equivoque (que serán muchas) su camino le llevará inevitablemente a llegar a cualquier meta que se haya propuesto. También digo con frecuencia que caminar un sendero espiritual no es cosa de cobardes. Creo que hay que ser muy valiente para meterse en un viaje interior y para verse a sí mismo cara a cara. Y siempre había pensado que yo era así, porque uno tiende a sentirse identificado con los valores que pretende promulgar.

Hace unos días uno de mis gatos enfermó de gravedad. Tiene sólo 3 años, toda la vida por delante y es un gato cariñoso y juguetón que, de repente, perdió todo el interés en lo que le rodeaba. Estaba apático y triste, y no quería comer. Una tarde me di cuenta de que su piel estaba de color amarillo, un signo inequívoco de un fallo de su hígado. Y yo, la mujer valiente, la que piensa que un camino espiritual no es para cobardes, tuve muchísimo miedo. Así que todo mi ideal de mí misma como mujer valiente se fue cayendo al suelo conforme me veía metida en esa espiral de miedo. Me derrumbé.

Curiosamente, hubo un ser que mantuvo totalmente la calma: mi gato. Durante la visita al veterinario de urgencias aguantó estoicamente las pruebas, no se quejó de que le mantuviéramos la pata tiesa para que le llegara el goteo, y ni siquiera intentó quitarse la vía intravenosa que le habían puesto. Estaba hecho polvo, muy asustado de estar en el veterinario, enfermo, y sin embargo allí estaba, aguantando como un campeón todo lo que le pusieran por delante. El pronóstico de la veterinaria de urgencias fue muy pesimista y no hacía más que mostrarme los informes diciendo que sólo sobrevive alrededor del 10% de los gatos afectados por esa enfermedad. Pero ver a mi gato aguantar todo eso con ese valor y esa entereza me hizo ver la luz entre las lágrimas y el miedo: él era valiente y yo sería valiente por él. En mi cabeza resonó una frase que contenía una meta: nosotros seríamos ese 10%.

Así que, enarbolando un “por mis santos coj***es que saco a mi gato adelante” (frase que le repetí a mi amiga Ayra Alseret por teléfono varias veces en un intento de metérmela a mí misma en la cabeza), saqué mi propio valor. Mi gato hizo lo propio y aguantó como un maestro la primera noche, que era la más dura. Ya han pasado tres días y el gato está estable. No sólo está estable, sino que ya empieza a atisbarse de nuevo ese carácter pillo y alegre que tenía antes de la enfermedad que le aqueja. Incluso ha vuelto a comer, con ayuda, pero vuelve a comer. Realmente mi gato no solamente es valiente, sino que también es un apasionado de la vida.

Ahora pienso en esos momentos en los que me metía dentro de mí misma a meditar y me enfrentaba a mi propia sombra, y cómo pensaba que eso me hacía más valiente. También pienso en todas las veces que di carpetazo a situaciones, o que tuve el tesón para acabar mis metas. Pero ahora creo que nada de eso es valor, ya nada de eso me importa. No he encontrado el verdadero sentido del valor, ni del éxito, ni de la espiritualidad, en un libro, ni en un curso, ni en gurú, y aunque siempre digo que los ejercicios energéticos ni las afirmaciones del día no nos hacen mejores personas ni más espirituales, ni más exitosos, ni más valientes, hoy quisiera reafirmar todo eso y subrayarlo si se puede. Al final todo se trata de valor, pero no ese valor que te hace ser valiente y enfrentarte a “los malos” o “decir las cosas a la cara” o “luchar por tus sueños” o “acabar lo que te has propuesto”. Todos esos tipos de valor no son valor, son sentido de la justicia, honestidad, consecuencia o tesón. El verdadero sentido del valor para mí es el de saber valorar lo que tenemos, lo que es nuestro desde el principio: la vida. Todos los seres valoran eso, todos luchan por su existencia física, todos intentan sobrevivir. Ésa es la lección que he aprendido de mi gato, y que me ha hecho darme cuenta del valor que hasta el más pequeño lleva dentro.

Dualidades que no existen

Hace un par de semanas hablé con una persona que realmente me hizo reflexionar sobre un hecho por el que yo había pasado de puntillas durante estos años. Y me debería dar vergüenza decirlo, porque lo enseño en primer grado e insisto mucho en ello, pero a veces el lenguaje es tremendamente traicionero, y más cuando nos lo han metido en la cabeza durante nuestra educación. Se trata de las dualidades sagrado/profano, espiritual/mundano, espiritual/material, y un largo, larguísimo etcétera.

Hablando con esta excelente persona, terapeuta y sacerdotisa a la que le estoy tan agradecida por haberme hecho darme cuenta de cómo utilizo el lenguaje y cómo eso afecta a mi propia percepción de las cosas, he sacado en claro que mi vida es sagrada en todos sus aspectos, también cuando estoy en la oficina, cuando voy al supermercado o cuando me tomo una cerveza con mis amigos, no sólo cuando estoy en trance, cuando medito o cuando realizo devociones de cualquier tipo. Sin embargo, la primera persona en decírmelo fue mi mejor amigo, a quien, como tengo cerca, no había hecho caso (como suele pasar). Estábamos en medio de una conversación y le dije algo que me habían dicho y que asumí como un mantra: “Una hora de trabajo espiritual, una hora de trabajo físico”. Él me dijo entre risas “Harwe, eso es una soberana tontería”. Así que cuando hablé con esa segunda persona y me di cuenta de que me lo habían dicho ya con anterioridad, fue cuando vi yo misma que el discurso dual había calado de tal forma en mí que incluso los que estaban a mi alrededor a diario y no tan a diario se habían dado cuenta de esto.

Es cierto que siempre digo que no podemos estar pendientes de nuestra vida “espiritual” y que debemos recordar que somos personas con necesidades varias: profesionales, monetarias, sentimentales, etc. Siempre me he mantenido muy escéptica con respecto a la afirmación “somos seres espirituales” porque no me gusta que se olviden otras partes de nosotros. Pero por otro lado, creo que yo misma estaba olvidando lo que está “en medio” de ese espiritual/material, tan centrada en el disgusto que me producen los extremismos y los maniqueísmos.

¿Cómo empiezo a ver las cosas ahora? Pues creo que de una forma más sencilla. Me reafirmo en que no existen sólo vidas “espirituales” o “mundanas”, sino que todo forma parte de nuestra vida y que en todo caso habría que buscar una sana auto-realización a través del aprendizaje de cosas. Sigo sintiendo ese rechazo hacia los extremos, por otro lado, y no creo que lo cambie. Y no digo que no vaya a seguir practicando eso de “una hora de trabajo x y una hora de trabajo y” porque me parece correcto dedicar tiempo a muchas cosas diferentes. Pero en cambio, estoy interpretando la frase como “busca tiempo para disfrutar en todo caso, y disfruta del tiempo que tienes”. Al final de eso se trata, ¿no?

Lo complicado y lo simple

caja-de-herramientasPara hacer este hechizo necesitas ponerte boca abajo un martes con luna llena en Capricornio y hacer twerking sujetándote sólo con las orejas. ¿Por qué? Porque lo dice un libro. ¡Cómo te atreves a desafiar a las fuentes del conocimiento!

Y después de esta introducción sarcástica (fiel a mi estilo) quisiera hablar de algo que me preocupa mucho últimamente.

Se dice de los brujos actuales, especialmente a los de corrientes afines a la Wicca y a los propios wiccanos, que comentan o se rigen por cosas como la de arriba. Que la Wicca impulsa este tipo de pensamientos y que son definitorios de la misma. Y yo me río. Me río mucho. Me río porque creo que esto no representa en absoluto nada relacionado ni con Wicca, ni con casi ninguna corriente de brujería que yo conozca. Y ojo, porque digo “brujería” pero no “Alta Magia”. Que ya sé que los Magos juegan en otra liga. 😉

Una tabla de correspondencias planetarias, o de elementos, o de colores, o de lo que sea, no es un camino espiritual, sino que son simplemente pautas basadas en el Principio de Correspondencia (“Como es arriba, es abajo”). Esta correspondencia se da principalmente a nivel simbólico.

El símbolo como tal es una herramienta. Está para ayudarte, no para entorpecerte. Se dan tablas de correspondencias en los libros para ayudar a las personas a tener símbolos que funcionen, pero con frecuencia caemos en la equivocación de radicalizar el símbolo o de asumir que hay que hacer las cosas con la Luna menguante en Cáncer. Me considero bruja, practico algo que muchos considerarían Wicca, y soy fan de la Astrología, y anuncio casi siempre en mi perfil de facebook los Mercurios Retrógrados, pero ante todo me gusta usar el sentido común. Por ejemplo, me ofrecieron otro puesto en el trabajo hace un mes o dos, y cuando me pusieron por delante la oferta de trabajo con los detalles de mi nueva posición Mercurio estaba en plena retrogradación. Si fuera muy radical a este respecto, si realmente las correspondencias planetarias rigieran todo lo que hago como correlliana, le habría dicho a mi nuevo jefe “No voy a firmar la oferta de trabajo ahora a pesar de que me mejora las condiciones y sería tonta si lo rechazara, sino que me voy a esperar a que Mercurio esté Directo de nuevo, porque ya se sabe que no debo firmar nada con Mercurio en retrogradación”.

Cuando hago magia (aunque hago magia muy raramente) no me suelo fijar en la Luna, ni en los planetas, ni en el día de la semana. Se supone que las correspondencias están para hacernos más fácil el acceso, la permeabilización, de la realidad, y es cierto que estar ayudado energéticamente por una poderosa Luna Llena ayuda mucho para según qué cosas, pero si me corre prisa no me voy a andar con chiquitas. Si necesitara 10 euros para acabar el mes porque todavía no hubiera cobrado y decidiera recurrir a la magia para obtener una forma de llegar a fin de mes, no diría “lo hago dentro de 15 días porque ahora estamos en Luna menguante”. Lo haría porque tendría prisa por obtener esos 10 euros, y punto. Es como tener que aflojar un tornillo con forma de estrella en un determinado momento, pero disponer sólo de un destornillador plano: puede haber una herramienta mejor, pero usas la que tienes y no resulta imposible. Otra cosa es si planeo hacer algo, entonces intento buscar un momento lo suficientemente bueno, pero no me obsesiono con el óptimo.

Realmente veo innecesario complicarse la vida, sobre todo porque es raro que algún planeta no esté en Retrogradación. ¡Los ciclos son ciclos, están siempre presentes! Con esto no digo que las correspondencias no valgan para nada, porque ayudan mucho a nivel simbólico y a nivel subconsciente sobre todo (es como estar armado con un buen arsenal mágico), pero no creo que sea una forma de regir nuestra vida. Y sobre todo no suponen la vida según la Wicca, ni según la brujería, ni según nada. ¿Que lo dice un libro y/o la Agenda de las Brujas de Llewellyn? Pues muchas gracias a quienes preparan esas tablas de correspondencias simbólicas, vuestro trabajo no es en vano porque se usan cuando se tienen. Pero no rigen nuestra vida, ni nos hacen inútiles a nivel mágico, ni la Luna Oscura nos quita nuestros “poderes”. Y menos aún esas correspondencias nos hacen wiccanos, brujos, o personas mágicas. Vinimos a esta existencia perfectamente equipados con lo necesario para dirigir nuestra vida, tanto física como espiritual. Otra cosa es tener una buena caja de herramientas.